miércoles, 27 de julio de 2016

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PRESENTE

Imperioso verla. Estacionó frente al consultorio. Estaba tocando el timbre cuando el portero le avisó que acababa de retirarse. Fíjese en el bar de la esquina  sugirió. Corrió por la calle y allí, en la mesa de siempre, de espaldas, la descubrió. Los huesos se le ablandaron. Se acercó desde atrás y le puso una mano en el hombro. Ella giró la cabeza y miró la mano y así quedó, muda, sin levantar la vista. Hasta que él la retiró y señalando la silla de enfrente pidió ¿puedo? ¿Qué hacés acá? preguntó ella, recién mirándolo. Él le contestó vine a verte. Ella quiso ser irónica ya me doy cuenta; quisiera saber para qué.  Vine a contarte todo lo que descubrí desde que nos separamos; y como el ceño de ella se frunció agregó perdoname, necesitaba compartirlo con vos. La voz de ella sonó helada ¿el pedido de perdón significa que tu presencia es circunstancial? Él se desesperó  mi presencia solo es la constancia de que no pude dejar de venir. Ella se ablandó contame, en principio, contame. A medida que le iba transmitiendo sus encuentros con Laura, con Germán, la sangre de Francisco se entibiaba. Recién compartiéndolas con ella sus vivencias recobraban el sentido. ¿Y cómo te sentís con tanto sobre los hombros? preguntó, al fin, ella. Una sola palabra  acudió a Francisco completo. Completo sin mí rectificó Claudia. No dejaste de estar conmigo ni un instante. Ella buscó precisiones ¿para qué me confesás esto?, ¿cambiaste de opinión? Francisco bajó la vista no es una opinión, es un deber. Claudia lo acorraló creo que tenés dos deberes, el segundo es hacerme el menor daño posible; y si solo viniste para desahogarte, ya lo hiciste, ella sonrió irónica y añadió que el hombre no separe lo que Dios ha unido. Luego el rostro se le endureció y rotunda  ordenó andate. Francisco se quedó en silencio. Andate un grito estrangulando su voz. Francisco solo atinó a balbucear Claudia, por favor.

Cinco menos cinco. Francisco se levantó de súbito y empezó a vestirse. ¿Qué pasa? preguntó ella. Tengo que retirar a los chicos de la escuela. Claudia se incorporó y se dirigió al baño pero él le aclaró me voy ya. Lo único que falta es que me dejes sola acá. Francisco inquebrantable repitió me voy ya atándose los zapatos tomate un taxi. ¡Francisco! Él intentó apaciguarla es tardísimo, me voy volando y ante la cara de indignación de ella concedió los llevo a casa y en menos de una hora paso por el consultorio. Prometemelo exigió ella y Francisco levantó la palma de la mano, frunciendo las cejas palabra de honor.

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