Los altoparlantes anunciaron que el micro
estaba demorado. Francisco deambuló por la terminal, tanta su inquietud que le
resultaba insoportable estar sentado. Una hora después de lo previsto vio a
Claudia descender del ómnibus luchando con el bolso y con la nena. Se acercó
para ayudarla e, instantes después se encontró con una beba gorda en brazos,
babeándole el cuello de la camisa. Francisco cayó en la cuenta de que era la
primera vez que alzaba a su hija en un lugar público y en cuanto Claudia
recuperó el cochecito le devolvió la nena con la excusa de cargar el equipaje.
Cuando llegaron al auto, Claudia se acomodó atrás con Azul y fueron
directamente al hospital. Francisco recordó la remota visita a la escuela, en
la que habían jugado a ser una pareja preocupada por el futuro de sus hijos. El
juego convertido en realidad. Dígale a su mujer que pase qué edad tiene su
esposa cuál es el DNI de su hija. Cómo explicarles que su mujer estaba en
su casa, que Valeria pronto cumpliría treinta y ocho, que no había traído el
documento de Luciana. Así como en Rosario, entre cuatro paredes, había podido
actuar con naturalidad, en el hospital se sentía como un extra al que por imprevista enfermedad del actor principal, lo
meten a protagonista sin haberle dado tiempo para estudiar el libreto. El
médico pareció entender la situación porque luego de un par de intentos de
hacerlo participar de la consulta terminó dirigiéndose exclusivamente a su
mujer. El hombre coincidió con los colegas rosarinos pero solicitó un par
de estudios. Cuando terminó la consulta Francisco propuso ir a tomar algo pero
la nena ya estaba fastidiosa y ella rechazó el ofrecimiento. Claudia había
decidido instalarse en lo de una prima. Allí las dejó Francisco y partió
después para su casa. Llegó, al anochecer, destruido. Por suerte los chicos se
estaban bañando. Necesitaba un poco de tiempo para desprenderse de una de sus
realidades y enfrentar la otra. No obstante, Valeria no le dio tregua ¿cómo
les fue? inquirió Y ese les involucrando tanto que Francisco
necesitó inspirar profundamente antes de contarles las novedades. ¿Cómo se
bancó la chiquita las revisaciones? Francisco pensando que esa conversación
era surrealista contestó como un bebé, a los gritos. Valeria sonrió y él
pensó que quizás se estaba equivocando al leerle el rostro. Sin embargo ella
agregó pobrecita hizo una pausa y luego preguntó ¿ya se sienta?
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