viernes, 27 de mayo de 2016

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Estoy jugando a la casita robada con la abuela y justo cuando me agarro un pozo gordísimo suena el teléfono papá va a atender y después vuelve y dice muy serio Francisco vení la abuela lo mira y levanta las cejas y después dice yo cuento los puntos me parece que ganaste entonces dejo las cartas sobre la mesa y lo sigo hasta su escritorio y nos sentamos y papá me dice Francisco el juez y yo no sé qué será un juez decidió que debés volver con tu madre yo pienso qué macana  justo ayer le di mi teléfono nuevo a Enrique y después le pregunto por Guillermo y Alicia y papá me explica el juez determinó que ellos se pueden quedar porque son más grandes y cuándo me tengo que ir pregunto y él me contesta hoy mismo y a mí me dan ganas de llorar pero pocas  porque pienso que es mejor ya me daba un poco de pena por mamá. Y además por aquí no pasa el tranvía.

Salió de la juguetería con tres paquetes. Entró a su casa, distribuyó sobre las camas los regalos y luego bajó. Era exótico estar solo en esa casa siempre poblada de voces, de gritos, del bullicio provocado por células que se reproducían a un ritmo vertiginoso generando, diariamente, centímetros, gramos, destrezas. Fue hasta la cocina, abrió el freezer y esta vez eligió canelones; estaban ricos pero ninguno como los tuyos. Sonó el teléfono. Rocío fue a cenar a lo de una amiga, ¿te paso a buscar y comemos algo? Él, obviando los canelones,  aceptó de inmediato. Porque deberían despedirse

 Papá hace detener el remis bajamos y me ofrece elegí lo que quieras y yo enseguida agarro una caja de lápices carandache de doce y los acerco a mi cara y los huelo pero papá me los saca de la mano y los devuelve a su lugar y le dice a la vendedora déme una caja de treinta y seis y yo no puedo creerlo nadie en el mundo tiene una caja de carandache de treinta y seis y quiero que sea mañana para llevarla a la escuela y la señora me entrega un paquete adentro de una bolsa después subimos al auto y viajamos callados y yo huelo la bolsa y la aprieto hasta que llegamos.

Mientras la esperaba en la esquina registró que la noche era espectacular. El cielo, un mar de estrellas. Su cuerpo, solo un envase para el deseo de verla. Cuando descubrió el auto, acercándose, sonrió a solas, absurdamente feliz. Al subirse, el aroma terminó de cerrar el lazo. Recién con Claudia se había percatado del poder que ejercían sobre él los perfumes. De la pituitaria directo a los testículos.

Julio me tiende la mano para ayudarme a bajar y después saca la valija del baúl y la deja a mi lado y papá también baja qué raro y toca el timbre y después se agacha para quedar a mi altura y me abraza fuerte me parece que así nunca me abrazó pero yo no puedo abrazarlo porque tengo la bolsa entonces me dice el domingo te vengo a buscar y se mete en el coche y yo me quedo parado frente a la puerta con la valija al lado y la bolsa en la mano hasta que abre mamá justo cuando el auto arranca.

El tenedor de Francisco detuvo su trayecto. ¿Qué te pasa? inquirió ella, preocupada. Te miro dijo él. Claudia, automáticamente, se pasó las manos por el cabello ¿tengo algo? Él contestó todo lo que me gusta y supo que, al menos por hoy, era absurdo plantearse prescindir de ella.

Mamá se agacha y me abraza y dice gracias a Dios pero yo no puedo abrazarla porque tengo la bolsa el corazón le late fuerte y me parece que llora pero no me fijo y después se para y agarra mi valija porque yo llevo la bolsa y le digo después te muestro lo que me compró papá y entramos juntos y sobre la mesa del comedor hay un paquete.

No quiso que ella lo llevara hasta su casa. Precisaba caminar. A medida que se iban develando los misterios la sensación era contradictoria. Por una parte el alivio de contar con certezas; por otra, una suerte de vacío. Al delinearse cada imagen, otra era anulada. En eso estribaba la maravilla de saberse ante el principio de una historia. Capítulo cero, símbolo de la máxima energía potencial. Instante en el que todo era posible.  Luego lo pluripotencial se iba diluyendo, transformándose como lo indicaban las leyes de una física remotamente aprendida, en energía cinética, incapaz de volver para atrás. Recordó la emoción experimentada en el momento mágico y fugaz en que un hijo brotaba de Valeria. Segundos después conocer el sexo eliminaba la existencia del contrario; el cabello rubio al negro.


Es para vos dice mamá desde la cocina y yo abro el paquete y es una caja de carandache de seis entonces  pateó mi bolsa debajo del aparador rápido porque mamá entra y yo le digo muchas gracias era lo que yo más quería y ahora sí la abrazo fuerte y nunca tuve tanta pena  y ella me aprieta y me pregunta qué te compró tu padre y yo le contesto un autito y  después le cuento que soy tan  distraído que me  lo olvidé allá. 

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