viernes, 23 de septiembre de 2016

111 Última entrega

Francisco tocó el portero eléctrico. Instantes después vio que el ascensor se abría. Claudia avanzó por el pasillo, empujó la puerta y, llenándolo de indicaciones, le entregó bolso y nena. Instantes después, parado en la esquina esperando un taxi, Francisco tuvo la extraña sensación de que su juventud había sido arrasada. Tanto que sintió que quien lo viera lo supondría abuelo de su propia hija. Bajó del taxi sosteniendo a la nena dormida entre los brazos. Entró a la confitería. Buscó a Valeria y la encontró en el reservado del fondo. De espaldas, acodada en la mesa, los dedos entrecruzados amparando la frente. Avanzó, silencioso, y se paró junto a ella. Le apoyó su única mano libre en el hombro derecho. Ya llegó Azul anunció. Los dedos de ella resbalaron, descubriendo el  rostro. Como en cámara lenta, Valeria fue girando la cabeza, elevó imperceptiblemente el mentón y por fin, abrió los ojos. 

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