lunes, 6 de junio de 2016

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Mamá está sentada en la mecedora y me llama  yo voy y me paro al lado y ella me dice Germán y yo estamos pensando en casarnos y necesito saber qué opinás vos y como yo me quedo mudo ella agrega mirá Francisco si no estás de acuerdo lo dejaremos para más adelante pero yo creo que también sería bueno para vos está casa está muy vacía desde que se fueron tus hermanos y como yo no le contesto porque  de solo imaginarme que Germán se va a acostar con ella se me revuelve el estómago ella me pregunta qué estás pensando y yo no quiero pero no puedo ser tan egoísta entonces  le digo está bien mamá y me abraza y me dice Francisco sos mi vida. Dice pero ya no es cierto.

 Se sentó en la cama y se restregó los ojos. Con la luz apagada fue hasta el baño. Se tropezó con el camión de Tobi. Maldiciendo, se agarró el pie. Tomó un vaso de agua y orinó. Después se llevó las manos al pecho y se lo masajeó, intentando aliviar la opresión. Recorrió los cuartos de los chicos y volvió a acostarse.

Papá está en el escritorio sentado en su sillón gigante y yo en la silla de enfrente muevo los pies y miro los dibujitos que van haciendo sobre la alfombra hasta que él dice tu madre me ha comentado que piensa casarse y me mira y como yo hago que sí con la cabeza  él sigue desde ahora  cuando necesites dinero me lo vas a pedir a mí entendido pregunta y yo le hago de nuevo que sí  pero no sé cómo voy a hacer para conseguir todos los días las monedas para el colectivo entonces él mete la mano en el bolsillo saca un billete me lo tiende y dice esto es para que vayas teniendo para tus gastos yo lo agarro sin poder creerlo cincuenta pesos nunca tuve cincuenta pesos qué voy a hacer con tanta plata y justo la abuela nos llama a comer y nos paramos y cuando estamos saliendo papá me pone la mano sobre el hombro y me aprieta.

Francisco me dice Alicia cuando terminamos  de comer los buñuelos y el alma se me cae al suelo vení que tenemos que conversar entonces entramos a su cuarto nos sentamos sobre la cama y ella dice estás de acuerdo con que mamá se vuelva a casar y como yo levanto los hombros ella insiste algo tendrás para decir y como yo levanto los hombros de nuevo se enoja ah te parece bien que se case con un muchacho que tiene solo seis años más que yo y como yo digo no sabía que era tan joven  ella sacude la cabeza y dice tan inteligente y a veces tan tonto y yo cruzo los dedos  para que termine pronto pero ella sigue la situación legal de mamá cambió ahora podrías vivir aquí y como yo me quedo callado ella insiste el que decide sos vos y parece como una pesadilla cuando nunca se acaba y al fin contesto a lo mejor podría vivir un mes con ustedes y un mes con ella con ellos me corrige Alicia y menea la cabeza y agrega te tiene agarrado de las orejas y se para y se va y yo me quedo un rato sentado en la cama y después me levanto voy a la cocina y le pregunto a la abuela qué vas a  preparar para la cena papas rellenas me contesta y yo  le ofrezco querés que te las pele bueno dice ella y me prepara el papel de diario y el pelapapas que trajo la tía de estados unidos y yo las pelo todas y después le saco los ojos con la punta como me enseñó la abuela y estoy  pensando en cómo voy a hacer para decirle a mamá que me voy un mes está bien que ahora va a vivir con Germán pero ella todavía llora cuando habla de los chicos cuando un dolor agudo me sacude y veo sangre sobre las papas y gritó ay la abuela se asusta qué te pasó y se lava las manos y se las seca en el delantal y me lleva al baño y mientras me pone agua oxigenada me pregunta te duele y yo le contesto que no y es cierto porque las lágrimas me caen pero el dedo no me duele.

El parloteo de todas las mañanas, esta le resultó insufrible. Cuando los chicos se bajaron del auto, suspiró aliviado. Necesitaba verla ya. Una fuerza incontrolable, irracional, lo obligó cuadra a cuadra a cruzar en amarillo. Un rojo lo detuvo en la esquina del colegio de Rocío. Alcanzó a ver que Claudia arrancaba. Desesperado comenzó a tocar la bocina. Multitud de peatones y automovilistas lo miraron malhumorados pero ella no. Cuando pudo arrancar, el coche de ella había desaparecido. La taquicardia de Francisco era feroz.  Suponiendo que ella se dirigía al consultorio, imaginó su recorrido. Luego de un par de cuadras por fin la alcanzó. Ahora sí su bocinazo le trajo la mirada que esperaba. Otra descarga de adrenalina terminó de empaparlo. Algo estaba definitivamente fuera de control. Instantes después ambos bajaban de los respectivos autos. Él se acercó a paso vivo y la abrazó. Desencajado.


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