Ella se limpia con la servilleta que quedará
adornada con su boca y le dice seguís siendo Paquito, igual de sensible,
igual de inteligente, igual de estricto con vos mismo. Él siente un
pellizco no sos la más indicada para afirmar esto último. Ella es
terminante sí, Francisco, igual de estricto; y me parece que llegó el
momento de que, por una vez en la vida, pongas tus necesidades en primer lugar.
Francisco sabe que sus necesidades en sí mismas son contradictorias. Ya no
duda de su amor por Claudia y, por otro lado, más allá de Valeria, que no tiene
muy claro en ese instante qué es lo que le está pasando con ella, no concibe vivir sin sus hijos. Los
cinco somos como los dedos de una mano pensó. Claudia, en silencio, lo mira y está tan hermosa
que él se encuentra diciendo me desespera pensar que todo esto va a tener
que terminar. Ella suena agresiva al sentenciar solo depende de vos.
Los milagros existían. Sus hijos en lo de
Carolina, Rocío en un piyama party,
Francisco se dirige a lo de Claudia. Noche en la ciudad, sábado.
Ella duerme a su lado. Cinco palabras quebrando
la historia. Porque esa no es su cama ni ella es su mujer. Sin embargo, él es
él. Un él en que no se reconoce pero que evidentemente también es. Claudia
suspira. La mañana se insinúa a través de la ventana abierta. Él se sienta en
la cama. Ella, todavía dormida, percibe su movimiento y se reacomoda,
acercándose. Él la mira. Es morena, Valeria rubia; es menuda, Valeria alta; es
sinuosa, Valeria muy delgada; es extrovertida, Valeria reservada. Lindas las
dos, inteligentes. Ama a las dos. Las necesita. Claudia abre los ojos. Él la
abraza y sabe que no debe pero se le escapa. Te quiero. ¿Te cuento lo que siento yo? replica
ella. Pero él le cierra la boca con un beso. Necesita no saberlo. Ella está tibia, desnuda y húmeda.
Preparada. Entonces él, sin preámbulos, la penetra.
Mamá
me pone el trajecito celeste y los zapatos blancos recién pintados y me peina
con gomina sos mi hombrecito dice no te vayas a hacer pis yo le rodeo el cuello
con las manos y justo entra papá y dice adiós querida y me agarra en brazos
huele a hombre papá. Salimos a la calle y subimos a un auto yo voy parado en el
asiento mirando por la ventanilla de atrás y papá me sostiene. Entramos a un
lugar y me sientan y me dan juguetes porque quieren que me ría mirá acá me
dicen y me sacan fotos solo con un teléfono con una pelota con papá. Cuando
salimos hay mucho sol y papá me para en el piso y yo camino de su mano pero
enseguida vuelve a alzarme y camina muy rápido. Entramos a otro lugar y papá pide
una silla alta y me sienta a su lado
y me traen un jugo de naranja con pajita
y a papá un café pero no lo toma porque mira todo el tiempo por la
ventana hasta que de pronto se para porque se acerca una mujer y él la besa y
el jugo se vuelca y chorrea por el trajecito celeste y la mujer me limpia con
la servilleta pero no está enojada porque sonríe este es Francisco dice papá y
ella dice qué lindo bebé y me acaricia la cabeza y papá le dice no llores
querida mientras el jugo gotea en el
piso entonces ella dice mejor me voy y se da vuelta y empieza a caminar rápido
y papá la sigue hasta la puerta y a mí
me da miedo y me paro en la silla y lo llamo y lloro hasta que papá vuelve y
pone un billete sobre la mesa y me alza y nos vamos y nos subimos a otro auto.
Cuando llegamos a casa mamá me alza y dice te manchaste todo pero papá me
defiende no lo retes querida se portó como un señor. Entonces me hago pis.
Encima del vestido de mamá.
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