viernes, 25 de marzo de 2016

34

Mientras subía recordó un comentario de Claudia las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.

Francisco abre la caja y desparrama fotos sobre el escritorio. Separá las del colegio ordena Claudia. Alicia, Guillermo y él, alternándose. Este soy yo. De un lado la foto grupal, del otro el primer plano de un niño con delantal blanco y  moño a lunares.

La inútil sesión solo tuvo dos réditos. Para ella, comprobar, satisfecha, que él solo respondía al elemento topográfico. Para él, haber gozado durante cincuenta minutos del espectáculo del corpiño color malva insinuándose a través del encaje blanco de la blusa.

¿Te bancás el celibato? le preguntó Horacio y ante el silencio de Francisco insistió ¿le das mucho a las manos? Mirá que sos boludo intentó él defenderse quizás temiendo que  su amigo pudiera descubrirle en la cara quién era su fuente de inspiración.

Fue a la cocina a buscar el salero. Cuando regresó, se detuvo a unos pasos de la mesa. Contempló a sus hijos. Piyamas, el cabello mojado, parloteando con la boca llena. Tan endiabladamente vitales que Francisco tuvo miedo.

Su secretaria intentó que entrara en razones. La señora del petit hotel está con el herrero y necesita decidir el diseño de las rejas. Decíle que confíe en su buen gusto Marcela lo miraba, disgustada y si no, aconsejála vos dijo Francisco cerrando la puerta tras de sí. Arrancó con el motor aún frío. Minutos después tocaba el portero eléctrico. La esperó en el coche. Buen momento para un cigarrillo pensó.

Pocas veces en su vida había atravesado una situación tan ridícula. Buscando con su analista colegio para nuestros hijos. Si no hubiera estado tan conmocionado se habría reído. A través del vidrio de la puerta pudo contemplar las salas llenas de pequeños con delantal a cuadritos. Después se dirigieron hacia el patio de la primaria. Era la hora del recreo. Una bandada de pibes gritando, riéndose, corriendo. Las blancas palomitas. Como con la bomba neutrónica las aulas, aunque vacías, exhibían las características de sus ocupantes. Les mostraron  un salón con gradas. El aula de ciencias naturales. Salieron. Él se disponía a invitarla a tomar un café cuando ella dictaminó vamos al consultorio. Francisco comprobó, alarmado, que estaba muy decepcionado. Tenía una gran decepción.


Claudia, señalando un almohadón sobre el piso, le ordena  sentáte. Francisco obedece. La sensación de que las piernas le sobran. Claudia lo percibe y le indica sentáte como un indio. Él la obedece, en todo la obedece. Mientras ella habla la voluntad de Francisco se va achicando. De pronto se siente molesto. Tiene urgentes ganas de orinar. Levanto la mano y la señorita me pregunta Francisco qué querés. Puedo ir al baño pregunto y ella dice saben bien que al baño se va en el recreo ya no son bebés pueden esperar. Sigo plegando el papel glasé metalizado. Tengo muchas ganas de hacer pis.  Junto fuerzas y levanto de nuevo la mano. Francisco ahora qué te pasa dice la señorita y yo le pregunto puedo ir al baño. Los chicos se ríen y la señorita ordena silencio y  por suerte toca la campana. Nos levantamos agarramos las bolsitas del perchero  guardamos los útiles y salimos.  Frente al aula formamos fila tomando distancia y me parece que no aguanto más. A una orden de la maestra avanzamos. Mientras camino el pis va corriendo por mis piernas  hasta que llega a mis medias a los zapatos al piso. Señorita Francisco se hizo pis dice Adrián. Los chicos se ríen y se detiene la fila. Qué vergüenza Francisco un chico grande dice la señorita cállense y avancen. En la puerta está Alicia que se acerca se agacha para darme un beso y me pregunta cómo te fue y yo le digo lo más bien. Alicia me mira mejor y dice Francisco qué pasó con tus medias y yo le contesto sin mirarla abrí la canilla del patio y me salpiqué. Estás seguro  me pregunta y justo Enrique se acerca y dice es cierto yo lo vi. Alicia sonríe mueve suavecito  la cabeza y me tiende la mano. No quiero volver a la escuela nunca más. Llegamos a casa. Alicia abre y yo corro hasta mi cuarto. Cierro la puerta. Me saco el delantal tan rápido que arranco dos botones. Me saco los zapatos las medias el pantalón  el calzoncillo abro el segundo cajón y busco un calzoncillo limpio y cuando me lo estoy poniendo se abre la puerta. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario