viernes, 9 de septiembre de 2016

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Marzo inaugurando el año escolar. Camilo, recién llegado de Estados Unidos, en la secundaria, absolutamente incapaz de ser independiente. Tobi comenzando el jardín, la adaptación prolongándose más de la cuenta, esclavizando a Valeria. Luciana, demasiado chica para trasladarse sola. Tres escuelas diferentes, tres horarios distintos. Además, la rehabilitación permanente de Camilo, la terapia de Luciana. Un caos reorganizar la vida familiar. Valeria, luego del accidente, había pedido licencia sin goce de sueldo en la universidad por tiempo indeterminado. Las finanzas exprimidas. El trabajo de Francisco empezando a hacer agua, a mostrar las consecuencias de haberlo relegado al último lugar. Imposible blanquear a Azul. El secreto pesando como una piedra. Laura era su única interlocutora. Una costumbre pasar por su casa a tomar un  té, compartir con ella los progresos de la nena de los cuales era notificado por Claudia en la llamada de los lunes que ya formaba parte de la rutina. Afortunadamente Valeria, más allá de que seguía existiendo entre ellos una distancia leve como los hilos de una telaraña,  le ahorraba preguntas que le ahorraban mentiras. Francisco se decía a sí mismo que mentir pertenecía a una categoría de pecado muy superior a la de ocultar. Dejó de visitar a sus amigos.  Horacio estaba ofendidísimo y Francisco no tenía cómo justificarse. Hubiera sido una farsa dejar su vida paralela en las tinieblas, porque con los amigos es tan grave mentir como ocultar.


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