viernes, 29 de julio de 2016

87

Por suerte el tránsito le fue favorable. La estimada media hora de atraso reducida a veinte minutos. Estacionó frente al colegio. Bajó del auto al tiempo que Luciana, con las dos mochilas, corría hacia él. Se le tiró en los brazos, llorando. Bueno, hijita, no es para tanto, alguna vez en la vida se me puede hacer tarde y recién reaccionando preguntó ¿dónde está tu hermano? Fue a lo de Leo a llamarte; me dijo que no me moviera de acá de pronto, avergonzada, la nena se apartó de su padre y se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano. Francisco buscó su teléfono: sí, lo había apagado en el hotel. Luciana miraba hacia la dirección en que había desaparecido su hermano y de pronto dijo mirá, papá, ahí viene. Él, aliviado, giró sobre sí mismo. Camilo corría por la vereda. Francisco tuvo noción de que no disminuía la velocidad. Quiso recordarle el reciente curso de educación vial, había que detenerse en las esquinas. Una flecha, la carita colorada, el chico bajó el cordón solo mirándolo. Francisco sí vio el auto que aceleraba intentando obviar el amarillo. ¡¡Cuidado, Camilo!! gritó con todas sus fuerzas mientras corría hacia la esquina. Como tocado por un rayo el chico se para en seco al mismo tiempo que se escucha un chirrido de frenos. Francisco, que sigue corriendo, cierra los ojos. Un instante después los abre y no ve a Camilo. Al auto sí. Está detenido y es azul. Piensa, mientras sigue corriendo dónde se habrá metido este chico. Cuando llega a la esquina, del auto azul baja un hombre agarrándose la cabeza. Francisco lo roza al pasar frente al coche. De abajo del auto emerge el cuerpo de Camilo. Francisco escucha un aullido de animal y le toma unos segundos darse cuenta de que proviene de sí mismo. Se abalanza sobre Camilo, los ojos cerrados, el delantal blanco. Francisco se arrodilla y sobre el cuerpo inmóvil de su hijo, le jura al Dios en el que no cree, que si se lo devuelve nunca más Claudia, nunca más. Camilo abre los ojos un instante y vuelve a cerrarlos. Francisco mete las manos bajo las axilas del nene y va a jalarlo cuando un grito lo detiene. No lo mueva, déjelo. Francisco gira aturdido. Un policía se acerca. Ahora sí escucha alaridos que tiene certeza no provienen de él. Aliviado piensa puede gritar y se voltea hacia Camilo. El chico sigue exánime. Francisco, desconcertado, vuelve a girar. Luciana se tira sobre él gritando ¡Camilo se murió! Francisco se sienta sobre sus talones y la abraza.  El policía le ordena levántese. Francisco no atina a moverse. El hombre lo agarra del codo. Él se incorpora. Un remolino de gente alrededor. A lo lejos, una sirena. Ya parado, con la nena, enterrada en su cintura, vuelve a mirar a Camilo. La mitad visible del delantal ya no es blanca. 

miércoles, 27 de julio de 2016

86

PRESENTE

Imperioso verla. Estacionó frente al consultorio. Estaba tocando el timbre cuando el portero le avisó que acababa de retirarse. Fíjese en el bar de la esquina  sugirió. Corrió por la calle y allí, en la mesa de siempre, de espaldas, la descubrió. Los huesos se le ablandaron. Se acercó desde atrás y le puso una mano en el hombro. Ella giró la cabeza y miró la mano y así quedó, muda, sin levantar la vista. Hasta que él la retiró y señalando la silla de enfrente pidió ¿puedo? ¿Qué hacés acá? preguntó ella, recién mirándolo. Él le contestó vine a verte. Ella quiso ser irónica ya me doy cuenta; quisiera saber para qué.  Vine a contarte todo lo que descubrí desde que nos separamos; y como el ceño de ella se frunció agregó perdoname, necesitaba compartirlo con vos. La voz de ella sonó helada ¿el pedido de perdón significa que tu presencia es circunstancial? Él se desesperó  mi presencia solo es la constancia de que no pude dejar de venir. Ella se ablandó contame, en principio, contame. A medida que le iba transmitiendo sus encuentros con Laura, con Germán, la sangre de Francisco se entibiaba. Recién compartiéndolas con ella sus vivencias recobraban el sentido. ¿Y cómo te sentís con tanto sobre los hombros? preguntó, al fin, ella. Una sola palabra  acudió a Francisco completo. Completo sin mí rectificó Claudia. No dejaste de estar conmigo ni un instante. Ella buscó precisiones ¿para qué me confesás esto?, ¿cambiaste de opinión? Francisco bajó la vista no es una opinión, es un deber. Claudia lo acorraló creo que tenés dos deberes, el segundo es hacerme el menor daño posible; y si solo viniste para desahogarte, ya lo hiciste, ella sonrió irónica y añadió que el hombre no separe lo que Dios ha unido. Luego el rostro se le endureció y rotunda  ordenó andate. Francisco se quedó en silencio. Andate un grito estrangulando su voz. Francisco solo atinó a balbucear Claudia, por favor.

Cinco menos cinco. Francisco se levantó de súbito y empezó a vestirse. ¿Qué pasa? preguntó ella. Tengo que retirar a los chicos de la escuela. Claudia se incorporó y se dirigió al baño pero él le aclaró me voy ya. Lo único que falta es que me dejes sola acá. Francisco inquebrantable repitió me voy ya atándose los zapatos tomate un taxi. ¡Francisco! Él intentó apaciguarla es tardísimo, me voy volando y ante la cara de indignación de ella concedió los llevo a casa y en menos de una hora paso por el consultorio. Prometemelo exigió ella y Francisco levantó la palma de la mano, frunciendo las cejas palabra de honor.

lunes, 25 de julio de 2016

85

FUTURO

Parado en la esquina esperando un taxi, Francisco tiene la extraña sensación de que su juventud ha sido arrasada. Tanto que imagina que quien lo viera lo supondría abuelo de su propia hija. Baja del taxi sosteniendo a la nena dormida entre los brazos. Entra a la confitería. Busca a Valeria y la encuentra en el reservado del fondo. De espaldas, acodada en la mesa, los dedos entrecruzados amparando la frente. Mientras avanza hacia ella Francisco recuerda la última vez que desayunaron allí. Ambos acababan de dar sangre. Hacía casi un año. Dios mío, qué año.

viernes, 22 de julio de 2016

84

Es incapaz de calcular el tiempo transcurrido sobre ese banco. Había refrescado. Se pone el saco, mete la corbata en el bolsillo y se incorpora. A pesar de que está nauseoso, camina hacia el auto a paso vivo. Es evidente que la relación entre Germán y él nunca fue sencilla, quizás la discordia entre ambos había contribuido a que abandonara a su madre. Está manejando cuando vuelve a Francisco la imagen de su mamá llorando en la cama. Intenta  reconstruirla con precisión. Ella le había dicho acompañáme. ¿Adónde?


 Mamá se levanta de la cama y me lleva de la mano al escritorio y abre un cajón y empieza a sacar cartas y las rompe y abre otro cajón y saca fotos y también las rompe y mirándome fijo me dice escucháme bien Francisco vamos a hacer de cuenta que Germán nunca existió nos olvidaremos de todo y empezaremos de nuevo los dos juntos solo vos y yo estás de acuerdo me pregunta y me aprieta las manos tan fuerte que me duelen entonces yo hago que sí con la cabeza y me abraza y me quiero ir pero no puedo y pienso en todas las fotos en que me rompió porque también estaba ese que nunca existió.

miércoles, 20 de julio de 2016

83

Mamá está tirada sobre la cama y llora yo me acerco pero ella no me ve me acerco más y me quedo callado hasta que después de un rato me descubre y dice estoy rota y yo sé que es por dentro y me pide vení y me toma la mano y me empuja y me acuesto a su lado entonces dice Germán se fue y sé que no es ir a comprar cigarrillos es irse y mamá sigue llorando y se sacude y yo me asusto y como no sé qué hacer no hago nada hasta que se sienta en la cama y los ojos le brillan y después se para y dice acompañáme.

Llegó al estudio y antes de sentarse levantó el teléfono.  No quiero que te sientas en falta con la memoria de mi madre, pero necesito una única información; te prometo que nunca más volveré a mortificarte con el tema. En cuanto colgó le pidió de nuevo la guía telefónica a Marcela y cerró la puerta cual asesino planeando un crimen. Al tiempo que su dedo resbalaba por las columnas de mínimas letras, el corazón le retumbaba. Tan distinto que con Laura.

Aunque mamá se enoje yo solo voy a escribir la tarjeta para mi papá recorto una cartulina porque a ella no quiero pedirle nada y me queda torcida y la rompo y ahora primero la dibujo con la escuadra y después la corto y esta sí quedó casi derecha y ahora le dibujo flores y le pego brillantina como me enseñaron en dibujo y le hago rayas para escribir querido papá espero que te guste la corbata  que compré con la plata que me diste porque otra no tenía gracias por venir a buscarme todos los domingos me encanta que me lleves al cine y al restorán y a la juguetería y estar con vos feliz día del padre te desea tu hijo menor.

Salió al jardín para saludar a Pepe y se encontró a Camilo, en penumbras, tirado en el piso. ¿Qué te pasó? preguntó alarmado. Entreno contestó su hijo al tiempo que retomaba las bicicletas me dijo el sabonín que tengo que trabajar los gemelos. Francisco se dejó caer en el sillón de mimbre y Pepe se acostó a sus pies. Francisco fijó los ojos en las piernas de mi hijo que, infatigables, giraban. Uno, dos, tres contaba Camilo. Ya iba por la cuarenta y tres cuando Valeria los convocó a cenar. Estoy muerto de hambre dijo el nene mientras se incorporaba.

Una jornada muy intensa. La presentación del anteproyecto a la señora de Urquijo había resultado un éxito. Francisco controló el reloj y se sumó al gentío de Corrientes. Hacía añares que no iba a La Paz, cómo había cambiado. Ajeno a sus costumbres, obvió la mesa vacía junto a la ventana. Mientras revolvía el segundo café su inquietud crecía. Giró en la silla y recorrió con atención las mesas a su alcance.  Le dolía la cabeza, se aflojó la corbata. Porque él odiaba usar corbata. Se oprimió las sienes con las yemas de los dedos.

Traéme el cesto de basura me pide la abuela entonces entro al escritorio y busco el papelero y veo el papel abollado y lo saco y lo abro y adentro arrugada está mi tarjeta y la agarro y la rompo en mil pedazos porque ya se le despegó la brillantina.

¿Francisco? Un hombre alto, delgado, buenmocísimo en su madurez, le sonreía. Francisco, sobresaltado, le devolvió la sonrisa pero al verlo sentado frente a él, expectante, sintió que se quedaba sin libreto y bajó la vista. Fue Germán quién rompió el hielo seguís teniendo los ojos de Elisa.  Mamá murió necesitó Francisco defenderse. Me enteré hace una semana y todavía no puedo creerlo. Francisco se descubrió sin propósitos.  ¿A qué debo el honor de tenerte enfrente? preguntó Germán y Francisco fue brutalmente sincero necesito saber por qué abandonó a mi madre. El hombre hizo una pausa espesa y después arrancó Elisa fue el amor de mi vida; sin embargo, desde el instante en que la conocí lo que primó en mí, más allá de la delicia de tenerla, era la sombra de saber que, irremediablemente, la perdería; me preguntás por el final pero para explicarme necesito empezar por el principio; cuando tu padre la dejó, Elisa necesitaba un sueño para sobrevivir a la pesadilla en que se había convertido su vida, y yo tuve el privilegio de ser el elegido; fueron años de ocultamiento, de amor desenfrenado, hasta que ella decidió sacar nuestra relación a luz; tus hermanos no la aceptaron pero Elisa siguió adelante; mucho tiempo después, nos casamos; pronto me di cuenta de que nunca íbamos a poder constituir una familia;  tus hermanos ya se habían ido y te manejaban como a un muñeco a cuerda, no permitieron que te relacionaras afectivamente conmigo; siempre fuiste educado, correcto, cortés pero inaccesible; nos sentábamos los tres a comer y el aire se cortaba con tijera; de todos modos, yo era capaz de soportarlo con tal de estar a su lado; hasta que empecé a observar que Elisa vivía pendiente de las noticias sobre tu padre; cuando lo entrevistaban en la radio o en la televisión el mundo debía detenerse para que pudiéramos escucharlo; cuando volvías de ver a tu padre te enloquecía a preguntas; un día encontré una carpeta donde pegaba recortes del diario, las notitas que él le enviaba con vos ; mi contrincante era un fantasma; solo existía en ella; empecé a enfermarme de celos; pese a todo lo íbamos llevando, hasta que Elisa se enteró de que a tu padre lo había dejado su mujer; poco después me dijo, porque entre nosotros todo era transparente, que iba a intentar recuperarlo; ella esgrimía tu felicidad, su obligación de que pudieras gozar nuevamente de una familia; una tarde salió hacia su encuentro; cuando regresó yo, pese al amor que le tenía y que nunca dejé de tenerle, ya me había ido; tu padre la había rechazado y ella me buscó, me rogó que volviera a su lado, pero mi decisión estaba tomada; en cuanto pude me fui del país, viví durante años en España, allí pude, finalmente, formar una familia; tengo dos hijos y acaba de nacer mi primera nieta.

Francisco se despidió con la certeza de que no volverían a verse. Porque así como ante Laura, desde el primer instante, el afecto había fluido en ambas direcciones, todo el rato que había permanecido frente a Germán, escuchándolo con suma atención, no dejó de acompañarlo un incisivo malestar. Estaba yendo a buscar el auto cuando decidió que tenía ganas de caminar un rato. Necesidad. 

Mañana es el día del padre y quiero comprar una corbata porque ahora tengo plata todavía me quedan cuarenta y cinco pesos las miro bien a todas y por fin me decido por una azul con rayitas celestes y se la doy a  la vendedora y mamá me dice Francisco tendrías que comprar otra para Germán porque ahora él también es tu papá y agarra una marrón con puntitos y se la da a la señora junto con la otra yo no quiero comprarle una corbata a Germán porque yo tengo solamente un padre todo el mundo tiene solo un padre y además la plata me la dio mi papá pero  la vendedora dice son veinticuatro pesos y yo busco dos billetes de diez y cuatro monedas y se los doy y ella me entrega los dos paquetes y salimos caminando y mamá habla pero yo no y cuando llegamos me dice tenés que escribir las tarjetas pero yo le digo no voy a hacer la de Germán si querés hacéla vos y me meto corriendo en mi cuarto y cierro la puerta y mamá me grita Francisco.


Se ve que me trajeron dormido porque me despierto en mi cama y está todo negro y los motores de los autos que pasan son como ráfagas y aguzo el oído porque me parece que maúlla la gata capaz que se quedó afuera y ahora quiere entrar pero cuando escucho mejor me doy cuenta de que no es la gata y me tapo la cabeza con la almohada porque tengo náuseas seguro que por la torta de casamiento con los dos muñequitos. 

lunes, 18 de julio de 2016

82

¿Quién es esa que viene? preguntó Luciana. No es esa, es una señora que hace muchos años estuvo casada con el abuelo le aclaró Francisco. ¿Justo hoy que Leo me invitó a dormir? protestó Camilo. Luciana se sumó a la causa nunca nos dijiste que existía. El otro día nos encontramos y me comentó que le gustaría mucho conocerlos explicó Francisco. ¿De repente te agarró el amor? insistió la nena. Francisco se impacientó  basta de comentarios, esta señora viene a cenar y lo único que les pido es que sean educados. No obstante concedió si no terminamos tarde, después de comer te llevo a lo de Leo. Vengan a cambiarse ordenó Valeria. ¿Para qué? cocoreó Luciana que me conozca como soy. A los pocos minutos el timbre sonaba. Francisco fue a abrir, nervioso. Él también dudaba del sentido de la cena. Vagamente culpable, además. La puerta le entregó la luminosa sonrisa de Laura. Bienvenida la recibió Valeria. Los tres chicos, lavados y planchados se quedaron en la puerta del living, con cara de pocos amigos. Laura se aproximó y les sonrió; solo el pequeño le devolvió la sonrisa. Ella se agachó vos debés ser Tobías, mirá te traje algo. La cara de los mayores mostró cierto interés mientras el nene agarraba la caja de marcadores con timidez. Laura se incorporó, se acercó al mayor y le tendió la mano soy Laura y me parece que sos Camilo el chico se la estrechó con fuerza y ella aclaró salió ayer tendiéndole un paquete. Camilo rasgó el papel ¡el último Harry Potter! La nena se acercó yo te doy un beso porque soy mujer y no te digo que soy Luciana porque total ya lo sabés. Laura le acarició el cabello pero no sabía que iba a encontrarme con una señorita tan linda, espero que te quede bien.  ¡Me encanta! exclamó la nena apoyando con coquetería el vestido sobre su cuerpo. Los chicos, el buen humor recuperado, parlotearon como de costumbre. La conversación de la cena instalada en el hoy. Papi, ¿me llevás? reclamó Camilo en cuanto terminaron. Media hora después, café mediante, partían los tres. Francisco pensó que ahora ocupaba el lugar de su padre; su hijo, acostado en el asiento trasero, leyendo el libro, el que había sido suyo. Lo dejaron primero. En el momento de bajarse Laura le entregó  un sobre lo escribí para vos el día en que te conocí y antes de que él pudiera reaccionar, desapareció. Un ángel de ojos pardos me trajiste en los brazos y el dolor más hermoso de mi vida nació empezaba. Arrancó, conmovido. Quién como ella, podía entender a Laura. Sin pedirle autorización sus manos condujeron hacia la casa de Claudia. Estacionó frente a la puerta y apagó el motor del auto. Después de diez minutos, venciéndose, arrancó.


Se acostó junto a Valeria, intentando no despertarla. No lograba identificar al culpable. Solo inútiles marañas de dolor, provocadas sin que mediara la intención. Por primera vez se encontró pensando, no en su necesidad de Claudia, sino en lo que ella estaría sintiendo. La imaginó  entre sábanas, compartiendo a la distancia un mismo insomnio. Angustiado, apretó fuerte los ojos. 

viernes, 15 de julio de 2016

81

Esa noche, en la cama, Francisco intentó hilvanar sus últimas experiencias. Cuánto más sencillo había sido, durante años, defenestrar la figura de su padre y ensalzar la de su madre; culpar de todo a esa mujer. Desde el vientre había sido mudo testigo de un juego de pasiones. Nadie había querido hacerle daño, eso era evidente, pero igual se lo habían hecho. La misma torpeza demostrada por Claudia, tan sensible frente a los dolores ajenos, con su propia hija. ¿Sería él mismo incapaz de percibir las inquietudes de los suyos a quienes consideraba viviendo en un paraíso terrenal? Era un mito la existencia de una niñez feliz. Cada niño cargaba con la suficiente inteligencia emocional para leer entre líneas, para captar los verdaderos sentimientos de los padres a partir de sus vibraciones, de su olor. Quizás el sexto sentido de sus hijos podía percibir como su cuerpo añoraba el de Claudia, como su alma la necesitaba. Una parte de sí mismo que, como un perro abandonado, aullaba por su dueño.

La hamaca buscaba, obstinada, las manos de Francisco. Las carcajadas de Tobi surcando el aire. Francisco se sintió salvajemente vivo. Sorpresivamente feliz. ¿Horacio sabe? Francisco, desconcertado, giró hacia Valeria. ¿Si sabe qué? La cara de su mujer era elocuente. Él bajo los brazos. ¡Más, papá!

Francisco vio a sus hermanos munirse de muebles y cuadros que siempre habían desdeñado. Y aunque se revolvía de rabia, no pudo dejar de pensar que su madre habría estado contenta. Ella había establecido, a lo largo de toda una vida de acarrearlos de vivienda en vivienda, una relación muy particular con sus pertenencias. Había amado por igual porcelanas finas y toscas figuritas de loza. Después de que las piezas de valor fueron adjudicadas, y sus hermanos, en consecuencia, se hubieran ido, Francisco se propuso deshacerse de la multitud de cosas inservibles que tapizaban estantes y paredes. No fue fácil. Compré un angelito me dice mamá y yo le pregunto otro más y ella me contesta este no es cualquier angelito fijáte tiene tu misma cara estaba en el remate esperándome. El teléfono sonó, sobresaltándolo. La cena lista y los chicos muertos de hambre. Aliviado, se lavó las manos y se dirigió a su casa. Desde un inicio le había resultado mucho más fácil ser padre que hijo pensaba ya en el auto. A lo mejor los chicos, hasta ahora tan dóciles, estaban juntando fuerzas para complicarle la vida. Francisco sonrió solo. Inimaginable Luciana transformada en una Alicia; Camilo en un Guillermo. Y no supo si alegrarse cuando notó que no sería inconcebible que Tobi se le pareciera.

El yesero meneaba la cabeza, preocupado hacía rato que no veía molduras tan trabajadas. Francisco supo que el presupuesto adelantado por teléfono iba a ser considerablemente incrementado. Su mirada siguió la del hombre y recién descubrió que eran idénticas a la del hall de Amenábar. Un pie en un cuadro blanco, el otro en uno negro. Una voz lo sobresaltó me quedé corto, arquitecto, disculpemé.


Estaba esperando en el auto a Camilo cuando reparó en que hacía mucho que no lo veía practicar. Entró al club. Qué olor particular. Cloro, adrenalina, sudor, desodorante. Su hijo estaba luchando. Rojo, jadeante, el dobok abierto mostrando el pecho transpirado. Qué distinto del aplicado escolar que había recogido del colegio solo hacía unas horas. Una fulminante patada de Camilo derribó a su contrincante. El sabonín le levantó el brazo. Recién entonces el chico lo descubrió. La cara se le iluminó. Mientras Camilo se duchaba el sabonín se acercó a Francisco las piernas de este chico valen oro. Francisco pensó las piernas de mi hijo. Fue extraño.

miércoles, 13 de julio de 2016

80

Tobi apareció a las siete de la mañana en el cuarto, no enterado de que era sábado. El pijama con patas, el pelo revuelto, los cachetes colorados, el peluche en la mano. Irresistible. Ante la invitación de Francisco trepó a la cama y se acomodó entre los dos. Valeria semidormida, lo estrechó contra ella. El nene se llevó el pulgar a la boca y ronroneó. Francisco se sintió extrañamente molesto, y al cabo de un rato, se levantó. Al pasar por el cuarto de Luciana la vio despierta.  ¿Qué está haciendo  mi Lulú  tan temprano? La nena fue precisa me acordaba de la abuela, ¿vos no la extrañás? El día no pintaba fácil la tengo presente todo el tiempo, siempre me acompaña. Luciana se sentó en la cama ¿me podés llevar a su casa? Francisco la miro inquisitivo yo siempre jugaba con sus collares, ella me prometió que cuando fuera grande me los iba a regalar. Francisco, sonriendo, preguntó ¿y ya sos grande? La nena le contestó, muy seria yo nunca voy a ser grande para ella  porque ¡mi abuela se me murió! Luciana estalló en llanto ¿ahora quién me va a decir Luciérnaga? Se recostó en la cama de su hija y la abrazó fuerte.

Es domingo porque después del sábado sigue siendo domingo y tengo miedo de que papá no me venga a buscar más porque el domingo pasado no vino y en estos días nadie me llamó capaz que se ofendieron porque no fui al entierro como mamá que sí que se enojó pero siento la bocina y el corazón me late y grito chau mamá  y ella me contesta chau hijo dále un beso de mi parte al abuelo y yo me subo al auto y me siento al lado de papá que me pregunta cómo estás bien le contesto y me animo y le pregunto y vos y él me mira sorprendido y justo Julio pregunta adónde vamos señor que por suerte hoy tocó Julio que es el que más me gusta y papá dice a la rotisería te encargué milanesa con papas fritas está bien me consulta y yo hago que sí con la cabeza aunque está mal porque hoy es veintinueve y la abuela hacía ñoquis y me ponía un billetito debajo del plato y no quiero ver al abuelo no quiero ver a los chicos no quiero ver la casa no quiero ver la cocina no quiero que nadie se siente en su silla no quiero que sea domingo nunca más.

Vestíte, Lulú, vamos a lo de la abuela dijo Francisco. Después fue al dormitorio. Madre e hijo dormían abrazados. Buscó la ropa con cuidado y se vistió. Salieron de puntillas dejando una nota sobre la mesa.

 Todos me saludan como si nada y vamos al comedor y la mesa está puesta y papá deja los paquetes sobre el mantel y empieza a sacarles el papel hasta que Alicia dice así no y se los lleva a la cocina y al rato vuelve con una bandeja y dice siéntense y ella se sienta en el lugar de la abuela y le da a cada uno su cajita de aluminio. El abuelo pidió ñoquis

Luciana se abalanzó al dormitorio y abrió el segundo cajón de la cómoda. Allí, desparramados, montones de collares de fantasía que la nena recogió, golosa. En el fondo apareció una bolsa con tres estuches de terciopelo azul, rodeados por gomitas, sosteniendo respectivos cartoncitos. La nena leyó la primera tarjeta dice para Alicia, sacó la segunda para Moira y repitió el procedimiento para mi Luciérnaga y, con sumo cuidado, abrió el estuche ¡un anillo de brillantes! gritó mientras se lo probaba y luego sacudió la cabeza, preocupada me queda enorme. Ese sí que es para cuando seas grande la conformó él. A Luciana le llevó un instante concluir entonces la abuela sabía que se iba a morir. Lulú, todos sabemos que moriremos algún día. La nena no pareció impresionada y pidió ¿me prestás un lápiz? tomó la birome que se le ofrecía y arriba de su nombre agregó Para la nieta de:  le devolvió la birome y agregó por las dudas. Francisco la abrazó. Vamos a desayunar a casa y después volvemos y me ayudás a ordenar, ¿qué te parece? Ella, entusiasmada, sugirió ¿compramos facturas? Francisco asintió. ¿De dulce de leche? tentó y le dio el anillo tengo miedo de que se me pierda, ¿me lo guardás hasta que crezca? Después informó voy a ponerme un collar mientras se engalanaba. Salio llevando en una caja, apretada bajo el brazo, su  tesoro.

Terminamos de comer y Guillermo levanta los platos y Alicia los lava y yo llevo la panera y no sé qué más hacer pero por suerte papá me llama y salgo de la cocina y él me cuenta  me pidió Laura que te preguntara si querés ir al cine entonces averiguo Guillermo va y papá me responde solo nosotros tres y yo creía que estaba mal ir al cine tan pronto pero si Laura dice.  Chau abuelo saludo y le doy un beso y después me acuerdo y le doy el otro pero no le digo de quien es y el me despide hasta el domingo que viene Paquito  porque ahora el abuelo es el único que me dice Paquito.


lunes, 11 de julio de 2016

79

Valeria llegó tarde de la facultad. Antes de que fuera absorbida por los chicos, Francisco le comentó el encuentro. Su mujer lo dejó hablar y luego, sin decirle una palabra, lo abrazó. Fuerte lo abrazó. Al cabo de unos minutos se separó ¿por qué no la invitás a cenar el viernes?

 Estamos buscando un conejito de las indias pide papá y la vendedora nos dice elijan tranquilos y a mí me gusta el manchadito pero eligen uno todo marrón porque es más grande y también compramos una jaula y una bolsa con comida la señora pone el conejito en la jaula papá paga y salimos y yo quisiera llevar la jaula porque igual me gusta mucho el conejito pero como es muy pesada papá se la da a Guillermo y a mí la bolsa porque el conejito no es para mí es para Jorgito y este es el primer animal que va a tener Jorgito total yo tengo a Polifemo en la quinta  y un perro es mucho mejor porque cuando te ve mueve la cola y este conejito casi no tiene.

Pucha cómo la precisa. Por primera vez se le impone en toda su magnitud el dolor de no tenerla. Como si luego de semanas de armar laboriosamente un enorme rompecabezas  con intenciones de enmarcarlo descubriera, al llegar al final, el extravío irreparable de una pieza. El conjunto perdía la razón de ser. Eso era él sin Claudia: un rompecabezas trunco.

Estamos yendo a llevar unas tortas que preparó la abuela para Jorgito que mañana es el cumpleaños total a mí siempre que le pido me hace buñuelos que son mucho mejor me explicaron  que no hay que decirle nada a Jorgito es una sorpresa una gran sorpresa. Hola dice la tía Irene y me besa qué grande estás y mientras papá y Guillermo se quedan charlando con los tíos yo lo sigo a Jorgito hasta su cuarto que siempre está tan ordenado sino la tía Irene le grita y él me cuenta mis papás  me van a regalar un mecano y yo le digo si ya sabés no es sorpresa pero él me explica yo ya soy grande para sorpresas estoy muy contento  porque es el regalo que yo más quería el mejor de todos los que existen entonces le digo yo no estaría tan seguro y él me pregunta por qué me lo decís y yo le digo porque a lo mejor te regalan otra cosa que te gusta más pero él insiste no hay nada mejor y yo también insisto ya vas a ver que sí y él me pregunta qué es lo que voy a ver y yo le respondo no sé porque no puedo contarle y ahora Jorgito me tantea ustedes me van a regalar algo que me va a gustar más  y yo le hago que sí con la cabeza decime qué es me pide y yo le digo no puedo es una sorpresa pero él dice a mí no me gustan las sorpresas  qué es exige y yo le digo no me dejan y él me provoca no sabés me estás mintiendo y yo le digo es verdad y él insiste si es verdad  decime qué es y yo le digo no puedo y el grita sos un mentiroso entonces le digo un conejito de las indias y Jorgito abre tanto los ojos que me asusto y dice es mentira no puede ser porque a mamá le da alergia pero yo le explico Alicia la convenció y Jorgito abre la puerta y sale corriendo y desde el cuarto escucho los gritos mamá es cierto que el tío me va a regalar un conejito de las indias. Siento que me desmayo. Es un imbécil grita Guillermo te avisé papá es un mocoso no teníamos que contarle nada ahora lo agarro y lo mato y el tío Jorge trata de calmarlo no te pongas así y de repente escucho los pasos de Guillermo en la escalera y levanto la colcha y me meto debajo de la cama justo cuando Guillermo entra y grita dónde estás manga de tarado y yo tiemblo debajo de la cama y como no me encuentra se va tuve suerte porque si me encuentra me mata y tiene razón soy un tarado rompí un secreto de familia y eso es muy grave no me importa que él me pegue me importan papá y Alicia y escucho que alguien entra y veo la punta de unos zapatos y escucho Francisco si estás aquí salí y es papá y tengo que correr la colcha y asomar la cabeza.

Valeria regresó del baño envuelta en la toalla. La deja caer y está por ponerse el camisón cuando Francisco se enciende. La busca y ella accede. Valeria vibra con sus caricias, se arquea. Francisco siente que todo está superado. No obstante, cuando él, en el momento de acabar, cierra los ojos, la imagen de Claudia otra vez se cuela en la cama. Los abre asustado. Valeria, satisfecha, sonríe.


Qué hacés ahí dice papá y se sonríe y yo salgo del todo y las lágrimas me empiezan a resbalar por la cara y papá me ordena Francisco mirame pero yo me tapo los ojos con las manos entonces papá se acerca y me los destapa y  las lágrimas se me hacen sollozos y ahora papá se sienta sobre la cama  y saca el pañuelo del bolsillo y me limpia la cara y yo me sorbo los mocos y entonces papá dice qué tonto este Jorgito vos le contaste un secreto y él no fue capaz de guardarlo  me parece que no se merece el conejito y yo lo miro y no puedo creerlo porque soy yo el que no merezco este papá el papá mejor del mundo. 

viernes, 8 de julio de 2016

78

La refacción del petit hotel estaba llegando a su fin. Francisco se demoró controlando las terminaciones. El carpintero había hecho un trabajo de lujo. Daban ganas de acariciar las puertas de roble, lijadas y lustradas. De masticarlas pensó. Salió satisfecho, sin embargo, en cuanto subió al auto la realidad se le impuso, aplastándolo.

Llegó a su casa cerca de las nueve. Desde la puerta lo asaltó el olor de los canelones. El estado anímico de Francisco ascendió varios centímetros en un segundo. Si Valeria había resuelto agasajarlo no sería tanto su rencor. Quizá lo peor ya pasó. Se sentaron los cinco a cenar. Como los dedos de una mano. Francisco comía con entusiasmo, absurdamente contento. Charlando con Camilo sobre la documentación que deberían presentar para inscribirse en los panamericanos. Hasta que la voz de Luciana se impone mami, ¿estás arrepentida de haber vuelto? Valeria levanta las cejas, sorprendida. No hay nada que haya deseado más que estar acá, con ustedes contesta rozándole el cabello. Entonces insiste la nena ¿por qué desde que llegaste tenés la cara tan triste? Ratificando las palabras de Luciana, los ojos de Valeria se llenan de lágrimas.

Le abrió una mujer que rondaba los setenta, delgada y de facciones agradables. Impecablemente vestida y maquillada con esmero.  La última vez que te vi tendrías unos nueve años; a ver, dejame que te mire, sí, seguís teniendo los mismos ojos él sonrió y la misma sonrisa; qué parecido a tu papá, vení, sentate, ¿qué puedo ofrecerte? Laura fue a la cocina. Francisco se paró y, fiel a su genio, le echó un vistazo al living. Amplio y luminoso, decorado con gusto. Se acercó a la biblioteca. Lacan, Freud. Laura llegó con la bandeja y Francisco regresó al sillón asignado. Ella se sentó enfrente y le clavó los ojos contame, ¿por qué estás aquí? Francisco carraspeó hace poco murió mi madre y desde ese momento, mi niñez que tenía totalmente borrada, se transformó en una obsesión; he ido reconstruyéndola a retazos pero me han quedado huecos que no logro llenar; por eso recurro a usted. ¿Cómo me localizaste? La guía, mi hermana me dio su apellido. Laura hizo un gesto de sorpresa ¿Alicia?, puedo contar con los dedos de la mano las veces en que la he visto, ella nunca me aceptó; tu padre respetaba a ultranza sus decisiones por eso, y muy a mi pesar, no intenté acercarme hizo una pausa y preguntó ¿en qué puedo ayudarte? Se sintió absurdo al explicar preciso saber si la relación entre ustedes empezó antes o después de mi nacimiento encogió los hombros ya sé que no cambia nada pero para mí es importante saberlo. Ante mí no necesitás justificarte, uno de los interrogantes fundamentales del hombre es acerca de sus orígenes Francisco descubrió en Laura la sonrisa profesional de Claudia cuando conocí a tu padre vos ni siquiera estabas en camino Francisco cerró los ojos casi imperceptiblemente no te equivoques, solo éramos compañeros del comité; de a poco comenzamos a intimar; Augusto era inteligente, brillante, caballeroso, culto, buen mozo; no le faltaba nada para conseguir que una jovencita cayera a sus pies, me deslumbró; sin embargo, la nuestra era un relación exclusivamente espiritual, charlábamos horas y horas, paseábamos por Florida sin rozarnos ni las manos; yo me daba cuenta de que cada vez estaba más comprometida; él era un hombre con la vida resuelta y yo soñaba con casarme, con formar una familia; hasta que un día le confesé que estaba profundamente enamorada y él también terminó declarándome su amor; estaba destrozado, tu padre siempre fue un hombre de bien, no me quería de amante, y, por otra parte, no podía ni plantearse destruir su familia; me pidió que le diera tiempo, necesitaba ordenar sus ideas y sus sentimientos; todo esto sin tocarnos un dedo, te lo juro; hasta que una tarde le dije que no creía en su amor porque si este fuera tan grande como él me lo planteaba, no dudaría en tomar una decisión; al día siguiente me citó en la Confitería del Molino, me acuerdo como si fuera hoy, era una tarde preciosa; a la hora acordada entré y lo vi, no estaba solo, estaba con vos; me miraba y su mirada era una súplica; recién en ese instante pude comprenderlo, no éramos solo él y yo, ese niñito asustado era el símbolo de todo lo que destruiría nuestro amor; me fui llorando, dispuesta a apartarme de su camino; no obstante tu madre, sin saberlo, esa misma noche acudió en nuestra ayuda; sospechó, encaró a tu padre y él, al poder sincerarse, calmó el infierno de meses y pudo, por fin, concederse el derecho de empezar de nuevo; puedo asegurarte que hasta que no llegaron los papeles de México no pasamos de un beso; fueron años hermosos pero duros, creo que él nunca logró perdonarse del todo; tu hermana por meses no quiso verlo. Guillermo, reticente; sus padres también; no fue fácil para él; además el episodio repercutió negativamente en su carrera, eran otras épocas, estaba aceptado tener un bulín y una amante pero no romper un matrimonio; su círculo de relaciones no me aceptaba; aun así fuimos felices; habíamos nacido para compartir la vida. Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas. Francisco le ofreció un pañuelo. Cuando de nuevo la vio sonreír le preguntó entonces, ¿por qué se separaron? Ella cerró los ojos y se tomó unos segundos pasó el tiempo y fue creciendo mi necesidad de ser madre; desde el primer momento él me había dejado en claro que no tendría otros hijos; esgrimía que cada hombre debía elegir un único vientre para albergar a sus hijos y que él ya había elegido; durante años, pensé que sería capaz de hacerlo cambiar de opinión, no fue así; la angustia y el vacío empezaron a crecer en mí; hasta que, pese a sus obsesivos cuidados, me avergüenza contarte estas cosas pero si no, nunca lograrás entenderme, luego de años, quedé embarazada, imaginate mi alegría; sin embargo, él fue terminante, me obligó a abortar; poco después decidí separarme las lágrimas de Laura arreciaron quedé rota para siempre, porque la culpa fue mía, no supe defender a mi hijo. Minutos después había logrado tranquilizarse y comenzó a inquirir sobre la vida de Francisco. Él le estaba contando cuando tuvo un impulso ¿le gustaría conocer  a mis chicos? La cara de Laura resplandeció.

Cuando abro los ojos estoy rodeado de zapatos ya estoy bien le digo a mamá que está  arrodillada a mi lado y me siento en el piso y ella dice gracias a Dios y me ayuda a pararme y empuja a la gente y me lleva a un sillón y se sienta a mi lado y alguien dice querés agua pero yo hago que no con la cabeza hasta que se acerca la tía Irene y avisa ya la llevan y mamá se para y me agarra la mano y me hace parar y nos acercamos a papá y ella le pregunta en qué auto vamos y papá duda y aparece Laura y dice están todos locos saquen ya mismo a este chico de aquí y papá y mamá se miran y Laura me agarra de la mano y mamá y papá se siguen mirando y Laura me empuja y salimos y estamos afuera y hay sol la puta la abuela se murió y hay sol y Laura me pregunta querés comer algo y yo pienso buñuelos y me cae una lágrima y después otra y lloro y pateo el piso y Laura se arrodilla en la calle y me abraza y yo me dejo.


miércoles, 6 de julio de 2016

77

Intentando no hacer ruido, salió de su habitación. El aplique del pasillo esparciendo una débil luz. Se asomó a la puerta de Camilo. Despatarrado, como siempre, dormía profundamente. Desde el cuarto de Tobi le llegaba el ruido de su respiración, hacía días que estaba resfriado. Se acercó y le tocó la frente. Fiebre no tenía. Le sacó un oso incrustado en la panza y lo tapó. Cuando llegó al cuarto de Luciana se asustó, nadie en la cama. Se aproximó. La nena estaba totalmente cubierta por las cobijas. Francisco, ya con taquicardia, temiendo descubrirla asfixiada, la destapó. En medio de la penumbra lo taladraron unos ojos abiertos de par en par. ¡Papá, sos vos!, escuché ruidos y creí que era un moustro. Francisco intentó tranquilizarla Lulú, los monstruos no existen. La nena se sentó en la cama pero los ladrones sí, y mamá dice que esa gente son moustros. Francisco le acarició el cabello revuelto perdoname, te desperté. La nena agitó la cabeza no, no dormía, pensaba en la abuela, ¿dónde está? Francisco la abrazó Lulú, la abuela se murió. La nena se desprendió del abrazo sí, ya sé,  pero ahora, ¿dónde está? En el cementerio, te expliqué que la pusieron en un lugar que se llama nicho, si querés un día te llevo a visitarla. Luciana, muy seria, continuó mamá dice que su espíritu está en algún lado pero yo sé que vos no creés en Dios. Francisco, conmovido, intentó sobreponerse la abuela está en todas las cosas que nos hacen recordarla, en este momento, de alguna manera, está aquí con nosotros. La nena se escurrió entre las cobijas tengo miedo confesó. Me quedo un rato, yo tampoco me puedo dormir; haceme un lugarcito que estoy un poco gordo. La tapó bien y se acostó a su lado. Olor a nena en la almohada.

Guillermo dice pasame con mamá entonces grito mamá Guillermo quiere hablar con vos y ella se acerca y me pregunta conmigo y a mí también me parece raro capaz que Guillermo ya no está enojado y yo me quedo contra la pared y veo que mamá se desarma y dice no puede ser cuándo fue y después agarra un papel y escribe algo y pregunta te parece que lo lleve y un rato después corta y se sienta en el sillón y me llama y yo me acerco y me quedo parado frente a ella que dice Francisco pasó algo muy triste vení y yo me acerco más y me agarra las manos  Francisco no sé cómo decírtelo y yo no le veo la boca pero quisiera tapársela.

Estaba saliendo cuando recordó la reunión. Volvió a entrar y gritó escaleras arriba no me esperen a cenar. Valeria, a medio vestir, lo encaró desde el rellano ¿te encontrás con ella? Sí contestó Francisco si con ella te referís a la señora de Urquijo y se dio cuenta de que no era la culpa lo que teñía su voz. Era, lisa y llanamente, bronca. Dio un portazo y subió al auto. Papi, se hace tarde protestó Camilo justo hoy que compito.

Nos subimos a  un taxi yo me puse el traje y la camisa que me hizo la abuela y los zapatos que me lustró el domingo el abuelo y me peiné con gomina mamá va vestida de negro y con sombrero y llora yo no lloro yo todavía no lloré porque pienso todo el tiempo que capaz que es otra broma de Guillermo porque no puede ser sin la abuela no se puede seguir viviendo papá la tiene a Laura pero al abuelo a Alicia y a Guillermo quién los va a cuidar a lo mejor vuelven a casa pero para eso se tiene que ir Germán capaz que se van con papá pero para eso se tiene que ir Laura y si no está Laura quién va a hacer la comida no puede ser la abuela no nos puede hacer esto porque es la única que nunca me hizo nada solo buñuelos y cosas ricas y cariño y nunca me pregunta y nunca me pide y yo la quiero tanto y nunca se lo dije y cuando la vea se lo voy a decir porque seguro que es una broma de Guillermo como con la soga seguro que me dice enano te la creíste y yo no lo voy a perdonar porque con la abuela no se juega la abuela es sagrada como diría el cura que si la abuela se muere no voy a la iglesia nunca más porque nadie sabe que la abuela cuenta cuentos más lindos que los del libro siempre de viejitos pobres que les cae la lluvia en la olla del puchero y la abuela los inventa solo para mí aunque esté cansada y le duela la cabeza que no me dice pero me doy cuenta porque se toca la frente a cada rato y le voy a pedir a papá que la lleve al médico porque la abuela nunca se queja pero se nota que le duele por qué no se lo conté antes la culpa es mía si hubiera ido al médico no se habría muerto yo a Guillermo lo voy a matar estas cosas no se hacen. Bajamos del taxi y hay un montón de gente en la vereda y apoyado contra la pared rodeado de sus amigos está Guillermo. Llorando. Era verdad pucha digo era verdad.

Lo que decidan para mí estará bien fue la respuesta de Alicia cuando Francisco la llamó para comunicarle la tasación. Una última pregunta se animó él ¿cuál era el apellido de Laura? Alicia fue incisiva ¿seguís dándole vueltas al asunto? Él insistió no me contestaste



Entramos y a la primera que veo es a Alicia pero ella no me ve no me ve porque está llorando y yo no lo puedo creer porque Alicia nunca lloró en la vida la abuela siempre le dice al abuelo qué dura es esta chica y cuando al fin me ve se pasa las manos por los ojos y viene y ya no llora y me dice Francisco se nos murió la abuela y me agarra las dos manos y le vuelven las lágrimas y yo también tendría que llorar pero no puedo estoy como roto por dentro capaz que por eso no puedo y aunque la quiero abrazar tampoco puedo y mamá se acerca y le dice lo siento tanto hija  yo también la quería mucho y Alicia me suelta y me parece que se besan pero no miro porque hoy no me importa ni lo que más me importa ahora desde lejos papá me hace señas y yo me acerco y tiene los ojos chiquitos y está sentado y me pone la mano en el hombro  y me dice gracias por venir con la voz como un hilo sos un chico muy valiente la abuela estaría orgullosa de vos y así de repente le salen las lágrimas  que yo no sabía que él también tenía pobrecito mi papá y justo la tía Irene me dice vení Francisquito el abuelo preguntó por vos y me agarra de la mano y me arrastra no quiero ver al abuelo pero el abuelo me quiere ver y tengo que ir y estoy yendo y me quiero escapar y llego y el abuelo está hundido en un sillón enorme y él que era tan alto parece un pajarito y la tía me ordena andá dale un beso mientras me empuja y dice mirá quién vino a hacerte compañía entonces el abuelo recién me ve si es que me ve porque tiene los ojos como de vidrio transparentes pero no llora a lo mejor es como yo y me agarra la mano y me dice hola Paquito sentate acá y se corre un poco y yo me siento a su lado y la tía se va y yo no sé qué hacer y el abuelo me agarra la mano y la sostiene entre las dos suyas y me la aprieta fuerte y estamos los dos solos sentados callados sin llorar y a mí me agarra sueño y el traje me molesta y quisiera  cerrar los ojos y dormirme pero eso no se puede eso está muy mal entonces vuelve la tía y dice papá vení a despedirte de mamá que ya la van a preparar y el abuelo se para sin soltar mi mano así que me tengo que parar y camino con él  hacia donde hay mucha gente que se aparta a nuestro paso y veo a lo lejos un cajón que yo no sabía cómo era y el corazón se me enloquece y de repente se me nublan los ojos y me parece que me caigo entonces escucho una voz que dice Francisco por Dios qué te pasa  y es la voz de mamá que pide llamen a un médico. 

77

Intentando no hacer ruido, salió de su habitación. El aplique del pasillo esparciendo una débil luz. Se asomó a la puerta de Camilo. Despatarrado, como siempre, dormía profundamente. Desde el cuarto de Tobi le llegaba el ruido de su respiración, hacía días que estaba resfriado. Se acercó y le tocó la frente. Fiebre no tenía. Le sacó un oso incrustado en la panza y lo tapó. Cuando llegó al cuarto de Luciana se asustó, nadie en la cama. Se aproximó. La nena estaba totalmente cubierta por las cobijas. Francisco, ya con taquicardia, temiendo descubrirla asfixiada, la destapó. En medio de la penumbra lo taladraron unos ojos abiertos de par en par. ¡Papá, sos vos!, escuché ruidos y creí que era un moustro. Francisco intentó tranquilizarla Lulú, los monstruos no existen. La nena se sentó en la cama pero los ladrones sí, y mamá dice que esa gente son moustros. Francisco le acarició el cabello revuelto perdoname, te desperté. La nena agitó la cabeza no, no dormía, pensaba en la abuela, ¿dónde está? Francisco la abrazó Lulú, la abuela se murió. La nena se desprendió del abrazo sí, ya sé,  pero ahora, ¿dónde está? En el cementerio, te expliqué que la pusieron en un lugar que se llama nicho, si querés un día te llevo a visitarla. Luciana, muy seria, continuó mamá dice que su espíritu está en algún lado pero yo sé que vos no creés en Dios. Francisco, conmovido, intentó sobreponerse la abuela está en todas las cosas que nos hacen recordarla, en este momento, de alguna manera, está aquí con nosotros. La nena se escurrió entre las cobijas tengo miedo confesó. Me quedo una rato, yo tampoco me puedo dormir; hacéme un lugarcito que estoy un poco gordo. La tapó bien y se acostó a su lado. Olor a nena en la almohada.

Guillermo dice pasáme con mamá entonces grito mamá Guillermo quiere hablar con vos y ella se acerca y me pregunta conmigo y a mí también me parece raro capaz que Guillermo ya no está enojado y yo me quedo contra la pared y veo que mamá se desarma y dice no puede ser cuándo fue y después agarra un papel y escribe algo y pregunta te parece que lo lleve y un rato después corta y se sienta en el sillón y me llama y yo me acerco y me quedo parado frente a ella que dice Francisco pasó algo muy triste vení y yo me acerco más y me agarra las manos  Francisco no sé cómo decírtelo y yo no le veo la boca pero quisiera tapársela.

Estaba saliendo cuando recordó la reunión. Volvió a entrar y gritó escaleras arriba no me esperen a cenar. Valeria, a medio vestir, lo encaró desde el rellano ¿te encontrás con ella? Sí contestó Francisco si con ella te referís a la señora de Urquijo y se dio cuenta de que no era la culpa lo que teñía su voz. Era, lisa y llanamente, bronca. Dio un portazo y subió al auto. Papi, se hace tarde protestó Camilo justo hoy que compito.

Nos subimos a  un taxi yo me puse el traje y la camisa que me hizo la abuela y los zapatos que me lustró el domingo el abuelo y me peiné con gomina mamá va vestida de negro y con sombrero y llora yo no lloro yo todavía no lloré porque pienso todo el tiempo que capaz que es otra broma de Guillermo porque no puede ser sin la abuela no se puede seguir viviendo papá la tiene a Laura pero al abuelo a Alicia y a Guillermo quién los va a cuidar a lo mejor vuelven a casa pero para eso se tiene que ir Germán capaz que se van con papá pero para eso se tiene que ir Laura y si no está Laura quién va a hacer la comida no puede ser la abuela no nos puede hacer esto porque es la única que nunca me hizo nada solo buñuelos y cosas ricas y cariño y nunca me pregunta y nunca me pide y yo la quiero tanto y nunca se lo dije y cuando la vea se lo voy a decir porque seguro que es una broma de Guillermo como con la soga seguro que me dice enano te la creíste y yo no lo voy a perdonar porque con la abuela no se juega la abuela es sagrada como diría el cura que si la abuela se muere no voy a la iglesia nunca más porque nadie sabe que la abuela cuenta cuentos más lindos que los del libro siempre de viejitos pobres que les cae la lluvia en la olla del puchero y la abuela los inventa solo para mí aunque esté cansada y le duela la cabeza que no me dice pero me doy cuenta porque se toca la frente a cada rato y le voy a pedir a papá que la lleve al médico porque la abuela nunca se queja pero se nota que le duele por qué no se lo conté antes la culpa es mía si hubiera ido al médico no se habría muerto yo a Guillermo lo voy a matar estas cosas no se hacen. Bajamos del taxi y hay un montón de gente en la vereda y apoyado contra la pared rodeado de sus amigos está Guillermo. Llorando. Era verdad pucha digo era verdad.

Lo que decidan para mí estará bien fue la respuesta de Alicia cuando Francisco la llamó para comunicarle la tasación. Una última pregunta se animó él ¿cuál era el apellido de Laura? Alicia fue incisiva ¿seguís dándole vueltas al asunto? Él insistió no me contestaste



Entramos y a la primera que veo es a Alicia pero ella no me ve no me ve porque está llorando y yo no lo puedo creer porque Alicia nunca lloró en la vida la abuela siempre le dice al abuelo qué dura es esta chica y cuando al fin me ve se pasa las manos por los ojos y viene y ya no llora y me dice Francisco se nos murió la abuela y me agarra las dos manos y le vuelven las lágrimas y yo también tendría que llorar pero no puedo estoy como roto por dentro capaz que por eso no puedo y aunque la quiero abrazar tampoco puedo y mamá se acerca y le dice lo siento tanto hija  yo también la quería mucho y Alicia me suelta y me parece que se besan pero no miro porque hoy no me importa ni lo que más me importa ahora desde lejos papá me hace señas y yo me acerco y tiene los ojos chiquitos y está sentado y me pone la mano en el hombro  y me dice gracias por venir con la voz como un hilo sos un chico muy valiente la abuela estaría orgullosa de vos y así de repente le salen las lágrimas  que yo no sabía que él también tenía pobrecito mi papá y justo la tía Irene me dice vení Francisquito el abuelo preguntó por vos y me agarra de la mano y me arrastra no quiero ver al abuelo pero el abuelo me quiere ver y tengo que ir y estoy yendo y me quiero escapar y llego y el abuelo está hundido en un sillón enorme y él que era tan alto parece un pajarito y la tía me ordena andá dále un beso mientras me empuja y dice mirá quién vino a hacerte compañía entonces el abuelo recién me ve si es que me ve porque tiene los ojos como de vidrio transparentes pero no llora a lo mejor es como yo y me agarra la mano y me dice hola Paquito sentáte acá y se corre un poco y yo me siento a su lado y la tía se va y yo no sé qué hacer y el abuelo me agarra la mano y la sostiene entre las dos suyas y me la aprieta fuerte y estamos los dos solos sentados callados sin llorar y a mí me agarra sueño y el traje me molesta y quisiera  cerrar los ojos y dormirme pero eso no se puede eso está muy mal entonces vuelve la tía y dice papá vení a despedirte de mamá que ya la van a preparar y el abuelo se para sin soltar mi mano así que me tengo que parar y camino con él  hacia donde hay mucha gente que se aparta a nuestro paso y veo a lo lejos un cajón que yo no sabía cómo era y el corazón se me enloquece y de repente se me nublan los ojos y me parece que me caigo entonces escucho una voz que dice Francisco por Dios qué te pasa  y es la voz de mamá que pide llamen a un médico. 

77

Intentando no hacer ruido, salió de su habitación. El aplique del pasillo esparciendo una débil luz. Se asomó a la puerta de Camilo. Despatarrado, como siempre, dormía profundamente. Desde el cuarto de Tobi le llegaba el ruido de su respiración, hacía días que estaba resfriado. Se acercó y le tocó la frente. Fiebre no tenía. Le sacó un oso incrustado en la panza y lo tapó. Cuando llegó al cuarto de Luciana se asustó, nadie en la cama. Se aproximó. La nena estaba totalmente cubierta por las cobijas. Francisco, ya con taquicardia, temiendo descubrirla asfixiada, la destapó. En medio de la penumbra lo taladraron unos ojos abiertos de par en par. ¡Papá, sos vos!, escuché ruidos y creí que era un moustro. Francisco intentó tranquilizarla Lulú, los monstruos no existen. La nena se sentó en la cama pero los ladrones sí, y mamá dice que esa gente son moustros. Francisco le acarició el cabello revuelto perdoname, te desperté. La nena agitó la cabeza no, no dormía, pensaba en la abuela, ¿dónde está? Francisco la abrazó Lulú, la abuela se murió. La nena se desprendió del abrazo sí, ya sé,  pero ahora, ¿dónde está? En el cementerio, te expliqué que la pusieron en un lugar que se llama nicho, si querés un día te llevo a visitarla. Luciana, muy seria, continuó mamá dice que su espíritu está en algún lado pero yo sé que vos no creés en Dios. Francisco, conmovido, intentó sobreponerse la abuela está en todas las cosas que nos hacen recordarla, en este momento, de alguna manera, está aquí con nosotros. La nena se escurrió entre las cobijas tengo miedo confesó. Me quedo una rato, yo tampoco me puedo dormir; hacéme un lugarcito que estoy un poco gordo. La tapó bien y se acostó a su lado. Olor a nena en la almohada.

Guillermo dice pasáme con mamá entonces grito mamá Guillermo quiere hablar con vos y ella se acerca y me pregunta conmigo y a mí también me parece raro capaz que Guillermo ya no está enojado y yo me quedo contra la pared y veo que mamá se desarma y dice no puede ser cuándo fue y después agarra un papel y escribe algo y pregunta te parece que lo lleve y un rato después corta y se sienta en el sillón y me llama y yo me acerco y me quedo parado frente a ella que dice Francisco pasó algo muy triste vení y yo me acerco más y me agarra las manos  Francisco no sé cómo decírtelo y yo no le veo la boca pero quisiera tapársela.

Estaba saliendo cuando recordó la reunión. Volvió a entrar y gritó escaleras arriba no me esperen a cenar. Valeria, a medio vestir, lo encaró desde el rellano ¿te encontrás con ella? Sí contestó Francisco si con ella te referís a la señora de Urquijo y se dio cuenta de que no era la culpa lo que teñía su voz. Era, lisa y llanamente, bronca. Dio un portazo y subió al auto. Papi, se hace tarde protestó Camilo justo hoy que compito.

Nos subimos a  un taxi yo me puse el traje y la camisa que me hizo la abuela y los zapatos que me lustró el domingo el abuelo y me peiné con gomina mamá va vestida de negro y con sombrero y llora yo no lloro yo todavía no lloré porque pienso todo el tiempo que capaz que es otra broma de Guillermo porque no puede ser sin la abuela no se puede seguir viviendo papá la tiene a Laura pero al abuelo a Alicia y a Guillermo quién los va a cuidar a lo mejor vuelven a casa pero para eso se tiene que ir Germán capaz que se van con papá pero para eso se tiene que ir Laura y si no está Laura quién va a hacer la comida no puede ser la abuela no nos puede hacer esto porque es la única que nunca me hizo nada solo buñuelos y cosas ricas y cariño y nunca me pregunta y nunca me pide y yo la quiero tanto y nunca se lo dije y cuando la vea se lo voy a decir porque seguro que es una broma de Guillermo como con la soga seguro que me dice enano te la creíste y yo no lo voy a perdonar porque con la abuela no se juega la abuela es sagrada como diría el cura que si la abuela se muere no voy a la iglesia nunca más porque nadie sabe que la abuela cuenta cuentos más lindos que los del libro siempre de viejitos pobres que les cae la lluvia en la olla del puchero y la abuela los inventa solo para mí aunque esté cansada y le duela la cabeza que no me dice pero me doy cuenta porque se toca la frente a cada rato y le voy a pedir a papá que la lleve al médico porque la abuela nunca se queja pero se nota que le duele por qué no se lo conté antes la culpa es mía si hubiera ido al médico no se habría muerto yo a Guillermo lo voy a matar estas cosas no se hacen. Bajamos del taxi y hay un montón de gente en la vereda y apoyado contra la pared rodeado de sus amigos está Guillermo. Llorando. Era verdad pucha digo era verdad.

Lo que decidan para mí estará bien fue la respuesta de Alicia cuando Francisco la llamó para comunicarle la tasación. Una última pregunta se animó él ¿cuál era el apellido de Laura? Alicia fue incisiva ¿seguís dándole vueltas al asunto? Él insistió no me contestaste


Entramos y a la primera que veo es a Alicia pero ella no me ve no me ve porque está llorando y yo no lo puedo creer porque Alicia nunca lloró en la vida la abuela siempre le dice al abuelo qué dura es esta chica y cuando al fin me ve se pasa las manos por los ojos y viene y ya no llora y me dice Francisco se nos murió la abuela y me agarra las dos manos y le vuelven las lágrimas y yo también tendría que llorar pero no puedo estoy como roto por dentro capaz que por eso no puedo y aunque la quiero abrazar tampoco puedo y mamá se acerca y le dice lo siento tanto hija  yo también la quería mucho y Alicia me suelta y me parece que se besan pero no miro porque hoy no me importa ni lo que más me importa ahora desde lejos papá me hace señas y yo me acerco y tiene los ojos chiquitos y está sentado y me pone la mano en el hombro  y me dice gracias por venir con la voz como un hilo sos un chico muy valiente la abuela estaría orgullosa de vos y así de repente le salen las lágrimas  que yo no sabía que él también tenía pobrecito mi papá y justo la tía Irene me dice vení Francisquito el abuelo preguntó por vos y me agarra de la mano y me arrastra no quiero ver al abuelo pero el abuelo me quiere ver y tengo que ir y estoy yendo y me quiero escapar y llego y el abuelo está hundido en un sillón enorme y él que era tan alto parece un pajarito y la tía me ordena andá dále un beso mientras me empuja y dice mirá quién vino a hacerte compañía entonces el abuelo recién me ve si es que me ve porque tiene los ojos como de vidrio transparentes pero no llora a lo mejor es como yo y me agarra la mano y me dice hola Paquito sentáte acá y se corre un poco y yo me siento a su lado y la tía se va y yo no sé qué hacer y el abuelo me agarra la mano y la sostiene entre las dos suyas y me la aprieta fuerte y estamos los dos solos sentados callados sin llorar y a mí me agarra sueño y el traje me molesta y quisiera  cerrar los ojos y dormirme pero eso no se puede eso está muy mal entonces vuelve la tía y dice papá vení a despedirte de mamá que ya la van a preparar y el abuelo se para sin soltar mi mano así que me tengo que parar y camino con él  hacia donde hay mucha gente que se aparta a nuestro paso y veo a lo lejos un cajón que yo no sabía cómo era y el corazón se me enloquece y de repente se me nublan los ojos y me parece que me caigo entonces escucho una voz que dice Francisco por Dios qué te pasa  y es la voz de mamá que pide llamen a un médico. 

viernes, 1 de julio de 2016

76

Se duchó, se acostó al lado de Valeria y apagó la luz. Francisco supo que no estaba dormida por el ruido de su respiración. Se le aproximó y la rodeó con sus brazos. Ella no respondió. Francisco la soltó y volvió al lado permitido de la cama. No logró dormirse. Multitud de rostros apareciendo en su entresueño. Valeria, los chicos, Alicia, su madre, su padre, Guillermo, Delia. Claudia. La última vez que miró el reloj eran las cuatro.

Llevó los chicos al colegio pero, después de la experiencia del día anterior, no se animó a invitar a Valeria a desayunar. Fue directamente al estudio y trabajó a conciencia toda la mañana. Al mediodía lo llamó Guillermo ya me contacté con el hombre, me dijo que concertaras con él para ir a tasar el departamento, tomá nota.

Su mamá siempre hablaba de usted, también de sus nietos, pero menos; usted era la luz de sus ojos; recién en el velorio me enteré de que tenía otros hijos; pobre Elisa, no le gustaba estar sola, muchas veces me invitaba a tomar el té la mujer hizo una pausa y luego averiguó ¿piensan vender? El ascensor, afortunadamente, llegó a destino. Malditas las ganas de Francisco de conversar con los vecinos. Abrió la puerta y encendió la luz. La presencia de su madre ya se había eclipsado del departamento. Antes de que terminara de levantar las persianas sonó el timbre. Se apresuró a atender. Un anciano achicado y pulcro le tendió la mano soy Amadeo Luque, de Habitar; mis hijos son los que se ocupan de realizar las visitas, como verás ya no estoy en edad, pero tratándose de ustedes preferí venir yo. Francisco oprimió la mano que le tendía gracias por venir, pase por favor; ¿usted conocía a mi madre?  Al que conocí bien fue a tu padre, perdoname que te tutee, fuimos compañeros de facultad, nos recibimos juntos. Francisco le mostró el departamento. Tu madre sí que sabía decorar casas, siempre tuvo estilo comentó el hombre mientras recorrían los ambientes llenos de muebles. Cuando terminaron Amadeo le prometió cuanto antes te comunico la tasación,  Francisco dijo lamento no poder ofrecerle ni un vaso de agua fresca, la heladera está desenchufada. A Luque le llevó un segundo proponer entonces no podrás rechazarme un café.

Cómo anda don Amadeo, ya le traigo el cortadito, ¿y para el señor? Francisco pidió otro. Amadeo dijo, sonriendo, me parece increíble estar tomando un café con vos, pensar que fui a tu bautismo. Luego le comentó que había estado en contacto con su padre hasta el momento de su muerte. Después perdí todo rastro de los Castillo hasta que tu madre compró este departamento, nosotros nos ocupamos de la administración; una mujer deliciosa, no te explico lo que era de jovencita. Francisco lo detuvo Amadeo, ¿le puedo hacer unas preguntas?  Para servirte, muchacho.

 Se agitan en la cabeza de Francisco la multitud de frases de Augusto que Luque aún acuñaba como joyas. Su  padre había hablado sobre él con Amadeo, había tenido una opinión formada sobre él, había dedicado algunos minutos de su inapreciable tiempo a reflexionar sobre su transcurrir. Inverosímil haber compartido con su padre algo más que un remis.

Papá me enseño un juego para chicos grandes que se llama ajedrez porque dice que yo soy muy inteligente me mostró como se llaman las piezas y como se mueven porque todas se mueven distinto y parece que esa es la gracia la reina es la mejor porque hace lo que quiere para mí que tendría que llamarse rey porque el rey verdadero no sirve para nada solo para perder el partido cando te lo comen que se llama jaque si lo podés mover y jaque mate si aunque lo muevas igual te lo matan papá me lo comió todas las veces pero yo me aguanté y no lloré papá me hizo dibujos con flechitas de cómo se mueve cada una porque aunque Alicia cree que sí yo no sé leer dibuja bien papá hace todo bien y además es famoso por eso cuando vamos por la calle la gente lo saluda y cuando lo saludan se olvida de que me tiene de la mano y a mí me parece que no existo.


Los chicos ya acostados, tomaba un té con Valeria. Evitando otros temas Francisco le contó la charla con Luque. ¿Por qué te preocupa tanto saber por qué terminaron las parejas de tus padres? Él se quedó pensando, demasiado porque Valeria atacó los matrimonios son más frágiles de lo que parecen, si durante siglos pudieron mantenerse fue a fuerza de hipocresía, la infidelidad no la inventó tu papá, lo que pasa es que tu padre dio la cara hizo una pausa y lo miró con intención y parece que vos transportás sus genes. Él se defendió con torpeza Valeria, no empecemos. Ella se sinceró no puedo evitarlo, por más que lo intento no puedo pensar en otra cosa, hora tras hora; me imagino cuánto debe haber padecido tu mamá. Él intentó apaciguarla mi madre sufrió porque perdió a mi padre y yo estoy a tu lado. Ella lo miró, atravesándolo ¿en cuerpo y alma? Él, muy serio, dijo sí. Ella insistió ¿no pensás en ella? Él supo que tenía que frenarla no voy a entrar en un juego que te hace daño, escucháme, Valeria, actué mal, me equivoqué, pero no volveré a hablar con vos del tema, ¿escuchaste bien?, basta de sadomasoquismo. Evidentemente había levantado la voz porque desde el cuarto llegó el llorisqueo de Tobi. Valeria se levantó para atenderlo y cuando estaba en el marco de la puerta, intempestiva giró es la sicóloga, ¿no? Él no contestó. El llanto del nene ya era franco. Estaba segura dijo Valeria y después gritó Tobi, ya voy. 

Papá me regaló un ajedrez  y el domingo jugamos y moví mal el caballo hice uno y uno y era uno y dos o dos y uno entonces me puse nervioso y me equivoqué de nuevo ahora con la torre que no camina torcido y le dije a papá que no quería jugar más pero él me explicó que si uno no se equivoca no aprende. Ahora estoy esperando que me venga a buscar ayer le pregunté por teléfono si íbamos a jugar y me prometió que si practiqué toda la semana y me gané muchas veces capaz que hasta le puedo ganar a él anoche soñé que me comía un caballo y como yo era un peón no podía correr y me desperté a los gritos y mamá se enojó y me sacó la caja y dijo que ese no era un juego para un nene de mi edad y que no sabía dónde tenía la cabeza mi padre pero yo lloré tanto que después vino a mi cuarto y me prometió que el lunes me lo devuelve pero para que juegue un ratito cada día no más. Ella no entiende.