Nadie fue a buscarlo a Ezeiza. En su casa, en
lugar de aguardarlo los chicos, solo una nota. Llamó la señora Alicia, hubo
un inconveniente y no pudieron salir, dejó este teléfono. Con el pulso
acelerado, muerto de miedo, discó. Están arreglando
el carburador, saldremos mañana informó Antonio. Como fondo, Luciana reclamando el tubo. A fuerza de
insistencia lo consiguió hola papi no te pudimos esperar con las ganas que
tengo de verte la tía Alicia me enseño a jugar al scrabel y siempre me gana
pero a Moira también y eso que es grande
cómo está Camilo Tobi solo quiere meterse en el mar con Nico cuándo vuelve mamá
el tío Antonio anoche preparó un asado qué me trajiste Francisco sonrió
escuchándola, ya parecía la de siempre. Luego Tobi me ustó el mar. Las
diez de la mañana. Abrió las valijas, puso la ropa a lavar, se dio una ducha,
se afeitó y se vistió de nuevo.
Llegó cerca de las siete. Le abrió ella,
limpiándose las manos en un repasador. Qué manía de venir sin avisar, pasá, contame
de Camilo. Mientras escuchaba el relato de Francisco, Claudia trajinaba por
la cocina. Hasta que el llanto de la nena la interrumpió. Fue en su
búsqueda. Tomá, tenela un rato
mientras sirvo el café, quiere brazos todo el día, está fatal, también, con
este calor…
Francisco se encontró con una beba en pañal. La marca de las
sábanas en las mejillas, el cuerpo colorado, el pelo pegado por el sudor,
rollitos en la panza, hoyos en los brazos gordinflones. Francisco le sonrió. La
nena frunció las cejas y lo miró con atención. Después se relajó y devolvió la
sonrisa. Mientras tomaban el café Claudia la amamantó. Francisco evitó mirar
esos senos opulentos que había conocido en otras circunstancias. Cuando
terminó, Claudia se la entregó de nuevo. Le voy a preparar un baño, está
toda transpirada. Con la beba en brazos Francisco contempló el ritual.
Abrir el catre, conectar la manguera, regular la temperatura del agua. Cuántas
veces le habría tocado ejecutarlo. Claudia cerró la tapa del catre, acostó a la
nena y la desvistió. Era la primera vez que veía a su hija desnuda. Cruza de
querubín y de lechón, agitando las patitas, salpicando. Se quedo parado como
una estaca esperando instrucciones. Hasta que llegaron. Alcanzame la toalla,
no, esa es la de Rocío, la otra, la que tiene capuchón. Claudia estaba sacando la beba del agua, cuando sonó
el teléfono. Cuidala un segundo que ya vengo. Francisco la secó.
Encontró el talco y, al ponérselo, por primera vez la acarició. Seda para las
manos. Cuando regresó Claudia, Azul era una prolija señorita vestida de rosa,
peinada con cepillo y todo. Te voy a contratar dijo Claudia
divertida. Es que tengo más experiencia
que vos le siguió la broma, de
pronto alegre. Claudia acostó a la nena y luego se sentaron frente a dos tazas
de café. ¿Resolviste algo? preguntó ella imprevistamente. El buen humor
de Francisco se fue a pique pienso mil maneras de decírselo pero cada una es
más torpe que la otra. Claudia fue precisa no vas a encontrar la mejor
porque no existe, ¿suponés que si sos más creativo le va a doler menos
enterarse de que tenés una hija con otra mujer? Francisco sacudió la
cabeza, abatido y ella agregó quizá no llegó el momento, a lo mejor tardás
años en encontrarlo. Él, absurdamente, la agredió ¿y mientras tanto
inventar mentiras cada vez que venga? El tono de Claudia fue irónico debo
deducir de tus palabras que planeás seguir viniendo. Francisco estaba irritado
es obvio que no pienso borrarme. Ella lo presionó ¿porque tu responsabilidad
te obliga?, ¿porque tu culpa tan bien entrenada desde que sos chiquito te
atormenta? La respuesta le brotó de las vísceras porque la quiero. Pero
a ella no le alcanzó y que yo sea la madre es un accidente. Él levantó la voz los dos sabemos que esta nena
no se gestó por casualidad. Ella mantuvo la calma no sé cómo interpretar
lo que estás diciendo. Francisco
cabeceó, desanimado dejalo así, mis sentimientos dejaron de existir en el
instante en que descubrí a Camilo debajo del auto y luego se incorporó ya
me voy, el micro sale a las doce, no me perdonaría no estar cuando lleguen mis
hijos. Ella siguió hostigándolo tus otros hijos. Él no encontró
fuerzas para contestarle. Se despidieron en la puerta.
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