La refacción del
petit hotel estaba llegando a su fin. Francisco se demoró controlando las
terminaciones. El carpintero había hecho un trabajo de lujo. Daban ganas de
acariciar las puertas de roble, lijadas y lustradas. De masticarlas
pensó. Salió satisfecho, sin embargo, en cuanto subió al auto la realidad se le
impuso, aplastándolo.
Llegó a su casa
cerca de las nueve. Desde la puerta lo asaltó el olor de los canelones. El
estado anímico de Francisco ascendió varios centímetros en un segundo. Si
Valeria había resuelto agasajarlo no sería tanto su rencor. Quizá lo peor
ya pasó. Se sentaron los cinco a cenar. Como los dedos de una mano. Francisco
comía con entusiasmo, absurdamente contento. Charlando con Camilo sobre la
documentación que deberían presentar para inscribirse en los panamericanos.
Hasta que la voz de Luciana se impone mami, ¿estás arrepentida de haber
vuelto? Valeria levanta las cejas, sorprendida. No hay nada que haya
deseado más que estar acá, con ustedes contesta rozándole el cabello. Entonces
insiste la nena ¿por qué desde que llegaste tenés la cara tan triste? Ratificando
las palabras de Luciana, los ojos de Valeria se llenan de lágrimas.
Le abrió una mujer que rondaba los setenta,
delgada y de facciones agradables. Impecablemente vestida y maquillada con
esmero. La última vez que te vi
tendrías unos nueve años; a ver, dejame que te mire, sí, seguís teniendo los
mismos ojos él sonrió y la misma sonrisa; qué parecido a tu papá, vení,
sentate, ¿qué puedo ofrecerte? Laura fue a la cocina. Francisco se paró y,
fiel a su genio, le echó un vistazo al living. Amplio y luminoso, decorado con
gusto. Se acercó a la biblioteca. Lacan, Freud. Laura llegó con la bandeja y
Francisco regresó al sillón asignado. Ella se sentó enfrente y le clavó los
ojos contame, ¿por qué estás aquí? Francisco carraspeó hace poco
murió mi madre y desde ese momento, mi niñez que tenía totalmente borrada, se
transformó en una obsesión; he ido reconstruyéndola a retazos pero me han
quedado huecos que no logro llenar; por eso recurro a usted. ¿Cómo me
localizaste? La guía, mi hermana me dio su apellido. Laura hizo un gesto de
sorpresa ¿Alicia?, puedo contar con los dedos de la mano las veces en que la
he visto, ella nunca me aceptó; tu padre respetaba a ultranza sus decisiones
por eso, y muy a mi pesar, no intenté acercarme hizo una pausa y preguntó ¿en
qué puedo ayudarte? Se sintió absurdo al explicar preciso saber si la
relación entre ustedes empezó antes o después de mi nacimiento encogió los
hombros ya sé que no cambia nada pero para mí es importante saberlo. Ante mí
no necesitás justificarte, uno de los interrogantes fundamentales del hombre es
acerca de sus orígenes Francisco descubrió en Laura la sonrisa profesional
de Claudia cuando conocí a tu padre vos ni siquiera estabas en camino
Francisco cerró los ojos casi imperceptiblemente no te equivoques, solo
éramos compañeros del comité; de a poco comenzamos a intimar; Augusto era
inteligente, brillante, caballeroso, culto, buen mozo; no le faltaba nada para
conseguir que una jovencita cayera a sus pies, me deslumbró; sin embargo, la
nuestra era un relación exclusivamente espiritual, charlábamos horas y horas,
paseábamos por Florida sin rozarnos ni las manos; yo me daba cuenta de que cada
vez estaba más comprometida; él era un hombre con la vida resuelta y yo soñaba
con casarme, con formar una familia; hasta que un día le confesé que estaba
profundamente enamorada y él también terminó declarándome su amor; estaba
destrozado, tu padre siempre fue un hombre de bien, no me quería de amante, y,
por otra parte, no podía ni plantearse destruir su familia; me pidió que le
diera tiempo, necesitaba ordenar sus ideas y sus sentimientos; todo esto sin
tocarnos un dedo, te lo juro; hasta que una tarde le dije que no creía en su
amor porque si este fuera tan grande como él me lo planteaba, no dudaría en
tomar una decisión; al día siguiente me citó en la Confitería del Molino,
me acuerdo como si fuera hoy, era una tarde preciosa; a la hora acordada entré
y lo vi, no estaba solo, estaba con vos; me miraba y su mirada era una súplica;
recién en ese instante pude comprenderlo, no éramos solo él y yo, ese niñito
asustado era el símbolo de todo lo que destruiría nuestro amor; me fui
llorando, dispuesta a apartarme de su camino; no obstante tu madre, sin
saberlo, esa misma noche acudió en nuestra ayuda; sospechó, encaró a tu padre y
él, al poder sincerarse, calmó el infierno de meses y pudo, por fin, concederse
el derecho de empezar de nuevo; puedo asegurarte que hasta que no llegaron los
papeles de México no pasamos de un beso; fueron años hermosos pero duros, creo
que él nunca logró perdonarse del todo; tu hermana por meses no quiso verlo.
Guillermo, reticente; sus padres también; no fue fácil para él; además el
episodio repercutió negativamente en su carrera, eran otras épocas, estaba
aceptado tener un bulín y una amante pero no romper un matrimonio; su círculo
de relaciones no me aceptaba; aun así fuimos felices; habíamos nacido para
compartir la vida. Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas. Francisco le
ofreció un pañuelo. Cuando de nuevo la vio sonreír le preguntó entonces,
¿por qué se separaron? Ella cerró los ojos y se tomó unos segundos pasó
el tiempo y fue creciendo mi necesidad de ser madre; desde el primer momento él
me había dejado en claro que no tendría otros hijos; esgrimía que cada hombre
debía elegir un único vientre para albergar a sus hijos y que él ya había
elegido; durante años, pensé que sería capaz de hacerlo cambiar de opinión, no
fue así; la angustia y el vacío empezaron a crecer en mí; hasta que, pese a sus
obsesivos cuidados, me avergüenza contarte estas cosas pero si no, nunca
lograrás entenderme, luego de años, quedé embarazada, imaginate mi alegría; sin
embargo, él fue terminante, me obligó a abortar; poco después decidí separarme
las lágrimas de Laura arreciaron quedé
rota para siempre, porque la culpa fue mía, no supe defender a mi hijo. Minutos
después había logrado tranquilizarse y comenzó a inquirir sobre la vida de
Francisco. Él le estaba contando cuando tuvo un impulso ¿le gustaría conocer
a mis chicos? La cara de Laura
resplandeció.
Cuando abro los ojos estoy rodeado de zapatos
ya estoy bien le digo a mamá que está arrodillada
a mi lado y me siento en el piso y ella dice gracias a Dios y me ayuda a
pararme y empuja a la gente y me lleva a un sillón y se sienta a mi lado y
alguien dice querés agua pero yo hago que no con la cabeza hasta que se acerca
la tía Irene y avisa ya la llevan y mamá se para y me agarra la mano y me hace
parar y nos acercamos a papá y ella le pregunta en qué auto vamos y papá duda y
aparece Laura y dice están todos locos saquen ya mismo a este chico de aquí y
papá y mamá se miran y Laura me agarra de la mano y mamá y papá se siguen
mirando y Laura me empuja y salimos y estamos afuera y hay sol la puta la
abuela se murió y hay sol y Laura me pregunta querés comer algo y yo pienso
buñuelos y me cae una lágrima y después otra y lloro y pateo el piso y Laura
se arrodilla en la calle y me abraza y yo me dejo.
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