viernes, 1 de julio de 2016

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Se duchó, se acostó al lado de Valeria y apagó la luz. Francisco supo que no estaba dormida por el ruido de su respiración. Se le aproximó y la rodeó con sus brazos. Ella no respondió. Francisco la soltó y volvió al lado permitido de la cama. No logró dormirse. Multitud de rostros apareciendo en su entresueño. Valeria, los chicos, Alicia, su madre, su padre, Guillermo, Delia. Claudia. La última vez que miró el reloj eran las cuatro.

Llevó los chicos al colegio pero, después de la experiencia del día anterior, no se animó a invitar a Valeria a desayunar. Fue directamente al estudio y trabajó a conciencia toda la mañana. Al mediodía lo llamó Guillermo ya me contacté con el hombre, me dijo que concertaras con él para ir a tasar el departamento, tomá nota.

Su mamá siempre hablaba de usted, también de sus nietos, pero menos; usted era la luz de sus ojos; recién en el velorio me enteré de que tenía otros hijos; pobre Elisa, no le gustaba estar sola, muchas veces me invitaba a tomar el té la mujer hizo una pausa y luego averiguó ¿piensan vender? El ascensor, afortunadamente, llegó a destino. Malditas las ganas de Francisco de conversar con los vecinos. Abrió la puerta y encendió la luz. La presencia de su madre ya se había eclipsado del departamento. Antes de que terminara de levantar las persianas sonó el timbre. Se apresuró a atender. Un anciano achicado y pulcro le tendió la mano soy Amadeo Luque, de Habitar; mis hijos son los que se ocupan de realizar las visitas, como verás ya no estoy en edad, pero tratándose de ustedes preferí venir yo. Francisco oprimió la mano que le tendía gracias por venir, pase por favor; ¿usted conocía a mi madre?  Al que conocí bien fue a tu padre, perdoname que te tutee, fuimos compañeros de facultad, nos recibimos juntos. Francisco le mostró el departamento. Tu madre sí que sabía decorar casas, siempre tuvo estilo comentó el hombre mientras recorrían los ambientes llenos de muebles. Cuando terminaron Amadeo le prometió cuanto antes te comunico la tasación,  Francisco dijo lamento no poder ofrecerle ni un vaso de agua fresca, la heladera está desenchufada. A Luque le llevó un segundo proponer entonces no podrás rechazarme un café.

Cómo anda don Amadeo, ya le traigo el cortadito, ¿y para el señor? Francisco pidió otro. Amadeo dijo, sonriendo, me parece increíble estar tomando un café con vos, pensar que fui a tu bautismo. Luego le comentó que había estado en contacto con su padre hasta el momento de su muerte. Después perdí todo rastro de los Castillo hasta que tu madre compró este departamento, nosotros nos ocupamos de la administración; una mujer deliciosa, no te explico lo que era de jovencita. Francisco lo detuvo Amadeo, ¿le puedo hacer unas preguntas?  Para servirte, muchacho.

 Se agitan en la cabeza de Francisco la multitud de frases de Augusto que Luque aún acuñaba como joyas. Su  padre había hablado sobre él con Amadeo, había tenido una opinión formada sobre él, había dedicado algunos minutos de su inapreciable tiempo a reflexionar sobre su transcurrir. Inverosímil haber compartido con su padre algo más que un remis.

Papá me enseño un juego para chicos grandes que se llama ajedrez porque dice que yo soy muy inteligente me mostró como se llaman las piezas y como se mueven porque todas se mueven distinto y parece que esa es la gracia la reina es la mejor porque hace lo que quiere para mí que tendría que llamarse rey porque el rey verdadero no sirve para nada solo para perder el partido cando te lo comen que se llama jaque si lo podés mover y jaque mate si aunque lo muevas igual te lo matan papá me lo comió todas las veces pero yo me aguanté y no lloré papá me hizo dibujos con flechitas de cómo se mueve cada una porque aunque Alicia cree que sí yo no sé leer dibuja bien papá hace todo bien y además es famoso por eso cuando vamos por la calle la gente lo saluda y cuando lo saludan se olvida de que me tiene de la mano y a mí me parece que no existo.


Los chicos ya acostados, tomaba un té con Valeria. Evitando otros temas Francisco le contó la charla con Luque. ¿Por qué te preocupa tanto saber por qué terminaron las parejas de tus padres? Él se quedó pensando, demasiado porque Valeria atacó los matrimonios son más frágiles de lo que parecen, si durante siglos pudieron mantenerse fue a fuerza de hipocresía, la infidelidad no la inventó tu papá, lo que pasa es que tu padre dio la cara hizo una pausa y lo miró con intención y parece que vos transportás sus genes. Él se defendió con torpeza Valeria, no empecemos. Ella se sinceró no puedo evitarlo, por más que lo intento no puedo pensar en otra cosa, hora tras hora; me imagino cuánto debe haber padecido tu mamá. Él intentó apaciguarla mi madre sufrió porque perdió a mi padre y yo estoy a tu lado. Ella lo miró, atravesándolo ¿en cuerpo y alma? Él, muy serio, dijo sí. Ella insistió ¿no pensás en ella? Él supo que tenía que frenarla no voy a entrar en un juego que te hace daño, escucháme, Valeria, actué mal, me equivoqué, pero no volveré a hablar con vos del tema, ¿escuchaste bien?, basta de sadomasoquismo. Evidentemente había levantado la voz porque desde el cuarto llegó el llorisqueo de Tobi. Valeria se levantó para atenderlo y cuando estaba en el marco de la puerta, intempestiva giró es la sicóloga, ¿no? Él no contestó. El llanto del nene ya era franco. Estaba segura dijo Valeria y después gritó Tobi, ya voy. 

Papá me regaló un ajedrez  y el domingo jugamos y moví mal el caballo hice uno y uno y era uno y dos o dos y uno entonces me puse nervioso y me equivoqué de nuevo ahora con la torre que no camina torcido y le dije a papá que no quería jugar más pero él me explicó que si uno no se equivoca no aprende. Ahora estoy esperando que me venga a buscar ayer le pregunté por teléfono si íbamos a jugar y me prometió que si practiqué toda la semana y me gané muchas veces capaz que hasta le puedo ganar a él anoche soñé que me comía un caballo y como yo era un peón no podía correr y me desperté a los gritos y mamá se enojó y me sacó la caja y dijo que ese no era un juego para un nene de mi edad y que no sabía dónde tenía la cabeza mi padre pero yo lloré tanto que después vino a mi cuarto y me prometió que el lunes me lo devuelve pero para que juegue un ratito cada día no más. Ella no entiende.  

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