miércoles, 30 de marzo de 2016

36

Mirá lo que compré dice Guillermo y me muestra un sacapuntas en forma de elefantito.  Es japonés me explica y yo le pido me lo dejás tener. Solo un rato porque se puede romper y es el único que existe en el país. Lo sostengo sobre la palma de la mano y lo toco con mucho cuidado. Es gris tiene orejas enormes un poco más oscuras dos ojitos muy negros y un agujero para meter el lápiz. Dámelo me dice te voy a mostrar cómo funciona. Obedezco y Guillermo pone un lápiz rojo en el agujero y gira al elefante con movimientos cortos y firmes y después saca de adentro un lápiz con la punta más afilada que haya existido jamás.  Pasan muchos días y no me animo pero ahora Guillermo está sentado frente a su escritorio y yo doy vueltas a su alrededor hasta que él explota y me grita se puede saber qué cornos te pasa. Puedo llevar el elefantito a la escuela le pido con un hilo de voz. Qué dice Guillermo no te escucho. Que si puedo llevar el elefantito al jardín repito muy fuerte ya está ya me animé. Estás loco dice Guillermo. Te juro que lo voy a cuidar como un tesoro por favor prestámelo. No sé lo tengo que pensar dice Guillermo y yo le ofrezco si me lo prestás te doy mi alcancía. Está bien pero no quiero nada dice me gustaría verle la cara a Adrián. Yo después te cuento. Hecho campeón dice y chocamos las manos. 

Estoy en el tranvía con Alicia como todas las mañanas. Adentro de la bolsita a cuadritos celeste y blanca envuelto en la servilleta que me hizo la abuela está el elefantito. Alicia me deja tirar del cordel del tranvía que para y nos bajamos. Camino por la calle una mano en la mano de Alicia y la otra sosteniendo con fuerza mi bolsita. Nunca tuve tantas ganas de ir al colegio. Cuando llega la hora de la merienda abro la bolsita y saco el mantelito y le digo a Enrique mirá lo que traje y desdoblo la servilleta. Un elefante dice Enrique y qué. No es un elefante común fijáte bien es un sacapuntas. Un sacapuntas no puede ser dice Enrique y entonces le muestro el agujero y los ojos se le abren como uvas y los otros chicos se acercan. Ahora les voy a mostrar como funciona digo y saco el lápiz que me preparó Guillermo para la demostración y lo meto y empiezo a mover el elefante con movimientos cortos y firmes. Todos se quedan callados hasta que digo ya está y saco el lápiz y es impresionante porque parece un clavo de filoso y Adrián me pide dejáme probar pero yo le digo no puedo porque sos muy chico y podés romperlo. A qué viene tanto revuelo nos reta la maestra y yo escondo rápido el elefante porque está prohibido traer juguetes al jardín. Cada uno se sienta en su sillita y  saco mi alfajor y lo como y  nunca fui tan feliz. Cuando suena la campana descuelgo la bolsita del perchero me la cuelgo del codo y ocupo mi lugar en la fila. Tomamos distancia y esperamos que la directora nos diga hasta mañana niños y cuando lo dice nosotros le cantamos hasta mañana señorita y salimos. Estoy primero en la fila porque soy el más petiso papá dice que el también era chiquito y que después creció. Las mamás se van acercando de a una y nos retiran de la fila. Llega Alicia me da un beso y me agarra de la mano. Yo me suelto y le digo espera un poco y abro la bolsita porque le dije a Enrique que afuera se lo dejaba usar. Meto la mano y no encuentro nada duro. Saco el mantel y la servilleta se cae al suelo y la bolsita queda vacía. Me sudo todo. No puede ser digo. Qué pasa pregunta Alicia. El elefantito no está le contesto sin poder creerlo. Alicia agarra la bolsa la da vuelta sacude el mantel y la servilleta y no cae  nada el elefante desapareció. Las lágrimas me brotan a borbotones. No llores dice Alicia ya lo vamos a encontrar. Me agarra de la mano y entramos al colegio. Me doy vuelta y me choco con los ojos de Enrique que parece que se le salen. Alicia habla con la portera y nos deja pasar al aula. Alicia se agacha y busca debajo de las mesitas. Yo lloro desesperado. La portera trae la escoba y barre toda el aula si lo encuentro te lo guardo dice y me pellizca el cachete. Entra la maestra y Alicia le cuenta. Eso pasa por traer juguetes al colegio encima me reta. Alicia me da la mano y dice Francisco vamos. Yo no quiero pero me tironea. Salimos a la calle y ya se fueron todos. No puedo parar de llorar. Alicia se agacha y me abraza y después me alza y yo me aferro a su cuello y escondo la cabeza y le digo yo a casa no vuelvo. No digas pavadas dice y  para un taxi y subimos y me siento a su lado y me apoyo en su falda y ella me acaricia la cabeza. Llegamos a casa. Alicia pone la llave en la cerradura y justo cruza Guillermo y pregunta  a este qué le pasa. Escondo la cabeza en la pollera de Alicia que dice le robaron el elefantito. Aprieto fuerte los ojos porque no quiero escucharlo.

Francisco concluye de hablar, orgulloso de haber podido mantener la emoción a raya. Que Claudia guardara sus pañuelos, no volvería a pasarle, se lo juraba, él no era Tobi. Ella queda en silencio un rato largo, mientras él  mira por la ventana simulando indiferencia. Seguís sin poder decírselo afirma ella.  Francisco siente que los ojos se le llenan de lágrimas. Simula un estornudo, mira el reloj y se levanta. Se me hace tarde anuncia.

Vamos campeón los hombres no lloran dice Guillermo y me tira del pelo pero despacito contame qué cara puso el tarado de Adrián. Me aparto de la pollera de Alicia y le cuento casi revienta de la envidia. Seguro que te lo robo él dice Guillermo y me empuja el hombro pero suavecito. Entramos los tres. Me gustaría poder decirles cuanto los quiero.

lunes, 28 de marzo de 2016

35

Claudia le aprieta el hombro y él abre lentamente los ojos. Se pasa la mano por la cara y comprueba que la tiene mojada. Alarmado, se mira la entrepierna. Ella le alcanza un pañuelo de papel. Él lo agarra. Quisiera ser como Peter Pan piensa. Se para farfullando pretextos, tiene que irse, está tan avergonzado. Antes de cerrar la puerta ella le roza la mejilla con extrema suavidad. Doux.

Ya en el bar, esperando a Jirafa, se le ocurrió avisarle a Horacio. Quizá su presencia ayudara. Media hora después los tres revivían anécdotas. Hasta que, pese a los esfuerzos de Francisco, el presente se montó sobre la mesa. ¿Cómo va tu tratamiento? preguntó Jirafa. Increíble, recordé un montón de momentos de mi infancia atinó a decir. Estaba seguro afirmó Ricardo con énfasis mi hermana es un fenómeno. Horacio acotó me comentó nuestro común amigo, que tu hermanita, por si fuera poco, no está nada mal mientras diseñaba nuevamente curvas en el aire. Francisco tuvo ganas de matarlo. Ojo, que con la analista no se jode le advirtió jocoso Jirafa además acordáte que vos estás casado. ¿Ella no? preguntó Horacio. Francisco retuvo la respiración. Se separó hace años, una historia bastante desgraciada Ricardo de repente se echó atrás si Claudia se entera de que estoy ventilando sus intimidades frente a un paciente me castra cabeceó indicándolo a Francisco cuando se vaya este te cuento.

Por qué te estás cambiando enano pregunta Guillermo y yo mientras termino de subirme el calzoncillo que encima se enrolla le contesto sin mirarlo me salpiqué con una canilla. Ahora lo llaman canilla dice divertido no te habrás hecho pis y yo niego con la cabeza  y él me provoca vamos enano confesálo te hiciste pis y a mí me da furia y me abalanzo sobre él y trato de golpearlo. Guillermo me embroma bueno bueno se enojó el enano que hace pis. Las lágrimas me resbalan estoy transpirado y pateo y manoteo al aire. Guillermo levanta el brazo para atajar mis golpes y me amenaza parála que voy a tener que devolvértela. Entra mamá y pregunta qué está pasando aquí. El enano está furioso porque se hizo pis le cuenta.  No lo mortifiques más ordena mamá. El bebé siempre necesita que lo defiendan se burla Guillermo mientras sale. Yo me quedo solo con mamá que se agacha y me abraza. Yo no porque soy piterpan y me fui volando.

Alejandra ya en su casa. Valeria alternándose entre hermana y sobrinos. Por momentos siento que no soporto más, pero ya sabés como soy, rápido me recupero. Vaya si Francisco conocía la resistencia de Valeria, su voluntad a toda prueba. Tu mujer vale oro solía decirle su mamá cuidála que otra así no vas a encontrar. Francisco se descubrió pensando que Valeria era tan perfecta que a veces daba trabajo quererla. Apagó la luz. De a poco se adormeció. Tanto que creyó que ya estaba soñando.


Francisco quiere demostrarle que no la necesita. Que a veces no la necesita. Que a veces tanto no la necesita. Carraspea y le informa anoche recordé.

viernes, 25 de marzo de 2016

34

Mientras subía recordó un comentario de Claudia las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.

Francisco abre la caja y desparrama fotos sobre el escritorio. Separá las del colegio ordena Claudia. Alicia, Guillermo y él, alternándose. Este soy yo. De un lado la foto grupal, del otro el primer plano de un niño con delantal blanco y  moño a lunares.

La inútil sesión solo tuvo dos réditos. Para ella, comprobar, satisfecha, que él solo respondía al elemento topográfico. Para él, haber gozado durante cincuenta minutos del espectáculo del corpiño color malva insinuándose a través del encaje blanco de la blusa.

¿Te bancás el celibato? le preguntó Horacio y ante el silencio de Francisco insistió ¿le das mucho a las manos? Mirá que sos boludo intentó él defenderse quizás temiendo que  su amigo pudiera descubrirle en la cara quién era su fuente de inspiración.

Fue a la cocina a buscar el salero. Cuando regresó, se detuvo a unos pasos de la mesa. Contempló a sus hijos. Piyamas, el cabello mojado, parloteando con la boca llena. Tan endiabladamente vitales que Francisco tuvo miedo.

Su secretaria intentó que entrara en razones. La señora del petit hotel está con el herrero y necesita decidir el diseño de las rejas. Decíle que confíe en su buen gusto Marcela lo miraba, disgustada y si no, aconsejála vos dijo Francisco cerrando la puerta tras de sí. Arrancó con el motor aún frío. Minutos después tocaba el portero eléctrico. La esperó en el coche. Buen momento para un cigarrillo pensó.

Pocas veces en su vida había atravesado una situación tan ridícula. Buscando con su analista colegio para nuestros hijos. Si no hubiera estado tan conmocionado se habría reído. A través del vidrio de la puerta pudo contemplar las salas llenas de pequeños con delantal a cuadritos. Después se dirigieron hacia el patio de la primaria. Era la hora del recreo. Una bandada de pibes gritando, riéndose, corriendo. Las blancas palomitas. Como con la bomba neutrónica las aulas, aunque vacías, exhibían las características de sus ocupantes. Les mostraron  un salón con gradas. El aula de ciencias naturales. Salieron. Él se disponía a invitarla a tomar un café cuando ella dictaminó vamos al consultorio. Francisco comprobó, alarmado, que estaba muy decepcionado. Tenía una gran decepción.


Claudia, señalando un almohadón sobre el piso, le ordena  sentáte. Francisco obedece. La sensación de que las piernas le sobran. Claudia lo percibe y le indica sentáte como un indio. Él la obedece, en todo la obedece. Mientras ella habla la voluntad de Francisco se va achicando. De pronto se siente molesto. Tiene urgentes ganas de orinar. Levanto la mano y la señorita me pregunta Francisco qué querés. Puedo ir al baño pregunto y ella dice saben bien que al baño se va en el recreo ya no son bebés pueden esperar. Sigo plegando el papel glasé metalizado. Tengo muchas ganas de hacer pis.  Junto fuerzas y levanto de nuevo la mano. Francisco ahora qué te pasa dice la señorita y yo le pregunto puedo ir al baño. Los chicos se ríen y la señorita ordena silencio y  por suerte toca la campana. Nos levantamos agarramos las bolsitas del perchero  guardamos los útiles y salimos.  Frente al aula formamos fila tomando distancia y me parece que no aguanto más. A una orden de la maestra avanzamos. Mientras camino el pis va corriendo por mis piernas  hasta que llega a mis medias a los zapatos al piso. Señorita Francisco se hizo pis dice Adrián. Los chicos se ríen y se detiene la fila. Qué vergüenza Francisco un chico grande dice la señorita cállense y avancen. En la puerta está Alicia que se acerca se agacha para darme un beso y me pregunta cómo te fue y yo le digo lo más bien. Alicia me mira mejor y dice Francisco qué pasó con tus medias y yo le contesto sin mirarla abrí la canilla del patio y me salpiqué. Estás seguro  me pregunta y justo Enrique se acerca y dice es cierto yo lo vi. Alicia sonríe mueve suavecito  la cabeza y me tiende la mano. No quiero volver a la escuela nunca más. Llegamos a casa. Alicia abre y yo corro hasta mi cuarto. Cierro la puerta. Me saco el delantal tan rápido que arranco dos botones. Me saco los zapatos las medias el pantalón  el calzoncillo abro el segundo cajón y busco un calzoncillo limpio y cuando me lo estoy poniendo se abre la puerta. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

33

Del consultorio fue directo a lo de su madre. Dejó el auto mal estacionado y subió. Ya no había posibilidad de reproches ni de reclamos. No solo para preguntas está el nicho cerrado pensó y también pensó que sus hermanos todavía vivían.  Cuando abrió la puerta lo abrumaron muebles y objetos de los que tendría que deshacerse. Quién si no él. Pero en ese momento estaba absolutamente discapacitado para ocuparse de su hemisferio izquierdo. Invadido por el otro, el emocional, buscó en placares y estantes, aumentando aún más el caos. Hasta que encontró la caja con las fotos. Al salir se miró en el espejo del ascensor. Tenía la ropa a la miseria.

Estoy recortando animales de una revista para pegarlos en el bloc el nene que me regaló el abuelo. Entra Guillermo y me dice dentro de un rato va a venir papá y te va a invitar a la cancha pero yo quiero ir solo con papá así que vas a decirle que no tenés ganas de ir entendiste bien y no se te ocurra contarle que yo te comenté nada. Entonces entra papá y con su sonrisa luminosa dice tengo una sorpresa para vos Francisco.

Acababa de regresar del estudio,  los chicos peleando entre sí para acaparar su atención, cuando sonó el teléfono. ¿Cómo te trata mi hermanita? se presentó Jirafa. Francisco recién advirtió que debería haberlo llamado y no tuvo más remedio que invitarlo a tomar un café. Terminaría mal si seguía tomando café.  El café es el menor de los riesgos evaluó.

Estaba cenando con sus hijos la sopa de arroz indicada por Valeria. Francisco aspiró profundamente y el olor le llegó más allá de la nariz, hasta las vísceras. Tuvo que cerrar los ojos. Papi, ¿qué te pasa? preguntó Luciana, siempre atenta. No puede contestarle porque está sentado al lado de Jirafa. Suena el timbre y minutos después una adolescente de jumper gris, medias tres cuartos y pelo recogido pasa ante ellos sin saludar, deja libros y carpetas sujetos con un elástico sobre el sofá  y desaparece por el pasillo cerrando la puerta tras de sí. ¿Y esa quién es? pregunta Francisco. ¿Quién va a ser, imbécil? ¡mi hermana! Francisco se da cuenta de que hace mucho que no va a lo de su amigo porque a la nena flacucha y con trencitas ahora se le levantan las tablas del jumper. Arriba, por delante; abajo, por detrás. Instantes después reaparece, sin corbata, la camisa arremangada, el pelo suelto, oliendo a jazmines y se sienta frente a él. Francisco, ¿te acordás de Claudita? pregunta la madre con el cucharón alzado frente al plato de su hija. La chica lo mira sonriendo con desenvoltura pese a sus aparatos y él observa que se le hacen hoyitos. Para mi mamá siempre seré Claudita dice meneando la cabeza, provocadora.  Mirámela a la flacucha piensa Francisco y tiene, por suerte debajo de la mesa, una tímida erección. Luciana insistió papá, ¿qué te pasa? Por aquí todo bien le escribió a Valeria aunque no puedas creerlo ayer Alicia nos invitó a tomar el té, Nicolás no estaba pero Moira se lució con los chicos.  Llamaron de la facultad, ya te extendieron la licencia. A Lulú se le cayó otro diente, no te preocupes que Pérez ya está preparado. Camilo se sacó  diez en un oral de sistema nervioso, la maestra me comentó que un médico no lo hubiese explicado mejor. Tobi se pilló dos veces. El trabajo sin novedades. Me alegra que Alejandra se esté recuperando. Besos para todos. Te quiero. Yo. Después se acostó. Puso bajito el disco y rememorando la sopa tuvo otra erección. Ahora poderosa.

Lo miro a Guillermo que parpadea rápido entonces digo gracias papá prefiero quedarme. Él me pregunta sorprendido por qué y yo le explico tengo que pegar todas las figuritas que recorté. A estos chicos quién los entiende dice papá fastidiado y se van sin saludarme. Me parece que se enojó conmigo.  Suerte que la abuela me preparó mucho engrudo.


Mientras subía recordó un comentario de Claudia las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.

lunes, 21 de marzo de 2016

32

Ayer fui a la casa de mi hermana dice intentando apartarse del pasado pero Claudia no se lo permite ¿le comentaste tus recuerdos? Ni un solo milímetro le permite y él, demasiado irritado para hablar, niega con la cabeza  ¿cómo te sentiste junto a ella? él levanta los hombros, despectivo me parece que hoy estás enojado, con ella también. Francisco siente ganas de trompearla. Tengo ganas de trompearla se dice sorprendido. Quedáte donde estás pero intentá relajarte. Él no le va a dar el gusto, él no es un perro amaestrado. Se endereza en la silla. Cerrá los ojos dice ella pero él los abre aún más. Ella lo mira fijamente y él le sostiene la mirada. ¿Querés un café? ofrece y él se descoloca. Ella va hacia la cocina. Regresa enseguida y toman el café en completo silencio. Francisco siente que la bronca se le disuelve al mismo tiempo que el azúcar en el café. Minutos después ella le quita de las manos el pocillo vacío y lo coloca sobre la bandeja. Cuando regresa de la cocina ordena acostáte en el diván y él, domado, acata cerrá los ojos Francisco siente en su brazo un golpeteo rítmico, quiere despegar los párpados para ver con qué le está pegando pero no lo obedecen estás enojado con Alicia, con ella todavía no te amigaste; pero ella te quiere, ella también te quiere. Francisco registra el también y quiere preguntarle sin embargo ya no puede porque el golpeteo lo aturde y además Alicia le está hablando. Mirá lo que te compré. Colgado de una percha que dice casa braulio hay un traje gris. Antonio y yo te queremos llevar al teatro colón a ver el lago de los cisnes y nunca tenés nada decente que ponerte. Me hace probar el traje y dice te queda fantástico. Entra la abuela con otra percha. Esta camisa era de tu padre y te la achiqué dice sacáte los zapatos Paquito que el abuelo te los va a lustrar buena falta les hace. Guillermo va pregunto. Es un bruto dice Alicia a él dale river no colón. Boca la corrijo. Es lo mismo dice y está contenta. Francisco ve el traje, la camisa, los zapatos, preparados arriba de la cama y empieza a ponérselos hasta que Alicia lo toma de una mano  y Antonio de la otra.  Hay mucha gente luces trajes sombreros perfume. Nos acomodamos  en el palco que nos consiguió papá. Parezco un duque. Apagan las luces. Francisco escucha la música, las bailarinas parecen cisnes de veras y cuando Alicia pregunta te gustó  asiente con la cabeza. Vos siempre tan expresivo qué te pareció el argumento insiste. Si le digo que no lo entendí  va a pensar que soy un tonto con todo el trabajo que se tomó para traerme  entonces digo interesante. Tenés razón este hermano tuyo es un fenómeno se ríe Antonio yo ni me enteré de qué se trataba. Si serás ignorante le dice Alicia  pero está radiante siempre con él está radiante. Francisco está  fundido. Necesita dormir. Empieza a sacarse la ropa con cuidado cuando Alicia entra sin tocar la puerta. El traje queda acá dice y lo agarra  lo cuelga en una percha y se lo lleva. Me quedo en medias  y calzoncillo. Ya soy grande y no me gusta que me vea así. Francisco abre los ojos. Inmediatamente se reanuda el golpeteo, ahora en la pierna.  Es una varita. Una varita recorriendo su muslo, su rodilla, llegando hasta el empeine. Incorporándolo frente al espejo. Todo me queda chico y parezco un payaso. Lo mejor es el pantalón marrón opina mamá y después me dice tenés que avisarle a tu padre. Voy hasta el teléfono. Me atiende Alicia y yo le digo avisále a papá que el domingo no venga a buscarme porque es la comunión de Clarita. Qué lástima te iba a llevar al san martín a ver a  maria elena guolsh dice y después me pregunta qué te vas a poner.  Un pantalón marrón que me queda fantástico digo. Francisco siente pena. De sí mismo siente pena. Quisiera detener las imágenes pero lo arrastran, lo sojuzgan y suena el timbre y mamá me dice andá a abrir. Voy y espío por la mirilla  y abro y Julio dice hola Francisco esto lo manda la señorita Alicia y me da una percha concluye Francisco .


viernes, 18 de marzo de 2016

31

Se despertó a las siete. Intentó dormir otro rato pero le resultó imposible. Saber que era sábado, el lugar de alegrarlo lo agobiaba. Cuarenta y ocho horas por delante cuyos exclusivos destinatarios serían  los chicos. Y lo que según sus cánones debería constituirse en el mejor de los programas, le supo como una piedra colgada del cuello. No estaba en condiciones de atender a nadie, era él quien precisaba ser asistido. Soy un estuche. Dentro, necesidades, intensas pero difusas.  Le recorrían la piel y, al tiempo, atravesaban la epidermis aventurándose hasta la médula, la médula de los huesos pensó. Era una necesidad que arrancaba del pasado. La voz de Tobi lo estampó en el presente papá, ¡pis!

El almuerzo en lo de  Horacio y Adriana  contribuyó a paliar el día. Más allá de los canelones, la charla con su amigo lo alivió. Mientras los seis chicos jugaban, Francisco se había animado a blanquear la terapia y, lo que era aún más importante, el motivo por el cual la había encarado. A diferencia de Valeria, Horacio, aunque se mostró muy sorprendido, no le hizo reproches. ¿Cómo está Claudia? fue lo primero que preguntó.  Bien contestó Francisco extrañado de que  recordara hasta el nombre.  No te hagas el boludo, me refiero a cómo está físicamente y sus manos modelaban curvas. Francisco se quedó reflexionando, cómo hacer un juicio objetivo. Linda, se puso muy linda consiguió  decir luego de descartar magnética, elegante, sensual, distinguida.  Me lo imaginaba, esa borrega prometía tener buen lomo,  mi olfato siempre fue infalible; decí que Adriana ya me había enganchado que si no… Las carcajadas de Horacio. Cómo podemos ser amigos siendo tan distintos pensó Francisco. Adriana se acercó con una bandeja y dos tazas ¿en qué andan ustedes? Otras dos tazas.  Horacio, revolviendo el café preguntó ¿está casada? Francisco fue parco solo sé que tiene una hija de ocho años porque esa conversación ya estaba fastidiándolo. Cuidate recomendó Horacio, jocoso. Francisco, irritado, luego de controlar la lejanía de Adriana le aclaró no te preocupes, no soy como vos. Porque odiaba las bromas idiotas de su amigo. Odiaba, sobre todo, su falta de escrúpulos. Adriana no lo merecía y él  no se merecía a Adriana.

¿Cómo andan tus náuseas? le preguntó Adriana, intempestivamente y Francisco descubrió, extrañado, que habían desaparecido. Camilo dijo papá vamos y él olvidó divagaciones y empezó a recolectar chicos y bártulos. Estaban en la puerta  cuando Francisco al fin se animó Adriana, vos que guardás todo, a lo mejor podés ayudarme. Al llegar a su casa fue derecho al galponcito del fondo y desempolvó el wincofón.

Pantalón far west, mocasines de Guido, pulóver Bremer, camisa escocesa. Francisco seguía viéndose sin poder descifrar qué estaba observando. Camilo  descalzo y en piyama entró con un dedo entre las hojas de su Harry Potter inaugurando la mañana del domingo. Vengo a leer con vos informó y al ver que Francisco apresurado apagaba el tocadiscos le preguntó qué estabas escuchandoUna canción de mi adolescencia contestó Francisco ligeramente molesto. Qué raro acotó Camilo ubicándose en el lado de Valeria. Francisco le acomodó las almohadas. Luego se recostó junto a él y cerró los ojos. Ponéla, papi, no me molesta Camilo desdobló la punta de la hoja señalada era linda además. Linda, tan linda.

Al mediodía llamó Alicia invitándolos a tomar el té. En cuanto transmitió la propuesta los chicos empezaron a los saltos. Amaban a sus primos adolescentes; los admiraban sobre todo. Francisco se preguntó si él también había admirado a su hermana más de lo que la había amado. Ella, ¿lo había amado tal cual era o había fabricado un niño al que poder admirar? Francisco descubrió que no tenía ganas de ir a merendar. No obstante lo cual, a las cinco de la tarde tocó,  puntual, el timbre. Luciana sostenía, orgullosa, un paquete de facturas. La conversación de Alicia no presentó fisuras. De política nacional a internacional, de economía a policiales. Ridículo hablarle del sobretodo, de los impresionistas, del oso que Susi mimaba.


Francisco, mirándose en el espejo, tararea. Bleu, bleu. Piensa si debería comentarle a Claudia su nueva obsesión. Para qué a  ella solo le interesa el elemento topográfico. El ascensor se detiene y él sale. Llegó el lunes y sin embargo no está contento. Tiene bronca.

miércoles, 16 de marzo de 2016

30

Para mí que era una broma termina él y siente una mano sobre la cabeza. Levantáte, Francisco, es suficiente. Él se incorpora y, sin pensarlo, se sacude el pantalón. Está temblando. ¿Te sentís mal? pregunta ella. Tengo frío. Ella ofrece ¿querés un café? Francisco, atónito, asiente. Ella va hacia la cocina y aunque él quisiera seguirla sabe que no corresponde. Entonces se sienta y contempla su entorno. Por primera vez, se da cuenta, observa todo con ojos de arquitecto. Impecable, quizás demasiado impecable.  Ella desde la cocina consulta vos le ponés tres, ¿no? Él repara en que ella registró que él le pone tres. Minutos después Claudia reaparece con dos jarritos sobre la bandeja. Él se pregunta si ella también tendrá frío. Claudia se sienta frente a él, rodea la taza con ambas manos y comenta qué sesión, yo también necesitaba un café. Francisco nunca había pensado que ella, tan imperturbable, experimentara emociones trabajando porque para ella es un trabajo reflexiona cobra por esto. El café está caliente, caliente y demasiado dulce, douce est ma vie, ma vie pres de toi. Enseguida recupera la línea de pensamiento a mí no me cobra y se obliga a añadir porque le sirve, le sirve para la tesis. Permanecen un largo rato en silencio. Por la ventana del consultorio ven el anochecer. Hasta que Claudia se levanta y enciende la luz el lunes me viene mejor a la mañana, ¿podrás? Francisco, desolado, descubre que recién es viernes.


Paráte ahí me ordena Guillermo y señala una columna de metal. Me apoyo me pone las manos para atrás y me las ata del otro lado de la columna y lucha y resopla un rato largo hasta que dice ya está ahora tenés que intentar soltarte y se aleja. No te vayas le pido yo no sé lo que tengo hacer. Probá me dice enseguida vuelvo. Trato de mover las manos. Con el dedo grande alcanzo a tocar una punta de la soga y tiro las manos hacia fuera porque pienso que a lo mejor no ató el nudo pero sí lo ató. Empiezo a transpirar. Me duelen las muñecas. Guillermo grito y no me contesta. Espero un rato y vuelvo a llamarlo pero Guillermo no viene. El garaje está cada vez más oscuro. Grito Guillermo Alicia papá abuela y nadie me escucha porque la puerta está cerrada. Está casi oscuro. Pateo  el piso estoy empapado. Ya está oscuro del todo. Al rato aparece Guillermo che qué te pasa a qué viene tanto escándalo dice. Desatáme le digo furioso me duele todo el cuerpo. Si querés  te leo el libro donde Houdini explica como liberarse dice. Lo único que quiero es que me desates ya mismo. Está bien dice Guillermo mientras enciende la luz si te das por vencido te desato esperáme que voy a buscar con qué. No te vayas le pido. Tenés miedo me pregunta sonriendo y sale. Un rato después vuelve con la cuchilla de la cocina y se coloca a mis espaldas.  Siento el filo en las muñecas y le grito estás loco me vas a cortar las manos. Su cabeza reaparece frente a mí lo odio nunca odié a nadie tanto en la vida. Te estás poniendo histérico si te viera Houdini y después me avisa voy a buscar otra cosa y sale y cierra la puerta. Tarda bastante vuelve con una caja de fósforos y se pone a mis espaldas y dice voy a quemar la soga. Estás loco me vas a quemar grito. Se aparece ante mí. Quién te entiende querés que te suelte o no. Le voy a contar a papá a mamá a los abuelos al cura digo. Parála enano porque te voy a dejar atado para toda la vida concentráte y hacé lo que te digo girá la muñeca derecha. Cuál es la derecha pregunto y ya casi la voz no me sale. Esta bruto me dice y me la toca  ahora levantá los codos agarra la punta del piolín con la otra mano tirá para atrás y para abajo. No puedo digo. Callate y no te desconcentres dice ahora volvé a bajar los codos separá las manos hace fuerza. Mis manos están libres y no puedo creerlo. Enano sos un campeón  estoy orgulloso de vos. Guillermo me revuelve el pelo y me ofrece hoy te regalo mi parte de la coca. Para mí que lo hizo de broma.

lunes, 14 de marzo de 2016

29

Francisco aspiró con fuerza, el aroma del café lo embriagó. El sabor de lo prohibido. ¿Te arreglás bien con los chicos? abrió la conversación Claudia,  marcando las reglas del juego: tiempo presente, modo indicativo. Ella acotó  a la respuesta de Francisco las criaturas siempre nos sorprenden, por eso son tan maravillosas. Él se animó  ¿tenés hijos?

Ella miró el reloj y dijo me voy volando, se hizo tarde. También era tarde para él sin embargo se quedó. Allá su gastritis, necesitaba otro café. Apoyado en la ventana la vio cruzar Cabildo, casi corriendo pese a los tacos finitos. Comme l’eau, comme l’eau qui court, moi, mon coeur court apres ton amour.

Francisco escuchó con placer el retumbe de sus pisadas sobre la pinotea.  Observó luego la marca que iban dejando los zapatos sobre el polvo. La trayectoria es la curva que se obtiene al unir los puntos que el móvil va ocupando a medida que transcurre el tiempo absurdamente le dictó la remota cinemática. A medida que transcurre el tiempo se repitió y luego solo el tiempo. ¿Le parece que el piso se podrá salvar? indagó la señora de Urquijo. Francisco aseguró con esfuerzo todo puede recuperarse.

Me saqué un diez en las fracciones comentó Luciana orgullosa mientras cenaban. Se lo habrá sacado  papá corrigió Camilo. Vos qué te metés, papi no me las hizo, me explicó se defendió la nena. Mientras la discusión amenazaba  prolongarse al infinito Francisco se planteó si alguno de sus hijos pensaría soy el menos querido de los tres. Peor vos que siempre te olvidás las cosas y te las llevan alegaba Luciana. ¿Era mensurable el cariño que se sentía por los hijos? Upa, papá reclamó Tobi, la cara sucia de puré. ¿Cómo se había bajado de la silla? Francisco, alarmado, lo alzó. Con la otra mano buscó una servilleta.


Sus piernas no merecen un pantalón piensa Francisco en la silla y luego se rectifica soy yo el que no merezco verme privado de sus piernas. ¿Qué estás pensando? pregunta Claudia y él instintivamente levanta los hombros rogando no ponerse colorado.  Vení conmigo ordena ella. Él la sigue, estupefacto, hasta el pasillo que conduce al baño. Paráte en el medio, extendé los brazos hasta que tus manos toquen las paredes, ahora presioná porque tenés que apartarlas, el pasillo es ancho, demasiado ancho y vos sos chiquito y te gusta estar acá sigue hablando ella mientras las paredes se alejan de las manos de Francisco que ya no alcanza a tocarlas. Siente un ruido que no puede descifrar. Rítmico e incesante. Aguza los oídos. Ahora sí, es la abuela que cose a máquina en el pasillo. Sostiene la tela con las dos manos  y la va deslizando debajo de la aguja que se mueve con mucha velocidad. Es muy peligroso pero la abuela  sabe, sabe todo, todo lo de la casa. Te estoy haciendo una camisa porque  tenés toda la ropa a la miseria dice y yo le pregunto te puedo ayudar. Ella me indica paráte a mi lado ahora poné un pie en el  pedal apretálo así muy bien de nuevo más rápido para adelante para atrás  qué fuerte es mi Paquito. La abuela silba y yo la ayudo. Para adelante, para atrás. Francisco amaga abrir los ojos pero Claudia ordena no, todavía no, sentáte en el piso, así, muy bien; la abuela dice que tenés la ropa a la miseria; pensá en tu ropa, las camisas, los pantalones, los zapatos, los calzoncillos, las medias, el abrigo Francisco hace una mueca es el abrigo entonces, ¿qué pasa con tu abrigo, Paquito? Está roñoso. Este sobretodo está roñoso dice Alicia no sé cómo no te da vergüenza decíle a mamá que lo lleve a la tintorería. Entra papá a buscarme pero Alicia dice con esa facha no puede ir al cine. No importa vamos que se hace tarde dice papá. Igual tengo calor digo y me saco el sobretodo y me agarro de su mano. Francisco grita Alicia pero yo no la escucho porque ya salimos. Hace mucho frío. En el remis está Guillermo que pregunta y a este qué le pasa que tiembla como una mariquita. Qué rápido pasa el tiempo piensa Francisco porque ya es domingo otra vez y llego con un bleicer azul que me aprieta. Y tu sobretodo dice Alicia. Mamá lo llevó a la tintorería contesto. Era hora  dice y sale y entra Guillermo y me dice qué te pasa que te disfrazaste de tripa. Tripa tripa grita Guillermo. Quisiera ser un cuchillo para cortarle la lengua. Viene la abuela y pregunta qué pasa. Entonces corro y la abrazo. El bebé el bebé corea Guillermo. Basta dice la abuela. Francisco nota que la abuela huele como Delia. A violetas. Y también nota que suena el timbre. Chau grito y cuando estoy abriendo la puerta de calle aparece mamá con mi sobretodo y dice no podés salir así hace un frío terrible y sin que me pueda resistir me lo pone, lo abotona hasta arriba y me besa. Entro al auto y papá me hace preguntas y yo le contesto cortito. No tengo calor pero sudo y la ropa se me  pegotea al cuerpo. Llegamos. Justo  cuando me estoy desabotonando el sobretodo apurado entra Alicia. No era que mamá lo había llevado a la tintorería pregunta. Sí pero se ensució de nuevo le contesto y aunque no quiero se me empiezan a salir las lágrimas. No llorés Francisco  dice Alicia la culpa es de mamá. La abuela desde la cocina grita Paquito vení  que te preparé buñuelos. Primero me meto en el baño y me lavo la cara para que la abuela no se ponga triste. Francisco percibe que el olor a violetas se va transformando. Toma cuerpo, densidad,  color. Es el olor de su mamá que le pregunta cómo te fue. Bien contesto. Cómo están tus hermanos. Muy bien digo. Claro ellos estarán contentos allá pura farra. En realidad más o menos digo. Les pasó algo me pregunta preocupada. No, están lo más bien digo. Y tu sobretodo pregunta mamá. Lo perdí contesto. Y me lo decís así como si me sobrara la plata claro para vos todo es muy fácil. Francisco cansadísimo, intenta dormirse. Está  por lograrlo cuando el timbre tintinea.  Chau digo abriendo la puerta. Mamá se acerca con el bleicer pero yo digo no hace frío y salgo corriendo.  Papá ya abrió el remis. Mamá se queda en el marco de la puerta y levanta  una mano y papá también qué raro nunca se saludan. Ya en el auto pienso que en cuanto entremos voy a rescatar el sobretodo  y  a la hora de la siesta lo voy a tirar en el baldío. Por fin llegamos y papá abre y yo dejo mi bolsito y voy corriendo hasta el cuarto de Guillermo. Cierro la puerta y busco debajo de la cama pero no lo encuentro. Abren sin golpear y yo me levanto como flecha. Alicia trae mi sobretodo adentro de una flamante bolsa de nailon. Decíle a mamá que era así de fácil dice y cuelga la percha en el ropero y sale. Por suerte viene el verano pienso. Francisco siente mucho calor. Se pone la mano en el cuello y se afloja la camisa. Le duele el cuerpo. Me duele el cuerpo dice. Claudia lo ayuda a levantarse, lo conduce de la mano hasta el diván y le dice estás adentro del garaje, ya sé que no te gusta sin embargo ahora estás en el garaje él cierra los ojos y justo llega Guillermo y le cuenta que leyó un libro sobre Houdini y que ahora tiene que practicar los nudos vení me dice y me mete en el garaje. 

viernes, 11 de marzo de 2016

28

Recién había hablado con Valeria. Alejandra ya había vuelto del quirófano. El médico afirmaba que todo había salido bien  pero que habían tenido que extirpar los ganglios. Las voces de sus sobrinos, como fondo, a través del teléfono. No era fácil lo que su mujer estaba atravesando. Le tocó bailar con la más fea ponderó y se sintió agudamente culpable. Mientras Valeria se codeaba con la muerte él se entretenía buceando en su interior. Quizás nunca en la vida había dedicado tanto tiempo y tantas energías a ocuparse de sí mismo. También pensó que había podido hacerlo gracias a la ausencia de Valeria. Sí, había sido un día complicado. Con Claudia había estado casi grosero. Repasó la despedida. Había estado muy grosero.  Fue a la cocina y se preparó un té pero la inquietud era insobornable. Minutos después estaba frente a la computadora. Asunto: Perdón. Cuando cliqueó en enviar las sienes le latían. Antes de apagar la máquina reiteró los videos. Fou, fou, lamour est fou.

Sentado frente a la mesa de dibujo, revisaba las libretas que había descubierto Camilo. Eligió una de las más viejas. Acarició la tapa ajada. Enfrentarse con la caligrafía de su madre lo conmovió. La letra era como ella, rotunda, abierta,  expresiva. Buscó en la A. Le tomó un segundo reírse de sí mismo. Su madre no los habría agendado como abuelos. La A le brindó a cambio Augusto. En qué circunstancias habría ella trazado esa dirección, prueba irrefutable de que los destinos de ambos se habían separado. 3 de febrero. Algo tímido se agitó dentro de Francisco.

Barrio de Belgrano, caserón de tejas. Si obviaba el par de rascacielos y el incesante tránsito, el tiempo parecía haberse detenido. No necesitó mirar las chapas para reconocer la casa que creía no recordar.  Estilo inglés, verja de hierro, entrada de autos  terminando en garaje y muchas ventanas. En una de ellas un cartel: En venta, visitar con personal de la firma.


La señora controló ampulosamente la hora en clara muestra de impaciencia. Francisco iba a decirle que esperaran otros cinco minutos cuando vio que un taxi se detenía frente a ellos. La puerta del auto se abrió y lo primero que asomó fue un zapato de gamuza verde musgo enfundando un pie inconfundible. Luego descendió ella, trajecito sastre, blusa de seda, envuelta en su olor. La mujer de la inmobiliaria abrió  la puerta de la reja y luego la de entrada. Ingresaron a un recibidor. Los ambientes vacíos conservaban las marcas de clavos y cuadros. Al frente, la arcada que comunicaba con un enorme salón. Hacia la derecha la escalera y el comedor, y paralelo a todo su largo, un pasillo desproporcionadamente ancho al que daba el baño de visitas y que comunicaba con la cocina. Subieron por una escalerita angosta hacia el área de servicio: el lavadero, dos piezas, un baño y una terraza  atravesando la cual accedieron a una habitación gigantesca y de allí a un hall distribuidor al que se abrían un baño señorial y otros tres dormitorios. Descendieron por la escalera principal, de madera tallada, y reingresaron para inspeccionar el sótano donde estaba instalada la caldera.  La señora los invitó a conocer el garaje. No, no hace falta se apresuró a contestar Francisco y, mientras la mujer cerraba las ventanas, recorrió nuevamente el dilatado pasillo. Salieron caminando uno al lado del otro, en silencio, hasta que Claudia, ya en Cabildo, lo sondeó.  Es absurdo que pretenda que las casas me hablen cuando debería obligar a hablar a los seres humanos dijo él. Si la visita sirvió para eso me quedó más que satisfecha Claudia se detuvo y miró su reloj no podremos ir al consultorio, en media hora tengo una cita aquí cerca; mañana trabajaremos fuerte, no te desanimes, algo lograremos recuperar.  Francisco no estaba preparado para prescindir de ella en los próximos minutos. Por culpa de una cita. Su cuerpo y su alma eran una oquedad que necesitaba ser llenada. Te invito a tomar un café propuso y después trató de justificarse  ya que tenés que esperar ella lo miró sorprendida prometo que no tendrás que trabajar  dijo él simulando poner un cierre en su boca. Ella sonrió y se le iluminaron los ojos. Bleu comme le ciel qui joue dans tes yeux.

miércoles, 9 de marzo de 2016

27


Francisco, caminando tras ella observa las paredes buscando indicios. El consultorio es tan endiabladamente distinguido, como ella piensa, que no deja espacio para ninguna marca personal, ni siquiera una foto. La seguimos mañana dice Claudia y él sale. El ruido de la puerta cerrándose lo deja inerme.

Ya no había quien le marcara líneas de conducta, quien decretara, con certeza que de tan absoluta se hacía sospechable, qué prohibir, qué prodigar, cuánto, cómo y hasta dónde. Valeria nunca había dejaba resquicio para improvisaciones. La solución precedía al problema. Alzalo, dejala, bañalo, leele, retala, preguntale. La lista de indicaciones con que había tratado de cubrir cualquier tipo de contingencia que pudiera producirse durante su ausencia era casi pueril. Los primeros días Francisco la consultaba con frecuencia, acercándose a ella con tanto respeto cual si fuera la Biblia. Sin embargo, a medida que entraba en contacto real con sus hijos Francisco descubría que eran mucho más complejos de lo que Valeria consideraba. Y, en tanto les daba aire, manifestaban su espíritu crítico, la agudeza de su sensibilidad. Durante esos diez días había charlado con ellos más que en los diez años anteriores. Los había apretujado, los había consentido, se habían divertido juntos. También por primera vez habían conseguido descontrolarlo. Y  les había gritado y se había arrepentido y les había pedido perdón. Francisco se preguntó ¿alguna vez me habrá gritado mi papá? Volvió a verse frente al kiosco con Guillermo. A lo mejor esas cuarenta y tres revistas habían sido las responsables de que jamás hubieran podido cumplir con las expectativas de su padre. Dios te salve Alicia, llena eres de gracia.


Ayer, cuando salí de aquí, me sentí repentinamente en paz, dormí como hacía días que no lograba hacerlo comenta él entusiasmado. Señal de que hay que recomenzar dice ella y Francisco la mira sorprendido ¿por qué otros lugares ha transcurrido tu infancia? Él siente que el pecho se le junta con la espalda y se avergüenza de haber sido tan ingenuo, lo único que le importa a ella es que sus recuerdos broten del elemento topográfico. Francisco se quiere ir, por primera vez quiere irse. Para Elisa. Él atiende. ¿A qué hora vas a venir?necesito que me ayudes con la tarea. Él aprovecha y le informa mi hija me reclama. Ella también se para y junto a la puerta le indica pensá en lo que te pregunté. Él dice no te preocupes, ya sé que tu tesis urge y no la besa. La puerta se cierra tras él. De ella solo queda el perfume.    

En cuanto lo escucha,  la chiquilina aparece en el living y se le para delante, los brazos en jarra ¿será posible?, hace como dos horas que te espero. La réplica de Valeria en miniatura le causa tanta gracia que la agarra por la cintura y la hace girar. El revuelo atrae a Tobi. Desde los dormitorios llega la voz de Camilo papá, ¿me trajiste la revista? Esto es lo que justifica su existencia.  Más allá de Valeria pero gracias a ella. Mientras sigue revoleando a Luciana con Tobi colgado de los pantalones recuerda un incidente. Se habían mudado hacía un par de días. Estaba solo con Luciana, dándole la papilla, cuando la beba manoteó y el plato se estrelló contra el piso. Ni una fruta en la heladera. Luciana empezó a llorar. Francisco, a través de la ventana, vio el bananero. Alzó a la nena, salió al jardín y arrancó una banana del árbol. Entraron. Dejó a la nena en la sillita alta y peló y pisó la banana. Le agregó azúcar. Cuando estaba cargando la primera cucharada, dudó. Era una banana rara, más chica, moteada. Luciana retomó el llanto con tanta intensidad que él olvidó sus escrúpulos. El plato quedó vacío y la nena contenta. Media hora después Luciana vomitaba. Francisco, alarmado, la estaba limpiando cuando sonó el teléfono. Teníamos unas iguales en el jardín pero mamá nos decía que eran venenosas fue el feliz comentario de Horacio. Francisco cortó y con la nena en brazos salió al jardín. Allí mismo, junto al árbol, comió dos bananas.  Minutos después recuperó la lucidez y  llamó al pediatra. He comido bananas de esas a reventar y todavía duro informó Grieco. Cortó y se abrazó a Luciana. Dos sobrevivientes. La voz de la nena lo sobresalta ¡basta, papá, estoy mareada! Mientras la está bajando Luciana reclama no me salen los problemas con fracciones, ¿vos te los sabés? Francisco piensa que él jamás ha sido imprescindible para su padre.

lunes, 7 de marzo de 2016

26

Francisco tengo que hacer un trabajo para el colegio y necesito que resuelvas unas pruebas  vení sentate acá me dice Alicia y señala su escritorio en el que hay un libro gordo que tiene un ojo en la tapa del que salen rayos y lo abre. Aquí hay un rectángulo al que le falta una ventanita la ves me pregunta hago que sí con la cabeza  mirá aquí hay un montón de ventanitas distintas y me las señala con el dedo tenés que decirme cuál te parece que completa mejor la figura fijate bien porque voy a anotar la primera que digas y no te podés arrepentir estás listo pregunta sí le digo y aprieta un reloj que cuando se lo compró me contó que se llama cronómetro y hace un  ruido que me pone nervioso. Miro bien y como el rectángulo es a cuadros y solo hay una ventanita con cuadros se la señalo y le pregunto está bien y ella me contesta no te puedo decir  porque es una prueba y da vuelta la hoja. Hay otro rectángulo que es rayado y abajo hay muchas ventanitas rayadas y me fijo bien y elijo la ventana con rayas más gruesas porque son más parecidas. Da vuelta otra hoja y en la primera fila hay un cuadrado rojo grande un círculo azul chiquito y un triángulo mediano verde  y en la segunda fila un cuadrado azul mediano un triángulo rojo chico y un círculo verde grande y en la tercera hay un triángulo azul grande y un círculo rojo mediano y por supuesto que falta el cuadrado verde chiquito y se lo digo y da vuelta la hoja. Francisco está demasiado cansado de pensar. Por eso abre los ojos, sin embargo, luego de unos instantes y aun contra su voluntad, tiene que cerrarlos. Los párpados son como la tapa de un cofre buscando proteger un tesoro. Escucha ruidos. Son los camellos que están comiendo el pasto. Si estoy despierto no me van a traer regalos. A lo mejor igual no me traen porque no soy tan bueno.  Si no me traen voy a decir que fue porque estaba despierto. Pero voy a mentir. Y si miento no me van a traer nada.  Si me traen esta vez prometo que no me voy a tocar más que no voy a abrir la heladera sin permiso. Ya no escucho ruidos me parece que se fueron. Me voy a fijar si me trajeron algo pero no voy a mirar lo que me trajeron porque eso está muy mal. Bajo la escalera con mucho cuidado. Por suerte dejaron una luz encendida.  Allá están los zapatos de Guillermo y tienen un paquete enorme. Los de Alicia también. Se llevaron los míos. No, ahí están, abajo de la mesa pero me pusieron una caja chiquita y cuando la vean todos se van a dar cuenta de que me porté mal. Agarro el paquete de Guillermo que es muy pesado y lo pongo en mis zapatos. Total después le voy a dar a él lo que me tocó a mí que le tocaba a él. Francisco presiente que algo anda mal. Se aclara la garganta y, angustiado, prosigue. Guillermo me sacude y me dice apurate que vinieron los reyes.  Me levanto descalzo y voy. Alicia está sacando un par de patines profesionales de su gran paquete. Guillermo abre el suyo que es el mío. Grita de alegría. Es el reloj que yo tanto quería. Agarro el mío que es el suyo en realidad. Ya no es pesado qué raro. Desato el moño y rompo el papel. Es una caja y la abro. Me late fuerte el corazón. Total Guillermo ya tiene mi reloj. Qué te regalaron pregunta mamá y se sonríe raro. Busco entre los bollos pero solo hay papel. Me escapo corriendo. Qué le pasó al enano alcanzo a escuchar que dice Guillermo. Me meto en la cama y me tapo la cabeza con las cobijas. No me voy a levantar nunca más. Francisco tiene tanta vergüenza que quisiera taparse. Era tonto afirma y sabe que está colorado. No eras tonto, eras chiquito dice ella no se daban cuenta de que eras tan chiquito. Pero él sabe que no alcanza con ser chiquito. A los tontos no se los quiere. Por eso busca y piensa. Hasta que se encuentra con  su hermana que empezó un curso de arte y se compró un libro y ahora me enseña. Dice que todos son impresionistas no hacen bordes  pintan con manchitas y trabajan al aire libre. Me muestra láminas me tapa el título y tengo que adivinar. Tiene mucha paciencia porque a veces me equivoco. Me gustan los cuadros pero no me gusta que se ría cuando pronuncio mal porque tienen nombres rarísimos no son de acá son de francia. El que sí se ríe cuando pasa es Guillermo se ríe y dice estás entrenando al mono sabio para el circo porque siempre me dice mono sabio. A veces me parece que me tiene rabia. Francisco la escucha estornudar. Qué raro ella también estornuda. Está por decirle salud pero no puede porque justo Alicia lo llama desde el escritorio. Estas son mis compañeras del curso me dice. Todas que son como seis me dan besos y quisiera limpiarme los cachetes mojados pero no lo hago porque mamá siempre dice que eso no corresponde. Francisco me pide mostrales a las chicas todo lo que te enseñé. Tengo que hacer los deberes digo porque además es cierto. Es un ratito dice después te ayudo. No te hagas rogar me pide una rubia gordita. Vení dice Alicia mientras abre el libro en la primera hoja contales quién lo pintó y por suerte es una bailarina de las lindas así que estoy seguro y digo delgas. Muy bien me felicita y da vuelta la página y es de ese que pinta señoras y nenes y digo renuar y también estoy seguro porque me encanta. Y esta me pregunta y hay una bailarina mala de las que no se pueden nombrar y lo sé pero no quiero decirlo porque cuando lo digo Alicia siempre se ríe pero insiste dale que lo sabés  sí que me lo sé porque es el enano renguito y me animo y digo tulo sotrec  y por supuesto todas se ríen y la gorda rubia dicen cállense. Y esta dice otra que no es rubia pero que también es gordita y es la cama del loco de la oreja y digo vangoj vicente  y todas hacen ah pero una flaca y anteojuda dice claro se los sabe de memoria porque es muy chico y no los puede reconocer. Alicia pone la cara que le pone a mamá y dice mi hermano es superdotado te lo digo yo que le hice un test. La otra saca de su bolso un libro el doble de gordo que el de Alicia y dice te apuesto  cinco pesos a que no acierta diez de diez. Francisco dice Alicia mostrale a esta quién es mi hermano. Las manos me empiezan a sudar y me quiero escapar. Dejalo pobrecito dice la rubia no lo presiones más y Alicia dice ni que le fuéramos a pegar es un juego Francisco no importa si te equivocás. Pero yo sé que sí le importa por los cinco pesos además. La anteojuda abre el libro por la mitad. Es una bailarina buena y aunque nunca la vi digo delgas y sé que está bien tuve suerte para empezar. Abre en otro lado y aparecen unos zapatos viejos que no conozco pero como solo un loco puede pintar zapatos digo vangoj vicente y Alicia me remueve el pelo que es lo que hace cuando me quiere así que seguro que acerté. Ahora me toca un cogotudo que cogotudos nunca vi pero cogotudas sí y digo modi nosecuanto y me la dan por buena y la flaca agarra el libro y busca y hay una borracha tan triste que debe ser de tulo sotrec y ya no se ríen cuando lo digo y después hay mujeres en una playa rosa y eso solo puede ser de goguén que era amigo del loco y después se peleó y ahora me pasa volando una con gabriela de renuar y otra que ya conocía de manet y una muy fácil  con serpientes de rusó. Ya está dice la rubia pero la flaca dice falta una y busca y busca y elige una del final. Y me muestra un paisaje que son los más difíciles. Me quedo callado y no vuela una mosca. Hay cuatro casitas  y arbolitos sin hojas y  Alicia sabe que esta nunca en mi vida me la vi y me pone la mano sobre el hombro y me dice no importa Francisco estoy orgullosa de vos estuviste genial. Las manos me chorrean y tengo miedo de mojar el libro. Alicia me empuja con suavidad anda a hacer los deberes yo después te ayudo. Me paro y la cabeza me da vueltas porque yo una vez vi unas casas parecidas pero eran dos y llego a la puerta pongo la mano en la manija y Dios me llena la boca y grito pizarrón camilo pizarrón camilo. Y se me doblan las rodillas. 


Francisco, caminando tras ella observa las paredes buscando indicios. El consultorio es tan endiabladamente distinguido, como ella piensa, que no deja espacio para ninguna marca personal, ni siquiera una foto. La seguimos mañana dice Claudia y él sale. El ruido de la puerta cerrándose lo deja inerme.

viernes, 4 de marzo de 2016

26

Milanesas con puré y flan decía la lista, los chicos contentos. Terminaron de cenar y Francisco les contó que había ido a visitar la casa de su infancia. Lo acribillaron a preguntas. Lo sorprendió la agudeza de sus observaciones. Acostó a Tobi y cuando fue a darle un beso a Camilo lo encontró sentado en la cama, muy serio. Parecés un señor, ¿en qué estás pensando?  Le revolvió el pelo, todavía mojado y se sentó a su lado. Cuando ustedes se mueran, ¿qué va a pasar con esta casa? Esta casa será de los tres contestó Francisco desconcertado la venderán y cada uno recibirá su parte; a ver, ¿qué porcentaje te correspondería? Camilo contestó no seas hincha, papá, el treinta y tres con treinta y tres por ciento pero después agregó que no se podía vender la casa porque en los marcos de las puertas están las rayitas que hacés cada vez que nos medís. Resolvió, entonces, que les compraría a sus hermanos el sesenta y seis con sesenta y seis por ciento restante para que cuando fueran a visitarlo pudieran ver la casa sin pedirle permiso a un extraño; porque esta casa no es lujosa como la que vos tenías pero igual es grande y linda  y está llena de sol y a mí me encanta. El cuerpo de Francisco se estremeció de amor y como no supo decírselo lo abrazó. ¿Ya te acostumbraste a no tener mamá ni papá? le preguntó Camilo separándose. Francisco, mientras intentaba aflojar el nudo en la garganta, tuvo cabal registro de que era la primera vez que conversaba con su hijo de igual a igual. Ni mayores ni menores, solo dos seres sensibles, inteligentes, buscando comunicarse. Pienso tanto en ellos que los tengo más presentes que cuando todavía estaban acá. ¿El abuelo nos quería? interrogó Camilo intempestivamente y Francisco descubrió que  pese a creerse tan próximo había estado muy ajeno al crecimiento interno de su hijo no era como la abuela, él nunca nos venía a visitar; me gustaba su casa porque en un hueco en un placard, la gruta lo llamaba, tenía golosinas,  revistas, libros  y podíamos agarrar lo que quisiéramos sin abusar, como él nos decía; un día me regaló el ajedrez, yo era chiquito y el abuelo me regaló un ajedrez; me explicó cómo se movían las piezas y yo le dije que había entendido pero era mentira Camilo hizo una pausa  cuando me salen mal las cosas, ¿vos me querés igual? Doce años de  incondicional amor no habían alcanzado para desterrar la inseguridad que quizás le había transmitido a Camilo con los genes.  Sabio, necesito ser sabio. No,  te quiero más el nene  lo miro inquisitivo porque cuando te equivocás es cuando más me precisás. Camilo se escurrió dentro de la cama tengo sueño, hasta mañana, papá. Tan valioso y tan frágil, como todo niño. Francisco, apagó la luz y mientras salía del cuarto, se sintió, él también,  imprevistamente frágil. Cada centímetro de piel precisando ser tocado. La ausencia de contacto hacía peligrar su existencia, su continuidad.

Desayunó en el bar pero no logró pasar de la primera hoja del diario. Zozobraba. Fue al estudio. La inquietud, de tan punzante, lo inhabilitaba. Buscó en la billetera. Se sentó frente a la computadora, puso la tarjeta sobre el teclado y transcribió con cuidado la dirección. Asunto. Francisco dudó. ¿Necesidad?, ¿urgencia? Decreto de necesidad y urgencia. Adelanto de horario por fin se decidió. Francisco, más cobarde que sus manos, las dejó deslizarse por el teclado. Envió el mensaje sin atreverse a releerlo. Necesitaba caminar.

¿Llamó alguien? preguntó en cuanto regresó al estudio. Horacio y la licenciada Ordóñez. Francisco trató de controlar la sonrisa que como una burbuja ascendía desde su abdomen.  Miró a través de la ventana. A pesar de que venía de la calle, recién notaba que había sol.


Una hora después, Francisco sube. Está por llegar y aunque ansía llegar tiene miedo. Últimamente suele tener miedo. Como de costumbre, y Francisco comprende que ya es una costumbre, el repiqueteo de sus tacos la antecede. Se pregunta si alguna vez se los sacará. Le resulta absurdo imaginarla en zapatillas. Descalza sí. Todo o nada. Los pies de ella no tienen otra opción. Mientras él divaga la puerta se abre. ¿Cómo estás?, me preocupaste ella  se eleva levemente sobre sus tacos y lo besa en la mejilla. Como la aureola a los santos, su perfume la rodea. La beatifica. Francisco se da cuenta de que hoy le cuesta mucho pensar con claridad. Ansioso, algo me bulle por dentro, y solo vos podés domar mis recuerdos. Ella frunce el entrecejo tus recuerdos son solo tuyos, no te confundas; ya se destrabó la inhibición, si de veras te lo proponés, las imágenes acudirán prescindiendo de mí. Francisco necesitaría decirle que cada vez menos puede prescindir de ella pero no dice nada y espera. Parado espera. ¿Te querés acostar? Él se acuesta y, sin verla, la escucha, bebe sus instrucciones.  

miércoles, 2 de marzo de 2016

25

 La tía trajo de estados unidos unas botellitas con un líquido marrón que se llama cocacola y es muy dulce y muy rico. Cada domingo Guillermo y yo compartimos una.  A mí no me da asco tomar de la misma pajita porque se toma con pajita pero a Guillermo sí por eso él toma primero  por eso y porque es más grande. Cuando empieza a tomar yo tengo miedo de que se pase de la rayita y siempre se pasa un poco y eso me hace enojar pero después es mejor porque yo tomo y él ya no tiene nada. Me gustaría llevarla al colegio para mostrársela a  los chicos porque no me creen nadie en la argentina tomó nunca cocacola solo Guillermo y yo. La tía trajo montones de cosas maravillosas algunas me las mostró pero otras no quiso y las guardó. Francisco se reacomoda. Ella carraspea. Él continúa. Estoy frente al ropero de la tía. Sé que no lo tengo que abrir pero lo abro. Me sacude el olor a nuevo y  a plástico. Me descompone de felicidad. Hay muchas cajas. En el estante de arriba veo el camión más maravilloso que nunca haya existido. Es verde. Cierro rápido la puerta. Miré y estuvo mal pero no toqué. Francisco abre los ojos. Se incorpora desconcertado. Está temblando. Tranquilo, Francisco, todo está bien y yo estoy acá le llega una voz desde sus espaldas. Él vuelve a acostarse. Los párpados le pesan. Tiene que cerrarlos. La manzana es roja, lustrosa, perfumada. Clavo mis dientes con regocijo. Disfruto del ruido. Es dura jugosa. Muerdo de nuevo y siento algo raro. Aparto la manzana de mi boca. La manzana está sangrando. Tardo un segundo en entender que la sangre me sale a mí. Escupo. En el piso, entre trozos de manzana mordisqueados y coágulos de sangre descubro mi primer diente. Lo agarro y corro hacia mamá. La lengua de Francisco presiona, buscando oquedades. Hasta que encuentra el agujero. Me lavo los dientes con cuidado porque todavía me duele. Voy a mi cuarto. Sobre la mesa de luz está mi diente. Entra mamá. La hice para vos me dice y me da una almohadita con bolsillo. Tenés que poner en el bolsillito el diente dice mamá los ratones se lo van a llevar y te van a dejar a cambio una moneda. Pongo el diente en el bolsillo. Mamá me arropa  me dice que sueñes con los angelitos me da un beso y apaga la luz. No tengo sueño. Cuándo vendrán los ratones. Si me despierto mientras me están cambiando el diente capaz que se enojan y no me dejan nada. Y si me muerden. Y si me tocan la cara con la cola cuando buscan en el bolsillo. Enrique me dijo que no te hacen nada.  Capaz que es solo uno. Seguro que mi ratón va a ser bueno como el de la lámina del libro. No sé si el mío será Pérez para mí que se llama Pepe. Sí, Pepe. Francisco aprieta fuerte los párpados. Despertáte dice mamá tenés que ir al jardín. Me siento y me restriego los ojos. Cómo se portaron los ratones pregunta sentada en mi cama. Entonces me acuerdo de la almohadita. El corazón me hace ruido. Meto la mano en el bolsillo.  Por qué  tenés esa cara me pregunta Alicia desde el marco de la puerta. No hay nada digo con un hilo de voz. Fijáte bien dice mamá. Abro el bolsillo y miro. Hay un papelito doblado. Seguro que Pepe me avisa que no me dejó nada porque el otro día me hice pis en el jardín. Agarro el papelito y lo desdoblo. Es un billete. Un billete de cinco pesos porque los números sí que me los sé. Qué adinerado que estaba Pérez dice Alicia sonriendo. Mi ratón se llama Pepe le digo. Ah sí me pregunta mamá y me abraza. Yo le tiro los brazos al cuello.  Alicia se va. A Alicia no le gusta que la abrace a mamá. Un silencio abrumador se instala. Silencio burlado luego por un leve crujido que Francisco atribuye a las medias de seda. Cruzó las piernas piensa. Ligeramente alterado, continúa.  Le muestro mi agujero a papá y él me dice que se llama portillo y que los ratones también me dejaron algo en casa de los abuelos. El viaje se hace larguísimo pero al fin llegamos. Los abuelos y la tía me besan y me felicitan y yo no me animo a preguntar dónde está lo que me trajo Pepe aunque a lo mejor en este barrio trabaja un hermano. Francisco vení dice papá. Entramos todos al escritorio. Entonces veo al camión verde. Las lágrimas me corren por los cachetes. La tía dice le gusta tanto que se emocionó. La odio a la tía. Y a Pepe también. Para mí Pepe se murió. Francisco empuja de nuevo la lengua contra los dientes. Ya no están flojos. Las lágrimas empiezan a resbalar por sus mejillas. Sentáte le dice Claudia tendiéndole un pañuelo de papel. Él obedece. Las lágrimas siguen deslizándose, silenciosas. Ella se incorpora y se sienta a su lado. Estoy muy cansado dice. Acostáte sugiere Claudia. Él ansía acostarse pero tiene miedo entonces le pide  no te vayas.  Acostáte tranquilo insiste ella me quedo aquí, con vos. Él se acuesta. Ella le toma la mano. Él cierra los ojos. Están sentados alrededor de la mesa. Mamá toca la campanilla. Llega Rosa. Empieza a levantar los platos vacíos y cuando llega junto al mío duda. La miro implorante. Me hace un pequeño gesto con las cejas y lo agarra. Deje Rosa dice mamá. Francisco comé tu tortilla me ordena con su voz. Sé que estoy perdido. Pincho un pedazo y me lo meto en la boca y la acelga me da arcadas. No empecemos me reta mamá. No martirices al pobre chico dice Alicia. Ya mismo vas a acostarte dice mamá furiosa pero más con Alicia. Me levanto en silencio. Salgo del comedor y llego hasta el pie de la escalera. Está oscuro y no alcanzo hasta la llave de luz. Me agarro del pasamanos y subo, escalón a escalón. Llego arriba. Me pego a la pared y avanzo lentamente. El corazón me late como una bomba.  Llegó a la puerta del cuarto de Alicia. Sigo. La puerta del baño. Sigo. La puerta del cuarto de mamá. Sigo. Casi no tengo miedo. Llego hasta mi puerta. Tanteo buscando la manija. Abro. Avanzo hasta mi cama y por suerte encuentro la perilla del velador. Me saco la ropa y me pongo el piyama. Tengo ganas de hacer pis pero no me animo a ir al baño. Me meto en la cama.  Si dejo el velador encendido mamá me va a retar. Saco una mano fuera de la colcha y apago. Me tapo hasta las orejas. Hoy no voy a rezar. Francisco abre los ojos y la ve. Ella le sonríe y aumenta la presión del contacto. Francisco siente una columna de aire tibio que le corre por dentro. Quisiera quedarse así eternamente. Él ahora observa la mano de ella, las largas uñas pintadas de rojo, los anillos. Porque tiene varios anillos. Los contempla con atención. Ninguno es una alianza. Levanta la vista y la mira, ahora a los ojos, con intensidad. Claudia le suelta la mano y se incorpora. Vamos a dejar acá, ya fue demasiado por hoy indica y no sonríe. Luego lo acompaña hasta la puerta. Francisco se inclina y la besa en la mejilla. Tiene un impulso. Le aprieta fuerte ambos hombros dice gracias y sale rápido.