viernes, 11 de marzo de 2016

28

Recién había hablado con Valeria. Alejandra ya había vuelto del quirófano. El médico afirmaba que todo había salido bien  pero que habían tenido que extirpar los ganglios. Las voces de sus sobrinos, como fondo, a través del teléfono. No era fácil lo que su mujer estaba atravesando. Le tocó bailar con la más fea ponderó y se sintió agudamente culpable. Mientras Valeria se codeaba con la muerte él se entretenía buceando en su interior. Quizás nunca en la vida había dedicado tanto tiempo y tantas energías a ocuparse de sí mismo. También pensó que había podido hacerlo gracias a la ausencia de Valeria. Sí, había sido un día complicado. Con Claudia había estado casi grosero. Repasó la despedida. Había estado muy grosero.  Fue a la cocina y se preparó un té pero la inquietud era insobornable. Minutos después estaba frente a la computadora. Asunto: Perdón. Cuando cliqueó en enviar las sienes le latían. Antes de apagar la máquina reiteró los videos. Fou, fou, lamour est fou.

Sentado frente a la mesa de dibujo, revisaba las libretas que había descubierto Camilo. Eligió una de las más viejas. Acarició la tapa ajada. Enfrentarse con la caligrafía de su madre lo conmovió. La letra era como ella, rotunda, abierta,  expresiva. Buscó en la A. Le tomó un segundo reírse de sí mismo. Su madre no los habría agendado como abuelos. La A le brindó a cambio Augusto. En qué circunstancias habría ella trazado esa dirección, prueba irrefutable de que los destinos de ambos se habían separado. 3 de febrero. Algo tímido se agitó dentro de Francisco.

Barrio de Belgrano, caserón de tejas. Si obviaba el par de rascacielos y el incesante tránsito, el tiempo parecía haberse detenido. No necesitó mirar las chapas para reconocer la casa que creía no recordar.  Estilo inglés, verja de hierro, entrada de autos  terminando en garaje y muchas ventanas. En una de ellas un cartel: En venta, visitar con personal de la firma.


La señora controló ampulosamente la hora en clara muestra de impaciencia. Francisco iba a decirle que esperaran otros cinco minutos cuando vio que un taxi se detenía frente a ellos. La puerta del auto se abrió y lo primero que asomó fue un zapato de gamuza verde musgo enfundando un pie inconfundible. Luego descendió ella, trajecito sastre, blusa de seda, envuelta en su olor. La mujer de la inmobiliaria abrió  la puerta de la reja y luego la de entrada. Ingresaron a un recibidor. Los ambientes vacíos conservaban las marcas de clavos y cuadros. Al frente, la arcada que comunicaba con un enorme salón. Hacia la derecha la escalera y el comedor, y paralelo a todo su largo, un pasillo desproporcionadamente ancho al que daba el baño de visitas y que comunicaba con la cocina. Subieron por una escalerita angosta hacia el área de servicio: el lavadero, dos piezas, un baño y una terraza  atravesando la cual accedieron a una habitación gigantesca y de allí a un hall distribuidor al que se abrían un baño señorial y otros tres dormitorios. Descendieron por la escalera principal, de madera tallada, y reingresaron para inspeccionar el sótano donde estaba instalada la caldera.  La señora los invitó a conocer el garaje. No, no hace falta se apresuró a contestar Francisco y, mientras la mujer cerraba las ventanas, recorrió nuevamente el dilatado pasillo. Salieron caminando uno al lado del otro, en silencio, hasta que Claudia, ya en Cabildo, lo sondeó.  Es absurdo que pretenda que las casas me hablen cuando debería obligar a hablar a los seres humanos dijo él. Si la visita sirvió para eso me quedó más que satisfecha Claudia se detuvo y miró su reloj no podremos ir al consultorio, en media hora tengo una cita aquí cerca; mañana trabajaremos fuerte, no te desanimes, algo lograremos recuperar.  Francisco no estaba preparado para prescindir de ella en los próximos minutos. Por culpa de una cita. Su cuerpo y su alma eran una oquedad que necesitaba ser llenada. Te invito a tomar un café propuso y después trató de justificarse  ya que tenés que esperar ella lo miró sorprendida prometo que no tendrás que trabajar  dijo él simulando poner un cierre en su boca. Ella sonrió y se le iluminaron los ojos. Bleu comme le ciel qui joue dans tes yeux.

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