Intentando no hacer ruido, salió de su
habitación. El aplique del pasillo esparciendo una débil luz. Se asomó a la
puerta de Camilo. Despatarrado, como siempre, dormía profundamente. Desde el
cuarto de Tobi le llegaba el ruido de su respiración, hacía días que estaba
resfriado. Se acercó y le tocó la frente. Fiebre no tenía. Le sacó un oso
incrustado en la panza y lo tapó. Cuando llegó al cuarto de Luciana se asustó,
nadie en la cama. Se aproximó. La nena estaba totalmente cubierta por las
cobijas. Francisco, ya con taquicardia, temiendo descubrirla asfixiada, la
destapó. En medio de la penumbra lo taladraron unos ojos abiertos de par en
par. ¡Papá, sos vos!, escuché ruidos y creí que era un moustro. Francisco
intentó tranquilizarla Lulú, los monstruos no existen. La nena se sentó
en la cama pero los ladrones sí, y mamá dice que esa gente son moustros. Francisco
le acarició el cabello revuelto perdoname, te desperté. La nena agitó la
cabeza no, no dormía, pensaba en la abuela, ¿dónde está? Francisco la
abrazó Lulú, la abuela se murió. La nena se desprendió del abrazo sí,
ya sé, pero ahora, ¿dónde está? En el
cementerio, te expliqué que la pusieron en un lugar que se llama nicho, si
querés un día te llevo a visitarla. Luciana, muy seria, continuó mamá
dice que su espíritu está en algún lado pero yo sé que vos no creés en Dios. Francisco,
conmovido, intentó sobreponerse la abuela está en todas las cosas que nos
hacen recordarla, en este momento, de alguna manera, está aquí con nosotros. La
nena se escurrió entre las cobijas tengo miedo confesó. Me quedo una
rato, yo tampoco me puedo dormir; hacéme un lugarcito que estoy un poco
gordo. La tapó bien y se acostó a su lado. Olor a nena en la almohada.
Guillermo dice pasáme con mamá entonces grito
mamá Guillermo quiere hablar con vos y ella se acerca y me pregunta conmigo y a
mí también me parece raro capaz que Guillermo ya no está enojado y yo me quedo
contra la pared y veo que mamá se desarma y dice no puede ser cuándo fue y
después agarra un papel y escribe algo y pregunta te parece que lo lleve y un
rato después corta y se sienta en el sillón y me llama y yo me acerco y me
quedo parado frente a ella que dice Francisco pasó algo muy triste vení y yo me
acerco más y me agarra las manos
Francisco no sé cómo decírtelo y yo no le veo la boca pero quisiera
tapársela.
Estaba saliendo
cuando recordó la reunión. Volvió a entrar y gritó escaleras arriba no me
esperen a cenar. Valeria, a medio vestir, lo encaró desde el rellano ¿te
encontrás con ella? Sí contestó Francisco si con ella te referís a la
señora de Urquijo y se dio cuenta de que no era la culpa lo que teñía su
voz. Era, lisa y llanamente, bronca. Dio un portazo y subió al auto. Papi, se
hace tarde protestó Camilo justo hoy que compito.
Nos subimos a
un taxi yo me puse el traje y la camisa que me hizo la abuela y los
zapatos que me lustró el domingo el abuelo y me peiné con gomina mamá va
vestida de negro y con sombrero y llora yo no lloro yo todavía no lloré porque
pienso todo el tiempo que capaz que es otra broma de Guillermo porque no puede
ser sin la abuela no se puede seguir viviendo papá la tiene a Laura pero al
abuelo a Alicia y a Guillermo quién los va a cuidar a lo mejor vuelven a casa
pero para eso se tiene que ir Germán capaz que se van con papá pero para eso se
tiene que ir Laura y si no está Laura quién va a hacer la comida no puede ser
la abuela no nos puede hacer esto porque es la única que nunca me hizo nada solo
buñuelos y cosas ricas y cariño y nunca me pregunta y nunca me pide y yo la
quiero tanto y nunca se lo dije y cuando la vea se lo voy a decir porque seguro
que es una broma de Guillermo como con la soga seguro que me dice enano te la
creíste y yo no lo voy a perdonar porque con la abuela no se juega la abuela es
sagrada como diría el cura que si la abuela se muere no voy a la iglesia nunca
más porque nadie sabe que la abuela cuenta cuentos más lindos que los del libro
siempre de viejitos pobres que les cae la lluvia en la olla del puchero y la
abuela los inventa solo para mí aunque esté cansada y le duela la cabeza que no
me dice pero me doy cuenta porque se toca la frente a cada rato y le voy a
pedir a papá que la lleve al médico porque la abuela nunca se queja pero se
nota que le duele por qué no se lo conté antes la culpa es mía si hubiera ido
al médico no se habría muerto yo a Guillermo lo voy a matar estas cosas no se
hacen. Bajamos del taxi y hay un montón de gente en la vereda y apoyado contra
la pared rodeado de sus amigos está Guillermo. Llorando. Era verdad pucha digo
era verdad.
Lo que decidan para mí estará bien fue la respuesta de Alicia cuando Francisco la
llamó para comunicarle la tasación. Una última pregunta se animó él ¿cuál
era el apellido de Laura? Alicia fue incisiva ¿seguís dándole vueltas al
asunto? Él insistió no me contestaste
Entramos y a la
primera que veo es a Alicia pero ella no me ve no me ve porque está llorando y
yo no lo puedo creer porque Alicia nunca lloró en la vida la abuela siempre le
dice al abuelo qué dura es esta chica y cuando al fin me ve se pasa las manos
por los ojos y viene y ya no llora y me dice Francisco se nos murió la abuela y
me agarra las dos manos y le vuelven las lágrimas y yo también tendría que
llorar pero no puedo estoy como roto por dentro capaz que por eso no puedo y
aunque la quiero abrazar tampoco puedo y mamá se acerca y le dice lo siento
tanto hija yo también la quería mucho y
Alicia me suelta y me parece que se besan pero no miro porque hoy no me importa
ni lo que más me importa ahora desde lejos papá me hace señas y yo me acerco y
tiene los ojos chiquitos y está sentado y me pone la mano en el hombro y me dice gracias por venir con la voz como
un hilo sos un chico muy valiente la abuela estaría orgullosa de vos y así de
repente le salen las lágrimas que yo no
sabía que él también tenía pobrecito mi papá y justo la tía Irene me dice vení
Francisquito el abuelo preguntó por vos y me agarra de la mano y me arrastra no
quiero ver al abuelo pero el abuelo me quiere ver y tengo que ir y estoy yendo
y me quiero escapar y llego y el abuelo está hundido en un sillón enorme y él
que era tan alto parece un pajarito y la tía me ordena andá dále un beso
mientras me empuja y dice mirá quién vino a hacerte compañía entonces el abuelo
recién me ve si es que me ve porque tiene los ojos como de vidrio transparentes
pero no llora a lo mejor es como yo y me agarra la mano y me dice hola Paquito
sentáte acá y se corre un poco y yo me siento a su lado y la tía se va y yo no
sé qué hacer y el abuelo me agarra la mano y la sostiene entre las dos suyas y
me la aprieta fuerte y estamos los dos solos sentados callados sin llorar y a
mí me agarra sueño y el traje me molesta y quisiera cerrar los ojos y dormirme pero eso no se
puede eso está muy mal entonces vuelve la tía y dice papá vení a despedirte de
mamá que ya la van a preparar y el abuelo se para sin soltar mi mano así que me
tengo que parar y camino con él hacia
donde hay mucha gente que se aparta a nuestro paso y veo a lo lejos un cajón
que yo no sabía cómo era y el corazón se me enloquece y de repente se me nublan
los ojos y me parece que me caigo entonces escucho una voz que dice Francisco
por Dios qué te pasa y es la voz de mamá
que pide llamen a un médico.
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