miércoles, 20 de julio de 2016

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Mamá está tirada sobre la cama y llora yo me acerco pero ella no me ve me acerco más y me quedo callado hasta que después de un rato me descubre y dice estoy rota y yo sé que es por dentro y me pide vení y me toma la mano y me empuja y me acuesto a su lado entonces dice Germán se fue y sé que no es ir a comprar cigarrillos es irse y mamá sigue llorando y se sacude y yo me asusto y como no sé qué hacer no hago nada hasta que se sienta en la cama y los ojos le brillan y después se para y dice acompañáme.

Llegó al estudio y antes de sentarse levantó el teléfono.  No quiero que te sientas en falta con la memoria de mi madre, pero necesito una única información; te prometo que nunca más volveré a mortificarte con el tema. En cuanto colgó le pidió de nuevo la guía telefónica a Marcela y cerró la puerta cual asesino planeando un crimen. Al tiempo que su dedo resbalaba por las columnas de mínimas letras, el corazón le retumbaba. Tan distinto que con Laura.

Aunque mamá se enoje yo solo voy a escribir la tarjeta para mi papá recorto una cartulina porque a ella no quiero pedirle nada y me queda torcida y la rompo y ahora primero la dibujo con la escuadra y después la corto y esta sí quedó casi derecha y ahora le dibujo flores y le pego brillantina como me enseñaron en dibujo y le hago rayas para escribir querido papá espero que te guste la corbata  que compré con la plata que me diste porque otra no tenía gracias por venir a buscarme todos los domingos me encanta que me lleves al cine y al restorán y a la juguetería y estar con vos feliz día del padre te desea tu hijo menor.

Salió al jardín para saludar a Pepe y se encontró a Camilo, en penumbras, tirado en el piso. ¿Qué te pasó? preguntó alarmado. Entreno contestó su hijo al tiempo que retomaba las bicicletas me dijo el sabonín que tengo que trabajar los gemelos. Francisco se dejó caer en el sillón de mimbre y Pepe se acostó a sus pies. Francisco fijó los ojos en las piernas de mi hijo que, infatigables, giraban. Uno, dos, tres contaba Camilo. Ya iba por la cuarenta y tres cuando Valeria los convocó a cenar. Estoy muerto de hambre dijo el nene mientras se incorporaba.

Una jornada muy intensa. La presentación del anteproyecto a la señora de Urquijo había resultado un éxito. Francisco controló el reloj y se sumó al gentío de Corrientes. Hacía añares que no iba a La Paz, cómo había cambiado. Ajeno a sus costumbres, obvió la mesa vacía junto a la ventana. Mientras revolvía el segundo café su inquietud crecía. Giró en la silla y recorrió con atención las mesas a su alcance.  Le dolía la cabeza, se aflojó la corbata. Porque él odiaba usar corbata. Se oprimió las sienes con las yemas de los dedos.

Traéme el cesto de basura me pide la abuela entonces entro al escritorio y busco el papelero y veo el papel abollado y lo saco y lo abro y adentro arrugada está mi tarjeta y la agarro y la rompo en mil pedazos porque ya se le despegó la brillantina.

¿Francisco? Un hombre alto, delgado, buenmocísimo en su madurez, le sonreía. Francisco, sobresaltado, le devolvió la sonrisa pero al verlo sentado frente a él, expectante, sintió que se quedaba sin libreto y bajó la vista. Fue Germán quién rompió el hielo seguís teniendo los ojos de Elisa.  Mamá murió necesitó Francisco defenderse. Me enteré hace una semana y todavía no puedo creerlo. Francisco se descubrió sin propósitos.  ¿A qué debo el honor de tenerte enfrente? preguntó Germán y Francisco fue brutalmente sincero necesito saber por qué abandonó a mi madre. El hombre hizo una pausa espesa y después arrancó Elisa fue el amor de mi vida; sin embargo, desde el instante en que la conocí lo que primó en mí, más allá de la delicia de tenerla, era la sombra de saber que, irremediablemente, la perdería; me preguntás por el final pero para explicarme necesito empezar por el principio; cuando tu padre la dejó, Elisa necesitaba un sueño para sobrevivir a la pesadilla en que se había convertido su vida, y yo tuve el privilegio de ser el elegido; fueron años de ocultamiento, de amor desenfrenado, hasta que ella decidió sacar nuestra relación a luz; tus hermanos no la aceptaron pero Elisa siguió adelante; mucho tiempo después, nos casamos; pronto me di cuenta de que nunca íbamos a poder constituir una familia;  tus hermanos ya se habían ido y te manejaban como a un muñeco a cuerda, no permitieron que te relacionaras afectivamente conmigo; siempre fuiste educado, correcto, cortés pero inaccesible; nos sentábamos los tres a comer y el aire se cortaba con tijera; de todos modos, yo era capaz de soportarlo con tal de estar a su lado; hasta que empecé a observar que Elisa vivía pendiente de las noticias sobre tu padre; cuando lo entrevistaban en la radio o en la televisión el mundo debía detenerse para que pudiéramos escucharlo; cuando volvías de ver a tu padre te enloquecía a preguntas; un día encontré una carpeta donde pegaba recortes del diario, las notitas que él le enviaba con vos ; mi contrincante era un fantasma; solo existía en ella; empecé a enfermarme de celos; pese a todo lo íbamos llevando, hasta que Elisa se enteró de que a tu padre lo había dejado su mujer; poco después me dijo, porque entre nosotros todo era transparente, que iba a intentar recuperarlo; ella esgrimía tu felicidad, su obligación de que pudieras gozar nuevamente de una familia; una tarde salió hacia su encuentro; cuando regresó yo, pese al amor que le tenía y que nunca dejé de tenerle, ya me había ido; tu padre la había rechazado y ella me buscó, me rogó que volviera a su lado, pero mi decisión estaba tomada; en cuanto pude me fui del país, viví durante años en España, allí pude, finalmente, formar una familia; tengo dos hijos y acaba de nacer mi primera nieta.

Francisco se despidió con la certeza de que no volverían a verse. Porque así como ante Laura, desde el primer instante, el afecto había fluido en ambas direcciones, todo el rato que había permanecido frente a Germán, escuchándolo con suma atención, no dejó de acompañarlo un incisivo malestar. Estaba yendo a buscar el auto cuando decidió que tenía ganas de caminar un rato. Necesidad. 

Mañana es el día del padre y quiero comprar una corbata porque ahora tengo plata todavía me quedan cuarenta y cinco pesos las miro bien a todas y por fin me decido por una azul con rayitas celestes y se la doy a  la vendedora y mamá me dice Francisco tendrías que comprar otra para Germán porque ahora él también es tu papá y agarra una marrón con puntitos y se la da a la señora junto con la otra yo no quiero comprarle una corbata a Germán porque yo tengo solamente un padre todo el mundo tiene solo un padre y además la plata me la dio mi papá pero  la vendedora dice son veinticuatro pesos y yo busco dos billetes de diez y cuatro monedas y se los doy y ella me entrega los dos paquetes y salimos caminando y mamá habla pero yo no y cuando llegamos me dice tenés que escribir las tarjetas pero yo le digo no voy a hacer la de Germán si querés hacéla vos y me meto corriendo en mi cuarto y cierro la puerta y mamá me grita Francisco.


Se ve que me trajeron dormido porque me despierto en mi cama y está todo negro y los motores de los autos que pasan son como ráfagas y aguzo el oído porque me parece que maúlla la gata capaz que se quedó afuera y ahora quiere entrar pero cuando escucho mejor me doy cuenta de que no es la gata y me tapo la cabeza con la almohada porque tengo náuseas seguro que por la torta de casamiento con los dos muñequitos. 

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