miércoles, 29 de junio de 2016

75

Salió como todas las mañanas rumbo al colegio pero cuando estaba poniendo el auto en marcha, se arrepintió. Se bajó, desanduvo sus pasos y volvió a poner la llave en la cerradura.  Valeria gritó desde la puerta llevo a los chicos y vuelvo, andá vistiéndote, te invito a desayunar. Delante de los tés con leche Francisco comenzó a contarle lo que había sido su infancia. No es muy diferente de lo que yo imaginaba fue el comentario de Valeria. Él le pidió que se explicara y ella agregó no me refiero a los vínculos de tus padres, allá ellos, sino al rol que siempre jugaste en tu familia, tu mamá te llevó de las narices hasta el día en que se murió. Él intentó justificarla pero Valeria lo interrumpió sabés que yo la apreciaba mucho  pero convengamos que era una mujer difícil,  no en vano el distanciamiento de tus hermanos. Él, satisfecho de que la conversación cursara lejos del tema en cuestión, dijo no la juzgues tan duramente, todavía no te comenté lo que me contó Delia; parece que cuando papá la dejó, mamá quedó más muerta que viva, analicemos todo su accionar desde esa desesperación, ¿te imaginás lo que debe haber sentido al saberse traicionada por el hombre que fue el amor de su vida? y  en cuanto terminó de decirlo Francisco supo que se había equivocado.  No me parece una pregunta oportuna, puedo imaginarme exactamente lo que debe haber sentido, debe haber sido muy parecido a lo que estoy sintiendo yo. Francisco le agarró las manos  no seas tonta, yo estoy a tu lado, siempre estaré a tu lado. Valeria lo miró con dureza Francisco, esto no es gratis, podremos seguir estando juntos pero algo se rompió se llevó instintivamente las manos al pecho yo creí que habíamos construido una pareja perfecta y ya ves que no, sabés como luché para que nuestra familia funcionara como un reloj de precisión, sé que he sido muy estricta con los chicos, Carolina siempre me dice que parecen manzanas lustradas, tal vez también fui muy rígida con vos; siento ahora que no me sirvió de mucho guardar cada prenda de ropa en una bolsa de nylon, cambiarles todos los días el delantal ni elaborar cada semana una dieta distinta perfectamente balanceada; a lo mejor gasté tanta energía en esa sarta de pavadas que no me di cuenta de que mi marido estaba precisando otra cosa. Él quiso frenarla vos no tenés nada que ver pero ella no lo permitió mi mundo se derrumbó como un castillo de naipes al que soplaron con demasiada fuerza, debe ser el castigo a mi soberbia, a pensar que no había familia mejor que la mía, que no había madre que supiera cubrir las necesidades de sus hijos como yo. Él necesito intervenir Valeria, los chicos te adoran. ¡Pero vos no! la voz de ella fue casi un grito. Te quiero como siempre, nada cambió. La cara de Valeria estaba descompuesta ¿no te das cuenta de que todo cambió? ¿Qué puedo hacer para demostrarte lo contrario? Ella cerró los ojos nada de lo que hagas o digas en este momento podrá devolverme la paz.  ¿No valorás que te haya dicho la verdad?  Ella, ahora, lo miró con fijeza, con insoportable intensidad creo que lo hiciste más pensando en vos que en mí, una manera de tranquilizar tu conciencia, tu presunta sinceridad quizás no fue más que un acto egoísta. Él está desconcertado ¿hubieras preferido que te lo ocultara? Ella fue rápida al menos en este momento no me estaría desgajando. Él intentó te pido que me des una oportunidad de demostrarte que esto es solo un mal momento. Ella reflexionó unos instantes y declaró tengo las manos atadas por las seis de los chicos.

Entró al estudió. Un bloque de mármol  aplastándole la cabeza. ¿Cómo llegó su mujer? le preguntó Marcela.  Bien, por suerte todo bien. Francisco se recluyó en su oficina, cerró la puerta y se dejó caer en el sillón. Marcela le había elaborado una lista de tareas pendientes. Le echó una ojeada. No tenía ganas de hacer nada. O sí. Pero lo que tenía ganas de hacer, necesidad, no podía ser hecho. Por distraerse, agarró el teléfono y buscó su agenda.  Le agradeció a Delia la charla del otro día y le preguntó cuándo podía regresar. Mirá, Francisco, no he parado de soñar con tu madre y en todos los sueños está enojadísima conmigo; es un claro pedido de que no te siga contando; por supuesto que podés venir a visitarme, sabés lo que te quiero, pero de recuerdos, nada. Colgó decepcionado. Pero quizás era mejor así. Tenía demasiados problemas propios como para hacerse cargo de las angustias de su madre. Pidió un té. Empezaría con la pileta para Rivarola. Estaba por fin concentrado en su trabajo cuando Marcela le pasó una llamada.  Necesito hablar con vos, es por el departamento de mamá. Chocante escuchar esa palabra saliendo de los labios de su hermano. Francisco lo invitó a cenar. Excelente, hace mucho que no veo a los chicos. Cuando le comunicó a Valeria los planes para la noche se fastidió. Si preferís me encuentro a solas con él ofreció Francisco. De ninguna manera, quería que cenáramos los cinco juntos; pero una vez que tu hermano se digna aparecer En cualquier otra oportunidad hubiese podido ser el inicio de una discusión, sin embargo, tal como pintaba el panorama, Francisco decidió hacer oídos sordos a la provocación. La presencia de Guillermo lo aliviaba. Le daba miedo estar a solas con Valeria.


Guillermo llegó cargado de cosas absurdas: una víbora disecada, un cortaplumas, un huevo de avestruz. Esas que siempre provocaban la euforia de los chicos y el mal humor de Valeria, sobre todo cuando lo que llevaba entre manos respiraba. Aunque lo veían poco y nada, siempre era motivo de jolgorio la visita de ese tío que contaba anécdotas que los dejaban con la boca abierta. A pesar de que Guillermo no tenía hijos, poseía la capacidad innata de relacionarse con los niños. Esa noche los regalos provocaron un escándalo. Cuando Guillermo los depositó sobre la mesa, Luciana de un zarpazo se hizo del cortaplumas. Camilo, indignado, lo reclamó, alegando esto es para hombres. La nena, pese a su encendido discurso feminista perdió la partida cuando Guillermo dictaminó Camilo tiene razón, lo que le valió el rencor de su sobrina que logró revertir sacando, como por arte de magia, un collar hecho por los indios de su morral. Después de que los chicos, a regañadientes, se fueron a dormir, mañana doy un seminario a las ocho pretextó Valeria, les sirvió un café y los dejó a solas. Tengo serios problemas financieros, necesito que, cuanto antes, vendamos el departamento. Francisco le contó que hacía unas semanas había empezado a vaciarlo pero luego tuve una serie de complicaciones y dejé todo a medio hacer. Guillermo comentó que en el velorio se le había acercado un vecino, que fue amigo de papá; tiene una inmobiliaria en la zona, me dio una tarjeta; si Alicia y vos me dan el visto bueno lo llamaré. Francisco manifestó su acuerdo y ofreció si necesitás dinero urgente, algo te puedo prestar a lo que su hermano respondió lo tendré en cuenta. Luego se hizo un molesto silencio. Estaban en las antípodas, ¿de qué iban a hablar?, ¿del entrenamiento de Camilo?, ¿del trabajo en el estudio?, ¿de la infidelidad? Soltero empedernido, viviendo de negocios que nunca se supo cuáles eran, siempre viajando, cazando, navegando. Una suerte de play boy criollo con quien jamás había compartido mucho más que la cena de Navidad. Pese a todo, Francisco decidió intentarlo estuve pensando mucho en nuestra niñez y hay cosas que no me cierran. Guillermo fue punzante ya te dije que no tengo ninguna intención de recordar ni uno solo de los años que compartí con mamá. Francisco insistió ¿por qué tanto rencor? Guillermo hizo ademán de levantarse. No, quedáte, en realidad te quería preguntar sobre papá, ¿tenés idea de por qué se separó de Laura? Guillermo se distendió vaya uno a saber, papá no se caracterizaba por dar explicaciones sobre su vida sentimental; yo recién me enteré cuando volví de mi primer viaje a Europa; y a vos ¿qué bicho te picó? Francisco decidió sincerarse desde que murió mamá vivo mirando hacia atrás. El  rostro de Guillermo se endureció de nuevo no te lo recomiendo y conmigo no cuentes para servirte de guía; si hay algo que quisiera es poder olvidar Guillermo se levantó ahora sí que me voy. Francisco lo acompañó hasta la puerta. En cuanto sepa algo de la inmobiliaria te aviso Guillermo le puso una mano fuerte en el hombro despedíme de Valeria y decíle que la lasaña estaba maravillosa. Francisco mantuvo la puerta abierta hasta que su hermano se acercó al auto. Antes de subir Guillermo agregó  mamá me destruyó y desapareció a toda velocidad. Francisco se quedó un rato en  el marco de la puerta, mirando el vacío, y después entró.

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