Menos mal que están los chicos, me ayudan a
superar el agujero que me produce no tener a los míos; te envidio Francisco trata de no pensar y le pregunta por
qué. Porque estás con ellos, porque los seguís disfrutando; por momentos tengo
miedo de que Tobi se olvide de mí Francisco trata pero no puede porque
Valeria agrega a veces es bueno tomar distancia y a él se le revuelven
las tripas estar aquí con mi hermana enferma y sola y con mis sobrinos tan
desamparados me hace valorar todavía más todo lo que tenemos Francisco
ansía cortar pero ella sigue ante cada cosa nueva que conozco me imagino que
te parecería, que dirías; aunque no estés siento que, de alguna manera,
compartimos todos estos días Francisco precisa que se calle aquí también
tu ausencia es una presencia, cada vez que hago algo inconveniente los chicos
dicen mirá si nos viera mamá Valeria se lamenta el ogro de la película Francisco
al decirlo recién se percata el elemento que les genera seguridad esa
mágica concepción de la infancia sobre el bien y el mal, si se hace lo correcto nada malo puede ocurrir los
dejaste bien entrenados Valeria se ríe y dice corto porque esto saldrá
una fortuna; te extraño mucho, también en la cama. Francisco cierra los
ojos aunque quisiera cerrar los oídos no diga cosas inconvenientes para una
señora. Cuando apoyó el tubo estaba como para otra ducha. Valeria no lo
merecía, la historia que habían forjado juntos no lo merecía. Es una tregua
resolvió para intentar tranquilizarse todo volverá pronto a la normalidad y
tuvo nostalgia de mirarse tranquilo al espejo, de no temer cuando sonaba el
teléfono, de no tener que estar siempre pendiente de no cometer un error. Quizás
también papá se creyó en una tregua. El sudor le corrió ahora por la
espalda. Él amaba a su mujer y a sus hijos y sin embargo no lograba
anteponerlos a sus deseos. Claudia avanzando dentro de él. Haciéndose
imprescindible. Ligándose al descubrimiento de sí mismo. Contactándose con ella
desde el que había sido, desde el niño sediento de amor. Fue hasta la cocina y
se preparó un té.
No me queda la más mínima duda sobre tu
virilidad pero tu sensibilidad es absolutamente femenina dice Claudia y a él no le gusta ¿lo decís
porque lloro?, no es para defenderme pero te aseguro que son contadas las veces
en la vida en que me he permitido llorar, no sé qué me está pasando ella
desestima sus palabras celebro que puedas llorar pero no es por eso que lo digo Francisco la mira
inquisitivo es por como hablas de tus hijos el tono de Claudia se torna
profesional parecés una mujer; he pensado mucho al respecto; y es doblemente
extraño porque, salvo por tu abuela, nunca fuiste maternado; te me representás
como un Tupac Amarú, codiciado y tironeado por todos; siempre te trataron como
si fueras varios años mayor que los que marcaba tu cédula; ahora que tenés
hijos podrás comprobar, al menos yo en el poco tiempo en que hemos estado en
contacto, el nivel feroz de demanda de los tuyos a Francisco le fascina
escucharla pero se ve obligado a protestar no te creas, lo que pasa Claudia
lo interrumpe no los defiendas, esa demanda habla bien de ellos, los
transforma en niños normales que manifiestan sus necesidades porque saben que
serán atendidas, haciendo una rabieta cuando es imprescindible Francisco se
muere de amor esa boca hay que cerrarla dice mientras se incorpora en la
cama para besarla.
El encuentro con Horacio era impostergable, Francisco decidió
pasar por el local. Su amigo lo recibió como si volviera de la guerra. Mientras
compartían el almuerzo Francisco se asombró de sí mismo. Se le ha hecho un hábito
mentir. Ya lo hace bien. Fijaron un encuentro para la semana próxima. Cuando
Francisco se encontró pensando que tendría que cambiar el horario de terapia el
asombro se le transformó en franca preocupación. Martes y jueves a las nueve.
Los
padres de Leo se separaron informó Camilo en la cena. Francisco detuvo el
tenedor, sorprendido ¿y él cómo esta?
El nene, con la boca llena, repreguntó ¿y
cómo querés que esté? Pobre acotó Luciana mientras cortaba la suprema.
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