lunes, 27 de junio de 2016

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PRETÉRITO IMPERFECTO


El fin de semana fue un infierno. Cuerpo y alma rugiendo por Claudia. Mil veces se acercó al teléfono y mil se alejó. Todo cuanto hiciera solo serviría para alargar la agonía.  Luciana, siempre empática, le preguntó varias veces papi, ¿te pasa algo? Él intenta pensar que pronto estarán los cinco juntos. Como los dedos de una mano.

El lunes a la mañana fue a encargar las flores. Dos docenas de rosas rojas. Bienvenida.  Salió de la florería y luego volvió a entrar. Encargó otro ramo idéntico y lo envió sin tarjeta.

Hizo faltar los chicos a la escuela y allí se fueron, los cuatro, rumbo a Ezeiza. El auto un revuelo de risas y canciones. Estaban felices, sus hijos estaban felices. La aparición de los primeros pasajeros le provocó una descarga de adrenalina. Qué sentiría al verla. Un lustro más que un mes. Cuando los chicos ya estaban insoportables y él los había retado más de la cuenta, apareció. Detrás de un carrito cargado de peluches. Espléndida. Nuevo corte de pelo, pantalón ceñido, un par de kilos que le hacían falta, tan iluminada de alegría que algo adentro de Francisco se derritió. Los chicos corrieron y se colgaron de ella. Valeria alzó a Tobi que, cerrando los ojos, se aferró a su cuello como un monito. Había algo tan indestructible en ese cuarteto que Francisco percibió que, pese a todo el amor que sentía por sus hijos, si alguien tenía que quedar fuera ese sería él. Valeria lo miró. Bajó a Tobi, y se zambulló en Francisco. Él la apretó fuerte. A lo mejor nada cambió. Tobi se abrazó a las piernas de ambos.

El viaje de regreso fue una pelea por monopolizar la atención de la madre. Todos hablando a la vez, contando y preguntando. Llegaron, cenaron, y, después,  los regalos. Peluches, sábanas de Disney, medias con pompones; para Francisco, la ansiada video cámara. Exclamaciones, abrazos, risas. Una lucha lograr que se acostaran en las camas llenas de regalos. Valeria inició el recorrido por cada cuarto. Francisco se fue a duchar porque supo que él estaba de más, certeza que le provocó insoslayables celos. Durante un mes había sido el único depositario del cariño de sus hijos, había llegado el momento de ocupar de nuevo el segundo lugar que le correspondía. Madre hay una sola. Finalmente, Valeria, rendida, se derrumbó de espaldas sobre la cama. Francisco trabó la puerta y se dirigió hacia ella, tirando al piso la toalla que lo cubría. Alzado. Dejáme que me dé una ducha, estoy toda transpirada pidió Valeria sonriendo.  Ni te lo sueñes, así me gustás más. Francisco le fue sacando la ropa entre besos y cuando terminó con la última prenda, se apartó. Necesitaba contemplarla. Una mujer en el punto exacto de maduración. La piel caliente y suave, el cabello sedoso, los pechos plenos, la cintura estrecha, el vientre liso a pesar de los tres hijos. Allí estaba. Desnuda, húmeda, esperándolo. Le recorrió el cuerpo con la boca de la cabeza a los pies. Cuando, respondiendo a los reclamos de Valeria, entró en ella, fue como después de recorrer el desierto llegar al hogar. Se fundieron entre gemidos. Valeria se acurrucó en su pecho, en silencio, mientras él le acariciaba el cabello. Luego de un largo rato ella se apartó. Se incorporó sosteniéndose con el codo y lo miró ¿estuviste con otra mujer? Francisco sintió un golpe en la nuca ¿a qué viene eso? Ella fue concreta hacés distinto el amor y él incapaz de reaccionar solo pudo decir Valeria, por favor. Ella se aferró a su pregunta ¿estuviste con otra mujer? Él supo que la partida estaba perdida y no respondió. Ella no dio respiro ¿la querés? y como él no pudo contestarle ella arremetió ¿más que a mí? y él admiró su valentía sos mi vida, sos la compañera de mi vida, ¿cómo podría quererla más que a vos? Tenía un mal presentimiento, por eso volví. Intentó abrazarla pero ella se resistió y parodiando a Claudia preguntó ¿qué pensás hacer? Él reconfirmó su decisión, qué otra cosa ya se terminó, sé que hice mal, la conciencia me tuvo a los tumbos pero te aseguro que ya se terminó. Ella es inclemente pero la querés. Valeria, el día en que nació Camilo juré que mi familia sería indestructible; y si me hice ese juramento sin recordar mi pasado, ahora, conociéndolo, me lo prometo aún con más fuerza. Ella lo interrumpe me desesperaba estar a la distancia mientras atravesabas tamaño remolino interior. Él la ve más aplacada y se alivia ya te lo iré contando con calma, tenemos toda la vida por delante. Ella es un estilete ¿tan seguro estás? No te pido perdón porque sé que no lo merezco, pero sí te pido apoyo, ayudáme a que esta familia siga siendo lo que fue. Ella es inexorable ¿viajaste a Mar del Plata con ella? Él no sabe cómo detenerla Valeria, por favor, esto no nos sirve a ninguno de los dos. Ella se toma unos segundos antes de preguntar ¿y si decido no perdonarte? Él se aterra estarías cometiendo el mayor de los errores, por mí, por vos pero, sobre todo, por esas tres cabecitas que están durmiendo felices, ya me equivoqué yo, no dupliques mi error. Intenta abrazarla nuevamente y ella lo habilita. Las lágrimas empiezan a deslizarse silenciosas por las mejillas de Valeria. A él se le parte el corazón.

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