Francisco aspiró con fuerza, el aroma del café
lo embriagó. El sabor de lo prohibido. ¿Te arreglás bien con los chicos? abrió
la conversación Claudia, marcando las
reglas del juego: tiempo presente, modo indicativo. Ella acotó a la respuesta de Francisco las criaturas
siempre nos sorprenden, por eso son tan maravillosas. Él se animó ¿tenés hijos?
Ella miró el reloj y dijo me voy volando, se
hizo tarde. También era tarde para él sin embargo se quedó. Allá su
gastritis, necesitaba otro café. Apoyado en la ventana la vio cruzar Cabildo,
casi corriendo pese a los tacos finitos. Comme l’eau, comme
l’eau qui court, moi, mon coeur court apres ton amour.
Francisco escuchó
con placer el retumbe de sus pisadas sobre la pinotea. Observó luego la marca que iban dejando los
zapatos sobre el polvo. La trayectoria es la curva que se obtiene al unir
los puntos que el móvil va ocupando a medida que transcurre el tiempo
absurdamente le dictó la remota cinemática. A medida que transcurre
el tiempo se repitió y luego solo el tiempo. ¿Le parece que el piso se
podrá salvar? indagó la señora de Urquijo. Francisco aseguró con
esfuerzo todo puede recuperarse.
Me saqué un diez en las fracciones comentó Luciana
orgullosa mientras cenaban. Se lo habrá sacado papá corrigió Camilo. Vos qué te
metés, papi no me las hizo, me explicó se defendió la nena. Mientras la
discusión amenazaba prolongarse al
infinito Francisco se planteó si alguno de sus hijos pensaría soy el menos
querido de los tres. Peor vos que siempre te olvidás las cosas y te
las llevan alegaba Luciana. ¿Era mensurable el cariño que se sentía por los
hijos? Upa, papá reclamó Tobi, la cara sucia de puré. ¿Cómo se había
bajado de la silla? Francisco, alarmado, lo alzó. Con la otra mano buscó una
servilleta.
Sus piernas no merecen un pantalón piensa Francisco en la silla y luego se
rectifica soy yo el que no merezco verme privado de sus piernas. ¿Qué
estás pensando? pregunta Claudia y él instintivamente levanta los hombros
rogando no ponerse colorado. Vení
conmigo ordena ella. Él la sigue, estupefacto, hasta el pasillo
que conduce al baño. Paráte en el medio, extendé los brazos hasta que
tus manos toquen las paredes, ahora presioná porque tenés que apartarlas, el
pasillo es ancho, demasiado ancho y vos sos chiquito y te gusta estar acá sigue hablando ella mientras las
paredes se alejan de las manos de Francisco que ya no alcanza a tocarlas.
Siente un ruido que no puede descifrar. Rítmico e incesante. Aguza los oídos.
Ahora sí, es la abuela que cose a máquina en el pasillo. Sostiene la tela
con las dos manos y la va deslizando
debajo de la aguja que se mueve con mucha velocidad. Es muy peligroso pero la
abuela sabe, sabe todo, todo lo de la
casa. Te estoy haciendo una camisa porque
tenés toda la ropa a la miseria dice y yo le pregunto te puedo ayudar.
Ella me indica paráte a mi lado ahora poné un pie en el pedal apretálo así muy bien de nuevo más
rápido para adelante para atrás qué
fuerte es mi Paquito. La abuela silba y yo la ayudo. Para adelante, para atrás.
Francisco amaga abrir los ojos pero Claudia ordena no, todavía no, sentáte
en el piso, así, muy bien; la abuela dice que tenés la ropa a la miseria; pensá
en tu ropa, las camisas, los pantalones, los zapatos, los calzoncillos, las
medias, el abrigo Francisco hace una mueca es el abrigo entonces, ¿qué
pasa con tu abrigo, Paquito? Está roñoso. Este sobretodo está roñoso
dice Alicia no sé cómo no te da vergüenza decíle a mamá que lo lleve a la
tintorería. Entra papá a buscarme pero Alicia dice con esa facha no puede ir al
cine. No importa vamos que se hace tarde dice papá. Igual tengo calor digo y me
saco el sobretodo y me agarro de su mano. Francisco grita Alicia pero yo no la escucho
porque ya salimos. Hace mucho frío. En el remis está Guillermo que pregunta y a
este qué le pasa que tiembla como una mariquita. Qué rápido pasa el tiempo piensa Francisco porque ya es domingo
otra vez y llego con un bleicer azul que me aprieta. Y tu sobretodo dice Alicia.
Mamá lo llevó a la tintorería contesto. Era hora dice y sale y entra Guillermo y me dice qué
te pasa que te disfrazaste de tripa. Tripa tripa grita Guillermo. Quisiera ser
un cuchillo para cortarle la lengua. Viene la abuela y pregunta qué pasa.
Entonces corro y la abrazo. El bebé el bebé corea Guillermo. Basta dice la
abuela. Francisco nota que
la abuela huele como Delia. A violetas. Y también nota que suena el timbre.
Chau grito y cuando estoy abriendo la puerta de calle aparece mamá con mi
sobretodo y dice no podés salir así hace un frío terrible y sin que me pueda
resistir me lo pone, lo abotona hasta arriba y me besa. Entro al auto y papá me
hace preguntas y yo le contesto cortito. No tengo calor pero sudo y la ropa se
me pegotea al cuerpo. Llegamos. Justo cuando me estoy desabotonando el sobretodo apurado
entra Alicia. No era que mamá lo había llevado a la tintorería pregunta. Sí
pero se ensució de nuevo le contesto y aunque no quiero se me empiezan a salir
las lágrimas. No llorés Francisco dice
Alicia la culpa es de mamá. La abuela desde la cocina grita Paquito vení que te preparé buñuelos. Primero me meto en
el baño y me lavo la cara para que la abuela no se ponga triste. Francisco
percibe que el olor a violetas se va transformando. Toma cuerpo, densidad, color. Es el olor de su mamá que le pregunta cómo
te fue. Bien contesto. Cómo están tus hermanos. Muy bien digo. Claro ellos
estarán contentos allá pura farra. En realidad más o menos digo. Les pasó algo
me pregunta preocupada. No, están lo más bien digo. Y tu sobretodo pregunta
mamá. Lo perdí contesto. Y me lo decís así como si me sobrara la plata claro
para vos todo es muy fácil. Francisco cansadísimo, intenta dormirse. Está por lograrlo cuando el timbre tintinea. Chau digo abriendo la puerta. Mamá se acerca
con el bleicer pero yo digo no hace frío y salgo corriendo. Papá ya abrió el remis. Mamá se queda en el
marco de la puerta y levanta una mano y
papá también qué raro nunca se saludan. Ya en el auto pienso que en cuanto
entremos voy a rescatar el sobretodo
y a la hora de la siesta lo voy a
tirar en el baldío. Por fin llegamos y papá abre y yo dejo mi bolsito y voy
corriendo hasta el cuarto de Guillermo. Cierro la puerta y busco debajo de la
cama pero no lo encuentro. Abren sin golpear y yo me levanto como flecha.
Alicia trae mi sobretodo adentro de una flamante bolsa de nailon. Decíle a mamá
que era así de fácil dice y cuelga la percha en el ropero y sale. Por suerte
viene el verano pienso. Francisco siente mucho calor. Se pone la
mano en el cuello y se afloja la camisa. Le duele el cuerpo. Me duele el
cuerpo dice. Claudia lo ayuda a levantarse, lo conduce de la mano hasta el
diván y le dice estás adentro del garaje, ya sé que no te gusta sin
embargo ahora estás en el garaje él cierra los ojos y justo llega Guillermo
y le cuenta que leyó un libro sobre Houdini y que ahora tiene que practicar los
nudos vení me dice y me mete en el garaje.
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