Ya nació la nena, Laura, ayer la conocí, es una
muñequita informó Francisco en cuanto Laura le sirvió un té.
Luciana, asida a la cintura de su madre,
prolongaba al infinito la despedida. Francisco se agachó, abrazó de nuevo a
Camilo y luego dictaminó vamos, Lulú, se
hace tarde temiendo la escena que se avecinaba. Sin embargo, la nena se
apartó resignada. Valeria se dirigía a la puerta de embarque empujando la silla
de ruedas cuando Luciana se soltó de la
mano de Francisco y se escapó corriendo, Francisco, tras ella, alcanzó a ver que
la nena dejaba algo entre las manos de su hermano. El cortaplumas.
Pasaron por lo de sus cuñados a buscar a Tobi. ¿Te querés quedar a dormir? le propuso Carolina a Luciana luego de cenar.
Pero la nena, para sorpresa de todos, desestimó el ofrecimiento. Partieron.
Después de acostar a Tobi, Francisco fue a saludar a Luciana. La encontró
sollozando contra la almohada. ¿La
extrañás a mamá? le preguntó. La nena levantó apenas la cabeza y, entre
hipos, dijo yo le pedí que fuera a
llamarte a lo de Leo, él no quería, se quedó rengo por mi culpa.
El llamado de Valeria fue alentador. El médico
le había dado muchas esperanzas y una fecha. Francisco decidió que viajaría
para llegar un día antes de la operación. Repartió el poco tiempo que quedaba
por delante entre las obras que debería dejar encaminadas y la atención de los
chicos. Dos días antes del viaje lo invadió una inquietud insobornable. Le
pidió a Carmen que se quedara a dormir y partió. Cerca, Rosario siempre
estuvo cerca.
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