Mientras subía recordó un comentario de Claudia
las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en
lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se
inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.
Francisco abre la caja y desparrama fotos sobre
el escritorio. Separá las del colegio ordena Claudia. Alicia, Guillermo
y él, alternándose. Este soy yo. De un lado la foto grupal, del otro el
primer plano de un niño con delantal blanco y
moño a lunares.
La inútil sesión solo tuvo dos réditos. Para
ella, comprobar, satisfecha, que él solo respondía al elemento topográfico. Para él, haber gozado durante cincuenta
minutos del espectáculo del corpiño color malva insinuándose a través del
encaje blanco de la blusa.
¿Te bancás el celibato? le preguntó Horacio
y ante el silencio de Francisco insistió ¿le das mucho a las manos? Mirá
que sos boludo intentó él defenderse quizás temiendo que su amigo pudiera descubrirle en la cara quién
era su fuente de inspiración.
Fue a la cocina a
buscar el salero. Cuando regresó, se detuvo a unos pasos de la mesa. Contempló
a sus hijos. Piyamas, el cabello mojado, parloteando con la boca llena. Tan
endiabladamente vitales que Francisco tuvo miedo.
Su secretaria intentó que entrara en razones. La señora del petit hotel está con el herrero y necesita decidir el diseño de
las rejas. Decíle que confíe en su
buen gusto Marcela lo miraba, disgustada y si no, aconsejála vos
dijo Francisco cerrando la puerta tras de sí. Arrancó con el motor
aún frío. Minutos después tocaba el portero eléctrico. La esperó en el coche. Buen momento para un cigarrillo pensó.
Pocas veces en su vida había atravesado una
situación tan ridícula. Buscando con su analista colegio para nuestros hijos. Si no hubiera estado tan
conmocionado se habría reído. A través del vidrio de la puerta pudo contemplar
las salas llenas de pequeños con delantal a cuadritos. Después se dirigieron
hacia el patio de la primaria. Era la hora del recreo. Una bandada de pibes
gritando, riéndose, corriendo. Las blancas palomitas. Como con la bomba
neutrónica las aulas, aunque vacías, exhibían las características de sus
ocupantes. Les mostraron un salón con
gradas. El aula de ciencias naturales. Salieron. Él se disponía a
invitarla a tomar un café cuando ella dictaminó vamos al consultorio.
Francisco comprobó, alarmado, que estaba muy decepcionado. Tenía una
gran decepción.
Claudia, señalando
un almohadón sobre el piso, le ordena sentáte.
Francisco obedece. La sensación de que las piernas le sobran. Claudia lo
percibe y le indica sentáte como un indio. Él la obedece, en todo la
obedece. Mientras ella habla la
voluntad de Francisco se va achicando. De pronto se siente molesto.
Tiene urgentes ganas de orinar. Levanto la mano y la señorita me
pregunta Francisco qué querés. Puedo ir al baño pregunto y ella dice saben bien
que al baño se va en el recreo ya no son bebés pueden esperar. Sigo plegando el
papel glasé metalizado. Tengo muchas ganas de hacer pis. Junto fuerzas y levanto de nuevo la mano.
Francisco ahora qué te pasa dice la señorita y yo le pregunto puedo ir al baño.
Los chicos se ríen y la señorita ordena silencio y por suerte toca la campana. Nos levantamos
agarramos las bolsitas del perchero
guardamos los útiles y salimos.
Frente al aula formamos fila tomando distancia y me parece que no
aguanto más. A una orden de la maestra avanzamos. Mientras camino el pis va
corriendo por mis piernas hasta que
llega a mis medias a los zapatos al piso. Señorita Francisco se hizo pis dice
Adrián. Los chicos se ríen y se detiene la fila. Qué vergüenza Francisco un
chico grande dice la señorita cállense y avancen. En la puerta está Alicia que
se acerca se agacha para darme un beso y me pregunta cómo te fue y yo le digo
lo más bien. Alicia me mira mejor y dice Francisco qué pasó con tus medias y yo
le contesto sin mirarla abrí la canilla del patio y me salpiqué. Estás
seguro me pregunta y justo Enrique se
acerca y dice es cierto yo lo vi. Alicia sonríe mueve suavecito la cabeza y me tiende la mano. No quiero volver a la escuela nunca más. Llegamos a casa. Alicia abre y yo corro hasta mi
cuarto. Cierro la puerta. Me saco el delantal tan rápido que arranco dos
botones. Me saco los zapatos las medias el pantalón el calzoncillo abro el segundo cajón y busco
un calzoncillo limpio y cuando me lo estoy poniendo se abre la puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario