viernes, 23 de septiembre de 2016

111 Última entrega

Francisco tocó el portero eléctrico. Instantes después vio que el ascensor se abría. Claudia avanzó por el pasillo, empujó la puerta y, llenándolo de indicaciones, le entregó bolso y nena. Instantes después, parado en la esquina esperando un taxi, Francisco tuvo la extraña sensación de que su juventud había sido arrasada. Tanto que sintió que quien lo viera lo supondría abuelo de su propia hija. Bajó del taxi sosteniendo a la nena dormida entre los brazos. Entró a la confitería. Buscó a Valeria y la encontró en el reservado del fondo. De espaldas, acodada en la mesa, los dedos entrecruzados amparando la frente. Avanzó, silencioso, y se paró junto a ella. Le apoyó su única mano libre en el hombro derecho. Ya llegó Azul anunció. Los dedos de ella resbalaron, descubriendo el  rostro. Como en cámara lenta, Valeria fue girando la cabeza, elevó imperceptiblemente el mentón y por fin, abrió los ojos. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

110

Los altoparlantes anunciaron que el micro estaba demorado. Francisco deambuló por la terminal, tanta su inquietud que le resultaba insoportable estar sentado. Una hora después de lo previsto vio a Claudia descender del ómnibus luchando con el bolso y con la nena. Se acercó para ayudarla e, instantes después se encontró con una beba gorda en brazos, babeándole el cuello de la camisa. Francisco cayó en la cuenta de que era la primera vez que alzaba a su hija en un lugar público y en cuanto Claudia recuperó el cochecito le devolvió la nena con la excusa de cargar el equipaje. Cuando llegaron al auto, Claudia se acomodó atrás con Azul y fueron directamente al hospital. Francisco recordó la remota visita a la escuela, en la que habían jugado a ser una pareja preocupada por el futuro de sus hijos. El juego convertido en realidad. Dígale a su mujer que pase qué edad tiene su esposa cuál es el DNI de su hija. Cómo explicarles que su mujer estaba en su casa, que Valeria pronto cumpliría treinta y ocho, que no había traído el documento de Luciana. Así como en Rosario, entre cuatro paredes, había podido actuar con naturalidad, en el hospital se sentía como un extra al que por  imprevista enfermedad del actor principal, lo meten a protagonista sin haberle dado tiempo para estudiar el libreto. El médico pareció entender la situación porque luego de un par de intentos de hacerlo participar de la consulta terminó dirigiéndose exclusivamente a su mujer. El hombre coincidió con los colegas rosarinos pero solicitó un par de estudios. Cuando terminó la consulta Francisco propuso ir a tomar algo pero la nena ya estaba fastidiosa y ella rechazó el ofrecimiento. Claudia había decidido instalarse en lo de una prima. Allí las dejó Francisco y partió después para su casa. Llegó, al anochecer, destruido. Por suerte los chicos se estaban bañando. Necesitaba un poco de tiempo para desprenderse de una de sus realidades y enfrentar la otra. No obstante, Valeria no le dio tregua ¿cómo les fue? inquirió Y ese les involucrando tanto que Francisco necesitó inspirar profundamente antes de contarles las novedades. ¿Cómo se bancó la chiquita las revisaciones? Francisco pensando que esa conversación era surrealista contestó como un bebé, a los gritos. Valeria sonrió y él pensó que quizás se estaba equivocando al leerle el rostro. Sin embargo ella agregó pobrecita hizo una pausa y luego preguntó ¿ya se sienta? 

lunes, 19 de septiembre de 2016

109

No logro resolverlo; cuando pienso en lo que van a sentir si se los digo, opto por el silencio, y cuando pienso en cómo  juzgaran mi ocultamiento cuando en algún momento de la vida se enteren, considero que debo hablar; no tengo escapatoria, o los defraudo ahora o los defraudo el doble más adelante Francisco le tomó la mano lamento por vos la decisión de mi papá pero se la agradezco desde mi infancia; yo me jodí la vida y se la jodí a todos, a Valeria, a Claudia, a mis cuatro hijos. Laura retiró la mano y declaró, absoluta a la chiquita no; no hay peor castigo que no haber nacido.


 Mientras caminaba, el pulso alterado, hacia el negocio de  Horacio decidió que también hablaría con Jirafa. Dar la cara.

viernes, 16 de septiembre de 2016

108

A las siete de la mañana les permitieron entrar. Claudia salió aliviada, contando me sonrió. En cambio, se asustó frente a Francisco. Su propia hija se asustaba de él. Se lo merecía. Si durante meses sus llamados semanales le habían tranquilizado la conciencia, Azul se encargaba ahora de informarle que no lo reconocía. Salió angustiado. A las ocho dieron el informe. Había respondido al antibiótico, la pasarían a sala y, si seguía evolucionando bien, podría regresar a casa al día siguiente.  Andá, Francisco, yo me arreglo. Él le confesó quisiera no tener que regresar; no sé cómo voy a enfrentar a Valeria. Claudia fue expeditiva no es mi problema; te aseguro que tengo otros.


A medida que se acortaban las distancias crecía el desasosiego de Francisco. La llamó a mitad de camino; quedaron en encontrarse en un bar. Estacionó mientras el corazón le retumbaba. A pesar de que hacía cuatro horas y trescientos seis kilómetros que intentaba organizar su discurso, no lo lograba. Cuando llegó, Valeria ya estaba, en el rincón más apartado. Se acercó y al besarla en la mejilla percibió su rechazo. Te escucho  le exigió, desencajada. Él buscó tiempo no sé qué decirte. Ella fue tajante la verdad. Él bajó la vista no sé cómo decírtela. Valeria levantó el tono  no des más vueltas por favor. Francisco respiró hondo trataré de hacerla corta; el día del accidente llegué tarde a buscar a los chicos porque, por primera vez desde tu regreso, y te pido que me lo creas, estaba con ella. Francisco luego le contó del encuentro fortuito, del embarazo, de su imposibilidad de evitarlo, de Rosario, de Rocío, de sus viajes a visitar la nena. Te juro que el asunto con ella está definitivamente terminado, imposible traicionar lo que prometí cuando Camilo estaba bajo el auto; ayer Claudia me llamó porque habían internado a la nena; sentí que era mi obligación ir, y fui; la beba está fuera de peligro y yo estoy aquí frente a vos, dando la cara a pesar de que era uno de los momentos más difíciles de su vida, Francisco estaba aliviado amo mi familia por sobre todas las cosas de la tierra, y mi familia son mis tres hijos y vos profundamente aliviado te pido por favor que trates de entenderme porque sé que no tengo derecho a pedir que me perdones. Valeria se quedó un largo rato en silencio y luego averiguó ¿qué tiempo tiene? Él, desconcertado, informó cinco meses.  ¿Cómo se llama?  Azul. Ella se restregó los ojos y luego le preguntó  mirándolo fijo ¿la querés? Él decidió ser sincero es mi hija. Ella, inexplicablemente tranquila, indagó ¿qué pensás hacer? Él, otra vez, admiro la entereza de Valeria sé que me equivoqué fiero pero intentó ser buena persona;  si abandonara a la nena, no podría mirarme en el espejo; no podría mirar a la cara a nuestros hijos cuando, más tarde o más temprano, se enteraran de que su padre actuó como un cobarde. Valeria se tomó unos segundos antes de preguntar ¿la querés? Él le confirmó ya te dije que sí. Ella sacudió la cabeza a Claudia, si a ella la querés. Francisco respondió no sé si me creerás, pero, a partir del accidente, murió la parte de mí que a ella le correspondía. Valeria desestimó su respuesta quizás solo está hibernando. Francisco hizo un gesto de impotencia estoy en tus manos, nuestra familia está en tus manos. Valeria levantó los hombros estoy tan rota que no puedo ni pensar; cuando me enteré de tu engaño mi mundo tambaleó, con el accidente de Camilo se desmoronó y ahora, con tu hija, desaparecieron hasta sus ruinas; si me preguntaras si te quiero repetiría tus palabras, la parte mía que te correspondía desapareció; pero, ¿qué puedo hacer?, ¿comunicarle a Camilo que eché a su padre de casa?, ¿decirle a Tobi que su papi no lo va a acostar más?, ¿contarle a Luciana que elegiste a tu otra hija?; no tengo opción, no al menos, en este momento; en cuanto a nosotros, esto no se arregla más; veremos cuánto tiempo podemos sostenerlo. Francisco le agarró la mano gracias. Ella la retiró no me toques, esto no lo hago por vos, ni por vos ni por mí, solo por nuestros hijos. Gracias por ellos, entonces. Quedaron un largo rato en silencio. Valeria lo interrumpió ¿qué tuvo la beba? Francisco, descolocado, explicó una bronconeumonía. Ella fue pragmática como el nene de Carolina; anduvo de mano en mano hasta que cayó en el Gutiérrez; hay un especialista excelente; yo que vos la haría traer para que la viera.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

107

Llegó de madrugada. Claudia en la sala de espera, lloraba en silencio. Francisco se acercó y la abrazó. Es una bronconeumonía severa, le pusieron un respirador artificial. Las preguntas a la enfermera no obtuvieron respuesta. Una hora después salió el pediatra. Está respirando por sus propios medios; en cuanto comience a hacer efecto el antibiótico el cuadro va a revertir; tuvimos suerte, llegó justo a tiempo. Claudia cerró los ojos y pareció desmoronarse. Ya pueden pasar a verla. Claudia salió a los pocos minutos, llorando. ¡No puedo verla así! A Francisco le costó descubrir a la nena entre la maraña de tubos. Si Camilo le había parecido pequeño en la cama de terapia, Azul era solo un botón. Se acercó y le tomó la manita. Dormía. La miró con atención. Estaba grande, era inconcebible tener un hijo y no verlo crecer. La enfermera se acercó y le pidió que se retirara. Se sentó al lado de Claudia. No sabés las que pasé; cinco minutos después de hablar con vos  Azul se ahogó; me subí al primer taxi que pasaba mientras le respiraba en la boca para darle aire; cuando llegamos, ya estaba morada. Él propuso por un rato largo no nos dejarán entrar, vamos a tomar un café. Estaban en la confitería del hospital cuando se acercó una señora mayor muy agitada. Cuando Claudia terminó de narrar nuevamente su calvario se produjo un silencio incómodo.  No los presenté dijo Claudia Francisco, Marta, mi mamá; bueno, en realidad ya se conocen. La mujer lo observó con atención y luego inició un meticuloso interrogatorio que Francisco fue sorteando como pudo. Hasta que la mujer comentó ¿desde Buenos Aires te viniste? Francisco, acorralado, miró al piso. El rostro de la mujer trocó en piedra y decidió me voy para casa a tranquilizar a  Rocío. Instantes después Claudia dormitaba en la sala de espera. A su lado, Francisco, pensaba en Valeria. Por fin se levantó y se alejó. Por suerte lo atendió el contestador.  Quería avisarte que llegué bien; no te pido que no te preocupes porque sé que es inútil; ya hablaremos largo y tendido; te quiero; aunque en este momento lo dudes, te quiero. 

martes, 13 de septiembre de 2016

106

Ese lunes no fueron buenas las noticias. La nena muy afiebrada, con dificultades para respirar.  Vino un pediatra pero no le dio mucha importancia; solo me aconsejó baños de vapor; sin embargo, no me gusta nada, la voy a llevar a la guardia informó Claudia a la tarde. Francisco estaba cenando cuando sonó su teléfono. Por primera vez desde que le había rogado que no lo llamara, Claudia. Se levantó de la mesa y fue a hablar al escritorio. La internaron en terapia, la nena está mal, Francisco, estoy muy asustada. La decisión se tomó sola voy para allá. Recién cuando cortó, Francisco pudo medir las consecuencias de su promesa. Agarró los documentos, la llave del auto, dinero y nada más. Apareció en el comedor desencajado. ¿Qué pasó? preguntó Valeria alarmada. Viajo a Rosario. Ante el estupor de su mujer  Francisco dijo después te explico mientras salía dando un portazo. Cuando Valeria reaccionó y abrió la puerta de calle, él ya había arrancado. Segundos después, Para Elisa. Te prometo que cuando regrese te daré explicaciones. Cortó y ya no la volvió a atender.

viernes, 9 de septiembre de 2016

105

Marzo inaugurando el año escolar. Camilo, recién llegado de Estados Unidos, en la secundaria, absolutamente incapaz de ser independiente. Tobi comenzando el jardín, la adaptación prolongándose más de la cuenta, esclavizando a Valeria. Luciana, demasiado chica para trasladarse sola. Tres escuelas diferentes, tres horarios distintos. Además, la rehabilitación permanente de Camilo, la terapia de Luciana. Un caos reorganizar la vida familiar. Valeria, luego del accidente, había pedido licencia sin goce de sueldo en la universidad por tiempo indeterminado. Las finanzas exprimidas. El trabajo de Francisco empezando a hacer agua, a mostrar las consecuencias de haberlo relegado al último lugar. Imposible blanquear a Azul. El secreto pesando como una piedra. Laura era su única interlocutora. Una costumbre pasar por su casa a tomar un  té, compartir con ella los progresos de la nena de los cuales era notificado por Claudia en la llamada de los lunes que ya formaba parte de la rutina. Afortunadamente Valeria, más allá de que seguía existiendo entre ellos una distancia leve como los hilos de una telaraña,  le ahorraba preguntas que le ahorraban mentiras. Francisco se decía a sí mismo que mentir pertenecía a una categoría de pecado muy superior a la de ocultar. Dejó de visitar a sus amigos.  Horacio estaba ofendidísimo y Francisco no tenía cómo justificarse. Hubiera sido una farsa dejar su vida paralela en las tinieblas, porque con los amigos es tan grave mentir como ocultar.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

104

Nadie fue a buscarlo a Ezeiza. En su casa, en lugar de aguardarlo los chicos, solo una nota. Llamó la señora Alicia, hubo un inconveniente y no pudieron salir, dejó este teléfono. Con el pulso acelerado, muerto de miedo, discó. Están arreglando el carburador, saldremos mañana informó Antonio. Como fondo,  Luciana reclamando el tubo. A fuerza de insistencia lo consiguió hola papi no te pudimos esperar con las ganas que tengo de verte la tía Alicia me enseño a jugar al scrabel y siempre me gana pero a Moira también  y eso que es grande cómo está Camilo Tobi solo quiere meterse en el mar con Nico cuándo vuelve mamá el tío Antonio anoche preparó un asado qué me trajiste Francisco sonrió escuchándola, ya parecía la de siempre. Luego Tobi me ustó el mar. Las diez de la mañana. Abrió las valijas, puso la ropa a lavar, se dio una ducha, se afeitó y se vistió de nuevo.

Llegó cerca de las siete. Le abrió ella, limpiándose las manos en un repasador. Qué manía de venir sin avisar, pasá, contame de Camilo. Mientras escuchaba el relato de Francisco, Claudia trajinaba por la cocina. Hasta que el llanto de la nena la interrumpió. Fue en su búsqueda.  Tomá, tenela un rato mientras sirvo el café, quiere brazos todo el día, está fatal, también, con este calorFrancisco se encontró con una beba en pañal. La marca de las sábanas en las mejillas, el cuerpo colorado, el pelo pegado por el sudor, rollitos en la panza, hoyos en los brazos gordinflones. Francisco le sonrió. La nena frunció las cejas y lo miró con atención. Después se relajó y devolvió la sonrisa. Mientras tomaban el café Claudia la amamantó. Francisco evitó mirar esos senos opulentos que había conocido en otras circunstancias. Cuando terminó, Claudia se la entregó de nuevo. Le voy a preparar un baño, está toda transpirada. Con la beba en brazos Francisco contempló el ritual. Abrir el catre, conectar la manguera, regular la temperatura del agua. Cuántas veces le habría tocado ejecutarlo. Claudia cerró la tapa del catre, acostó a la nena y la desvistió. Era la primera vez que veía a su hija desnuda. Cruza de querubín y de lechón, agitando las patitas, salpicando. Se quedo parado como una estaca esperando instrucciones. Hasta que llegaron. Alcanzame la toalla, no, esa es la de Rocío, la otra, la que tiene capuchón. Claudia  estaba sacando la beba del agua, cuando sonó el teléfono. Cuidala un segundo que ya vengo. Francisco la secó. Encontró el talco y, al ponérselo, por primera vez la acarició. Seda para las manos. Cuando regresó Claudia, Azul era una prolija señorita vestida de rosa, peinada con cepillo y todo. Te voy a contratar dijo Claudia divertida.  Es que tengo más experiencia que vos  le siguió la broma, de pronto alegre. Claudia acostó a la nena y luego se sentaron frente a dos tazas de café. ¿Resolviste algo? preguntó ella imprevistamente. El buen humor de Francisco se fue a pique pienso mil maneras de decírselo pero cada una es más torpe que la otra. Claudia fue precisa no vas a encontrar la mejor porque no existe, ¿suponés que si sos más creativo le va a doler menos enterarse de que tenés una hija con otra mujer? Francisco sacudió la cabeza, abatido y ella agregó quizá no llegó el momento, a lo mejor tardás años en encontrarlo. Él, absurdamente, la agredió ¿y mientras tanto inventar mentiras cada vez que venga? El tono de Claudia fue irónico debo deducir de tus palabras que planeás seguir viniendo. Francisco estaba irritado es obvio que no pienso borrarme.  Ella lo presionó ¿porque tu responsabilidad te obliga?, ¿porque tu culpa tan bien entrenada desde que sos chiquito te atormenta? La respuesta le brotó de las vísceras porque la quiero. Pero a ella no le alcanzó y que yo sea la madre es un accidente.  Él levantó la voz los dos sabemos que esta nena no se gestó por casualidad. Ella mantuvo la calma no sé cómo interpretar lo que estás diciendo.  Francisco cabeceó, desanimado dejalo así, mis sentimientos dejaron de existir en el instante en que descubrí a Camilo debajo del auto y luego se incorporó ya me voy, el micro sale a las doce, no me perdonaría no estar cuando lleguen mis hijos. Ella siguió hostigándolo tus otros hijos. Él no encontró fuerzas para contestarle. Se despidieron en la puerta.

lunes, 5 de septiembre de 2016

103

La sala de espera ultramoderna resultó más inhóspita que el hospital del tercer mundo. La gente a su alrededor sufría en otro idioma. Ver aparecer a Alejandra, después de dejar los chicos en el colegio, fue una bendición. Los convenció y fueron a desayunar juntos. Horas por delante. Porque no tenían que arreglarle las piernas, tenían que hacérselas de nuevo. Mientras intentaba tragar el té, a Francisco se le aparecía, con obstinación, la imagen del corazón de su hijo sometido a tantas horas de anestesia y solo a fuerza de voluntad lograba alejarla. Alejandra se fue y ellos siguieron esperando. En silencio. Para qué martirizarse mutuamente con el color de sus pensamientos. Alejandra regresó y los encontró en el mismo sillón. Francisco sintió que la tensión lo superaba. Se paró, comenzó a caminar en redondo y contó rápido para hacer avanzar el tiempo. El método dio resultado porque en el quinientos tres apareció el médico. Por fortuna Alejandra presente. El inglés de Valeria y Francisco empantanado ante la angustia, impotente ante los términos científicos. Cuando el cirujano terminó de hablar Alejandra sonreía. La operación fue un éxito resumió.  ¿Y eso que significa? exigió la impaciencia de Francisco. Eso significa que en unos meses Camilo podrá caminar con muletas explicó su cuñada. Francisco agresivo reclamó ¿cómo con muletas? Alejandra lo demolió Francisco, sé realista, que tu hijo siga teniendo piernas es un milagro de Dios. Dios. Qué Dios.

Verlo entre sondas y tubos fue regresar al infierno. Regresar al infierno escucharlo gritar. Francisco reclamó morfina, en la Argentina le habían dado, pero los médicos se negaron: el dolor iba a acompañar a Camilo por mucho tiempo, demasiado alto el riesgo de aliviarlo ahora. Camilo se fue resignando,  sus gritos fueron aplacándose pero el rictus de dolor pasó a formar parte de su carita tanto como las pecas.  Luego de diez días de internación lo trasladaron a casa de Alejandra. Francisco regresaría inmediatamente, los chicos y el trabajo reclamando; Camilo y Valeria, en cuanto los médicos autorizaran.


Mujeres y niños de compras, Francisco, la tarde antes de irse, quedó a solas con su hijo. Estaban jugando al ajedrez cuando Camilo, con un alfil en la mano, intempestivamente preguntó ¿cómo voy a quedar?  Francisco enmudeció. Aún no habían decidido cuánto decirle. Los ojos de Camilo abiertos como platos incrustados en los de él. Jaque mate. Taladrándolo. Cómo explicarle los médicos dicen que se le arruinó la  vida que vas a necesitar no puede decírselo mirándolo ayuda entonces baja los ojos  y de un tirón confiesa los médicos dicen que vas a necesitar muletas para caminar y aprieta los párpados y todo gira y por suerte ya no  oigo ni siento a lo mejor estoy muerto y no tengo que ver a mi hijo nunca más y puedo ir a la quinta y hacer casitas con los bloques y comer buñuelos y que la abuela me diga pobrecito mi paquito pero le sube la presión y escucha el sabonín siempre me alababa las piernas y decía este chico sí que es bueno. Entonces se da cuenta de que no es él quien necesita consuelo y abre los ojos, se cuelga una sonrisa y afirma las maestras también dicen que sos bueno con convicción porque además es cierto excepcionalmente bueno mientras seca con el dorso de la mano las mejillas de su hijo. Para algo soy un Castillo; como el abuelo, como la tía Alicia, como vos  acota Camilo y eso, papi, nadie me lo puede sacar, ni que me choque un camión me lo van a sacar. La piel de Francisco desgarrada de amor. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

102

El vuelo fue pésimo. Llegó a pensar que era el capítulo que faltaba a la hilera de sus desgracias. Desaparecer. A lo mejor, la única solución. Ya en el aeropuerto de Houston buscó entre los rostros ansiando encontrar el de su mujer pero tuvo que conformarse con una réplica imperfecta. Alejandra, y a Francisco lo sorprendió verla tan repuesta, le informó que Valeria había quedado a cargo de hijo y sobrinos. A Camilo es difícil movilizarlo aclaró como si él pudiera olvidar por un segundo el estado del chico. La camioneta de Alejandra se desplazó por autopistas que le confirmaron a Francisco su llegada al primer mundo. Aparcaron en un barrio de casas bajas que parecía escapado de una serie de televisión. Después de la euforia inicial, la realidad imponiéndose. Camilo asustado, Valeria angustiada. Nadie podía ayudar a Francisco a creer, aunque fuera por horas, que ese era un viaje de placer.


Camilo no puede dormir. Francisco lo siente dar infinitas vueltas. Tantas como Valeria. A las cuatro de la mañana Francisco decide terminar con la farsa y enciende la luz. Al instante madre e hijo se sientan en las respectivas camas. Francisco en el colchón. Minutos después los tres charlan animadamente. ¿Cómo están los chicos?  pregunta Camilo. Francisco comienza a contar anécdotas y Valeria pone el grito en el cielo a medida que se va enterando de las travesuras. Media hora después Camilo duerme. Francisco se levanta y lo tapa. Abandona su colchón y se acuesta al lado de su mujer. Esperarán que amanezca en silencio, abrazados.