domingo, 15 de mayo de 2016

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Estoy en el muelle pescando con papá y con Guillermo ellos pescan porque yo no saco nada y me da rabia y me da vergüenza pobre papá que me compró el equipo y de pronto papá dice habría que ir volviendo entonces Guillermo avisa yo me voy a nadar un rato y desaparece y enseguida siento un tirón muy fuerte en mi caña y papá grita Francisco pican y yo tiro con fuerza y él me ayuda y saco un pescado enorme y lo apoyo sobre el pasto pero mi pescado no se retuerce como los de ellos me parece que pesqué un pez muerto y justo llega Guillermo chorreando y le muestro mi pescado y él le saca el anzuelo y me dice enano sos un campeón estoy muy orgulloso de vos entonces papá repite vayamos volviendo y cuando meto mi pescado en el balde con agua y hielo busco el primero que pescó Guillermo para compararlos  pero no lo encuentro y tu pescado grande le pregunto y él me contesta se lo regalé a un señor.

Llegó hasta Miramar, comió un sándwich en un bar, dio una vuelta por el vivero, tomó un café en otro, cargó nafta y agarró la misma ruta pero en sentido contrario. La ciudad de los niños

Guillermo dice le voy a dar tu pescado a la abuela para que lo cocine porque es el mejor y el sol está cayendo y vamos los tres caminando con las cañas. Papá me lleva del hombro.

Descubrió, azorado, que durante todo el día había obviado la existencia de los suyos. ¿Podría vivir sin ellos? se encontró pensando. En cuanto llegara a Mar del Plata les compraría  alfajores. Apretó aún más fuerte el acelerador.

Estoy en un remis con Guillermo yendo a la casa de papá y bajamos y la puerta está cerrada y entonces le pregunto cómo vamos a entrar y él dice hay portero eléctrico yo no sabía que existían robots que abrían las puertas y Guillermo toca un botón que no es un timbre y al rato hay un ruido de chicharra y yo le preguntó qué pasó  y él me contesta tarado es el portero eléctrico se ve que el robot trabaja desde arriba y Guillermo empuja la puerta y cuando entramos al ascensor me dice no le hables a esa.

Ya anochecía y Claudia no lo había llamado. Ella estaba en su medio. Como pez en el agua. Todo lo demás venía después, Francisco incluido. Quizás hasta Rocío pensó y se sintió ridículamente asociado a esa criatura que no conocía y que, más allá del dormitorio y los peluches, parecía no existir. Su necesidad de Claudia era, en ese momento, primitiva. Más allá de sus sentidos, visceral. Le costaba respirar. Crisis de abstinencia. No podía seguir en el auto indefinidamente. No tengo un lugar reconoció lo único que garantiza mi existencia es el roce de su piel y pensó que por fortuna su mente no podía ser leída. Cursi era poco, kitsch. Se le cruzó la imagen de Horacio. Insoportable imaginar que su amigo pudiera descubrirlo en esas circunstancias. Para protegerse obvió a Valeria de sus divagaciones y prefirió olvidar que tenía hijos. Como el hambriento para el cual el universo es un  pan gigantesco, para Francisco, en ese instante, el mundo era Claudia, la carencia de Claudia. Se arrimó al cordón pero luego de unos minutos de sentirse peor, puso en marcha el motor. Un inmensurable tiempo después sonó el móvil. Si no hubiera estado preocupado desde antes habría comenzado a estarlo porque su taquicardia llegó como un látigo, feroz. Hace una hora que estoy en el hotel, ¿ya cenaste? En un instante su percepción del mundo cambió. Recordó la muñeca de Luciana, un botón en la cabeza permitía girarle la cara. Del llanto a la risa.  La voz de Claudia es el botón. Francisco maneja con la sonrisa puesta. Va a verla. Como un niño de cuarto B obedece a la señorita Susana y recita hoy los cielos y la tierra me sonríen, hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol, hoy la he visto, la he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios.

Guillermo toca el timbre y no abre el robot abre  papá y nos da un beso y dice pasen y hay una señora que se acerca y papá le dice Laura estos son mis muchachos Guillermo y Francisco y nos va señalando y esa dice se te parecen pero son más lindos y se ríen los dos yo la conozco me parece que en algún lado la vi es mala pero linda y joven más joven que mamá pero mamá es más linda y esa me da un beso y me dice hola pero yo no digo nada entonces nos sentamos a comer y esa cocinó canelones seguro que de acelga y los pruebo y son de carne y están ricos pero como los de mamá no hay y esa me pregunta a qué grado vas y yo no le contesto y papá dice Francisco qué te pasa y está serio y yo lo miro a Guillermo que baja un poco el mentón entonces le contesto a segundo y esa sigue me contaron que sos muy inteligente y que te va muy bien es cierto y yo levanto los hombros y entonces esa le pregunta a Guillermo a vos te gusta mucho el fútbol ¿no?  y  él sí que le contesta me encanta y esa sigue averiguando de qué cuadro sos  de boca como papá dice Guillermo siempre vamos a la cancha y vos también vas pregunta esa y niego con la cabeza y me pregunta por qué y levanto los hombros y papá dice yo lo invito pero nunca quiere y  esa menea la cabeza y recoge los platos y papá la ayuda qué raro entonces Guillermo me dice al oído sos idiota parecés una momia y yo no entiendo y le digo me dijiste que no hablara y él me explica pero no tenés que exagerar y justo vuelven con el postre que es helado y esa me pregunta de qué querés y yo lo miro a Guillermo que me hace una seña entonces digo chocolate y vuelve a preguntarme de algo más y yo lo miro de nuevo a Guillermo y al rato contesto frutilla y papá dice  Francisco qué te pasa y está muy enojado y ella dice dale tiempo y  Guillermo sonríe y de repente me agarran náuseas  y pido permiso y pregunto dónde está el baño y me dicen y voy contando rápido y por suerte aguanto y me arrodillo frente al inodoro y trato de no salpicar. Los canelones de mamá nunca me caen mal.


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