Francisco tocó el portero eléctrico. Instantes
después vio que el ascensor se abría. Claudia avanzó por el pasillo, empujó la
puerta y, llenándolo de indicaciones, le entregó bolso y nena. Instantes
después, parado en la esquina esperando un taxi, Francisco tuvo la extraña
sensación de que su juventud había sido arrasada. Tanto que sintió que quien lo
viera lo supondría abuelo de su propia hija. Bajó del taxi sosteniendo a la
nena dormida entre los brazos. Entró a la confitería. Buscó a Valeria y la
encontró en el reservado del fondo. De espaldas, acodada en la mesa, los dedos
entrecruzados amparando la frente. Avanzó, silencioso, y se paró junto a ella.
Le apoyó su única mano libre en el hombro derecho. Ya llegó Azul anunció.
Los dedos de ella resbalaron, descubriendo el rostro. Como en cámara lenta, Valeria fue
girando la cabeza, elevó imperceptiblemente el mentón y por fin, abrió los
ojos.
Novela por entregas. Francisco no recuerda su infancia. Luego de la muerte de su madre inicia un tratamiento con una psicoanalista que conoció en su adolescencia. A medida que va recuperando sus vivencias infantiles se sacude el tablero de su vida. Padres e hijos, amigos y hermanos, esposa y terapeuta. Ninguna pieza resultará indemne.
viernes, 23 de septiembre de 2016
miércoles, 21 de septiembre de 2016
110
Los altoparlantes anunciaron que el micro
estaba demorado. Francisco deambuló por la terminal, tanta su inquietud que le
resultaba insoportable estar sentado. Una hora después de lo previsto vio a
Claudia descender del ómnibus luchando con el bolso y con la nena. Se acercó
para ayudarla e, instantes después se encontró con una beba gorda en brazos,
babeándole el cuello de la camisa. Francisco cayó en la cuenta de que era la
primera vez que alzaba a su hija en un lugar público y en cuanto Claudia
recuperó el cochecito le devolvió la nena con la excusa de cargar el equipaje.
Cuando llegaron al auto, Claudia se acomodó atrás con Azul y fueron
directamente al hospital. Francisco recordó la remota visita a la escuela, en
la que habían jugado a ser una pareja preocupada por el futuro de sus hijos. El
juego convertido en realidad. Dígale a su mujer que pase qué edad tiene su
esposa cuál es el DNI de su hija. Cómo explicarles que su mujer estaba en
su casa, que Valeria pronto cumpliría treinta y ocho, que no había traído el
documento de Luciana. Así como en Rosario, entre cuatro paredes, había podido
actuar con naturalidad, en el hospital se sentía como un extra al que por imprevista enfermedad del actor principal, lo
meten a protagonista sin haberle dado tiempo para estudiar el libreto. El
médico pareció entender la situación porque luego de un par de intentos de
hacerlo participar de la consulta terminó dirigiéndose exclusivamente a su
mujer. El hombre coincidió con los colegas rosarinos pero solicitó un par
de estudios. Cuando terminó la consulta Francisco propuso ir a tomar algo pero
la nena ya estaba fastidiosa y ella rechazó el ofrecimiento. Claudia había
decidido instalarse en lo de una prima. Allí las dejó Francisco y partió
después para su casa. Llegó, al anochecer, destruido. Por suerte los chicos se
estaban bañando. Necesitaba un poco de tiempo para desprenderse de una de sus
realidades y enfrentar la otra. No obstante, Valeria no le dio tregua ¿cómo
les fue? inquirió Y ese les involucrando tanto que Francisco
necesitó inspirar profundamente antes de contarles las novedades. ¿Cómo se
bancó la chiquita las revisaciones? Francisco pensando que esa conversación
era surrealista contestó como un bebé, a los gritos. Valeria sonrió y él
pensó que quizás se estaba equivocando al leerle el rostro. Sin embargo ella
agregó pobrecita hizo una pausa y luego preguntó ¿ya se sienta?
lunes, 19 de septiembre de 2016
109
No logro resolverlo; cuando pienso en lo que
van a sentir si se los digo, opto por el silencio, y cuando pienso en cómo juzgaran mi ocultamiento cuando en algún
momento de la vida se enteren, considero que debo hablar; no tengo escapatoria,
o los defraudo ahora o los defraudo el doble más adelante Francisco le tomó la mano lamento por vos la
decisión de mi papá pero se la agradezco desde mi infancia; yo me jodí la vida
y se la jodí a todos, a Valeria, a Claudia, a mis cuatro hijos. Laura retiró
la mano y declaró, absoluta a la chiquita no; no hay peor castigo que no
haber nacido.
Mientras caminaba, el pulso alterado, hacia el
negocio de Horacio decidió que también
hablaría con Jirafa. Dar la cara.
viernes, 16 de septiembre de 2016
108
A las siete de la mañana les permitieron
entrar. Claudia salió aliviada, contando me sonrió. En cambio, se asustó
frente a Francisco. Su propia hija se asustaba de él. Se lo merecía. Si durante
meses sus llamados semanales le habían tranquilizado la conciencia, Azul se
encargaba ahora de informarle que no lo reconocía. Salió angustiado. A las ocho
dieron el informe. Había respondido al antibiótico, la pasarían a sala y, si
seguía evolucionando bien, podría regresar a casa al día siguiente. Andá, Francisco, yo me arreglo. Él le
confesó quisiera no tener que regresar; no sé cómo voy a enfrentar a
Valeria. Claudia fue expeditiva no es mi problema; te aseguro que tengo
otros.
A medida que se acortaban las distancias crecía
el desasosiego de Francisco. La llamó a mitad de camino; quedaron en
encontrarse en un bar. Estacionó mientras el corazón le retumbaba. A pesar de
que hacía cuatro horas y trescientos seis kilómetros que intentaba organizar su
discurso, no lo lograba. Cuando llegó, Valeria ya estaba, en el rincón más
apartado. Se acercó y al besarla en la mejilla percibió su rechazo. Te
escucho le exigió, desencajada. Él
buscó tiempo no sé qué decirte. Ella fue tajante la verdad. Él
bajó la vista no sé cómo decírtela. Valeria levantó el tono no des más vueltas por favor. Francisco
respiró hondo trataré de hacerla corta; el día del accidente llegué tarde a
buscar a los chicos porque, por primera vez desde tu regreso, y te pido que me
lo creas, estaba con ella. Francisco luego le contó del encuentro fortuito,
del embarazo, de su imposibilidad de evitarlo, de Rosario, de Rocío, de sus
viajes a visitar la nena. Te juro que el asunto con ella está
definitivamente terminado, imposible traicionar lo que prometí cuando Camilo
estaba bajo el auto; ayer Claudia me llamó porque habían internado a la nena;
sentí que era mi obligación ir, y fui; la beba está fuera de peligro y yo estoy
aquí frente a vos, dando la cara a pesar de que era uno de los momentos más
difíciles de su vida, Francisco estaba aliviado amo mi familia por sobre
todas las cosas de la tierra, y mi familia son mis tres hijos y vos profundamente aliviado te pido por favor que trates de entenderme
porque sé que no tengo derecho a pedir que me perdones. Valeria se quedó un largo rato en silencio y
luego averiguó ¿qué tiempo tiene? Él, desconcertado, informó cinco
meses. ¿Cómo se llama? Azul. Ella se restregó los ojos y luego
le preguntó mirándolo fijo ¿la
querés? Él decidió ser sincero es mi hija. Ella, inexplicablemente
tranquila, indagó ¿qué pensás hacer? Él, otra vez, admiro la entereza de
Valeria sé que me equivoqué fiero pero intentó ser buena persona; si abandonara a la nena, no podría mirarme en
el espejo; no podría mirar a la cara a nuestros hijos cuando, más tarde o más
temprano, se enteraran de que su padre actuó como un cobarde. Valeria se
tomó unos segundos antes de preguntar ¿la querés? Él le confirmó ya
te dije que sí. Ella sacudió la cabeza a Claudia, si a ella la querés. Francisco
respondió no sé si me creerás, pero, a partir del accidente, murió la parte
de mí que a ella le correspondía. Valeria desestimó su respuesta quizás
solo está hibernando. Francisco hizo un gesto de impotencia estoy en tus
manos, nuestra familia está en tus manos. Valeria levantó los hombros estoy
tan rota que no puedo ni pensar; cuando me enteré de tu engaño mi mundo
tambaleó, con el accidente de Camilo se desmoronó y ahora, con tu hija,
desaparecieron hasta sus ruinas; si me preguntaras si te quiero repetiría tus palabras,
la parte mía que te correspondía desapareció; pero, ¿qué puedo hacer?,
¿comunicarle a Camilo que eché a su padre de casa?, ¿decirle a Tobi que su papi
no lo va a acostar más?, ¿contarle a Luciana que elegiste a tu otra hija?; no
tengo opción, no al menos, en este momento; en cuanto a nosotros, esto no se
arregla más; veremos cuánto tiempo podemos sostenerlo. Francisco le agarró
la mano gracias. Ella la retiró no me toques, esto no lo hago por
vos, ni por vos ni por mí, solo por nuestros hijos. Gracias por ellos,
entonces. Quedaron un largo rato en silencio. Valeria lo interrumpió ¿qué
tuvo la beba? Francisco, descolocado, explicó una bronconeumonía. Ella
fue pragmática como el nene de Carolina; anduvo de mano en mano hasta que
cayó en el Gutiérrez; hay un especialista excelente; yo que vos la haría traer
para que la viera.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
107
Llegó de madrugada. Claudia en la sala de
espera, lloraba en silencio. Francisco se acercó y la abrazó. Es una
bronconeumonía severa, le pusieron un respirador artificial. Las preguntas
a la enfermera no obtuvieron respuesta. Una hora después salió el pediatra. Está
respirando por sus propios medios; en cuanto comience a hacer efecto el
antibiótico el cuadro va a revertir; tuvimos suerte, llegó justo a tiempo. Claudia
cerró los ojos y pareció desmoronarse. Ya pueden pasar a verla. Claudia salió
a los pocos minutos, llorando. ¡No puedo verla así! A Francisco le costó
descubrir a la nena entre la maraña de tubos. Si Camilo le había parecido
pequeño en la cama de terapia, Azul era solo un botón. Se acercó y le tomó la
manita. Dormía. La miró con atención. Estaba grande, era inconcebible tener un
hijo y no verlo crecer. La enfermera se acercó y le pidió que se retirara. Se
sentó al lado de Claudia. No sabés las que pasé; cinco minutos después de
hablar con vos Azul se ahogó; me subí al
primer taxi que pasaba mientras le respiraba en la boca para darle aire; cuando
llegamos, ya estaba morada. Él propuso por un rato largo no nos dejarán
entrar, vamos a tomar un café. Estaban en la confitería del hospital cuando
se acercó una señora mayor muy agitada. Cuando Claudia terminó de narrar
nuevamente su calvario se produjo un silencio incómodo. No los presenté dijo Claudia Francisco,
Marta, mi mamá; bueno, en realidad ya se conocen. La mujer lo observó con
atención y luego inició un meticuloso interrogatorio que Francisco fue
sorteando como pudo. Hasta que la mujer comentó ¿desde Buenos Aires te
viniste? Francisco, acorralado, miró al piso. El rostro de la mujer trocó
en piedra y decidió me voy para casa a tranquilizar a Rocío. Instantes después Claudia
dormitaba en la sala de espera. A su lado, Francisco, pensaba en Valeria. Por
fin se levantó y se alejó. Por suerte lo atendió el contestador. Quería avisarte que llegué bien; no te
pido que no te preocupes porque sé que es inútil; ya hablaremos largo y
tendido; te quiero; aunque en este momento lo dudes, te quiero.
martes, 13 de septiembre de 2016
106
Ese lunes no fueron buenas las noticias. La
nena muy afiebrada, con dificultades para respirar. Vino un pediatra pero no le dio mucha
importancia; solo me aconsejó baños de vapor; sin embargo, no me gusta nada, la
voy a llevar a la guardia informó Claudia a la tarde. Francisco
estaba cenando cuando sonó su teléfono. Por primera vez desde que le había
rogado que no lo llamara, Claudia. Se levantó de la mesa y fue a hablar al
escritorio. La internaron en terapia, la nena está mal, Francisco, estoy muy
asustada. La decisión se tomó sola voy para allá. Recién cuando
cortó, Francisco pudo medir las consecuencias de su promesa. Agarró los
documentos, la llave del auto, dinero y nada más. Apareció en el comedor
desencajado. ¿Qué pasó? preguntó Valeria alarmada. Viajo a Rosario. Ante el estupor de su mujer Francisco dijo después te explico mientras
salía dando un portazo. Cuando Valeria reaccionó y abrió la puerta de calle, él
ya había arrancado. Segundos después, Para
Elisa. Te prometo que cuando regrese te daré explicaciones. Cortó y
ya no la volvió a atender.
viernes, 9 de septiembre de 2016
105
Marzo inaugurando el año escolar. Camilo,
recién llegado de Estados Unidos, en la secundaria, absolutamente incapaz de
ser independiente. Tobi comenzando el jardín, la adaptación prolongándose más
de la cuenta, esclavizando a Valeria. Luciana, demasiado chica para trasladarse
sola. Tres escuelas diferentes, tres horarios distintos. Además, la
rehabilitación permanente de Camilo, la terapia de Luciana. Un caos reorganizar
la vida familiar. Valeria, luego del accidente, había pedido licencia sin goce
de sueldo en la universidad por tiempo indeterminado. Las finanzas exprimidas.
El trabajo de Francisco empezando a hacer agua, a mostrar las consecuencias de
haberlo relegado al último lugar. Imposible blanquear a Azul. El secreto pesando
como una piedra. Laura era su única interlocutora. Una costumbre pasar por su
casa a tomar un té, compartir con ella
los progresos de la nena de los cuales era notificado por Claudia en la llamada
de los lunes que ya formaba parte de la rutina. Afortunadamente Valeria, más
allá de que seguía existiendo entre ellos una distancia leve como los hilos de
una telaraña, le ahorraba preguntas que
le ahorraban mentiras. Francisco se decía a sí mismo que mentir pertenecía a
una categoría de pecado muy superior a la de ocultar. Dejó de visitar a sus
amigos. Horacio estaba ofendidísimo y
Francisco no tenía cómo justificarse. Hubiera sido una farsa dejar su vida
paralela en las tinieblas, porque con los amigos es tan grave mentir como
ocultar.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
104
Nadie fue a buscarlo a Ezeiza. En su casa, en
lugar de aguardarlo los chicos, solo una nota. Llamó la señora Alicia, hubo
un inconveniente y no pudieron salir, dejó este teléfono. Con el pulso
acelerado, muerto de miedo, discó. Están arreglando
el carburador, saldremos mañana informó Antonio. Como fondo, Luciana reclamando el tubo. A fuerza de
insistencia lo consiguió hola papi no te pudimos esperar con las ganas que
tengo de verte la tía Alicia me enseño a jugar al scrabel y siempre me gana
pero a Moira también y eso que es grande
cómo está Camilo Tobi solo quiere meterse en el mar con Nico cuándo vuelve mamá
el tío Antonio anoche preparó un asado qué me trajiste Francisco sonrió
escuchándola, ya parecía la de siempre. Luego Tobi me ustó el mar. Las
diez de la mañana. Abrió las valijas, puso la ropa a lavar, se dio una ducha,
se afeitó y se vistió de nuevo.
Llegó cerca de las siete. Le abrió ella,
limpiándose las manos en un repasador. Qué manía de venir sin avisar, pasá, contame
de Camilo. Mientras escuchaba el relato de Francisco, Claudia trajinaba por
la cocina. Hasta que el llanto de la nena la interrumpió. Fue en su
búsqueda. Tomá, tenela un rato
mientras sirvo el café, quiere brazos todo el día, está fatal, también, con
este calor…
Francisco se encontró con una beba en pañal. La marca de las
sábanas en las mejillas, el cuerpo colorado, el pelo pegado por el sudor,
rollitos en la panza, hoyos en los brazos gordinflones. Francisco le sonrió. La
nena frunció las cejas y lo miró con atención. Después se relajó y devolvió la
sonrisa. Mientras tomaban el café Claudia la amamantó. Francisco evitó mirar
esos senos opulentos que había conocido en otras circunstancias. Cuando
terminó, Claudia se la entregó de nuevo. Le voy a preparar un baño, está
toda transpirada. Con la beba en brazos Francisco contempló el ritual.
Abrir el catre, conectar la manguera, regular la temperatura del agua. Cuántas
veces le habría tocado ejecutarlo. Claudia cerró la tapa del catre, acostó a la
nena y la desvistió. Era la primera vez que veía a su hija desnuda. Cruza de
querubín y de lechón, agitando las patitas, salpicando. Se quedo parado como
una estaca esperando instrucciones. Hasta que llegaron. Alcanzame la toalla,
no, esa es la de Rocío, la otra, la que tiene capuchón. Claudia estaba sacando la beba del agua, cuando sonó
el teléfono. Cuidala un segundo que ya vengo. Francisco la secó.
Encontró el talco y, al ponérselo, por primera vez la acarició. Seda para las
manos. Cuando regresó Claudia, Azul era una prolija señorita vestida de rosa,
peinada con cepillo y todo. Te voy a contratar dijo Claudia
divertida. Es que tengo más experiencia
que vos le siguió la broma, de
pronto alegre. Claudia acostó a la nena y luego se sentaron frente a dos tazas
de café. ¿Resolviste algo? preguntó ella imprevistamente. El buen humor
de Francisco se fue a pique pienso mil maneras de decírselo pero cada una es
más torpe que la otra. Claudia fue precisa no vas a encontrar la mejor
porque no existe, ¿suponés que si sos más creativo le va a doler menos
enterarse de que tenés una hija con otra mujer? Francisco sacudió la
cabeza, abatido y ella agregó quizá no llegó el momento, a lo mejor tardás
años en encontrarlo. Él, absurdamente, la agredió ¿y mientras tanto
inventar mentiras cada vez que venga? El tono de Claudia fue irónico debo
deducir de tus palabras que planeás seguir viniendo. Francisco estaba irritado
es obvio que no pienso borrarme. Ella lo presionó ¿porque tu responsabilidad
te obliga?, ¿porque tu culpa tan bien entrenada desde que sos chiquito te
atormenta? La respuesta le brotó de las vísceras porque la quiero. Pero
a ella no le alcanzó y que yo sea la madre es un accidente. Él levantó la voz los dos sabemos que esta nena
no se gestó por casualidad. Ella mantuvo la calma no sé cómo interpretar
lo que estás diciendo. Francisco
cabeceó, desanimado dejalo así, mis sentimientos dejaron de existir en el
instante en que descubrí a Camilo debajo del auto y luego se incorporó ya
me voy, el micro sale a las doce, no me perdonaría no estar cuando lleguen mis
hijos. Ella siguió hostigándolo tus otros hijos. Él no encontró
fuerzas para contestarle. Se despidieron en la puerta.
lunes, 5 de septiembre de 2016
103
La sala de espera ultramoderna resultó más
inhóspita que el hospital del tercer mundo. La gente a su alrededor sufría en
otro idioma. Ver aparecer a Alejandra, después de dejar los chicos en el
colegio, fue una bendición. Los convenció y fueron a desayunar juntos. Horas
por delante. Porque no tenían que arreglarle las piernas, tenían que hacérselas
de nuevo. Mientras intentaba tragar el té, a Francisco se le aparecía, con
obstinación, la imagen del corazón de su hijo sometido a tantas horas de
anestesia y solo a fuerza de voluntad lograba alejarla. Alejandra se fue y ellos
siguieron esperando. En silencio. Para qué martirizarse mutuamente con el color
de sus pensamientos. Alejandra regresó y los encontró en el mismo sillón. Francisco
sintió que la tensión lo superaba. Se paró, comenzó a caminar en redondo y contó
rápido para hacer avanzar el tiempo. El método dio resultado porque en el
quinientos tres apareció el médico. Por fortuna Alejandra presente. El inglés
de Valeria y Francisco empantanado ante la angustia, impotente ante los
términos científicos. Cuando el cirujano terminó de hablar Alejandra sonreía. La
operación fue un éxito resumió.
¿Y eso que significa? exigió la impaciencia de Francisco. Eso
significa que en unos meses Camilo podrá caminar con muletas explicó su
cuñada. Francisco agresivo reclamó ¿cómo con muletas? Alejandra lo demolió
Francisco, sé realista, que tu hijo siga teniendo piernas es un milagro de
Dios. Dios. Qué Dios.
Verlo entre sondas y tubos fue regresar al
infierno. Regresar al infierno escucharlo gritar. Francisco reclamó morfina, en
la Argentina le habían dado, pero los médicos se negaron: el dolor iba a acompañar
a Camilo por mucho tiempo, demasiado alto el riesgo de aliviarlo ahora. Camilo
se fue resignando, sus gritos fueron
aplacándose pero el rictus de dolor pasó a formar parte de su carita tanto como
las pecas. Luego de diez días de
internación lo trasladaron a casa de Alejandra. Francisco regresaría
inmediatamente, los chicos y el trabajo reclamando; Camilo y Valeria, en cuanto
los médicos autorizaran.
Mujeres y niños de compras, Francisco, la tarde
antes de irse, quedó a solas con su hijo. Estaban jugando al ajedrez cuando
Camilo, con un alfil en la mano, intempestivamente preguntó ¿cómo voy a
quedar? Francisco enmudeció. Aún no
habían decidido cuánto decirle. Los ojos de Camilo abiertos como platos
incrustados en los de él. Jaque mate.
Taladrándolo. Cómo explicarle los médicos
dicen que se le arruinó la vida que vas a necesitar no puede decírselo
mirándolo ayuda entonces baja los
ojos y de un tirón confiesa los médicos dicen que vas a necesitar
muletas para caminar y aprieta los párpados y todo gira y por suerte ya no
oigo ni siento a lo mejor estoy muerto y no tengo que ver a mi hijo
nunca más y puedo ir a la quinta y hacer casitas con los bloques y comer
buñuelos y que la abuela me diga pobrecito mi paquito pero le sube la
presión y escucha el sabonín siempre me alababa las piernas y decía este
chico sí que es bueno. Entonces se
da cuenta de que no es él quien necesita consuelo y abre los ojos, se cuelga
una sonrisa y afirma las maestras también dicen que sos bueno con
convicción porque además es cierto excepcionalmente bueno mientras
seca con el dorso de la mano las mejillas de su hijo. Para algo soy un Castillo; como el abuelo, como la tía Alicia, como
vos acota Camilo y eso, papi,
nadie me lo puede sacar, ni que me choque un camión me lo van a sacar. La piel de Francisco desgarrada de amor.
viernes, 2 de septiembre de 2016
102
El vuelo fue pésimo. Llegó a pensar que era el
capítulo que faltaba a la hilera de sus desgracias. Desaparecer. A lo mejor, la única solución. Ya en el aeropuerto de
Houston buscó entre los rostros ansiando encontrar el de su mujer pero tuvo que
conformarse con una réplica imperfecta. Alejandra, y a Francisco lo sorprendió
verla tan repuesta, le informó que Valeria había quedado a cargo de hijo y
sobrinos. A Camilo es difícil movilizarlo aclaró como si él pudiera
olvidar por un segundo el estado del chico. La camioneta de Alejandra se
desplazó por autopistas que le confirmaron a Francisco su llegada al primer
mundo. Aparcaron en un barrio de
casas bajas que parecía escapado de una serie de televisión. Después de la
euforia inicial, la realidad imponiéndose. Camilo asustado, Valeria angustiada.
Nadie podía ayudar a Francisco a creer, aunque fuera por horas, que ese era un
viaje de placer.
Camilo no puede dormir. Francisco lo siente dar
infinitas vueltas. Tantas como Valeria. A las cuatro de la mañana Francisco
decide terminar con la farsa y enciende la luz. Al instante madre e hijo se
sientan en las respectivas camas. Francisco en el colchón. Minutos después los
tres charlan animadamente. ¿Cómo están los chicos? pregunta Camilo. Francisco comienza a
contar anécdotas y Valeria pone el grito en el cielo a medida que se va
enterando de las travesuras. Media hora después Camilo duerme. Francisco se
levanta y lo tapa. Abandona su colchón y se acuesta al lado de su mujer.
Esperarán que amanezca en silencio, abrazados.
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