Se duchó, se acostó al lado de Valeria y apagó
la luz. Francisco supo que no estaba dormida por el ruido de su respiración. Se
le aproximó y la rodeó con sus brazos. Ella no respondió. Francisco la soltó y
volvió al lado permitido de la cama. No logró dormirse. Multitud de rostros
apareciendo en su entresueño. Valeria, los chicos, Alicia, su madre, su padre,
Guillermo, Delia. Claudia. La última vez que miró el reloj eran las cuatro.
Llevó los chicos al colegio pero, después de la
experiencia del día anterior, no se animó a invitar a Valeria a desayunar. Fue
directamente al estudio y trabajó a conciencia toda la mañana. Al mediodía lo
llamó Guillermo ya me contacté con el hombre, me dijo que concertaras con él
para ir a tasar el departamento, tomá nota.
Su mamá siempre hablaba de usted, también de
sus nietos, pero menos; usted era la luz de sus ojos; recién en el velorio me
enteré de que tenía otros hijos; pobre Elisa, no le gustaba estar sola, muchas
veces me invitaba a tomar el té la
mujer hizo una pausa y luego averiguó ¿piensan vender? El ascensor,
afortunadamente, llegó a destino. Malditas las ganas de Francisco de conversar
con los vecinos. Abrió la puerta y encendió la luz. La presencia de su madre ya
se había eclipsado del departamento. Antes de que terminara de levantar las
persianas sonó el timbre. Se apresuró a atender. Un anciano achicado y pulcro
le tendió la mano soy Amadeo Luque, de Habitar; mis hijos son los que se
ocupan de realizar las visitas, como verás ya no estoy en edad, pero tratándose
de ustedes preferí venir yo. Francisco oprimió la mano que le tendía gracias
por venir, pase por favor; ¿usted conocía a mi madre? Al que conocí bien fue a tu padre, perdoname
que te tutee, fuimos compañeros de facultad, nos recibimos juntos. Francisco
le mostró el departamento. Tu madre sí que sabía decorar casas, siempre tuvo
estilo comentó el hombre mientras recorrían los ambientes llenos de
muebles. Cuando terminaron Amadeo le prometió cuanto antes te comunico la tasación, Francisco dijo lamento no poder ofrecerle
ni un vaso de agua fresca, la heladera está desenchufada. A Luque le llevó
un segundo proponer entonces no podrás rechazarme un café.
Cómo anda don Amadeo, ya le traigo el
cortadito, ¿y para el señor? Francisco
pidió otro. Amadeo dijo, sonriendo, me parece increíble estar tomando
un café con vos, pensar que fui a tu bautismo. Luego le comentó que había
estado en contacto con su padre hasta el momento de su muerte. Después perdí todo rastro de los Castillo hasta que tu madre compró este
departamento, nosotros nos ocupamos de la administración; una mujer deliciosa,
no te explico lo que era de jovencita. Francisco lo detuvo Amadeo,
¿le puedo hacer unas preguntas? Para
servirte, muchacho.
Se
agitan en la cabeza de Francisco la multitud de frases de Augusto que Luque aún acuñaba como joyas. Su padre había hablado sobre él con Amadeo, había
tenido una opinión formada sobre él, había dedicado algunos minutos de su
inapreciable tiempo a reflexionar sobre su transcurrir. Inverosímil haber
compartido con su padre algo más que un remis.
Papá me enseño un juego para chicos grandes que
se llama ajedrez porque dice que yo soy muy inteligente me mostró como se
llaman las piezas y como se mueven porque todas se mueven distinto y parece que
esa es la gracia la reina es la mejor porque hace lo que quiere para mí que
tendría que llamarse rey porque el rey verdadero no sirve para nada solo para
perder el partido cando te lo comen que se llama jaque si lo podés mover y
jaque mate si aunque lo muevas igual te lo matan papá me lo comió todas las
veces pero yo me aguanté y no lloré papá me hizo dibujos con flechitas de cómo
se mueve cada una porque aunque Alicia cree que sí yo no sé leer dibuja bien
papá hace todo bien y además es famoso por eso cuando vamos por la calle la
gente lo saluda y cuando lo saludan se olvida de que me tiene de la mano y a mí
me parece que no existo.
Los chicos ya acostados, tomaba un té con
Valeria. Evitando otros temas Francisco le contó la charla con Luque. ¿Por
qué te preocupa tanto saber por qué terminaron las parejas de tus padres? Él
se quedó pensando, demasiado porque Valeria atacó los matrimonios son más
frágiles de lo que parecen, si durante siglos pudieron mantenerse fue a fuerza
de hipocresía, la infidelidad no la inventó tu papá, lo que pasa es que tu
padre dio la cara hizo una pausa y lo miró con intención y parece que
vos transportás sus genes. Él se defendió con torpeza Valeria, no
empecemos. Ella se sinceró no puedo evitarlo, por más que lo intento no
puedo pensar en otra cosa, hora tras hora; me imagino cuánto debe haber
padecido tu mamá. Él intentó apaciguarla mi madre sufrió porque perdió a
mi padre y yo estoy a tu lado. Ella lo miró, atravesándolo ¿en cuerpo y
alma? Él, muy serio, dijo sí. Ella insistió ¿no pensás en ella? Él
supo que tenía que frenarla no voy a entrar en un juego que te hace daño,
escucháme, Valeria, actué mal, me equivoqué, pero no volveré a hablar con vos
del tema, ¿escuchaste bien?, basta de sadomasoquismo. Evidentemente había
levantado la voz porque desde el cuarto llegó el llorisqueo de Tobi. Valeria se
levantó para atenderlo y cuando estaba en el marco de la puerta, intempestiva
giró es la sicóloga, ¿no? Él no contestó. El llanto del nene ya era
franco. Estaba segura dijo
Valeria y después gritó Tobi, ya voy.
Papá me regaló un ajedrez y el domingo jugamos y moví mal el caballo
hice uno y uno y era uno y dos o dos y uno entonces me puse nervioso y me
equivoqué de nuevo ahora con la torre que no camina torcido y le dije a papá
que no quería jugar más pero él me explicó que si uno no se equivoca no
aprende. Ahora estoy esperando que me venga a buscar ayer le pregunté por
teléfono si íbamos a jugar y me prometió que si practiqué toda la semana y me
gané muchas veces capaz que hasta le puedo ganar a él anoche soñé que me comía
un caballo y como yo era un peón no podía correr y me desperté a los gritos y
mamá se enojó y me sacó la caja y dijo que ese no era un juego para un nene de
mi edad y que no sabía dónde tenía la cabeza mi padre pero yo lloré tanto que
después vino a mi cuarto y me prometió que el lunes me lo devuelve pero para
que juegue un ratito cada día no más. Ella no entiende.
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