viernes, 26 de agosto de 2016

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Ya nació la nena, Laura, ayer la conocí, es una muñequita informó Francisco en cuanto Laura le sirvió un té.

Luciana, asida a la cintura de su madre, prolongaba al infinito la despedida. Francisco se agachó, abrazó de nuevo a Camilo y luego dictaminó vamos, Lulú, se hace tarde temiendo la escena que se avecinaba. Sin embargo, la nena se apartó resignada. Valeria se dirigía a la puerta de embarque empujando la silla de ruedas  cuando Luciana se soltó de la mano de Francisco y se escapó corriendo, Francisco, tras ella, alcanzó a ver que la nena dejaba algo entre las manos de su hermano. El cortaplumas.

Pasaron por lo de sus cuñados a buscar a Tobi. ¿Te querés quedar a dormir?  le propuso Carolina a Luciana luego de cenar. Pero la nena, para sorpresa de todos, desestimó el ofrecimiento. Partieron. Después de acostar a Tobi, Francisco fue a saludar a Luciana. La encontró sollozando contra la almohada. ¿La extrañás a mamá? le preguntó. La nena levantó apenas la cabeza y, entre hipos, dijo yo le pedí que fuera a llamarte a lo de Leo, él no quería, se quedó rengo por mi culpa.


El llamado de Valeria fue alentador. El médico le había dado muchas esperanzas y una fecha. Francisco decidió que viajaría para llegar un día antes de la operación. Repartió el poco tiempo que quedaba por delante entre las obras que debería dejar encaminadas y la atención de los chicos. Dos días antes del viaje lo invadió una inquietud insobornable. Le pidió a Carmen que se quedara a dormir y partió. Cerca, Rosario siempre estuvo cerca.

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