Está en el auto, estacionado frente a la
escuela. Se reclina sobre el asiento. El bullicio de los chicos lo amodorra.
Suena la campana. Se abren las puertas. Las filas se desgajan. La calle se
cubre de delantales blancos. El griterío aturde. Camilo abre la puerta de
atrás. El ruido de la mochila contra el tapizado. Se acerca Luciana saltando en
un pie y sube al auto canturreando. Cierra la puerta. Francisco, agarrado al
volante, no arranca.
Veo a Guillermo en la esquina. Parece un hombre.
Me acerco sorprendido. Él me toma del hombro y me dice vine a buscarte. A
buscarme para qué le pregunto. Para que vengas a vivir con nosotros contesta para
que estemos de nuevo juntos los tres. Nos quedamos parados frente a frente. Qué
raro Guillermo me está diciendo que quiere que viva con él. Entonces él
comienza a caminar y yo lo sigo en silencio hasta la otra esquina. Ahí me paro
porque para ir hasta casa tengo que cruzar y para ir a lo de los abuelos doblar.
Me paro y pienso en Alicia en los abuelos en papá y siento en el cuerpo como un
aire que me eleva. Venís me pregunta Guillermo y yo hago que sí con la cabeza. Entonces
me dice vamos campeón y tiende la mano para tomar mi portafolios. Yo se lo
entrego pero cuando estamos doblando justo me acuerdo de los lápices. Entonces
cruzo corriendo sin mirar para atrás. Porque mamá me espera.
Le está contestando que sí, que Carmen ya llevó
a Tobi a vacunar cuando Valeria, de buenas a primera, le pregunta ¿cómo anda
tu terapia?, hace mucho que no me contás. A Francisco le toma más segundos de lo conveniente contestarle avanzando.
Valeria busca precisiones. Me acordé de una punta de cosas resume él
cuando vuelvas te haré un informe detallado y sabrás por fin con quién te
has casado. Ella ríe. Él no. ¿Seguís yendo dos veces por semana? Él
calcula qué le conviene contestar y luego dice sí ¿Cuándo? La cabeza de
Francisco bulle tratando de buscar horarios compatibles martes y jueves a
las nueve dice al cabo. ¿Y el café con Horacio? Valeria es una
computadora. Él se da cuenta de que cometió un error, hace tanto que lo obvia
que olvidó el rutinario encuentro con su
amigo lo vamos cambiando dice. Ayer hablé con Adriana informa
Valeria y Francisco se alarma aun más renunció al trabajo, ¿viste? Francisco
no puede confesarle que no vio nada, que
hace semanas que le perdió el rumbo a su amigo, entonces dice Tobi me
llama desde el baño y segundos después consigue cortar. Se tira en el
sillón, levanta los brazos y apoya la nuca en el hueco de las manos. Se queda
mirando el vacío mientras se regula el ritmo de su corazón.
Lo puedo invitar a Enrique que le quiero
mostrar mis útiles nuevos le pregunto a mamá y ella me dice claro hace mucho
que no viene entonces levanto el tubo y disco y atiende Enrique y cuando lo invito él enseguida dice no puedo y
yo le pregunto por qué y él me explica bajito mi mamá no me deja entonces le
pregunto puedo ir y espero y al rato vuelve y me dice no podés por qué pregunto
y justo mamá me avisa desde la puerta
voy a la panadería a comprar los pastelitos que le gustan a Enrique y yo le
digo dejá no viene y ahora es mamá la que pregunta por qué y yo contesto le
duele la cabeza mientras tapo el tubo del teléfono.
.
Se levantó, se dio una ducha, se afeitó, llevó
los chicos al colegio y, desayuno previo en el bar de siempre, se dirigió al
estudio. Montones de problemas esperándolo: planos, presupuestos, contratistas.
Pese a todo, al mediodía llamó a Alicia quien, para sorpresa de Francisco,
aceptó de inmediato la propuesta de almorzar juntos. Luego de charlar sobre
respectivos hijos y clientes se produjo un silencio pesado. Él inspiró
profundamente y empezando con un te quiero contar algo logró blanquear
amnesia y terapia. Alicia era la imagen misma del desconcierto. Francisco le
comentó recuperé muchos recuerdos pero hay huecos que no sé cómo llenar y
ante su hermana que lo miraba sorprendida, en absoluto silencio, inquirió ¿qué
pasó con Laura y con Germán?, Alicia durante unos segundos hizo bolitas con
la miga de pan hasta que dijo ya te aclaré que no quiero revolver el pasado.
Él hizo suyas las palabras de Claudia ahora no estamos hablando de tus
deseos sino de mis necesidades; creo que muy pocas veces en la vida te pedí
algo, ¿o me equivoco? Eternidades después Alicia dijo papá se separó de
Laura luego de varios años de convivencia aunque jamás supe los motivos, con
ella casi no tuve relación; él volvió a vivir con nosotros; con respecto a mamá
no tengo la menor idea, en esa época yo no la veía, vos jamás contabas nada y
papá, si sabía algo, nunca me lo transmitió; cuando, años después, por presión
de Antonio y pensando en mis hijos, reanudé la relación con mamá, le deje claro
que no quería ningún tipo de confidencias de su parte. Francisco,
estupefacto ante la verborragia de Alicia decidió aprovecharla ¿Guillermo
sabrá algo? Ella cabeceó y luego sugirió hablá con Delia, en el velorio
la vi muy lúcida, en casa tengo el teléfono. Francisco, desconociéndose, le
tomó la mano gracias. Alicia con una sonrisa tímida preguntó ¿gracias
por qué? Por todo lo que me diste su hermana lo miraba confusa sin vos
no hubiera sido lo que soy. Ella, rearmándose, se deshizo del contacto mejor
lo dejamos aquí, odio las escenas de teleteatro. Francisco reclamó de
nuevo estás reparando en tus deseos y no en mis necesidades. Alicia se
justificó siempre fui así y ya estoy demasiado vieja para cambiar. Él no
aceptó sus límites y le confesó te quiero como sos, tapáte los oídos si te
molesta escucharme; te quiero y te agradezco que te hayas ocupado de mí, a
veces bien y otras mal, siempre presente. Alicia retomó las miguitas y al
cabo de un rato agregó te voy a decir algo que, viniendo de mí, espero
puedas valorarlo en su justa medida; fuiste durante años de mi vida la persona
a quien más quise, y conste que, si no permaneciste a mi lado, fue contra mi
voluntad. Francisco recordó el portafolios en la mano de Guillermo y le
preguntó ¿es un reproche? Alicia, agarrando la cartera, dictaminó demasiado
por hoy. Él, obediente, llamó al mozo.
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