Para mí que era una broma termina él y siente una mano sobre la cabeza. Levantáte,
Francisco, es suficiente. Él se incorpora y, sin pensarlo, se sacude el
pantalón. Está temblando. ¿Te sentís mal? pregunta ella. Tengo frío.
Ella ofrece ¿querés un café? Francisco, atónito, asiente. Ella va hacia
la cocina y aunque él quisiera seguirla sabe que no corresponde. Entonces se
sienta y contempla su entorno. Por primera vez, se da cuenta, observa todo con
ojos de arquitecto. Impecable, quizás demasiado impecable. Ella desde la cocina consulta vos le ponés
tres, ¿no? Él repara en que ella registró que él le pone tres. Minutos
después Claudia reaparece con dos jarritos sobre la bandeja. Él se pregunta si
ella también tendrá frío. Claudia se sienta frente a él, rodea la taza con
ambas manos y comenta qué sesión, yo también necesitaba un café. Francisco
nunca había pensado que ella, tan imperturbable, experimentara emociones
trabajando porque para ella es un trabajo reflexiona cobra por esto. El
café está caliente, caliente y demasiado dulce, douce est ma vie, ma vie pres
de toi. Enseguida recupera la línea de pensamiento a mí no me
cobra y se obliga a añadir porque le sirve, le sirve para la tesis. Permanecen
un largo rato en silencio. Por la ventana del consultorio ven el anochecer.
Hasta que Claudia se levanta y enciende la luz el lunes me viene mejor a la
mañana, ¿podrás? Francisco, desolado, descubre que recién es viernes.
Paráte ahí me ordena Guillermo y señala una columna
de metal. Me apoyo me pone las manos para atrás y me las ata del otro lado de
la columna y lucha y resopla un rato largo hasta que dice ya está ahora tenés
que intentar soltarte y se aleja. No te vayas le pido yo no sé lo que tengo
hacer. Probá me dice enseguida vuelvo. Trato de mover las manos. Con el dedo
grande alcanzo a tocar una punta de la soga y tiro las manos hacia fuera porque
pienso que a lo mejor no ató el nudo pero sí lo ató. Empiezo a transpirar. Me
duelen las muñecas. Guillermo grito y no me contesta. Espero un rato y vuelvo a
llamarlo pero Guillermo no viene. El garaje está cada vez más oscuro. Grito
Guillermo Alicia papá abuela y nadie me escucha porque la puerta está cerrada.
Está casi oscuro. Pateo el piso estoy
empapado. Ya está oscuro del todo. Al rato aparece Guillermo che qué te pasa a
qué viene tanto escándalo dice. Desatáme le digo furioso me duele todo el
cuerpo. Si querés te leo el libro donde
Houdini explica como liberarse dice. Lo único que quiero es que me desates ya
mismo. Está bien dice Guillermo mientras enciende la luz si te das por vencido
te desato esperáme que voy
a buscar con qué. No te vayas le pido. Tenés miedo me pregunta sonriendo y
sale. Un rato después vuelve con la cuchilla de la cocina y se coloca a mis
espaldas. Siento el filo en las muñecas
y le grito estás loco me vas a cortar las manos. Su cabeza reaparece frente a
mí lo odio nunca odié a nadie tanto en la vida. Te estás poniendo histérico si
te viera Houdini y después me avisa voy a buscar otra cosa y sale y cierra la
puerta. Tarda bastante vuelve con una caja de fósforos y se pone a mis espaldas
y dice voy a quemar la soga. Estás loco me vas a quemar grito. Se aparece ante
mí. Quién te entiende querés que te suelte o no. Le voy a contar a papá a mamá
a los abuelos al cura digo. Parála enano porque te voy a dejar atado para toda
la vida concentráte y hacé lo que te digo girá la muñeca derecha. Cuál es la
derecha pregunto y ya casi la voz no me sale. Esta bruto me dice y me la
toca ahora levantá los codos agarra la
punta del piolín con la otra mano tirá para atrás y para abajo. No puedo digo.
Callate y no te desconcentres dice ahora volvé a bajar los codos separá las
manos hace fuerza. Mis manos están libres y no puedo creerlo. Enano sos un
campeón estoy orgulloso de vos.
Guillermo me revuelve el pelo y me ofrece hoy te regalo mi parte de la coca. Para
mí que lo hizo de broma.
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