miércoles, 23 de marzo de 2016

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Del consultorio fue directo a lo de su madre. Dejó el auto mal estacionado y subió. Ya no había posibilidad de reproches ni de reclamos. No solo para preguntas está el nicho cerrado pensó y también pensó que sus hermanos todavía vivían.  Cuando abrió la puerta lo abrumaron muebles y objetos de los que tendría que deshacerse. Quién si no él. Pero en ese momento estaba absolutamente discapacitado para ocuparse de su hemisferio izquierdo. Invadido por el otro, el emocional, buscó en placares y estantes, aumentando aún más el caos. Hasta que encontró la caja con las fotos. Al salir se miró en el espejo del ascensor. Tenía la ropa a la miseria.

Estoy recortando animales de una revista para pegarlos en el bloc el nene que me regaló el abuelo. Entra Guillermo y me dice dentro de un rato va a venir papá y te va a invitar a la cancha pero yo quiero ir solo con papá así que vas a decirle que no tenés ganas de ir entendiste bien y no se te ocurra contarle que yo te comenté nada. Entonces entra papá y con su sonrisa luminosa dice tengo una sorpresa para vos Francisco.

Acababa de regresar del estudio,  los chicos peleando entre sí para acaparar su atención, cuando sonó el teléfono. ¿Cómo te trata mi hermanita? se presentó Jirafa. Francisco recién advirtió que debería haberlo llamado y no tuvo más remedio que invitarlo a tomar un café. Terminaría mal si seguía tomando café.  El café es el menor de los riesgos evaluó.

Estaba cenando con sus hijos la sopa de arroz indicada por Valeria. Francisco aspiró profundamente y el olor le llegó más allá de la nariz, hasta las vísceras. Tuvo que cerrar los ojos. Papi, ¿qué te pasa? preguntó Luciana, siempre atenta. No puede contestarle porque está sentado al lado de Jirafa. Suena el timbre y minutos después una adolescente de jumper gris, medias tres cuartos y pelo recogido pasa ante ellos sin saludar, deja libros y carpetas sujetos con un elástico sobre el sofá  y desaparece por el pasillo cerrando la puerta tras de sí. ¿Y esa quién es? pregunta Francisco. ¿Quién va a ser, imbécil? ¡mi hermana! Francisco se da cuenta de que hace mucho que no va a lo de su amigo porque a la nena flacucha y con trencitas ahora se le levantan las tablas del jumper. Arriba, por delante; abajo, por detrás. Instantes después reaparece, sin corbata, la camisa arremangada, el pelo suelto, oliendo a jazmines y se sienta frente a él. Francisco, ¿te acordás de Claudita? pregunta la madre con el cucharón alzado frente al plato de su hija. La chica lo mira sonriendo con desenvoltura pese a sus aparatos y él observa que se le hacen hoyitos. Para mi mamá siempre seré Claudita dice meneando la cabeza, provocadora.  Mirámela a la flacucha piensa Francisco y tiene, por suerte debajo de la mesa, una tímida erección. Luciana insistió papá, ¿qué te pasa? Por aquí todo bien le escribió a Valeria aunque no puedas creerlo ayer Alicia nos invitó a tomar el té, Nicolás no estaba pero Moira se lució con los chicos.  Llamaron de la facultad, ya te extendieron la licencia. A Lulú se le cayó otro diente, no te preocupes que Pérez ya está preparado. Camilo se sacó  diez en un oral de sistema nervioso, la maestra me comentó que un médico no lo hubiese explicado mejor. Tobi se pilló dos veces. El trabajo sin novedades. Me alegra que Alejandra se esté recuperando. Besos para todos. Te quiero. Yo. Después se acostó. Puso bajito el disco y rememorando la sopa tuvo otra erección. Ahora poderosa.

Lo miro a Guillermo que parpadea rápido entonces digo gracias papá prefiero quedarme. Él me pregunta sorprendido por qué y yo le explico tengo que pegar todas las figuritas que recorté. A estos chicos quién los entiende dice papá fastidiado y se van sin saludarme. Me parece que se enojó conmigo.  Suerte que la abuela me preparó mucho engrudo.


Mientras subía recordó un comentario de Claudia las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.

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