FUTURO
Parado en la esquina esperando un taxi, Francisco tiene la extraña
sensación de que su juventud ha sido arrasada. Tanto que imagina que quien lo
viera lo supondría abuelo de su propia hija. Baja del taxi sosteniendo a la
nena dormida entre los brazos. Entra a la confitería. Busca a Valeria y la
encuentra en el reservado del fondo. De espaldas, acodada en la mesa, los dedos
entrecruzados amparando la frente. Mientras avanza hacia ella Francisco
recuerda la última vez que desayunaron allí. Ambos acababan de dar sangre.
Hacía casi un año. Dios mío, qué año.
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