miércoles, 21 de septiembre de 2016

110

Los altoparlantes anunciaron que el micro estaba demorado. Francisco deambuló por la terminal, tanta su inquietud que le resultaba insoportable estar sentado. Una hora después de lo previsto vio a Claudia descender del ómnibus luchando con el bolso y con la nena. Se acercó para ayudarla e, instantes después se encontró con una beba gorda en brazos, babeándole el cuello de la camisa. Francisco cayó en la cuenta de que era la primera vez que alzaba a su hija en un lugar público y en cuanto Claudia recuperó el cochecito le devolvió la nena con la excusa de cargar el equipaje. Cuando llegaron al auto, Claudia se acomodó atrás con Azul y fueron directamente al hospital. Francisco recordó la remota visita a la escuela, en la que habían jugado a ser una pareja preocupada por el futuro de sus hijos. El juego convertido en realidad. Dígale a su mujer que pase qué edad tiene su esposa cuál es el DNI de su hija. Cómo explicarles que su mujer estaba en su casa, que Valeria pronto cumpliría treinta y ocho, que no había traído el documento de Luciana. Así como en Rosario, entre cuatro paredes, había podido actuar con naturalidad, en el hospital se sentía como un extra al que por  imprevista enfermedad del actor principal, lo meten a protagonista sin haberle dado tiempo para estudiar el libreto. El médico pareció entender la situación porque luego de un par de intentos de hacerlo participar de la consulta terminó dirigiéndose exclusivamente a su mujer. El hombre coincidió con los colegas rosarinos pero solicitó un par de estudios. Cuando terminó la consulta Francisco propuso ir a tomar algo pero la nena ya estaba fastidiosa y ella rechazó el ofrecimiento. Claudia había decidido instalarse en lo de una prima. Allí las dejó Francisco y partió después para su casa. Llegó, al anochecer, destruido. Por suerte los chicos se estaban bañando. Necesitaba un poco de tiempo para desprenderse de una de sus realidades y enfrentar la otra. No obstante, Valeria no le dio tregua ¿cómo les fue? inquirió Y ese les involucrando tanto que Francisco necesitó inspirar profundamente antes de contarles las novedades. ¿Cómo se bancó la chiquita las revisaciones? Francisco pensando que esa conversación era surrealista contestó como un bebé, a los gritos. Valeria sonrió y él pensó que quizás se estaba equivocando al leerle el rostro. Sin embargo ella agregó pobrecita hizo una pausa y luego preguntó ¿ya se sienta? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario