miércoles, 14 de septiembre de 2016

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Llegó de madrugada. Claudia en la sala de espera, lloraba en silencio. Francisco se acercó y la abrazó. Es una bronconeumonía severa, le pusieron un respirador artificial. Las preguntas a la enfermera no obtuvieron respuesta. Una hora después salió el pediatra. Está respirando por sus propios medios; en cuanto comience a hacer efecto el antibiótico el cuadro va a revertir; tuvimos suerte, llegó justo a tiempo. Claudia cerró los ojos y pareció desmoronarse. Ya pueden pasar a verla. Claudia salió a los pocos minutos, llorando. ¡No puedo verla así! A Francisco le costó descubrir a la nena entre la maraña de tubos. Si Camilo le había parecido pequeño en la cama de terapia, Azul era solo un botón. Se acercó y le tomó la manita. Dormía. La miró con atención. Estaba grande, era inconcebible tener un hijo y no verlo crecer. La enfermera se acercó y le pidió que se retirara. Se sentó al lado de Claudia. No sabés las que pasé; cinco minutos después de hablar con vos  Azul se ahogó; me subí al primer taxi que pasaba mientras le respiraba en la boca para darle aire; cuando llegamos, ya estaba morada. Él propuso por un rato largo no nos dejarán entrar, vamos a tomar un café. Estaban en la confitería del hospital cuando se acercó una señora mayor muy agitada. Cuando Claudia terminó de narrar nuevamente su calvario se produjo un silencio incómodo.  No los presenté dijo Claudia Francisco, Marta, mi mamá; bueno, en realidad ya se conocen. La mujer lo observó con atención y luego inició un meticuloso interrogatorio que Francisco fue sorteando como pudo. Hasta que la mujer comentó ¿desde Buenos Aires te viniste? Francisco, acorralado, miró al piso. El rostro de la mujer trocó en piedra y decidió me voy para casa a tranquilizar a  Rocío. Instantes después Claudia dormitaba en la sala de espera. A su lado, Francisco, pensaba en Valeria. Por fin se levantó y se alejó. Por suerte lo atendió el contestador.  Quería avisarte que llegué bien; no te pido que no te preocupes porque sé que es inútil; ya hablaremos largo y tendido; te quiero; aunque en este momento lo dudes, te quiero. 

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