Marzo inaugurando el año escolar. Camilo,
recién llegado de Estados Unidos, en la secundaria, absolutamente incapaz de
ser independiente. Tobi comenzando el jardín, la adaptación prolongándose más
de la cuenta, esclavizando a Valeria. Luciana, demasiado chica para trasladarse
sola. Tres escuelas diferentes, tres horarios distintos. Además, la
rehabilitación permanente de Camilo, la terapia de Luciana. Un caos reorganizar
la vida familiar. Valeria, luego del accidente, había pedido licencia sin goce
de sueldo en la universidad por tiempo indeterminado. Las finanzas exprimidas.
El trabajo de Francisco empezando a hacer agua, a mostrar las consecuencias de
haberlo relegado al último lugar. Imposible blanquear a Azul. El secreto pesando
como una piedra. Laura era su única interlocutora. Una costumbre pasar por su
casa a tomar un té, compartir con ella
los progresos de la nena de los cuales era notificado por Claudia en la llamada
de los lunes que ya formaba parte de la rutina. Afortunadamente Valeria, más
allá de que seguía existiendo entre ellos una distancia leve como los hilos de
una telaraña, le ahorraba preguntas que
le ahorraban mentiras. Francisco se decía a sí mismo que mentir pertenecía a
una categoría de pecado muy superior a la de ocultar. Dejó de visitar a sus
amigos. Horacio estaba ofendidísimo y
Francisco no tenía cómo justificarse. Hubiera sido una farsa dejar su vida
paralela en las tinieblas, porque con los amigos es tan grave mentir como
ocultar.
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