viernes, 16 de septiembre de 2016

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A las siete de la mañana les permitieron entrar. Claudia salió aliviada, contando me sonrió. En cambio, se asustó frente a Francisco. Su propia hija se asustaba de él. Se lo merecía. Si durante meses sus llamados semanales le habían tranquilizado la conciencia, Azul se encargaba ahora de informarle que no lo reconocía. Salió angustiado. A las ocho dieron el informe. Había respondido al antibiótico, la pasarían a sala y, si seguía evolucionando bien, podría regresar a casa al día siguiente.  Andá, Francisco, yo me arreglo. Él le confesó quisiera no tener que regresar; no sé cómo voy a enfrentar a Valeria. Claudia fue expeditiva no es mi problema; te aseguro que tengo otros.


A medida que se acortaban las distancias crecía el desasosiego de Francisco. La llamó a mitad de camino; quedaron en encontrarse en un bar. Estacionó mientras el corazón le retumbaba. A pesar de que hacía cuatro horas y trescientos seis kilómetros que intentaba organizar su discurso, no lo lograba. Cuando llegó, Valeria ya estaba, en el rincón más apartado. Se acercó y al besarla en la mejilla percibió su rechazo. Te escucho  le exigió, desencajada. Él buscó tiempo no sé qué decirte. Ella fue tajante la verdad. Él bajó la vista no sé cómo decírtela. Valeria levantó el tono  no des más vueltas por favor. Francisco respiró hondo trataré de hacerla corta; el día del accidente llegué tarde a buscar a los chicos porque, por primera vez desde tu regreso, y te pido que me lo creas, estaba con ella. Francisco luego le contó del encuentro fortuito, del embarazo, de su imposibilidad de evitarlo, de Rosario, de Rocío, de sus viajes a visitar la nena. Te juro que el asunto con ella está definitivamente terminado, imposible traicionar lo que prometí cuando Camilo estaba bajo el auto; ayer Claudia me llamó porque habían internado a la nena; sentí que era mi obligación ir, y fui; la beba está fuera de peligro y yo estoy aquí frente a vos, dando la cara a pesar de que era uno de los momentos más difíciles de su vida, Francisco estaba aliviado amo mi familia por sobre todas las cosas de la tierra, y mi familia son mis tres hijos y vos profundamente aliviado te pido por favor que trates de entenderme porque sé que no tengo derecho a pedir que me perdones. Valeria se quedó un largo rato en silencio y luego averiguó ¿qué tiempo tiene? Él, desconcertado, informó cinco meses.  ¿Cómo se llama?  Azul. Ella se restregó los ojos y luego le preguntó  mirándolo fijo ¿la querés? Él decidió ser sincero es mi hija. Ella, inexplicablemente tranquila, indagó ¿qué pensás hacer? Él, otra vez, admiro la entereza de Valeria sé que me equivoqué fiero pero intentó ser buena persona;  si abandonara a la nena, no podría mirarme en el espejo; no podría mirar a la cara a nuestros hijos cuando, más tarde o más temprano, se enteraran de que su padre actuó como un cobarde. Valeria se tomó unos segundos antes de preguntar ¿la querés? Él le confirmó ya te dije que sí. Ella sacudió la cabeza a Claudia, si a ella la querés. Francisco respondió no sé si me creerás, pero, a partir del accidente, murió la parte de mí que a ella le correspondía. Valeria desestimó su respuesta quizás solo está hibernando. Francisco hizo un gesto de impotencia estoy en tus manos, nuestra familia está en tus manos. Valeria levantó los hombros estoy tan rota que no puedo ni pensar; cuando me enteré de tu engaño mi mundo tambaleó, con el accidente de Camilo se desmoronó y ahora, con tu hija, desaparecieron hasta sus ruinas; si me preguntaras si te quiero repetiría tus palabras, la parte mía que te correspondía desapareció; pero, ¿qué puedo hacer?, ¿comunicarle a Camilo que eché a su padre de casa?, ¿decirle a Tobi que su papi no lo va a acostar más?, ¿contarle a Luciana que elegiste a tu otra hija?; no tengo opción, no al menos, en este momento; en cuanto a nosotros, esto no se arregla más; veremos cuánto tiempo podemos sostenerlo. Francisco le agarró la mano gracias. Ella la retiró no me toques, esto no lo hago por vos, ni por vos ni por mí, solo por nuestros hijos. Gracias por ellos, entonces. Quedaron un largo rato en silencio. Valeria lo interrumpió ¿qué tuvo la beba? Francisco, descolocado, explicó una bronconeumonía. Ella fue pragmática como el nene de Carolina; anduvo de mano en mano hasta que cayó en el Gutiérrez; hay un especialista excelente; yo que vos la haría traer para que la viera.

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