En cuanto abrió la puerta, Pepe lo percibió,
reclamándolo. Le hizo un par de caricias y le dio de comer. Después se sacó los
zapatos y se arrellanó en el sillón del living. Para apagar su cabeza encendió
el televisor. Una película épica en blanco y negro. Rojo, azul, verde, amarillo, negro y marrón
No te olvides de
pedirle el dinero a tu padre me dice mamá mientras me besa el martes vence la
luz y no tengo un peso y yo le contesto sí mamá y me subo al remis y Julio hace
su recorrido de siempre las masas del
molino la frutería la rotisería los bombones de liondor las flores para la
abuela. A la tarde papá nos lleva al cine a los tres y vemos benur que
mucho no entiendo porque los carteles pasan muy rápido y casi no puedo leerlos
y cuando salimos vamos a cenar a la emiliana y yo miro el menú y papá me dice comé lo que
quieras y me fijo en la columna de los
precios y veo que cada plato cuesta más
que el buzo que necesito para gimnasia y después el mozo nos trae unos bifes
increíbles y una parva gigante de papas fritas y yo me pregunto qué estará
comiendo mamá en la heladera no había casi nada y los tres hablan mucho
mientras picotean las papas y yo estoy esperando a quedarme solo con papá
porque todavía no le pedí la plata hasta que el mozo pregunta y de postre y
Guillermo pide un panqueque de manzana que después compartimos y papá y Alicia
no y toman café bien cargado y cuando lo
terminan papá paga y salimos y yo pienso que capaz que dejamos primero a los
chicos pero papá le dice a Julio tome lacroze y yo me digo se la tengo que
pedir se la tengo que pedir pero no me animo y además me duele la panza seguro
que por el panqueque aunque mucho no comí y el auto va muy rápido porque
llegamos demasiado pronto y cuando Julio estaciona yo digo de un tirón mamá me
dijo si le podés dar el dinero y Alicia protesta todavía no es principio de mes
y yo le explico es que vence la luz y ella dice eso le pasa porque siempre
gasta sin calcular entonces papá dice me lo hubieses pedido antes no tengo
efectivo encima y yo insisto pero la luz vence el martes entonces él me dice
avisale a tu madre que mañana le mando el dinero con Julio y Alicia dice papá
no es tu problema dejala que se arregle sola o que se lo pida a otro y yo abro
la puerta y me bajo pero papá me dice Francisco no me saludaste y yo me acerco
y le doy un beso a través de la ventanilla abierta y Alicia pregunta para mí no
hay nada pero yo solo levanto la mano y me voy y toco el timbre y cuando el
auto arranca mamá abre y me dice cómo te fue y se inclina y me besa y yo le cuento bien fuimos al cine y a cenar y
ella me pregunta tu padre te dio el dinero y yo no tengo más remedio que
contestarle mañana te lo manda porque hoy no tenía entonces mamá dice más
fuerte qué llamativo porque para el cine y el restaurante sí que tenía y yo
trato de disculparlo lo que pasa es que yo se lo pedí después y mamá me reta
Francisco te dije que se lo pidieras en cuanto llegaras ahora no sé qué vamos a
hacer entonces me da rabia y le digo pedíle a Germán y mientras me vienen las
lágrimas corro hasta mi cuarto y mamá me llama Francisco y yo cierro la puerta
y me tiro sobre la cama pero mamá la abre y entra y se sienta en la cama y me
acaricia la cabeza y dice pobrecito mi Francisco y aunque no quiero llorar no
me aguanto y se me sacude la panza y se me revuelve hasta que de repente me
ilumino y me siento y le ofrezco mamá yo tengo bastante plata adentro del
chancho entonces ella me tranquiliza no te preocupes y me revuelve el pelo y dice Francisco sos mi
sol no se qué haría sin vos
Al abrirse las puertas de la camioneta, los
chicos se abalanzaron como los perros al recobrar la libertad. Luciana y Tobi
corrieron a abrazarlo. Camilo, quizá por la presencia de sus primos, esperó a
que él, con los otros dos colgados de las piernas, se acercara. Francisco
recibió el equipaje que le tendían y luego de saludos varios entre cuñados y
sobrinos, tíos y primos, los chicos entraron y se precipitaron a sus cuartos.
Mientras Francisco subía le llegó la voz de Camilo justo el tomo que me
faltaba. Luciana, en su cuarto, sentada en el piso, seleccionaba los bordes
del rompecabezas como él le había enseñado. Tobi, en el suyo, luchaba con el
paquete. Francisco lo ayudó a desenvolverlo y se sentó sobre la alfombra, a
jugar con los bloques. Camilo, entrando, reclamó papá, estoy muerto de
hambre. Francisco, pese a las protestas de Tobi, se levantó y se encaminó
hacia la cocina. Cuando lo vio pasar Luciana gritó papi, yo te ayudo.