viernes, 17 de junio de 2016

70

Ella se limpia con la servilleta que quedará adornada con su boca y le dice seguís siendo Paquito, igual de sensible, igual de inteligente, igual de estricto con vos mismo. Él siente un pellizco no sos la más indicada para afirmar esto último. Ella es terminante sí, Francisco, igual de estricto; y me parece que llegó el momento de que, por una vez en la vida, pongas tus necesidades en primer lugar. Francisco sabe que sus necesidades en sí mismas son contradictorias. Ya no duda de su amor por Claudia y, por otro lado, más allá de Valeria, que no tiene muy claro en ese instante qué es lo que le está pasando con ella, no concibe vivir sin sus hijos. Los cinco somos como los dedos de una mano pensó. Claudia, en silencio, lo mira y está tan hermosa que él se encuentra diciendo me desespera pensar que todo esto va a tener que terminar. Ella suena agresiva al sentenciar solo depende de vos.

Los milagros existían. Sus hijos en lo de Carolina, Rocío en un piyama party, Francisco se dirige a lo de Claudia. Noche en la ciudad, sábado.

Ella duerme a su lado. Cinco palabras quebrando la historia. Porque esa no es su cama ni ella es su mujer. Sin embargo, él es él. Un él en que no se reconoce pero que evidentemente también es. Claudia suspira. La mañana se insinúa a través de la ventana abierta. Él se sienta en la cama. Ella, todavía dormida, percibe su movimiento y se reacomoda, acercándose. Él la mira. Es morena, Valeria rubia; es menuda, Valeria alta; es sinuosa, Valeria muy delgada; es extrovertida, Valeria reservada. Lindas las dos, inteligentes. Ama a las dos. Las necesita. Claudia abre los ojos. Él la abraza y sabe que no debe pero se le escapa. Te quiero. ¿Te cuento lo que siento yo? replica ella. Pero él le cierra la boca con un beso. Necesita no saberlo. Ella está tibia, desnuda y húmeda. Preparada. Entonces él, sin preámbulos, la penetra.


 Mamá me pone el trajecito celeste y los zapatos blancos recién pintados y me peina con gomina sos mi hombrecito dice no te vayas a hacer pis yo le rodeo el cuello con las manos y justo entra papá y dice adiós querida y me agarra en brazos huele a hombre papá. Salimos a la calle y subimos a un auto yo voy parado en el asiento mirando por la ventanilla de atrás y papá me sostiene. Entramos a un lugar y me sientan y me dan juguetes porque quieren que me ría mirá acá me dicen y me sacan fotos solo con un teléfono con una pelota con papá. Cuando salimos hay mucho sol y papá me para en el piso y yo camino de su mano pero enseguida vuelve a alzarme y camina muy rápido. Entramos a otro lugar y papá pide una silla alta y me sienta a su lado y me traen un jugo de naranja con pajita  y a papá un café pero no lo toma porque mira todo el tiempo por la ventana hasta que de pronto se para porque se acerca una mujer y él la besa y el jugo se vuelca y chorrea por el trajecito celeste y la mujer me limpia con la servilleta pero no está enojada porque sonríe este es Francisco dice papá y ella dice qué lindo bebé y me acaricia la cabeza y papá le dice no llores querida mientras el  jugo gotea en el piso entonces ella dice mejor me voy y se da vuelta y empieza a caminar rápido y papá  la sigue hasta la puerta y a mí me da miedo y me paro en la silla y lo llamo y lloro hasta que papá vuelve y pone un billete sobre la mesa y me alza y nos vamos y nos subimos a otro auto. Cuando llegamos a casa mamá me alza y dice te manchaste todo pero papá me defiende no lo retes querida se portó como un señor. Entonces me hago pis. Encima del vestido de mamá.

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