Ayer fui a la casa de mi hermana dice intentando apartarse del pasado pero
Claudia no se lo permite ¿le comentaste tus recuerdos? Ni un solo
milímetro le permite y él, demasiado irritado para hablar, niega con la cabeza ¿cómo te sentiste junto a ella? él levanta
los hombros, despectivo me parece que hoy estás enojado, con ella también. Francisco
siente ganas de trompearla. Tengo ganas de trompearla se dice
sorprendido. Quedáte donde estás pero intentá relajarte. Él no le va a
dar el gusto, él no es un perro amaestrado. Se endereza en la silla. Cerrá
los ojos dice ella pero él los abre aún más. Ella lo mira fijamente y él le
sostiene la mirada. ¿Querés un café? ofrece y él se descoloca. Ella va
hacia la cocina. Regresa enseguida y toman el café en completo silencio.
Francisco siente que la bronca se le disuelve al mismo tiempo que el azúcar
en el café. Minutos después ella le quita de las manos el pocillo vacío y
lo coloca sobre la bandeja. Cuando regresa de la cocina ordena acostáte en
el diván y él, domado, acata cerrá los ojos Francisco siente en su
brazo un golpeteo rítmico, quiere despegar los párpados para ver con qué le
está pegando pero no lo obedecen estás enojado con Alicia, con ella todavía
no te amigaste; pero ella te quiere, ella también te quiere. Francisco
registra el también y quiere preguntarle sin embargo ya no puede porque el
golpeteo lo aturde y además Alicia le está hablando. Mirá lo que te compré.
Colgado de una percha que dice casa braulio hay un traje gris. Antonio y yo te
queremos llevar al teatro colón a ver el lago de los cisnes y nunca tenés nada
decente que ponerte. Me hace probar el traje y dice te queda fantástico. Entra
la abuela con otra percha. Esta camisa era de tu padre y te la achiqué dice
sacáte los zapatos Paquito que el abuelo te los va a lustrar buena falta les
hace. Guillermo va pregunto. Es un bruto dice Alicia a él dale river no colón.
Boca la corrijo. Es lo mismo dice y está contenta. Francisco ve el traje,
la camisa, los zapatos, preparados arriba de la cama y empieza a ponérselos hasta
que Alicia lo toma de una mano y Antonio
de la otra. Hay mucha gente luces
trajes sombreros perfume. Nos acomodamos
en el palco que nos consiguió papá. Parezco un duque. Apagan las luces. Francisco escucha la música, las bailarinas
parecen cisnes de veras y cuando Alicia pregunta te gustó asiente con la cabeza. Vos siempre tan
expresivo qué te pareció el argumento insiste. Si le digo que no lo
entendí va a pensar que soy un tonto con
todo el trabajo que se tomó para traerme entonces digo interesante. Tenés razón este
hermano tuyo es un fenómeno se ríe Antonio yo ni me enteré de qué se trataba.
Si serás ignorante le dice Alicia pero
está radiante siempre con él está radiante. Francisco está fundido. Necesita dormir. Empieza a
sacarse la ropa con cuidado cuando Alicia entra sin tocar la
puerta. El traje queda acá dice y lo agarra lo cuelga en una percha y se lo lleva. Me
quedo en medias y calzoncillo. Ya soy
grande y no me gusta que me vea así. Francisco abre los ojos.
Inmediatamente se reanuda el golpeteo, ahora en la pierna. Es una varita. Una varita recorriendo su
muslo, su rodilla, llegando hasta el empeine. Incorporándolo frente al
espejo. Todo me queda chico y parezco un payaso. Lo mejor es el pantalón marrón
opina mamá y después me dice tenés que avisarle a tu padre. Voy hasta el teléfono.
Me atiende Alicia y yo le digo avisále a papá que el domingo no venga a
buscarme porque es la comunión de Clarita. Qué lástima te iba a llevar al san
martín a ver a maria elena guolsh dice y
después me pregunta qué te vas a poner.
Un pantalón marrón que me queda fantástico digo. Francisco siente pena. De sí mismo siente
pena. Quisiera detener las imágenes pero lo arrastran, lo sojuzgan y suena el
timbre y mamá me dice andá a abrir. Voy y espío por la mirilla y abro y Julio dice hola Francisco esto lo
manda la señorita Alicia y me da una percha concluye Francisco .
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