miércoles, 16 de marzo de 2016

30

Para mí que era una broma termina él y siente una mano sobre la cabeza. Levantáte, Francisco, es suficiente. Él se incorpora y, sin pensarlo, se sacude el pantalón. Está temblando. ¿Te sentís mal? pregunta ella. Tengo frío. Ella ofrece ¿querés un café? Francisco, atónito, asiente. Ella va hacia la cocina y aunque él quisiera seguirla sabe que no corresponde. Entonces se sienta y contempla su entorno. Por primera vez, se da cuenta, observa todo con ojos de arquitecto. Impecable, quizás demasiado impecable.  Ella desde la cocina consulta vos le ponés tres, ¿no? Él repara en que ella registró que él le pone tres. Minutos después Claudia reaparece con dos jarritos sobre la bandeja. Él se pregunta si ella también tendrá frío. Claudia se sienta frente a él, rodea la taza con ambas manos y comenta qué sesión, yo también necesitaba un café. Francisco nunca había pensado que ella, tan imperturbable, experimentara emociones trabajando porque para ella es un trabajo reflexiona cobra por esto. El café está caliente, caliente y demasiado dulce, douce est ma vie, ma vie pres de toi. Enseguida recupera la línea de pensamiento a mí no me cobra y se obliga a añadir porque le sirve, le sirve para la tesis. Permanecen un largo rato en silencio. Por la ventana del consultorio ven el anochecer. Hasta que Claudia se levanta y enciende la luz el lunes me viene mejor a la mañana, ¿podrás? Francisco, desolado, descubre que recién es viernes.


Paráte ahí me ordena Guillermo y señala una columna de metal. Me apoyo me pone las manos para atrás y me las ata del otro lado de la columna y lucha y resopla un rato largo hasta que dice ya está ahora tenés que intentar soltarte y se aleja. No te vayas le pido yo no sé lo que tengo hacer. Probá me dice enseguida vuelvo. Trato de mover las manos. Con el dedo grande alcanzo a tocar una punta de la soga y tiro las manos hacia fuera porque pienso que a lo mejor no ató el nudo pero sí lo ató. Empiezo a transpirar. Me duelen las muñecas. Guillermo grito y no me contesta. Espero un rato y vuelvo a llamarlo pero Guillermo no viene. El garaje está cada vez más oscuro. Grito Guillermo Alicia papá abuela y nadie me escucha porque la puerta está cerrada. Está casi oscuro. Pateo  el piso estoy empapado. Ya está oscuro del todo. Al rato aparece Guillermo che qué te pasa a qué viene tanto escándalo dice. Desatáme le digo furioso me duele todo el cuerpo. Si querés  te leo el libro donde Houdini explica como liberarse dice. Lo único que quiero es que me desates ya mismo. Está bien dice Guillermo mientras enciende la luz si te das por vencido te desato esperáme que voy a buscar con qué. No te vayas le pido. Tenés miedo me pregunta sonriendo y sale. Un rato después vuelve con la cuchilla de la cocina y se coloca a mis espaldas.  Siento el filo en las muñecas y le grito estás loco me vas a cortar las manos. Su cabeza reaparece frente a mí lo odio nunca odié a nadie tanto en la vida. Te estás poniendo histérico si te viera Houdini y después me avisa voy a buscar otra cosa y sale y cierra la puerta. Tarda bastante vuelve con una caja de fósforos y se pone a mis espaldas y dice voy a quemar la soga. Estás loco me vas a quemar grito. Se aparece ante mí. Quién te entiende querés que te suelte o no. Le voy a contar a papá a mamá a los abuelos al cura digo. Parála enano porque te voy a dejar atado para toda la vida concentráte y hacé lo que te digo girá la muñeca derecha. Cuál es la derecha pregunto y ya casi la voz no me sale. Esta bruto me dice y me la toca  ahora levantá los codos agarra la punta del piolín con la otra mano tirá para atrás y para abajo. No puedo digo. Callate y no te desconcentres dice ahora volvé a bajar los codos separá las manos hace fuerza. Mis manos están libres y no puedo creerlo. Enano sos un campeón  estoy orgulloso de vos. Guillermo me revuelve el pelo y me ofrece hoy te regalo mi parte de la coca. Para mí que lo hizo de broma.

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