Salió como todas las mañanas rumbo al colegio
pero cuando estaba poniendo el auto en marcha, se arrepintió. Se bajó, desanduvo
sus pasos y volvió a poner la llave en la cerradura. Valeria gritó desde la puerta llevo
a los chicos y vuelvo, andá vistiéndote, te invito a desayunar. Delante de
los tés con leche Francisco comenzó a contarle lo que había sido su infancia. No
es muy diferente de lo que yo imaginaba fue el comentario de Valeria. Él le
pidió que se explicara y ella agregó no me refiero a los vínculos de tus
padres, allá ellos, sino al rol que siempre jugaste en tu familia, tu mamá te
llevó de las narices hasta el día en que se murió. Él intentó justificarla
pero Valeria lo interrumpió sabés que yo la apreciaba mucho pero convengamos que era una mujer
difícil, no en vano el distanciamiento
de tus hermanos. Él, satisfecho de que la conversación cursara lejos del
tema en cuestión, dijo no la juzgues tan duramente, todavía no te comenté lo
que me contó Delia; parece que cuando papá la dejó, mamá quedó más muerta que
viva, analicemos todo su accionar desde esa desesperación, ¿te imaginás lo que
debe haber sentido al saberse traicionada por el hombre que fue el amor de su
vida? y en cuanto terminó de decirlo
Francisco supo que se había equivocado. No
me parece una pregunta oportuna, puedo imaginarme exactamente lo que debe haber
sentido, debe haber sido muy parecido a lo que estoy sintiendo yo. Francisco
le agarró las manos no seas tonta, yo
estoy a tu lado, siempre estaré a tu lado. Valeria lo miró con dureza Francisco,
esto no es gratis, podremos seguir estando juntos pero algo se rompió se
llevó instintivamente las manos al pecho yo creí que habíamos construido una
pareja perfecta y ya ves que no, sabés como luché para que nuestra familia
funcionara como un reloj de precisión, sé que he sido muy estricta con los
chicos, Carolina siempre me dice que parecen manzanas lustradas, tal vez
también fui muy rígida con vos; siento ahora que no me sirvió de mucho guardar
cada prenda de ropa en una bolsa de nylon, cambiarles todos los días el
delantal ni elaborar cada semana una dieta distinta perfectamente balanceada; a
lo mejor gasté tanta energía en esa sarta de pavadas que no me di cuenta de que
mi marido estaba precisando otra cosa. Él quiso frenarla vos no tenés
nada que ver pero ella no lo permitió mi mundo se derrumbó como un castillo
de naipes al que soplaron con demasiada fuerza, debe ser el castigo a mi
soberbia, a pensar que no había familia mejor que la mía, que no había madre
que supiera cubrir las necesidades de sus hijos como yo. Él necesito
intervenir Valeria, los chicos te adoran. ¡Pero vos no! la voz de ella
fue casi un grito. Te quiero como siempre, nada cambió. La cara de
Valeria estaba descompuesta ¿no te das cuenta de que todo cambió? ¿Qué puedo
hacer para demostrarte lo contrario? Ella cerró los ojos nada de lo que
hagas o digas en este momento podrá devolverme la paz. ¿No valorás que te haya dicho la verdad? Ella, ahora, lo miró con fijeza, con
insoportable intensidad creo que lo hiciste más pensando en vos que en mí,
una manera de tranquilizar tu conciencia, tu presunta sinceridad quizás no fue
más que un acto egoísta. Él está desconcertado ¿hubieras preferido que
te lo ocultara? Ella fue rápida al menos en este momento no me estaría
desgajando. Él intentó te pido que me des una oportunidad de demostrarte
que esto es solo un mal momento. Ella reflexionó unos instantes y declaró tengo
las manos atadas por las seis de los chicos.
Entró al estudió. Un bloque de mármol aplastándole la cabeza. ¿Cómo llegó su
mujer? le preguntó Marcela. Bien,
por suerte todo bien. Francisco se recluyó en su oficina, cerró la puerta y
se dejó caer en el sillón. Marcela le había elaborado una lista de tareas
pendientes. Le echó una ojeada. No tenía ganas de hacer nada. O sí. Pero lo que
tenía ganas de hacer, necesidad, no podía ser hecho. Por distraerse, agarró el
teléfono y buscó su agenda. Le agradeció
a Delia la charla del otro día y le preguntó cuándo podía regresar. Mirá,
Francisco, no he parado de soñar con tu madre y en todos los sueños está
enojadísima conmigo; es un claro pedido de que no te siga contando; por
supuesto que podés venir a visitarme, sabés lo que te quiero, pero de
recuerdos, nada. Colgó decepcionado. Pero quizás era mejor así. Tenía
demasiados problemas propios como para hacerse cargo de las angustias de su
madre. Pidió un té. Empezaría con la pileta para Rivarola. Estaba por fin
concentrado en su trabajo cuando Marcela le pasó una llamada. Necesito hablar con vos, es por el
departamento de mamá. Chocante escuchar esa palabra saliendo de los labios
de su hermano. Francisco lo invitó a cenar. Excelente, hace mucho que no veo
a los chicos. Cuando le comunicó a Valeria los planes para la noche se
fastidió. Si preferís me encuentro a solas con él ofreció Francisco.
De ninguna manera, quería que cenáramos los cinco juntos; pero una vez que tu
hermano se digna aparecer … En cualquier otra
oportunidad hubiese podido ser el inicio de una discusión, sin embargo, tal
como pintaba el panorama, Francisco decidió hacer oídos sordos a la
provocación. La presencia de Guillermo lo aliviaba. Le daba miedo estar a solas
con Valeria.
Guillermo llegó cargado de cosas absurdas: una
víbora disecada, un cortaplumas, un huevo de avestruz. Esas que siempre
provocaban la euforia de los chicos y el mal humor de Valeria, sobre todo
cuando lo que llevaba entre manos respiraba. Aunque lo veían poco y nada,
siempre era motivo de jolgorio la visita de ese tío que contaba anécdotas que
los dejaban con la boca abierta. A pesar de que Guillermo no tenía hijos,
poseía la capacidad innata de relacionarse con los niños. Esa noche los regalos
provocaron un escándalo. Cuando Guillermo los depositó sobre la mesa, Luciana
de un zarpazo se hizo del cortaplumas. Camilo, indignado, lo reclamó, alegando esto es para hombres. La nena, pese a su
encendido discurso feminista perdió la partida cuando Guillermo dictaminó Camilo tiene razón, lo que le valió el
rencor de su sobrina que logró revertir sacando, como por arte de magia, un
collar hecho por los indios de su morral. Después de que los chicos, a
regañadientes, se fueron a dormir, mañana
doy un seminario a las ocho pretextó Valeria, les sirvió un café y los dejó
a solas. Tengo serios problemas financieros, necesito que, cuanto antes,
vendamos el departamento. Francisco le contó que hacía unas semanas había
empezado a vaciarlo pero luego tuve
una serie de complicaciones y dejé todo a medio hacer. Guillermo comentó
que en el velorio se le había acercado un vecino, que fue amigo de papá;
tiene una inmobiliaria en la zona, me dio una tarjeta; si Alicia y vos me
dan el visto bueno lo llamaré. Francisco manifestó su acuerdo y ofreció si
necesitás dinero urgente, algo te puedo prestar a lo que su hermano
respondió lo tendré en cuenta. Luego se hizo un molesto silencio.
Estaban en las antípodas, ¿de qué iban a hablar?, ¿del entrenamiento de
Camilo?, ¿del trabajo en el estudio?, ¿de
la infidelidad? Soltero
empedernido, viviendo de negocios que nunca se supo cuáles eran, siempre
viajando, cazando, navegando. Una suerte de play
boy criollo con quien jamás había compartido mucho más que la cena de
Navidad. Pese a todo, Francisco decidió intentarlo estuve pensando mucho en
nuestra niñez y hay cosas que no me cierran. Guillermo fue punzante ya
te dije que no tengo ninguna intención de recordar ni uno solo de los años que
compartí con mamá. Francisco insistió ¿por qué tanto rencor? Guillermo
hizo ademán de levantarse. No, quedáte, en realidad te quería preguntar
sobre papá, ¿tenés idea de por qué se separó de Laura? Guillermo se
distendió vaya uno a saber, papá no se caracterizaba por dar explicaciones
sobre su vida sentimental; yo recién me enteré cuando volví de mi primer viaje
a Europa; y a vos ¿qué bicho te picó? Francisco decidió sincerarse desde
que murió mamá vivo mirando hacia atrás. El
rostro de Guillermo se endureció de nuevo no te lo recomiendo y
conmigo no cuentes para servirte de guía; si hay algo que quisiera es poder
olvidar Guillermo se levantó ahora sí que me voy. Francisco lo
acompañó hasta la puerta. En cuanto sepa algo de la inmobiliaria te aviso Guillermo
le puso una mano fuerte en el hombro despedíme de Valeria y decíle que la
lasaña estaba maravillosa. Francisco mantuvo la puerta abierta hasta que su
hermano se acercó al auto. Antes de subir Guillermo agregó mamá me destruyó y desapareció a toda
velocidad. Francisco se quedó un rato en
el marco de la puerta, mirando el vacío, y después entró.