PRETÉRITO IMPERFECTO
El fin de semana fue un infierno. Cuerpo y alma
rugiendo por Claudia. Mil veces se acercó al teléfono y mil se alejó. Todo
cuanto hiciera solo serviría para alargar la agonía. Luciana, siempre empática, le preguntó varias
veces papi, ¿te pasa algo? Él intenta pensar que pronto estarán los
cinco juntos. Como los dedos de una mano.
El lunes a la mañana fue a encargar las flores.
Dos docenas de rosas rojas. Bienvenida.
Salió de la florería y luego volvió a entrar. Encargó otro ramo idéntico
y lo envió sin tarjeta.
Hizo faltar los chicos a la escuela y allí se
fueron, los cuatro, rumbo a Ezeiza. El auto un revuelo de risas y canciones.
Estaban felices, sus hijos estaban felices. La aparición de los primeros
pasajeros le provocó una descarga de adrenalina. Qué sentiría al verla. Un lustro más que un mes. Cuando los
chicos ya estaban insoportables y él los había retado más de la cuenta,
apareció. Detrás de un carrito cargado de peluches. Espléndida. Nuevo corte de
pelo, pantalón ceñido, un par de kilos que le hacían falta, tan iluminada de
alegría que algo adentro de Francisco se derritió. Los chicos corrieron y se
colgaron de ella. Valeria alzó a Tobi que, cerrando los ojos, se aferró a su
cuello como un monito. Había algo tan indestructible en ese cuarteto que
Francisco percibió que, pese a todo el amor que sentía por sus hijos, si
alguien tenía que quedar fuera ese sería él. Valeria lo miró. Bajó a Tobi, y se
zambulló en Francisco. Él la
apretó fuerte. A lo mejor nada cambió.
Tobi se abrazó a las piernas de ambos.
El viaje de regreso fue una pelea por
monopolizar la atención de la madre. Todos hablando a la vez, contando y
preguntando. Llegaron, cenaron, y, después,
los regalos. Peluches, sábanas de Disney, medias con pompones; para
Francisco, la ansiada video cámara. Exclamaciones, abrazos, risas. Una lucha
lograr que se acostaran en las camas llenas de regalos. Valeria inició el
recorrido por cada cuarto. Francisco se fue a duchar porque supo que él estaba
de más, certeza que le provocó insoslayables celos. Durante un mes había sido
el único depositario del cariño de sus hijos, había llegado el momento de
ocupar de nuevo el segundo lugar que le correspondía. Madre hay una sola.
Finalmente, Valeria, rendida, se derrumbó de espaldas sobre la cama. Francisco
trabó la puerta y se dirigió hacia ella, tirando al piso la toalla que lo
cubría. Alzado. Dejáme que me dé una ducha, estoy toda transpirada pidió
Valeria sonriendo. Ni te lo sueñes,
así me gustás más. Francisco le fue sacando la ropa entre besos y cuando
terminó con la última prenda, se apartó. Necesitaba contemplarla. Una mujer en
el punto exacto de maduración. La piel caliente y suave, el cabello sedoso, los
pechos plenos, la cintura estrecha, el vientre liso a pesar de los tres hijos.
Allí estaba. Desnuda, húmeda, esperándolo. Le recorrió el cuerpo con la boca de
la cabeza a los pies. Cuando, respondiendo a los reclamos de Valeria, entró en
ella, fue como después de recorrer el desierto llegar al hogar. Se fundieron
entre gemidos. Valeria se acurrucó en su pecho, en silencio, mientras él le
acariciaba el cabello. Luego de un largo rato ella se apartó. Se incorporó
sosteniéndose con el codo y lo miró ¿estuviste con otra mujer? Francisco
sintió un golpe en la nuca ¿a qué viene eso? Ella fue concreta hacés
distinto el amor y él incapaz de reaccionar solo pudo decir Valeria, por
favor. Ella se aferró a su pregunta ¿estuviste con otra mujer? Él
supo que la partida estaba perdida y no respondió. Ella no dio respiro ¿la
querés? y como él no pudo contestarle ella arremetió ¿más que a
mí? y él admiró su valentía sos mi vida, sos la compañera de mi vida,
¿cómo podría quererla más que a vos? Tenía un mal presentimiento, por eso
volví. Intentó abrazarla
pero ella se resistió y parodiando a Claudia preguntó ¿qué pensás hacer? Él
reconfirmó su decisión, qué otra cosa ya se terminó, sé que hice mal, la conciencia
me tuvo a los tumbos pero te aseguro que ya se terminó. Ella es inclemente pero
la querés. Valeria, el día en que nació Camilo juré que mi familia sería
indestructible; y si me hice ese juramento sin recordar mi pasado, ahora,
conociéndolo, me lo prometo aún con más fuerza. Ella lo interrumpe me
desesperaba estar a la distancia mientras atravesabas tamaño remolino interior.
Él la ve más aplacada y se alivia ya te lo iré contando con calma,
tenemos toda la vida por delante. Ella es un estilete ¿tan seguro estás?
No te pido perdón porque sé que no lo merezco, pero sí te pido apoyo,
ayudáme a que esta familia siga siendo lo que fue. Ella es inexorable ¿viajaste
a Mar del Plata con ella? Él no sabe cómo detenerla Valeria, por favor,
esto no nos sirve a ninguno de los dos. Ella se toma unos segundos antes de
preguntar ¿y si decido no perdonarte? Él se aterra estarías
cometiendo el mayor de los errores, por mí, por vos pero, sobre todo, por esas
tres cabecitas que están durmiendo felices, ya me equivoqué yo, no dupliques mi
error. Intenta abrazarla nuevamente y ella lo habilita. Las lágrimas
empiezan a deslizarse silenciosas por las mejillas de Valeria. A él se le parte
el corazón.
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