miércoles, 29 de junio de 2016

75

Salió como todas las mañanas rumbo al colegio pero cuando estaba poniendo el auto en marcha, se arrepintió. Se bajó, desanduvo sus pasos y volvió a poner la llave en la cerradura.  Valeria gritó desde la puerta llevo a los chicos y vuelvo, andá vistiéndote, te invito a desayunar. Delante de los tés con leche Francisco comenzó a contarle lo que había sido su infancia. No es muy diferente de lo que yo imaginaba fue el comentario de Valeria. Él le pidió que se explicara y ella agregó no me refiero a los vínculos de tus padres, allá ellos, sino al rol que siempre jugaste en tu familia, tu mamá te llevó de las narices hasta el día en que se murió. Él intentó justificarla pero Valeria lo interrumpió sabés que yo la apreciaba mucho  pero convengamos que era una mujer difícil,  no en vano el distanciamiento de tus hermanos. Él, satisfecho de que la conversación cursara lejos del tema en cuestión, dijo no la juzgues tan duramente, todavía no te comenté lo que me contó Delia; parece que cuando papá la dejó, mamá quedó más muerta que viva, analicemos todo su accionar desde esa desesperación, ¿te imaginás lo que debe haber sentido al saberse traicionada por el hombre que fue el amor de su vida? y  en cuanto terminó de decirlo Francisco supo que se había equivocado.  No me parece una pregunta oportuna, puedo imaginarme exactamente lo que debe haber sentido, debe haber sido muy parecido a lo que estoy sintiendo yo. Francisco le agarró las manos  no seas tonta, yo estoy a tu lado, siempre estaré a tu lado. Valeria lo miró con dureza Francisco, esto no es gratis, podremos seguir estando juntos pero algo se rompió se llevó instintivamente las manos al pecho yo creí que habíamos construido una pareja perfecta y ya ves que no, sabés como luché para que nuestra familia funcionara como un reloj de precisión, sé que he sido muy estricta con los chicos, Carolina siempre me dice que parecen manzanas lustradas, tal vez también fui muy rígida con vos; siento ahora que no me sirvió de mucho guardar cada prenda de ropa en una bolsa de nylon, cambiarles todos los días el delantal ni elaborar cada semana una dieta distinta perfectamente balanceada; a lo mejor gasté tanta energía en esa sarta de pavadas que no me di cuenta de que mi marido estaba precisando otra cosa. Él quiso frenarla vos no tenés nada que ver pero ella no lo permitió mi mundo se derrumbó como un castillo de naipes al que soplaron con demasiada fuerza, debe ser el castigo a mi soberbia, a pensar que no había familia mejor que la mía, que no había madre que supiera cubrir las necesidades de sus hijos como yo. Él necesito intervenir Valeria, los chicos te adoran. ¡Pero vos no! la voz de ella fue casi un grito. Te quiero como siempre, nada cambió. La cara de Valeria estaba descompuesta ¿no te das cuenta de que todo cambió? ¿Qué puedo hacer para demostrarte lo contrario? Ella cerró los ojos nada de lo que hagas o digas en este momento podrá devolverme la paz.  ¿No valorás que te haya dicho la verdad?  Ella, ahora, lo miró con fijeza, con insoportable intensidad creo que lo hiciste más pensando en vos que en mí, una manera de tranquilizar tu conciencia, tu presunta sinceridad quizás no fue más que un acto egoísta. Él está desconcertado ¿hubieras preferido que te lo ocultara? Ella fue rápida al menos en este momento no me estaría desgajando. Él intentó te pido que me des una oportunidad de demostrarte que esto es solo un mal momento. Ella reflexionó unos instantes y declaró tengo las manos atadas por las seis de los chicos.

Entró al estudió. Un bloque de mármol  aplastándole la cabeza. ¿Cómo llegó su mujer? le preguntó Marcela.  Bien, por suerte todo bien. Francisco se recluyó en su oficina, cerró la puerta y se dejó caer en el sillón. Marcela le había elaborado una lista de tareas pendientes. Le echó una ojeada. No tenía ganas de hacer nada. O sí. Pero lo que tenía ganas de hacer, necesidad, no podía ser hecho. Por distraerse, agarró el teléfono y buscó su agenda.  Le agradeció a Delia la charla del otro día y le preguntó cuándo podía regresar. Mirá, Francisco, no he parado de soñar con tu madre y en todos los sueños está enojadísima conmigo; es un claro pedido de que no te siga contando; por supuesto que podés venir a visitarme, sabés lo que te quiero, pero de recuerdos, nada. Colgó decepcionado. Pero quizás era mejor así. Tenía demasiados problemas propios como para hacerse cargo de las angustias de su madre. Pidió un té. Empezaría con la pileta para Rivarola. Estaba por fin concentrado en su trabajo cuando Marcela le pasó una llamada.  Necesito hablar con vos, es por el departamento de mamá. Chocante escuchar esa palabra saliendo de los labios de su hermano. Francisco lo invitó a cenar. Excelente, hace mucho que no veo a los chicos. Cuando le comunicó a Valeria los planes para la noche se fastidió. Si preferís me encuentro a solas con él ofreció Francisco. De ninguna manera, quería que cenáramos los cinco juntos; pero una vez que tu hermano se digna aparecer En cualquier otra oportunidad hubiese podido ser el inicio de una discusión, sin embargo, tal como pintaba el panorama, Francisco decidió hacer oídos sordos a la provocación. La presencia de Guillermo lo aliviaba. Le daba miedo estar a solas con Valeria.


Guillermo llegó cargado de cosas absurdas: una víbora disecada, un cortaplumas, un huevo de avestruz. Esas que siempre provocaban la euforia de los chicos y el mal humor de Valeria, sobre todo cuando lo que llevaba entre manos respiraba. Aunque lo veían poco y nada, siempre era motivo de jolgorio la visita de ese tío que contaba anécdotas que los dejaban con la boca abierta. A pesar de que Guillermo no tenía hijos, poseía la capacidad innata de relacionarse con los niños. Esa noche los regalos provocaron un escándalo. Cuando Guillermo los depositó sobre la mesa, Luciana de un zarpazo se hizo del cortaplumas. Camilo, indignado, lo reclamó, alegando esto es para hombres. La nena, pese a su encendido discurso feminista perdió la partida cuando Guillermo dictaminó Camilo tiene razón, lo que le valió el rencor de su sobrina que logró revertir sacando, como por arte de magia, un collar hecho por los indios de su morral. Después de que los chicos, a regañadientes, se fueron a dormir, mañana doy un seminario a las ocho pretextó Valeria, les sirvió un café y los dejó a solas. Tengo serios problemas financieros, necesito que, cuanto antes, vendamos el departamento. Francisco le contó que hacía unas semanas había empezado a vaciarlo pero luego tuve una serie de complicaciones y dejé todo a medio hacer. Guillermo comentó que en el velorio se le había acercado un vecino, que fue amigo de papá; tiene una inmobiliaria en la zona, me dio una tarjeta; si Alicia y vos me dan el visto bueno lo llamaré. Francisco manifestó su acuerdo y ofreció si necesitás dinero urgente, algo te puedo prestar a lo que su hermano respondió lo tendré en cuenta. Luego se hizo un molesto silencio. Estaban en las antípodas, ¿de qué iban a hablar?, ¿del entrenamiento de Camilo?, ¿del trabajo en el estudio?, ¿de la infidelidad? Soltero empedernido, viviendo de negocios que nunca se supo cuáles eran, siempre viajando, cazando, navegando. Una suerte de play boy criollo con quien jamás había compartido mucho más que la cena de Navidad. Pese a todo, Francisco decidió intentarlo estuve pensando mucho en nuestra niñez y hay cosas que no me cierran. Guillermo fue punzante ya te dije que no tengo ninguna intención de recordar ni uno solo de los años que compartí con mamá. Francisco insistió ¿por qué tanto rencor? Guillermo hizo ademán de levantarse. No, quedáte, en realidad te quería preguntar sobre papá, ¿tenés idea de por qué se separó de Laura? Guillermo se distendió vaya uno a saber, papá no se caracterizaba por dar explicaciones sobre su vida sentimental; yo recién me enteré cuando volví de mi primer viaje a Europa; y a vos ¿qué bicho te picó? Francisco decidió sincerarse desde que murió mamá vivo mirando hacia atrás. El  rostro de Guillermo se endureció de nuevo no te lo recomiendo y conmigo no cuentes para servirte de guía; si hay algo que quisiera es poder olvidar Guillermo se levantó ahora sí que me voy. Francisco lo acompañó hasta la puerta. En cuanto sepa algo de la inmobiliaria te aviso Guillermo le puso una mano fuerte en el hombro despedíme de Valeria y decíle que la lasaña estaba maravillosa. Francisco mantuvo la puerta abierta hasta que su hermano se acercó al auto. Antes de subir Guillermo agregó  mamá me destruyó y desapareció a toda velocidad. Francisco se quedó un rato en  el marco de la puerta, mirando el vacío, y después entró.

lunes, 27 de junio de 2016

74

PRETÉRITO IMPERFECTO


El fin de semana fue un infierno. Cuerpo y alma rugiendo por Claudia. Mil veces se acercó al teléfono y mil se alejó. Todo cuanto hiciera solo serviría para alargar la agonía.  Luciana, siempre empática, le preguntó varias veces papi, ¿te pasa algo? Él intenta pensar que pronto estarán los cinco juntos. Como los dedos de una mano.

El lunes a la mañana fue a encargar las flores. Dos docenas de rosas rojas. Bienvenida.  Salió de la florería y luego volvió a entrar. Encargó otro ramo idéntico y lo envió sin tarjeta.

Hizo faltar los chicos a la escuela y allí se fueron, los cuatro, rumbo a Ezeiza. El auto un revuelo de risas y canciones. Estaban felices, sus hijos estaban felices. La aparición de los primeros pasajeros le provocó una descarga de adrenalina. Qué sentiría al verla. Un lustro más que un mes. Cuando los chicos ya estaban insoportables y él los había retado más de la cuenta, apareció. Detrás de un carrito cargado de peluches. Espléndida. Nuevo corte de pelo, pantalón ceñido, un par de kilos que le hacían falta, tan iluminada de alegría que algo adentro de Francisco se derritió. Los chicos corrieron y se colgaron de ella. Valeria alzó a Tobi que, cerrando los ojos, se aferró a su cuello como un monito. Había algo tan indestructible en ese cuarteto que Francisco percibió que, pese a todo el amor que sentía por sus hijos, si alguien tenía que quedar fuera ese sería él. Valeria lo miró. Bajó a Tobi, y se zambulló en Francisco. Él la apretó fuerte. A lo mejor nada cambió. Tobi se abrazó a las piernas de ambos.

El viaje de regreso fue una pelea por monopolizar la atención de la madre. Todos hablando a la vez, contando y preguntando. Llegaron, cenaron, y, después,  los regalos. Peluches, sábanas de Disney, medias con pompones; para Francisco, la ansiada video cámara. Exclamaciones, abrazos, risas. Una lucha lograr que se acostaran en las camas llenas de regalos. Valeria inició el recorrido por cada cuarto. Francisco se fue a duchar porque supo que él estaba de más, certeza que le provocó insoslayables celos. Durante un mes había sido el único depositario del cariño de sus hijos, había llegado el momento de ocupar de nuevo el segundo lugar que le correspondía. Madre hay una sola. Finalmente, Valeria, rendida, se derrumbó de espaldas sobre la cama. Francisco trabó la puerta y se dirigió hacia ella, tirando al piso la toalla que lo cubría. Alzado. Dejáme que me dé una ducha, estoy toda transpirada pidió Valeria sonriendo.  Ni te lo sueñes, así me gustás más. Francisco le fue sacando la ropa entre besos y cuando terminó con la última prenda, se apartó. Necesitaba contemplarla. Una mujer en el punto exacto de maduración. La piel caliente y suave, el cabello sedoso, los pechos plenos, la cintura estrecha, el vientre liso a pesar de los tres hijos. Allí estaba. Desnuda, húmeda, esperándolo. Le recorrió el cuerpo con la boca de la cabeza a los pies. Cuando, respondiendo a los reclamos de Valeria, entró en ella, fue como después de recorrer el desierto llegar al hogar. Se fundieron entre gemidos. Valeria se acurrucó en su pecho, en silencio, mientras él le acariciaba el cabello. Luego de un largo rato ella se apartó. Se incorporó sosteniéndose con el codo y lo miró ¿estuviste con otra mujer? Francisco sintió un golpe en la nuca ¿a qué viene eso? Ella fue concreta hacés distinto el amor y él incapaz de reaccionar solo pudo decir Valeria, por favor. Ella se aferró a su pregunta ¿estuviste con otra mujer? Él supo que la partida estaba perdida y no respondió. Ella no dio respiro ¿la querés? y como él no pudo contestarle ella arremetió ¿más que a mí? y él admiró su valentía sos mi vida, sos la compañera de mi vida, ¿cómo podría quererla más que a vos? Tenía un mal presentimiento, por eso volví. Intentó abrazarla pero ella se resistió y parodiando a Claudia preguntó ¿qué pensás hacer? Él reconfirmó su decisión, qué otra cosa ya se terminó, sé que hice mal, la conciencia me tuvo a los tumbos pero te aseguro que ya se terminó. Ella es inclemente pero la querés. Valeria, el día en que nació Camilo juré que mi familia sería indestructible; y si me hice ese juramento sin recordar mi pasado, ahora, conociéndolo, me lo prometo aún con más fuerza. Ella lo interrumpe me desesperaba estar a la distancia mientras atravesabas tamaño remolino interior. Él la ve más aplacada y se alivia ya te lo iré contando con calma, tenemos toda la vida por delante. Ella es un estilete ¿tan seguro estás? No te pido perdón porque sé que no lo merezco, pero sí te pido apoyo, ayudáme a que esta familia siga siendo lo que fue. Ella es inexorable ¿viajaste a Mar del Plata con ella? Él no sabe cómo detenerla Valeria, por favor, esto no nos sirve a ninguno de los dos. Ella se toma unos segundos antes de preguntar ¿y si decido no perdonarte? Él se aterra estarías cometiendo el mayor de los errores, por mí, por vos pero, sobre todo, por esas tres cabecitas que están durmiendo felices, ya me equivoqué yo, no dupliques mi error. Intenta abrazarla nuevamente y ella lo habilita. Las lágrimas empiezan a deslizarse silenciosas por las mejillas de Valeria. A él se le parte el corazón.

sábado, 25 de junio de 2016

73

Le hizo el amor con furia, casi con violencia. Ella, por primera vez, no acabó. Instantes después, tras meses de abstinencia, fumaba en silencio, desnuda. Francisco, a su lado, repasaba mentalmente la agenda. A las diez reunión con la de Méndez Paz; a la una almuerzo con el ingeniero Busti; a las tres de vuelta al estudio para darle los planos al perspectivista; a las cinco retirar los chicos del colegio; a las seis el taekwondo de Camilo; a las ocho cena en lo de sus cuñados. Luego sábado y domingo con sus tres hijos a cargo, y luego lunes y luego Valeria y luego nunca  más. Francisco le sacó el cigarrillo de la mano y la besó en la boca. Reanudaron el amor. Lánguidamente ahora, ralentando los tiempos. Quizás ella sospechaba que no habría otra vez porque pese a los esfuerzos de él, tampoco logró acabar. Vencido, Francisco se desmoronó, enterrando la cabeza entre sus pechos. Ella le acarició el cabello. Cuando, por fin, se animó a mirarla,  vio que las lágrimas le resbalaban en el más absoluto silencio. Él estaba buscando palabras para consolarla cuando sonó el móvil. Hola, Rocío, estoy en una reunión, en cuanto termine voy para casa; no, solo un poco de resfrío; decíle a Mercedes que se quede un ratito más; ¿terminaste la tarea?¿qué te parece  entonces si te paso a buscar y cenamos en Mc Donalds? Se incorporaron juntos y juntos se ducharon, hablando intrascendencias. Frente a la puerta Francisco le ofreció ¿desayunamos mañana?. Ella se encogió de hombros, derrotada. Sin despedirse, descendió del auto.

Carmen lo esperaba, ya preparada. Francisco se excusó por la tardanza y se dispuso a cumplir con sus tareas paternales. Los chicos gritaron eufóricos cuando les comentó que pronto regresaría la madre. Papá, ¿no estás contento de que vuelva mami? preguntó Luciana inquieta. ¡Por supuesto!, lo que pasa es que estoy muy cansado, tuve que trabajar mucho para que mis tres pollitos puedan comerse este rico pollo intentó simular ese entusiasmo que la nena le estaba reclamando. Acostáte que yo levanto la mesa y lavo los platos ofreció el ama de casa en miniatura. Entre los tres, a carcajada limpia, lo empujaron hasta el dormitorio. Enternecido y orgulloso se dejó hacer. Escuchó el ruido del agua. Te estoy llenando la bañadera anunció Camilo mientras Tobi le alcanzaba su toalla te pesto, te pesto. Sumergido en el agua demasiado caliente intentaba planificar cómo se despediría de Claudia. Por más que pensara y pensara solo acudía a su mente una única palabra para la tarjeta que acompañaría al gran ramo de rosas. Estaba pensando que corría el riesgo de obtener un el amor no se agradece, momento en el que se dio cuenta de que esa tarjeta significaba que no iba a obtener nunca nada más. Basta ya. Intentó pensar en Valeria, también tendría que agasajarla. Sonrió tontamente imaginando otro ramo de rosas. El texto de esta tarjeta caía de su peso. Papá, vení que te calenté un café ordenó Luciana a través de la puerta. Tanto por defender. Salió del agua y se secó, como pudo, con la minúscula toalla con patitos.


Acodado junto a la ventana, la ve bajar de un taxi. Primero los tacos altísimos, después esas piernas que lo vuelven loco. Llega agitada cuando estaba por salir, llamó el padre de Rocío. Él suele pensar en Rocío por eso le pregunta qué quería sinceramente interesado. No voy desperdiciar un solo segundo de este encuentro hablando de él y ella es terminante. ¿Cómo siempre? pregunta Francisco llamando al mozo. No tengo hambre, solo un cortado dice ella y Francisco recién descubre su palidez y se preocupa ¿cómo estás? ¿Para qué preguntás estupideces? Claudia levanta el tono ¿cómo debería estar?, ¿feliz?, ¿relajada?; no dormí en toda la noche si te interesa saberlo. Él, desconociéndola, añade yo tampoco. Ella, sarcástica dice podríamos habernos encontrado para jugar al truco. Él no tolera verla así Claudia, no lo hagas más difícil de lo que ya es, no es tu estilo. Ella está francamente enojada ¿y cuál es mi estilo?, ¿estar siempre dispuesta a satisfacer tus necesidades, corriendo a ocupar el hueco que queda en tus días? Él intenta sosegarla tenés suerte, la bronca es un sentimiento que siempre ayuda, ojalá yo pudiera tener rabia, acordarme de alguna vez que me hubieras fallado; pero no, todo lo que he recibido de vos es atención, comprensión, tiempo, afecto. Los ojos de ella acusan el impacto no te equivoques, Francisco, no es afecto, mal que te pese, es amor. Francisco piensa que ella le está hablando de amor y él en lugar de disfrutarlo, qué absurdo, debe desestimarlo no estamos aquí para hablar de sentimientos, eso está fuera de toda discusión. Ella de nuevo se ofusca y entonces, ¿para qué estamos aquí?, ¿porque tienen las medialunas más ricas del barrio? Estamos para despedirnos las lágrimas se agolpan en los ojos de Claudia y Francisco quisiera abrazarla pero se obliga a agregar esto tenía que terminar, lo supimos desde el principio saca el pañuelo de su bolsillo y se lo tiende. Ella se repone o sea, dentro de unos minutos nos levantaremos, nos saludaremos educadamente y haremos de cuenta de que en estas últimas semanas nada ha pasado. Él sabe que no habrá como borrarla sería imposible, no soy el mismo que entró en tu consultorio; es increíble, la vida te tenía preparada esperando que llegara el momento de que me completaras. No sigas hablando ella se toca el cabello lo único que estás consiguiendo es que me ligue más a vos se muerde los labios no sirve esta estrategia eleva la voz  decime que soy impuntual, que soy mala madre está perdiendo la compostura no, no lo niegues, sé que de alguna manera me responsabilizás por los dolores de Rocío. Él la interrumpe te quiero como sos. La voz de ella es casi un grito ¡basta, Francisco!, yo tengo que seguir viviendo. Ella no entiende cuánto le está costando a él ¿creés que para mí va a ser fácil prescindir de vos? Claudia ya no grita los dolores no se miden pero en este caso, no podemos ni empezar a hablar; te espera una mujer que te quiere y a la que querés, tres hijos que son tu norte y yo Francisco intenta ayudarla  tenés una hija maravillosa y es aún peor, ¿qué me sugerís?, ¿que me la lleve todas las noches a la cama para olvidarme de que está vacía?; no sos responsable de mi soledad previa pero si de mi soledad futura, ¿cómo colocar a alguien en el hueco de tu ausencia? Francisco dice esta conversación es insostenible, a cada instante nos hacemos más daño. Ella lo mira fijo unos segundos y luego agarra la cartera. Ya en la puerta se detiene, gira y lo mira. A Francisco también se le llenan los ojos de lágrimas. Pleure mon coeur quand tu n’es plus la.

miércoles, 22 de junio de 2016

72

Tu hermana te robó la mitad de la  infancia sentenció ella ¿Y vos me lo decís? Alicia tenía dieciocho años, vos tenés bastantes más, sos terapeuta  y tuve que convencerte de que no obligaras a tu hija a trabajar de adulta el rictus de Claudia lo detuvo. Francisco dijo perdoname, no quise hacerte daño e iba a tomarle las manos cuando por primera vez temió que los vieran y revirtió su movimiento agarrando un sobre de azúcar. Quedaron un largo rato en silencio. Estamos discutiendo por mi hermana y por su hija pensó Francisco, mientras destrozaba el papel y como nunca midió el peligro Claudia, qué vamos a hacer. Ella contestó yo seguir queriéndote mientras me lo permitas hizo una pausa creo que la pregunta es otra continuó ¿qué vas a hacer vos? Él fue un cuchillo intentar dejarte ella abrió los ojos pero cuando te tengo cerca como ahora, no estoy muy seguro de poder lograrlo, confío en que el regreso de Valeria me de fuerzas. Ella, el aplomo que la constituía volando por el aire, lo increpó ¿qué pretendés?, ¿que te facilite los trámites y que me aleje para evitarte tentaciones? la voz ahogando el grito te estoy diciendo que te quiero y me contás tus planes como si me estuvieras hablando de cambiar el tapizado del auto, te desconozco, vos, el sensible, el pendiente de los sentimientos de los otros, ¿qué te creés que soy? ¿una muñeca de plástico? Francisco está azorado Claudia, por favor, tranquilizáte, todo esto me duele tanto como a vos. Ella baja el nivel de la voz, tensa como un nudo, con la gran diferencia de que sos vos el que tiene que tomar las decisiones, y yo, aunque me parta, no tendré más remedio que aceptarlas. Francisco, acodado en la mesa, se tapa los ojos con las manos no puedo creer que esto me esté pasando a mí. Ella pierde de nuevo el control ¿por qué no?, sos tan humano como el resto de los mortales, bajáte del podio de una vez. Él, girando los índices, se descubre la cara, trata de apaciguarla no quiero hacerte daño, ni a vos ni a mi mujer ni a mis hijos, pero no sé cómo. Ella es implacable Francisco, ya no sos el nene que ante el terror de conocer sus propias necesidades se defendió vomitando, hablás del daño que podés producirnos pero ¿qué pasa con vos? Él está desesperado no tengo salida, haga lo que haga seré desgraciado se mesa el cabello maldito el momento en que volvimos a vernos. Claudia se levanta violentamente ya sabés donde encontrarme. Francisco se aferra a la silla. Con éxito, porque no la seguirá.

Llegó al estudio trastornado. Encontró sobre su escritorio un papel con los datos que había tomado sobre Delia. Por hacer algo que apartara su mente de Claudia y de Valeria, la llamó

Se encontró frente a la puerta de esa casa que permanecía idéntica, suspendida en el tiempo, a pesar de que no estaba su madre para tocar el timbre mientras él sostenía el paquete con las masitas secas. Trató de sosegar la respiración y oprimió el botón. Bastante después se acercaron unos pasos desparejos. Pobrecita mi mamá. La sonrisa que se asomó por la puerta entreabierta lo recuperó del costo anímico de su resolución. Qué alegría verte por aquí. Entraron y Delia le ofreció un té. Se dirigió a la cocina mientras él contemplaba la sala. Los sillones tapizados en seda, la luz apenas entrando por las cortinas de macramé, olor a naftalina, a encierro, a polvo. Sobre el piano un camino de crochet y encima, entre infinitas estatuitas de marfil, un gato. Eternidades después, Delia regresó con dos tazas de porcelana y el platito chino con escones sobre la bandeja tambaleante, No sabés cuánto me falta tu madre. Terminado el segundo scon Francisco la encaró ¿te puedo hacer unas preguntas?

¿Otro té? ofreció Delia y Francisco miró su reloj, 16.45. ¿La podemos seguir otra tarde? preguntó. Ya en el auto, su cabeza trabajaba a mil. Por fin lograba entender a sus hermanos. Justificar la dureza de Alicia, su presunta frialdad. Quizás el único modo que había encontrado para contrarrestar la salvaje manera en que su madre la había involucrado en los conflictos conyugales, instituyéndola en consejera sentimental a los quince años. Casi obsceno contemplar a su madre desde una óptica tan distinta.  Como esposa avasallada, como amante capaz de anteponer la pasión al riesgo de perder el vínculo con sus hijos. ¿Valeria sufriría tanto como mi mamá si yo me fuera? pensó Francisco frente a un semáforo. Los años corrían, las generaciones se sucedían pero las pasiones de los hombres seguían siendo las mismas más allá de que ahora los mails amenazaban con aniquilar a  las cartas. Llegó justo a tiempo. Luciana se acercó  al auto saltando en un pie y Camilo enarbolando el diez de una prueba. Cuando abrió la puerta de su casa Tobi apareció corriendo. La rutina seguía existiendo pese a todo. Dejó a los chicos con Carmen y fue al estudio. Los ojos de su secretaria eran un reproche mudo, hacía tiempo que estaba descuidando el trabajo. Se sentó frente a la computadora.  Mi querido. Anoche no pude dormir. Desfilaron ante mí todos y cada uno de los riesgos; temí que Camilo se cayera de la bicicleta, Luciana de los patines, Tobi de la sillita, que chocaras con el auto, que se enfermaran, que nos robaran, que la casa se incendiara. Parecía el catálogo de una compañía de seguros. A la mañana llamé a casa y Carmen me tranquilizó. Hablé con Tobi y escuchar los progresos de su lenguaje me alegró tanto como me entristeció, me lo estoy perdiendo. La distancia me sirvió para valorar aun más todo lo que tenemos. Me planteo porque mis sobrinos no pueden gozar de la misma estabilidad que nuestros hijos. Hemos sido muy afortunados, tanto que por momentos temo que la suerte se invierta. Entonces pienso y se me ocurren miles de locuras, hasta que pueda cruzarse otra mujer. No quiero estar lejos ni un minuto más. Hoy hablé con Alejandra, le conté lo que me estaba pasando, le pregunté si se animaba a arreglarse sin mí. Adelantaré el regreso. Quedaron en confirmarme un vuelo para el próximo martes. Me muero por verte. Todos los besos de los que soy capaz y más. Esperáme. Ya voy. Ya estoy. Miró el reloj y buscó el teléfono. ¿Seguís tan enojada como para rechazarme un café? La risa fresca de Claudia yo, por principio, jamás rechazó un café. Francisco apagó la computadora e informó Marcela, salgo por un rato.  ¿Otra vez?, la señora de Méndez Paz llamó tres veces. Francisco dijo tendrá que llamar cuatro  y se apresuró para que no le pidieran explicaciones.


La encontró recostada contra el vidrio. Parecía agotada. Sin embargo, en cuanto lo vio, desplegó su mejor sonrisa. Valeria vuelve el martes dijo Francisco mientras se sentaba.  El rostro de ella se desarmó .

lunes, 20 de junio de 2016

71

Menos mal que están los chicos, me ayudan a superar el agujero que me produce no tener a los míos; te envidio Francisco trata de no pensar y le pregunta por qué. Porque estás con ellos, porque los seguís disfrutando; por momentos tengo miedo de que Tobi se olvide de mí Francisco trata pero no puede porque Valeria agrega a veces es bueno tomar distancia y a él se le revuelven las tripas estar aquí con mi hermana enferma y sola y con mis sobrinos tan desamparados me hace valorar todavía más todo lo que tenemos Francisco ansía cortar pero ella sigue ante cada cosa nueva que conozco me imagino que te parecería, que dirías; aunque no estés siento que, de alguna manera, compartimos todos estos días Francisco precisa que se calle aquí también tu ausencia es una presencia, cada vez que hago algo inconveniente los chicos dicen mirá si nos viera mamá Valeria se lamenta el ogro de la película Francisco al decirlo recién se percata el elemento que les genera seguridad esa mágica concepción de la infancia sobre el bien y el mal, si se hace  lo correcto nada malo puede ocurrir los dejaste bien entrenados Valeria se ríe y dice corto porque esto saldrá una fortuna; te extraño mucho, también en la cama. Francisco cierra los ojos aunque quisiera cerrar los oídos no diga cosas inconvenientes para una señora. Cuando apoyó el tubo estaba como para otra ducha. Valeria no lo merecía, la historia que habían forjado juntos no lo merecía. Es una tregua resolvió para intentar tranquilizarse todo volverá pronto a la normalidad y tuvo nostalgia de mirarse tranquilo al espejo, de no temer cuando sonaba el teléfono, de no tener que estar siempre pendiente de no cometer un error. Quizás también papá se creyó en una tregua. El sudor le corrió ahora por la espalda. Él amaba a su mujer y a sus hijos y sin embargo no lograba anteponerlos a sus deseos. Claudia avanzando dentro de él. Haciéndose imprescindible. Ligándose al descubrimiento de sí mismo. Contactándose con ella desde el que había sido, desde el niño sediento de amor. Fue hasta la cocina y se preparó un té.

No me queda la más mínima duda sobre tu virilidad pero tu sensibilidad es absolutamente femenina dice Claudia y a él no le gusta ¿lo decís porque lloro?, no es para defenderme pero te aseguro que son contadas las veces en la vida en que me he permitido llorar, no sé qué me está pasando ella desestima sus palabras celebro que puedas llorar pero no es  por eso que lo digo Francisco la mira inquisitivo es por como hablas de tus hijos el tono de Claudia se torna profesional parecés una mujer; he pensado mucho al respecto; y es doblemente extraño porque, salvo por tu abuela, nunca fuiste maternado; te me representás como un Tupac Amarú, codiciado y tironeado por todos; siempre te trataron como si fueras varios años mayor que los que marcaba tu cédula; ahora que tenés hijos podrás comprobar, al menos yo en el poco tiempo en que hemos estado en contacto, el nivel feroz de demanda de los tuyos a Francisco le fascina escucharla pero se ve obligado a protestar no te creas, lo que pasa Claudia lo interrumpe no los defiendas, esa demanda habla bien de ellos, los transforma en niños normales que manifiestan sus necesidades porque saben que serán atendidas, haciendo una rabieta cuando es imprescindible Francisco se muere de amor esa boca hay que cerrarla dice mientras se incorpora en la cama para besarla.

El encuentro con  Horacio era impostergable, Francisco decidió pasar por el local. Su amigo lo recibió como si volviera de la guerra. Mientras compartían el almuerzo Francisco se asombró de sí mismo. Se le ha hecho un hábito mentir. Ya lo hace bien. Fijaron un encuentro para la semana próxima. Cuando Francisco se encontró pensando que tendría que cambiar el horario de terapia el asombro se le transformó en franca preocupación. Martes y jueves a las nueve.


Los padres de Leo se separaron  informó Camilo en la cena. Francisco detuvo el tenedor, sorprendido ¿y él cómo esta? El nene, con la boca llena, repreguntó ¿y cómo querés que esté? Pobre acotó Luciana mientras cortaba la suprema. 

viernes, 17 de junio de 2016

70

Ella se limpia con la servilleta que quedará adornada con su boca y le dice seguís siendo Paquito, igual de sensible, igual de inteligente, igual de estricto con vos mismo. Él siente un pellizco no sos la más indicada para afirmar esto último. Ella es terminante sí, Francisco, igual de estricto; y me parece que llegó el momento de que, por una vez en la vida, pongas tus necesidades en primer lugar. Francisco sabe que sus necesidades en sí mismas son contradictorias. Ya no duda de su amor por Claudia y, por otro lado, más allá de Valeria, que no tiene muy claro en ese instante qué es lo que le está pasando con ella, no concibe vivir sin sus hijos. Los cinco somos como los dedos de una mano pensó. Claudia, en silencio, lo mira y está tan hermosa que él se encuentra diciendo me desespera pensar que todo esto va a tener que terminar. Ella suena agresiva al sentenciar solo depende de vos.

Los milagros existían. Sus hijos en lo de Carolina, Rocío en un piyama party, Francisco se dirige a lo de Claudia. Noche en la ciudad, sábado.

Ella duerme a su lado. Cinco palabras quebrando la historia. Porque esa no es su cama ni ella es su mujer. Sin embargo, él es él. Un él en que no se reconoce pero que evidentemente también es. Claudia suspira. La mañana se insinúa a través de la ventana abierta. Él se sienta en la cama. Ella, todavía dormida, percibe su movimiento y se reacomoda, acercándose. Él la mira. Es morena, Valeria rubia; es menuda, Valeria alta; es sinuosa, Valeria muy delgada; es extrovertida, Valeria reservada. Lindas las dos, inteligentes. Ama a las dos. Las necesita. Claudia abre los ojos. Él la abraza y sabe que no debe pero se le escapa. Te quiero. ¿Te cuento lo que siento yo? replica ella. Pero él le cierra la boca con un beso. Necesita no saberlo. Ella está tibia, desnuda y húmeda. Preparada. Entonces él, sin preámbulos, la penetra.


 Mamá me pone el trajecito celeste y los zapatos blancos recién pintados y me peina con gomina sos mi hombrecito dice no te vayas a hacer pis yo le rodeo el cuello con las manos y justo entra papá y dice adiós querida y me agarra en brazos huele a hombre papá. Salimos a la calle y subimos a un auto yo voy parado en el asiento mirando por la ventanilla de atrás y papá me sostiene. Entramos a un lugar y me sientan y me dan juguetes porque quieren que me ría mirá acá me dicen y me sacan fotos solo con un teléfono con una pelota con papá. Cuando salimos hay mucho sol y papá me para en el piso y yo camino de su mano pero enseguida vuelve a alzarme y camina muy rápido. Entramos a otro lugar y papá pide una silla alta y me sienta a su lado y me traen un jugo de naranja con pajita  y a papá un café pero no lo toma porque mira todo el tiempo por la ventana hasta que de pronto se para porque se acerca una mujer y él la besa y el jugo se vuelca y chorrea por el trajecito celeste y la mujer me limpia con la servilleta pero no está enojada porque sonríe este es Francisco dice papá y ella dice qué lindo bebé y me acaricia la cabeza y papá le dice no llores querida mientras el  jugo gotea en el piso entonces ella dice mejor me voy y se da vuelta y empieza a caminar rápido y papá  la sigue hasta la puerta y a mí me da miedo y me paro en la silla y lo llamo y lloro hasta que papá vuelve y pone un billete sobre la mesa y me alza y nos vamos y nos subimos a otro auto. Cuando llegamos a casa mamá me alza y dice te manchaste todo pero papá me defiende no lo retes querida se portó como un señor. Entonces me hago pis. Encima del vestido de mamá.

miércoles, 15 de junio de 2016

69

Varias madres charlan junto a la mesa y cuando terminamos de cantar que los cumplas feliz una  me hace señas y yo me acerco y otra que es la mamá de Enrique dice hace rato que no te veía  Francisco es cierto que tu mamá se volvió a casar y los ojos de todas esas mujeres me agujerean y la boca se me reseca y la cara me arde y las manos me sudan y asiento con la cabeza porque no está bien mentir entonces otra me pregunta estás contento y yo levanto los hombros y por suerte alguien me avisa Francisco te vinieron a buscar dice tu papá que bajes y yo digo permiso y mientras me alejo escucho que una  que es gorda murmura pobrecito qué barbaridad y otra que es la mamá de Enrique dice tan fuerte que todos se dan vuelta es una vergüenza  una inmoralidad mi hijo no pisa esa casa nunca más.

Francisco está yendo a buscar a Claudia con el firme propósito de decirle que lo del nene fue un aviso, que ha decidido que basta ya. Mientras espera el ascensor se pregunta si tendrá coraje y cuando ella le abre la puerta y él siente su perfume piensa que ya que ha violado su principio de fidelidad eterna, ya que su conciencia tanto lo hace sufrir, debe al menos disfrutar el momento para que el hecho de haberse traicionado no sea, además, inútil. Le lleva unos cuantos segundos convencerse de que todavía no. Cuando regrese Valeria. Todavía no. Ella le da un beso en la mejilla y él le muerde la boca y el cuello y le sube la pollera mientras ella lucha con el cierre de su pantalón. Ya desnudos, totalmente desnudos, se dejan caer sobre el diván.

Encontró la mesa puesta. Llamó la señora Valeria informó Carmen la carne está en el horno y la ensalada en la heladera, si no me precisa ya me voy. Los chicos fueron llegando de a uno, en piyama. Un vértigo de olor a jabón y a champú. Alzó a Tobi. Estoy muerto de hambre dijo como siempre uno, yo te ayudo a cocinar la otra. Cenaron. Los chicos levantaron la mesa y él lavó los platos. Consiguió que se cepillaran los dientes. Acostó a Tobi y le leyó su cuento favorito, el del ratón feroz, pero cuando para apurar el trámite, se salteó un renglón el nene hizo una rabieta y tuvieron que empezar de nuevo. Esperó a que se durmiera y se preparó un té. Y no encontró más postergaciones. Hablar con su mujer se había convertido en una tortura. Atendió Valeria y él, en un acto reflejo, apretó la horquilla. Las manos le temblaban. Segundos después sonaba el teléfono ¿Eras vos? Sí, se me cortó. ¿Cómo sigue el nene? Como si nada, acaba de hacer uno de sus berrinches. ¿Luciana? Me tiene marcando el paso, no te demores porque está dispuesta a reemplazarte. Cuando Valeria rió Francisco sintió un sudor frío. ¿Pagaste la luz? preguntó ella.  Él cerró los ojos y contestó que sí. ¿Y la prepaga? Él informó aumentó y, con los ojos cerrados, apretándose la boca del estómago, se obligó a preguntar ¿cómo está tu hermana? Valeria, en medio del informe médico, imprevistamente le preguntó ¿me extrañás? Cuando, un infinito después, Francisco consiguió cortar, fue al baño, se arrodilló frente al inodoro y vomitó.

Se había despertado nauseoso. Abrió el botiquín y tomó una buscapina. Al único que  no podemos engañar es a ese señor que nos mira en el espejo cuando nos afeitamos decía uno de sus profesores. Francisco, brocha en mano, se contempló.  Ese que lo miraba era alguien que, aunque aparentaba ser recién nacido, debía haber habitado en él, indocumentado, desde siempre. Se supo ridículo además de culpable. Ridículo por su declaración de principios. Falso de toda falsedad. Fácil jugarla de íntegro cuando en realidad lo que le había faltado era una oportunidad.  Recordó los sermones que le había endilgado a  Horacio cuando su enredo con la secretaria. Sabés que la adoro a Adriana, esto es una travesura. Qué diría su amigo si se enterara de que su inflexible juez había claudicado. Recordó a Claudia cabalgándolo sobre el diván. Tuvo que cerrar los ojos. Los abrió y desde el espejo, media cara enjabonada,  se miró mirándose y supo que tendría que seguir mirándose día a día.

Despertó a los chicos y les preparó el desayuno. Cuando salieron ya se sentía mejor. Ante el colegio, los despidió con su pórtense mal. Luciana se bajó del auto y enfiló hacia la escuela pero, sorpresivamente, se dio vuelta digo yo, ¿los grandes no se aburren de ser siempre buenos? Camilo, ya en la vereda, miró al padre con complicidad, se mordió el labio, meneó la cabeza, y revoleó los ojos. Después se acercó a su hermana y le empujó el hombro con el puño. Entraron juntos. Reían.

Llegó al estudió y controló como siempre sus mails. La señora de Iglesias de acuerdo a lo convenido le adjunto el plano de lo preexistente. Horacio ya no sé cómo localizarte. Valeria te mando unos bloopers de gatos para que los chicos se rían un rato. Alicia aquí van los datos de Delia. Claudia. Minutos después levanta el tubo del teléfono para comunicarse con la señora de Iglesias  pero luego del primer número cambiará de opinión. ¿Los grandes no se aburren de ser siempre buenos?


lunes, 13 de junio de 2016

68

Estoy sentado con Alicia en el descanso de la escalera con un libro en las manos y ella me dice leé y yo no me animo a decirle que no sé leer leé insiste Alicia mientras me señala las palabras con la uña larga pintada de rojo ya te enseñé ayer y yo miro y veo una señora con una escoba y de repente me acuerdo y digo de un tirón mamá asea la casa Alicia me felicita y me señala otra hoja donde hay una nena con un oso y me dice leé y como yo me quedo callado Alicia me ayuda susi... y yo por suerte me acuerdo de nuevo y leo susi mima a su oso mientras la uña roja recorre las letras Alicia me revuelve el pelo y dice sos un chico muy inteligente mañana la seguimos.

Iba a contestar el llamado de Horacio cuando decidió que mejor todavía no. Si le contaba ahora lo que había pasado con Claudia,  su amigo disfrutaría diciéndole ¿viste? Francisco se lo contaría pero le demostraría que él, aunque humano, era capaz de controlarse. Sí, hablaría con  Horacio después de su encuentro con Claudia. Le avisó a Marcela que salía.

Rosa recoge los platos del queso y dulce. Alicia está a mi lado. Me pone el libro delante. Francisco mostrales cómo te enseñé a leer. Siento la boca seca. Abre y me señala y está la señora con la escoba. Mamá asea la casa digo. Es notable tan calladito mi Francisco lo listo que es comenta mamá. Alicia da vuelta la hoja y aparece la nena con el oso. Susi mima a su oso digo de un tirón. Muy bien me felicitan todos. Alicia da vuelta otra hoja. El corazón se me para: esa nunca la vi. La uña roja señala las palabras. Leé dice Alicia. Veo un señor lavando un auto con una manguera y no sé qué decir. Papá me ayuda Alicia. Papá asea el auto digo y la miro y me doy cuenta de que algo no anda bien  entonces agrego y también lo mima. Estallan las carcajadas. Me apoyo en la mesa y empujo la silla tan fuerte que la tiró. Francisco me dice mamá no te pongas así pero no puede parar de reírse. Me escapo corriendo. Me siguen las carcajadas.

Lo sobresaltó Para Elisa. Carmen, Francisco, alarmado, atendió. Instantes después, ya vistiéndose, informó Tobi se golpeó la cabeza y está vomitando. Que no sea nada deseó ella, incorporándose desnuda.

Entró agitado, temiendo encontrar a su hijo agonizante pero Tobi se acercó corriendo. Ya está lo más bien lo tranquilizó Carmen. No obstante, Francisco lo llevó al hospital. Revisaciones, radiografías. El nene reclamando inútilmente a su madre. Estaban regresando cuando sonó el teléfono de Francisco. Por suerte no fue nada dijo él y cuánto me alivio ella que después de una pausa le ofreció ¿almorzamos mañana? En cuanto Francisco abrió la puerta de su casa Carmen le avisó la señora Valeria en el teléfono. Dejó al nene en el piso y corrió a atender. Valeria lloraba yo sabía que algo había pasado, de repente necesité llamar. Tranquilizáte, mi amor, por suerte no fue nada repitió él. Tobi es una ardilla, necesita que haya alguien permanentemente mirándolo Valeria hizo una pausa y luego preguntó ¿vos dónde estabas?


viernes, 10 de junio de 2016

67

Está en el auto, estacionado frente a la escuela. Se reclina sobre el asiento. El bullicio de los chicos lo amodorra. Suena la campana. Se abren las puertas. Las filas se desgajan. La calle se cubre de delantales blancos. El griterío aturde. Camilo abre la puerta de atrás. El ruido de la mochila contra el tapizado. Se acerca Luciana saltando en un pie y sube al auto canturreando. Cierra la puerta. Francisco, agarrado al volante, no arranca.

Veo a Guillermo en la esquina. Parece un hombre. Me acerco sorprendido. Él me toma del hombro y me dice vine a buscarte. A buscarme para qué le pregunto. Para que vengas a vivir con nosotros contesta para que estemos de nuevo juntos los tres. Nos quedamos parados frente a frente. Qué raro Guillermo me está diciendo que quiere que viva con él. Entonces él comienza a caminar y yo lo sigo en silencio hasta la otra esquina. Ahí me paro porque para ir hasta casa tengo que cruzar y para ir a lo de los abuelos doblar. Me paro y pienso en Alicia en los abuelos en papá y siento en el cuerpo como un aire que me eleva. Venís me pregunta Guillermo y yo hago que sí con la cabeza. Entonces me dice vamos campeón y tiende la mano para tomar mi portafolios. Yo se lo entrego pero cuando estamos doblando justo me acuerdo de los lápices. Entonces cruzo corriendo sin mirar para atrás. Porque mamá me espera.

Le está contestando que sí, que Carmen ya llevó a Tobi a vacunar cuando Valeria, de buenas a primera, le pregunta ¿cómo anda tu terapia?, hace mucho que no me contás. A Francisco le toma más segundos de lo conveniente contestarle avanzando. Valeria busca precisiones. Me acordé de una punta de cosas resume él cuando vuelvas te haré un informe detallado y sabrás por fin con quién te has casado. Ella ríe. Él no. ¿Seguís yendo dos veces por semana? Él calcula qué le conviene contestar y luego dice sí ¿Cuándo? La cabeza de Francisco bulle tratando de buscar horarios compatibles martes y jueves a las nueve dice al cabo. ¿Y el café con Horacio? Valeria es una computadora. Él se da cuenta de que cometió un error, hace tanto que lo obvia que olvidó el  rutinario encuentro con su amigo lo vamos cambiando dice. Ayer hablé con Adriana informa Valeria y Francisco se alarma aun más renunció al trabajo, ¿viste? Francisco no puede confesarle que no vio nada, que  hace semanas que le perdió el rumbo a su amigo, entonces dice Tobi me llama desde el baño y segundos después consigue cortar. Se tira en el sillón, levanta los brazos y apoya la nuca en el hueco de las manos. Se queda mirando el vacío mientras se regula el ritmo de su corazón.

Lo puedo invitar a Enrique que le quiero mostrar mis útiles nuevos le pregunto a mamá y ella me dice claro hace mucho que no viene entonces levanto el tubo y disco y atiende Enrique y  cuando lo invito él enseguida dice no puedo y yo le pregunto por qué y él me explica bajito mi mamá no me deja entonces le pregunto puedo ir y espero y al rato vuelve y me dice no podés por qué pregunto y justo mamá  me avisa desde la puerta voy a la panadería a comprar los pastelitos que le gustan a Enrique y yo le digo dejá no viene y ahora es mamá la que pregunta por qué y yo contesto le duele la cabeza mientras tapo el tubo del teléfono.
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Se levantó, se dio una ducha, se afeitó, llevó los chicos al colegio y, desayuno previo en el bar de siempre, se dirigió al estudio. Montones de problemas esperándolo: planos, presupuestos, contratistas. Pese a todo, al mediodía llamó a Alicia quien, para sorpresa de Francisco, aceptó de inmediato la propuesta de almorzar juntos. Luego de charlar sobre respectivos hijos y clientes se produjo un silencio pesado. Él inspiró profundamente y empezando con un te quiero contar algo logró blanquear amnesia y terapia. Alicia era la imagen misma del desconcierto. Francisco le comentó recuperé muchos recuerdos pero hay huecos que no sé cómo llenar y ante su hermana que lo miraba sorprendida, en absoluto silencio, inquirió ¿qué pasó con Laura y con Germán?, Alicia durante unos segundos hizo bolitas con la miga de pan hasta que dijo ya te aclaré que no quiero revolver el pasado. Él hizo suyas las palabras de Claudia ahora no estamos hablando de tus deseos sino de mis necesidades; creo que muy pocas veces en la vida te pedí algo, ¿o me equivoco? Eternidades después Alicia dijo papá se separó de Laura luego de varios años de convivencia aunque jamás supe los motivos, con ella casi no tuve relación; él volvió a vivir con nosotros; con respecto a mamá no tengo la menor idea, en esa época yo no la veía, vos jamás contabas nada y papá, si sabía algo, nunca me lo transmitió; cuando, años después, por presión de Antonio y pensando en mis hijos, reanudé la relación con mamá, le deje claro que no quería ningún tipo de confidencias de su parte. Francisco, estupefacto ante la verborragia de Alicia decidió aprovecharla ¿Guillermo sabrá algo? Ella cabeceó y luego sugirió hablá con Delia, en el velorio la vi muy lúcida, en casa tengo el teléfono. Francisco, desconociéndose, le tomó la mano gracias. Alicia con una sonrisa tímida preguntó ¿gracias por qué? Por todo lo que me diste su hermana lo miraba confusa sin vos no hubiera sido lo que soy. Ella, rearmándose, se deshizo del contacto mejor lo dejamos aquí, odio las escenas de teleteatro. Francisco reclamó de nuevo estás reparando en tus deseos y no en mis necesidades. Alicia se justificó siempre fui así y ya estoy demasiado vieja para cambiar. Él no aceptó sus límites y le confesó te quiero como sos, tapáte los oídos si te molesta escucharme; te quiero y te agradezco que te hayas ocupado de mí, a veces bien y otras mal, siempre presente. Alicia retomó las miguitas y al cabo de un rato agregó te voy a decir algo que, viniendo de mí, espero puedas valorarlo en su justa medida; fuiste durante años de mi vida la persona a quien más quise, y conste que, si no permaneciste a mi lado, fue contra mi voluntad. Francisco recordó el portafolios en la mano de Guillermo y le preguntó ¿es un reproche? Alicia, agarrando la cartera, dictaminó demasiado por hoy. Él, obediente, llamó al mozo.


miércoles, 8 de junio de 2016

66

Te parece que tus hermanos vendrán al casamiento me pregunta mamá en cuanto entro. No puedo creer lo que estoy escuchando y le digo no sé aunque sí sé y me meto en la pieza y cierro la puerta pero ella la abre. Para mí es muy importante me explica por qué no les pedís. Tengo mucho sueño mamá. Por favor insiste. Ya de mala manera le digo ahora necesito dormirme. Y ella me dice alguna vez podrías pensar en lo que necesito yo.

¿Cuántos años tendrías? Unos diez contesta él. Casi finalizando tu período de amnesia recuerda ella y él asiente. Quiere decir que no demasiado después tu madre y Germán se tienen que haber separado sigue rebobinando Claudia ¿qué habrá pasado? Pero él ya no tiene ganas de seguir hablando. ¿No te animás a insistir con tus hermanos? le está preguntando ella cuando suena el teléfono. Él gira y tantea buscando el aparato. Ah, sí tapa el tubo con la mano,¿nos quedamos una hora más? Ella, cubriéndose, asiente. Francisco violentamente liberado del pasado la toma de nuevo.

Bajo del remís papá me saluda  el auto arranca y me abre  mamá. Charlaste con tus hermanos me pregunta. Sí pero justo ese día se van de viaje le contesto. Qué casualidad dice ella y me sigue hasta el cuarto. Me paro en el marco de la puerta mamá por favor basta le digo fuerte. Me mira sorprendida y los ojos se le llenan de lágrimas pero por  suerte se va. Me tiro vestido sobre la cama.

En cuanto llegó al estudio empezó a trabajar con ganas. Se sentía energizado. Estaba mirando el calendario, planificando albañiles y electricistas cuando, sin que supiera por qué, se le cruzó la imagen de Horacio. Reprimió las ganas de llamarlo y siguió trabajando.


Tengo el traje que me regaló Alicia. Están todas las amigas de mamá pero la tía Alina no lástima porque me llevo bien con Clarita y sobre todo lástima por mamá no sé por qué no habrá venido a lo mejor andaba ocupada. Estás contento me pregunta Delia  ahora vas a tener de nuevo un papá. Yo siempre tuve querría decirle pero no me animo si será tarada  Mamá sí que está contenta y Germán también todos se ríen y hacen bromas que no entiendo y yo me quedo en la cocina con Rosa que vino ayudar por la fiesta y cuando me abrazó me di cuenta de que la extrañaba desde que no está la casa es un lío pero dice mamá que la plata no le alcanza. Francisco vení me llaman. No tengo más remedio que ir y está lleno de gente que no conozco serán de Germán. Mamá y Germán están junto a la mesa frente a la torta de tres pisos con muñequitos suerte que no está Alicia porque diría que para qué tanto gasto. El mozo llena las copas con champán a mí también me dan pero no me gusta a Guillermo sí pero no está además al  abuelo no quiere que tome siempre lo reta. Todos hablan a la vez. Silencio silencio dice mamá quiero que se acerque a brindar con nosotros la persona más importante que existe en el mundo para mí. Miro para todos lados para ver quién se acerca pero mi madrina me tira de la manga de la camisa y me dice en qué estás pensando vamos andá. No entiendo nada todos me empujan y llego junto a la mesa y mamá me agarra de la mano. Pido ahora un aplauso para la criatura más adorable que existe sobre la faz de la tierra. Yo me escondo detrás de la torta pero la gente aplaude y mi madrina dice fuerte Francisco y todos empiezan a corear Francisco Francisco. Estoy rojo de la cabeza a los pies y tengo ganas de meterme en la cama y taparme con la frazada. Suerte que no está Guillermo se burlaría de mí hasta reventar pero sobre todo suerte que Alicia no pudo venir. Por el viaje.

lunes, 6 de junio de 2016

65


Mamá está sentada en la mecedora y me llama  yo voy y me paro al lado y ella me dice Germán y yo estamos pensando en casarnos y necesito saber qué opinás vos y como yo me quedo mudo ella agrega mirá Francisco si no estás de acuerdo lo dejaremos para más adelante pero yo creo que también sería bueno para vos está casa está muy vacía desde que se fueron tus hermanos y como yo no le contesto porque  de solo imaginarme que Germán se va a acostar con ella se me revuelve el estómago ella me pregunta qué estás pensando y yo no quiero pero no puedo ser tan egoísta entonces  le digo está bien mamá y me abraza y me dice Francisco sos mi vida. Dice pero ya no es cierto.

 Se sentó en la cama y se restregó los ojos. Con la luz apagada fue hasta el baño. Se tropezó con el camión de Tobi. Maldiciendo, se agarró el pie. Tomó un vaso de agua y orinó. Después se llevó las manos al pecho y se lo masajeó, intentando aliviar la opresión. Recorrió los cuartos de los chicos y volvió a acostarse.

Papá está en el escritorio sentado en su sillón gigante y yo en la silla de enfrente muevo los pies y miro los dibujitos que van haciendo sobre la alfombra hasta que él dice tu madre me ha comentado que piensa casarse y me mira y como yo hago que sí con la cabeza  él sigue desde ahora  cuando necesites dinero me lo vas a pedir a mí entendido pregunta y yo le hago de nuevo que sí  pero no sé cómo voy a hacer para conseguir todos los días las monedas para el colectivo entonces él mete la mano en el bolsillo saca un billete me lo tiende y dice esto es para que vayas teniendo para tus gastos yo lo agarro sin poder creerlo cincuenta pesos nunca tuve cincuenta pesos qué voy a hacer con tanta plata y justo la abuela nos llama a comer y nos paramos y cuando estamos saliendo papá me pone la mano sobre el hombro y me aprieta.

Francisco me dice Alicia cuando terminamos  de comer los buñuelos y el alma se me cae al suelo vení que tenemos que conversar entonces entramos a su cuarto nos sentamos sobre la cama y ella dice estás de acuerdo con que mamá se vuelva a casar y como yo levanto los hombros ella insiste algo tendrás para decir y como yo levanto los hombros de nuevo se enoja ah te parece bien que se case con un muchacho que tiene solo seis años más que yo y como yo digo no sabía que era tan joven  ella sacude la cabeza y dice tan inteligente y a veces tan tonto y yo cruzo los dedos  para que termine pronto pero ella sigue la situación legal de mamá cambió ahora podrías vivir aquí y como yo me quedo callado ella insiste el que decide sos vos y parece como una pesadilla cuando nunca se acaba y al fin contesto a lo mejor podría vivir un mes con ustedes y un mes con ella con ellos me corrige Alicia y menea la cabeza y agrega te tiene agarrado de las orejas y se para y se va y yo me quedo un rato sentado en la cama y después me levanto voy a la cocina y le pregunto a la abuela qué vas a  preparar para la cena papas rellenas me contesta y yo  le ofrezco querés que te las pele bueno dice ella y me prepara el papel de diario y el pelapapas que trajo la tía de estados unidos y yo las pelo todas y después le saco los ojos con la punta como me enseñó la abuela y estoy  pensando en cómo voy a hacer para decirle a mamá que me voy un mes está bien que ahora va a vivir con Germán pero ella todavía llora cuando habla de los chicos cuando un dolor agudo me sacude y veo sangre sobre las papas y gritó ay la abuela se asusta qué te pasó y se lava las manos y se las seca en el delantal y me lleva al baño y mientras me pone agua oxigenada me pregunta te duele y yo le contesto que no y es cierto porque las lágrimas me caen pero el dedo no me duele.

El parloteo de todas las mañanas, esta le resultó insufrible. Cuando los chicos se bajaron del auto, suspiró aliviado. Necesitaba verla ya. Una fuerza incontrolable, irracional, lo obligó cuadra a cuadra a cruzar en amarillo. Un rojo lo detuvo en la esquina del colegio de Rocío. Alcanzó a ver que Claudia arrancaba. Desesperado comenzó a tocar la bocina. Multitud de peatones y automovilistas lo miraron malhumorados pero ella no. Cuando pudo arrancar, el coche de ella había desaparecido. La taquicardia de Francisco era feroz.  Suponiendo que ella se dirigía al consultorio, imaginó su recorrido. Luego de un par de cuadras por fin la alcanzó. Ahora sí su bocinazo le trajo la mirada que esperaba. Otra descarga de adrenalina terminó de empaparlo. Algo estaba definitivamente fuera de control. Instantes después ambos bajaban de los respectivos autos. Él se acercó a paso vivo y la abrazó. Desencajado.


viernes, 3 de junio de 2016

64

Una hora después consiguió que los chicos, protestando, se acostaran. Francisco, después de una ducha, se dirigió a su cuarto. Cerró la puerta. Había quedado en comunicarse y no tenía ganas. El llamado de Claudia lo había fastidiado. Cada vez eran más las cosas que escapaban de su control. Los cinco juntos había dicho Camilo. Solo de él dependía.  Se tiró en la cama y discó.

Arquitecto, teléfono. La madre de Carmen se había descompuesto y necesitaba irse. Tobi durmiendo la siesta. Dio un par de indicaciones a una Marcela que lo miraba con cara de disgusto y partió para su casa. Tendría que suspender el encuentro con Claudia. Carmen lo esperaba con la cartera colgada. Cuándo volverá Valeria se encontró pensando Francisco. Buscó el teléfono. Claudia no estaba ni en su casa ni en el estudio ni atendía el móvil. Miró el reloj: las dos y cuarto. Insistió cada cinco minutos. Inútil. Acarició la cabecita de Tobi que, ante el contacto, abrió los ojos, sonriendo. Lo alzó, lo llevó al baño, le lavó la cara y lo vistió a las apuradas. Antes de partir insistió con el teléfono sin resultado. Cuando metió al nene en el asientito del auto se le atrancó una pierna. Francisco forcejeó con impaciencia pese a las quejas de Tobi. Arrancó sin calentar siquiera el motor y manejó demasiado rápido. Estacionó. Con el nene cargado recorrió las mesas. Claudia todavía no había llegado. Salió. Para entretenerlo le compró un helado que Tobi empezó a lamer muy contento, parado en la vereda. Francisco transpiraba.  Cinco minutos después de lo pactado la vio acercarse, sonriendo, sonrisa que se esfumó en cuanto descubrió al nene. Carmen tuvo que irse, no pude avisarte se justificó él, momento en el que Tobi apartó la vista de su helado y la miró. Ella estiró la mano para acariciarle el cabello pero congeló el gesto. Hablamos luego dijo, giró sobre sí misma y se alejó. ¡Claudia! la llamó venciendo a duras penas el impulso de seguirla. Ella se dio vuelta, levantó una mano y le sonrió. Luego siguió caminando. Francisco podía escuchar el retumbe entre sus costillas. Miró a Tobi: era una sola mancha. Sacó un pañuelo de su bolsillo y lo limpió como pudo. Caminó con el nene cargado hasta el coche mientras pensaba qué decirle pero como no se le ocurrió nada obvió la explicación. Lo acomodó en el auto. Cuando estaban por llegar a su casa, Francisco se percató de que ya era el horario de la escuela. En el primer semáforo rectificó el rumbo. Con el coche en doble fila los vio salir. Primero Luciana, las trenzas rubias torcidas; después Camilo, las rodillas sucias, revoleando la mochila. Subieron al auto a los empujones. Y a este, ¿qué le pasó? preguntó Luciana con la nariz junto a las manchas son de chocolate, ¿qué le compraste? Francisco se encontró agradeciendo el mutismo de Tobi que tanto lo preocupaba lo llevé a tomar un helado. ¿Adónde? A Japón  contestó porque odiaba mentir. Yo también quiero aprovechó Luciana la volada. A vos te llevaré a China puso el auto en marcha preparando los motores, despegando, listo, ya. Yo quiero un cucurucho bañado se anotó Camilo. De cocholate agregó Tobi. El corazón de Francisco dio un vuelco. Papi, te equivocaste comentó Luciana un par de cuadras después con esta remera hace conjunto el pantalón de cuadritos. Horacio tenía razón, las nenas no existían. Desde la cuna, mujeres en miniatura.

Abrió la puerta y los chicos entraron, empujándose. La luz del atardecer se colaba por las ventanas. Se encontró mirando su casa, palpándola como si no la conociera. Había elegido cada mueble, cada adorno, cada almohadón, cada color como si de su acierto dependiera la felicidad de la familia. Desde el jardín llegaron los ladridos de Pepe. No faltaba  nada, casi un estereotipo.  Levantó del piso la campera de Camilo y miró el contestador. Titilaba. Señor, mi mamá está mejor, no se preocupe que mañana a las siete estoy por allí. Francisco, habla Horacio, hace días que intento comunicarme, ¿qué te pasa que andás tan perdido? Nunca los encuentro, ¿por dónde andan picarones?; los quiero y los extraño mucho; llámenme. Yo disco declaró la nena tirando la mochila y precipitándose sobre el tubo ya me sé el número. Francisco fue al dormitorio a sacarse los zapatos. Luciana, desde abajo, lo reclamó ¿dónde te metiste?, mamá quiere hablar con vos. Bajó la escalera descalzo, no tenía más remedio que atender. Hola, mi amor, ¿cómo estás? inició la conversación.  Al rato decía quedate tranquila  nos arreglamos lo más bien pero sobre el pucho consideró necesario agregar ojo que igual nos hacés falta. Cortó y se sentó en el sofá, transpiraba. Después nos decís a nosotros lo retó la nena señalándole los pies ¡este papá! Luego de unos instantes apareció Tobi ofreciéndole las pantuflas en silencio. Él lo alzó, y mientras le mordía la panza y lo tiraba por el aire, pensó que tendría que llamarlo a Horacio. Pero qué contarle. Sí que hacía falta que Valeria volviera. Antes de que fuera demasiado tarde. Las carcajadas de Tobi.

Se acostó, extenuado. Sin embargo, los ojos cerrados le devolvieron la imagen de Tobi parado en la vereda, el helado chorreándole. La situación se le estaba escapando de las manos. Había sido una ingenuidad pensar que el regreso de los chicos iba a darle fuerzas para alejarse de ella. Como no quería seguir pensando encendió la luz y buscó la novela que dormía en su mesa de luz. Para acomodarse mejor, agarró el almohadón de Valeria y se lo colocó bajo la nuca. Evidentemente el olfato se le había exacerbado porque reconoció el olor de su mujer. Fresco, liviano, natural, tan distinto del de Claudia. Opuestas y complementarias. Bien le vendría a cada una, una pizca de la otra. Después de un par de páginas que no atravesaron su epidermis, apagó la luz. Y aunque para dormir le resultaba un poco molesto, retuvo el almohadón. Su aroma se la entregó. Serena, ecuánime, mano de hierro con suavidad de gato. Antídoto de las pesadillas, bálsamo del dolor de muelas, paño frío para cualquier desesperación. No podría haber elegido mejor madre para sus hijos. La añoró. Cerró los ojos y hundió la nariz en el almohadón.


miércoles, 1 de junio de 2016

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Estoy debajo de la cama de mamá y esta es mi trinchera tengo la escopeta y traje la cantimplora por si me agarra sed desde aquí veo los pies de los enemigos cuando pasan les tiro y si acierto caen y como puse el silenciador no me escuchan se acercan unos zapatos negros de hombre y unas sandalias de mujer y cierran la puerta y las sandalias se acuestan justo arriba mío y los zapatos se sientan a su lado y le dicen querida no te preocupes  ya se le va a pasar pero las sandalias contestan vos no lo conocés cuando se enoja es tremendo y la puerta se abre de golpe y se acercan zapatillas pampero azules gritando te dije que te fueras de esta casa. Mamá se para primero y Germán se para después y dice no te parece que sos demasiado chico para darme órdenes pero Guillermo le responde casi tan chico como vos y mamá ordena basta Guillermo y él dice claro en lugar de defender a tu hijo defendés a tu amante entonces mamá ruega por favor y Germán dice no hagas sufrir a tu madre pero Guillermo le responde ella es la única que nos hace sufrir a todos y Germán lo reta no le faltes el respeto y Guillermo grita de qué respeto me hablás y me parece que se le tira encima porque escucho el forcejeo y creo que le está pegando porque yo conozco la respiración de Guillermo cuando pega entonces Germán lo amenaza no me provoqués porque voy a terminar trompeándote y mamá sigue gritando por favor por favor y ahora se acercan unos mocasines marrones y es Alicia que grita están todos locos y los ruidos paran de golpe y Alicia dice tranquilizáte Guillermo así no lo vamos a resolver y se ve que lo agarra porque esos dos pares de pies se separan del resto entonces mamá dice gracias a Dios pero Alicia le aclara esto no va a terminar acá y escucho el portazo y mamá se tira sobre la cama y llora a los gritos por qué no lo pueden aceptar y él le dice tené paciencia es cuestión de tiempo y se sienta a su lado y yo no sé qué hacer para salir de acá si se agachan y me descubren estoy perdido y tiemblo y sudo y me pica todo y tengo miedo de estornudar. Jugar a la guerra es muy peligroso.


Estaban terminando de cenar cuando el teléfono de Francisco sonó. Él se levantó a atender ¿cómo llegaron los chicos? Después te llamo dijo él, tajante. Volvió a la mesa perturbado. ¿Quién era? preguntó Luciana. Una clienta contestó él. ¿A esta hora?  Él se inquietó creo que mi Lulú es demasiado pequeña para meterse en mi trabajo. La nena exclamó orgullosa ¡tengo nueve! Sí, ya lo sé, pero me parece que hay cosas para las que son muy pocos. El comentario de su hija lo dejó de una pieza y a mí me parece que no me querés contar quién te llamó.  Levantaron la mesa entre todos. Los chicos estaban comiendo los helados de palito cuando Luciana inquirió y vos, papi, ¿qué hiciste? Qué les parece si la llamamos a mamá intentó él distraerla. ¡Sí! exclamó Camilo así estamos de nuevo los cinco juntos. ¡Yo disco! se le adelantó Luciana. ¡Mamá! dijo Tobi y amenazó con un puchero. Francisco lo alzó y lo abrazó fuerte. Con el tubo en la oreja Luciana preguntó ¿cómo se llamaba esa clienta?