Le hizo el amor con furia, casi con violencia.
Ella, por primera vez, no acabó. Instantes después, tras meses de abstinencia,
fumaba en silencio, desnuda. Francisco, a su lado, repasaba mentalmente la
agenda. A las diez reunión con la de Méndez Paz; a la una almuerzo con el
ingeniero Busti; a las tres de vuelta al estudio para darle los planos al perspectivista;
a las cinco retirar los chicos del colegio; a las seis el taekwondo de Camilo;
a las ocho cena en lo de sus cuñados. Luego sábado y domingo con sus tres hijos
a cargo, y luego lunes y luego Valeria y luego nunca más. Francisco le sacó el cigarrillo de la
mano y la besó en la boca. Reanudaron el amor. Lánguidamente ahora, ralentando
los tiempos. Quizás ella sospechaba que no habría otra vez porque pese a los
esfuerzos de él, tampoco logró acabar. Vencido, Francisco se desmoronó,
enterrando la cabeza entre sus pechos. Ella le acarició el cabello. Cuando, por
fin, se animó a mirarla, vio que las
lágrimas le resbalaban en el más absoluto silencio. Él estaba buscando palabras
para consolarla cuando sonó el móvil. Hola, Rocío, estoy en una reunión, en
cuanto termine voy para casa; no, solo un poco de resfrío; decíle a Mercedes
que se quede un ratito más; ¿terminaste la tarea?¿qué te parece entonces si te paso a buscar y cenamos en Mc
Donald‘s? Se incorporaron juntos y juntos se ducharon,
hablando intrascendencias. Frente a la puerta Francisco le ofreció ¿desayunamos
mañana?. Ella se encogió de hombros, derrotada. Sin despedirse, descendió
del auto.
Carmen lo esperaba, ya preparada. Francisco se
excusó por la tardanza y se dispuso a cumplir con sus tareas paternales. Los
chicos gritaron eufóricos cuando les comentó que pronto regresaría la madre. Papá,
¿no estás contento de que vuelva mami? preguntó Luciana inquieta. ¡Por
supuesto!, lo que pasa es que estoy muy cansado, tuve que trabajar mucho para
que mis tres pollitos puedan comerse este rico pollo intentó simular ese
entusiasmo que la nena le estaba reclamando. Acostáte que yo levanto la mesa
y lavo los platos ofreció el ama de casa en miniatura. Entre los tres, a
carcajada limpia, lo empujaron hasta el dormitorio. Enternecido y orgulloso se
dejó hacer. Escuchó el ruido del agua. Te estoy llenando la bañadera anunció
Camilo mientras Tobi le alcanzaba su toalla te pesto, te pesto. Sumergido
en el agua demasiado caliente intentaba planificar cómo se despediría de
Claudia. Por más que pensara y pensara solo acudía a su mente una única palabra
para la tarjeta que acompañaría al gran ramo de rosas. Estaba pensando que
corría el riesgo de obtener un el amor no se agradece, momento en el que
se dio cuenta de que esa tarjeta significaba que no iba a obtener nunca nada
más. Basta ya. Intentó pensar en Valeria, también tendría que
agasajarla. Sonrió tontamente imaginando otro ramo de rosas. El texto de esta
tarjeta caía de su peso. Papá, vení que te calenté un café ordenó
Luciana a través de la puerta. Tanto por defender. Salió del agua y se secó,
como pudo, con la minúscula toalla con patitos.
Acodado junto a la ventana, la ve bajar de un
taxi. Primero los tacos altísimos, después esas piernas que lo vuelven loco.
Llega agitada cuando estaba por salir, llamó el padre de Rocío. Él suele
pensar en Rocío por eso le pregunta qué quería sinceramente interesado. No
voy desperdiciar un solo segundo de este encuentro hablando de él y ella es terminante. ¿Cómo siempre?
pregunta Francisco llamando al mozo. No tengo hambre, solo un cortado
dice ella y Francisco recién descubre su palidez y se preocupa ¿cómo estás?
¿Para qué preguntás estupideces? Claudia levanta el tono ¿cómo debería
estar?, ¿feliz?, ¿relajada?; no dormí en toda la noche si te interesa saberlo. Él,
desconociéndola, añade yo tampoco. Ella, sarcástica dice podríamos
habernos encontrado para jugar al truco. Él no tolera verla así Claudia,
no lo hagas más difícil de lo que ya es, no es tu estilo. Ella está
francamente enojada ¿y cuál es mi estilo?, ¿estar siempre dispuesta a
satisfacer tus necesidades, corriendo a ocupar el hueco que queda en tus días? Él
intenta sosegarla tenés suerte, la bronca es un sentimiento que siempre ayuda,
ojalá yo pudiera tener rabia, acordarme de alguna vez que me hubieras fallado;
pero no, todo lo que he recibido de vos es atención, comprensión, tiempo,
afecto. Los ojos de ella acusan el impacto no te equivoques, Francisco,
no es afecto, mal que te pese, es amor. Francisco piensa que ella le está
hablando de amor y él en lugar de disfrutarlo, qué absurdo, debe desestimarlo no
estamos aquí para hablar de sentimientos, eso está fuera de toda discusión. Ella
de nuevo se ofusca y entonces, ¿para qué estamos aquí?, ¿porque tienen las
medialunas más ricas del barrio? Estamos para despedirnos las lágrimas se
agolpan en los ojos de Claudia y Francisco quisiera abrazarla pero se obliga a agregar
esto tenía que terminar, lo supimos desde el principio saca el pañuelo
de su bolsillo y se lo tiende. Ella se repone o sea, dentro de unos minutos
nos levantaremos, nos saludaremos educadamente y haremos de cuenta de que en estas
últimas semanas nada ha pasado. Él sabe que no habrá como borrarla sería
imposible, no soy el mismo que entró en tu consultorio; es increíble, la vida
te tenía preparada esperando que llegara el momento de que me completaras. No
sigas hablando ella se toca el cabello lo único que estás consiguiendo
es que me ligue más a vos se muerde los labios no sirve esta estrategia eleva la voz decime que soy impuntual, que soy mala
madre está perdiendo la compostura no, no lo niegues, sé que de alguna
manera me responsabilizás por los dolores de Rocío. Él la interrumpe te
quiero como sos. La voz de ella es casi un grito ¡basta, Francisco!, yo
tengo que seguir viviendo. Ella no entiende cuánto le está costando a él ¿creés
que para mí va a ser fácil prescindir de vos? Claudia ya no grita los
dolores no se miden pero en este caso, no podemos ni empezar a hablar; te
espera una mujer que te quiere y a la que querés, tres hijos que son tu norte y
yo… Francisco intenta
ayudarla tenés una hija maravillosa y
es aún peor, ¿qué me sugerís?, ¿que me la lleve todas las noches a la cama
para olvidarme de que está vacía?; no sos responsable de mi soledad previa pero
si de mi soledad futura, ¿cómo colocar a alguien en el hueco de tu ausencia? Francisco
dice esta conversación es insostenible, a cada instante nos hacemos más daño.
Ella lo mira fijo unos segundos y luego
agarra la cartera. Ya en la puerta se detiene, gira y lo mira. A
Francisco también se le llenan los ojos de lágrimas. Pleure mon
coeur quand tu n’es plus la.
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