miércoles, 7 de septiembre de 2016

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Nadie fue a buscarlo a Ezeiza. En su casa, en lugar de aguardarlo los chicos, solo una nota. Llamó la señora Alicia, hubo un inconveniente y no pudieron salir, dejó este teléfono. Con el pulso acelerado, muerto de miedo, discó. Están arreglando el carburador, saldremos mañana informó Antonio. Como fondo,  Luciana reclamando el tubo. A fuerza de insistencia lo consiguió hola papi no te pudimos esperar con las ganas que tengo de verte la tía Alicia me enseño a jugar al scrabel y siempre me gana pero a Moira también  y eso que es grande cómo está Camilo Tobi solo quiere meterse en el mar con Nico cuándo vuelve mamá el tío Antonio anoche preparó un asado qué me trajiste Francisco sonrió escuchándola, ya parecía la de siempre. Luego Tobi me ustó el mar. Las diez de la mañana. Abrió las valijas, puso la ropa a lavar, se dio una ducha, se afeitó y se vistió de nuevo.

Llegó cerca de las siete. Le abrió ella, limpiándose las manos en un repasador. Qué manía de venir sin avisar, pasá, contame de Camilo. Mientras escuchaba el relato de Francisco, Claudia trajinaba por la cocina. Hasta que el llanto de la nena la interrumpió. Fue en su búsqueda.  Tomá, tenela un rato mientras sirvo el café, quiere brazos todo el día, está fatal, también, con este calorFrancisco se encontró con una beba en pañal. La marca de las sábanas en las mejillas, el cuerpo colorado, el pelo pegado por el sudor, rollitos en la panza, hoyos en los brazos gordinflones. Francisco le sonrió. La nena frunció las cejas y lo miró con atención. Después se relajó y devolvió la sonrisa. Mientras tomaban el café Claudia la amamantó. Francisco evitó mirar esos senos opulentos que había conocido en otras circunstancias. Cuando terminó, Claudia se la entregó de nuevo. Le voy a preparar un baño, está toda transpirada. Con la beba en brazos Francisco contempló el ritual. Abrir el catre, conectar la manguera, regular la temperatura del agua. Cuántas veces le habría tocado ejecutarlo. Claudia cerró la tapa del catre, acostó a la nena y la desvistió. Era la primera vez que veía a su hija desnuda. Cruza de querubín y de lechón, agitando las patitas, salpicando. Se quedo parado como una estaca esperando instrucciones. Hasta que llegaron. Alcanzame la toalla, no, esa es la de Rocío, la otra, la que tiene capuchón. Claudia  estaba sacando la beba del agua, cuando sonó el teléfono. Cuidala un segundo que ya vengo. Francisco la secó. Encontró el talco y, al ponérselo, por primera vez la acarició. Seda para las manos. Cuando regresó Claudia, Azul era una prolija señorita vestida de rosa, peinada con cepillo y todo. Te voy a contratar dijo Claudia divertida.  Es que tengo más experiencia que vos  le siguió la broma, de pronto alegre. Claudia acostó a la nena y luego se sentaron frente a dos tazas de café. ¿Resolviste algo? preguntó ella imprevistamente. El buen humor de Francisco se fue a pique pienso mil maneras de decírselo pero cada una es más torpe que la otra. Claudia fue precisa no vas a encontrar la mejor porque no existe, ¿suponés que si sos más creativo le va a doler menos enterarse de que tenés una hija con otra mujer? Francisco sacudió la cabeza, abatido y ella agregó quizá no llegó el momento, a lo mejor tardás años en encontrarlo. Él, absurdamente, la agredió ¿y mientras tanto inventar mentiras cada vez que venga? El tono de Claudia fue irónico debo deducir de tus palabras que planeás seguir viniendo. Francisco estaba irritado es obvio que no pienso borrarme.  Ella lo presionó ¿porque tu responsabilidad te obliga?, ¿porque tu culpa tan bien entrenada desde que sos chiquito te atormenta? La respuesta le brotó de las vísceras porque la quiero. Pero a ella no le alcanzó y que yo sea la madre es un accidente.  Él levantó la voz los dos sabemos que esta nena no se gestó por casualidad. Ella mantuvo la calma no sé cómo interpretar lo que estás diciendo.  Francisco cabeceó, desanimado dejalo así, mis sentimientos dejaron de existir en el instante en que descubrí a Camilo debajo del auto y luego se incorporó ya me voy, el micro sale a las doce, no me perdonaría no estar cuando lleguen mis hijos. Ella siguió hostigándolo tus otros hijos. Él no encontró fuerzas para contestarle. Se despidieron en la puerta.

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