Estoy jugando a la casita robada con la abuela
y justo cuando me agarro un pozo gordísimo suena el teléfono papá va a atender
y después vuelve y dice muy serio Francisco vení la abuela lo mira y levanta
las cejas y después dice yo cuento los puntos me parece que ganaste entonces
dejo las cartas sobre la mesa y lo sigo hasta su escritorio y nos sentamos y
papá me dice Francisco el juez y yo no sé qué será un juez decidió que debés
volver con tu madre yo pienso qué macana
justo ayer le di mi teléfono nuevo a Enrique y después le pregunto por
Guillermo y Alicia y papá me explica el juez determinó que ellos se pueden
quedar porque son más grandes y cuándo me tengo que ir pregunto y él me
contesta hoy mismo y a mí me dan ganas de llorar pero pocas porque pienso que es mejor ya me daba un poco
de pena por mamá. Y además por aquí no pasa el tranvía.
Salió de la juguetería con tres paquetes. Entró
a su casa, distribuyó sobre las camas los regalos y luego bajó. Era exótico
estar solo en esa casa siempre poblada de voces, de gritos, del bullicio
provocado por células que se reproducían a un ritmo vertiginoso generando,
diariamente, centímetros, gramos, destrezas. Fue hasta la cocina, abrió el
freezer y esta vez eligió canelones; estaban ricos pero ninguno como los
tuyos. Sonó el teléfono. Rocío fue a cenar a lo de una amiga, ¿te paso a
buscar y comemos algo? Él, obviando los canelones, aceptó de inmediato. Porque deberían despedirse
Papá
hace detener el remis bajamos y me ofrece elegí lo que quieras y yo enseguida
agarro una caja de lápices carandache de doce y los acerco a mi cara y los
huelo pero papá me los saca de la mano y los devuelve a su lugar y le dice a la
vendedora déme una caja de treinta y seis y yo no puedo creerlo nadie en el
mundo tiene una caja de carandache de treinta y seis y quiero que sea mañana
para llevarla a la escuela y la señora me entrega un paquete adentro de una
bolsa después subimos al auto y viajamos callados y yo huelo la bolsa y la
aprieto hasta que llegamos.
Mientras la esperaba en la esquina registró que
la noche era espectacular. El cielo, un mar de estrellas. Su cuerpo, solo un
envase para el deseo de verla. Cuando descubrió el auto, acercándose, sonrió a
solas, absurdamente feliz. Al subirse, el aroma terminó de cerrar el lazo.
Recién con Claudia se había percatado del poder que ejercían sobre él los
perfumes. De la pituitaria directo a los testículos.
Julio me tiende la mano para ayudarme a bajar y
después saca la valija del baúl y la deja a mi lado y papá también baja qué
raro y toca el timbre y después se agacha para quedar a mi altura y me abraza
fuerte me parece que así nunca me abrazó pero yo no puedo abrazarlo porque
tengo la bolsa entonces me dice el domingo te vengo a buscar y se mete en el
coche y yo me quedo parado frente a la puerta con la valija al lado y la bolsa
en la mano hasta que abre mamá justo cuando el auto arranca.
El tenedor de Francisco detuvo su trayecto. ¿Qué
te pasa? inquirió ella, preocupada. Te miro dijo él. Claudia,
automáticamente, se pasó las manos por el cabello ¿tengo algo? Él
contestó todo lo que me gusta y supo que, al menos por hoy, era absurdo
plantearse prescindir de ella.
Mamá se agacha y me abraza y dice gracias a
Dios pero yo no puedo abrazarla porque tengo la bolsa el corazón le late fuerte
y me parece que llora pero no me fijo y después se para y agarra mi valija
porque yo llevo la bolsa y le digo después te muestro lo que me compró papá y
entramos juntos y sobre la mesa del comedor hay un paquete.
No quiso que ella lo llevara hasta su casa.
Precisaba caminar. A medida que se iban develando los misterios la sensación
era contradictoria. Por una parte el alivio de contar con certezas; por otra, una
suerte de vacío. Al delinearse cada imagen, otra era anulada. En eso estribaba
la maravilla de saberse ante el principio de una historia. Capítulo cero,
símbolo de la máxima energía potencial. Instante en el que todo era posible. Luego lo pluripotencial se iba diluyendo,
transformándose como lo indicaban las leyes de una física remotamente
aprendida, en energía cinética, incapaz de volver para atrás. Recordó la
emoción experimentada en el momento mágico y fugaz en que un hijo brotaba de
Valeria. Segundos después conocer el sexo eliminaba la existencia del
contrario; el cabello rubio al negro.
Es para vos dice mamá desde la cocina y yo abro
el paquete y es una caja de carandache de seis entonces pateó mi bolsa debajo del aparador rápido
porque mamá entra y yo le digo muchas gracias era lo que yo más quería y ahora
sí la abrazo fuerte y nunca tuve tanta pena
y ella me aprieta y me pregunta qué te compró tu padre y yo le contesto
un autito y después le cuento que soy tan distraído que me lo olvidé allá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario