Del consultorio fue directo a lo de su madre.
Dejó el auto mal estacionado y subió. Ya no había posibilidad de reproches ni
de reclamos. No solo para preguntas está el nicho cerrado pensó y
también pensó que sus hermanos todavía vivían.
Cuando abrió la puerta lo abrumaron muebles y objetos de los que tendría
que deshacerse. Quién si no él. Pero en ese momento estaba absolutamente
discapacitado para ocuparse de su hemisferio izquierdo. Invadido por el otro,
el emocional, buscó en placares y estantes, aumentando aún más el caos. Hasta
que encontró la caja con las fotos. Al salir se miró en el espejo del ascensor.
Tenía la ropa a la miseria.
Estoy recortando animales de una
revista para pegarlos en el bloc el nene que me regaló el abuelo. Entra Guillermo y
me dice dentro de un rato va a venir papá y te va a invitar a la cancha pero yo
quiero ir solo con papá así que vas a decirle que no tenés ganas de ir
entendiste bien y no se te ocurra contarle que yo te comenté nada. Entonces
entra papá y con su sonrisa luminosa dice tengo una sorpresa para vos Francisco.
Acababa de regresar del estudio, los chicos peleando entre sí para acaparar su
atención, cuando sonó el teléfono. ¿Cómo te trata mi hermanita? se
presentó Jirafa. Francisco recién advirtió que debería haberlo llamado y no
tuvo más remedio que invitarlo a tomar un café. Terminaría mal si seguía
tomando café. El café es el
menor de los riesgos evaluó.
Estaba cenando con sus hijos la sopa de arroz
indicada por Valeria. Francisco aspiró profundamente y el olor le llegó más
allá de la nariz, hasta las vísceras. Tuvo que cerrar los ojos. Papi, ¿qué
te pasa? preguntó Luciana, siempre atenta. No puede contestarle porque está
sentado al lado de Jirafa. Suena el timbre y minutos después una adolescente de
jumper gris, medias tres cuartos y pelo recogido pasa ante ellos sin saludar,
deja libros y carpetas sujetos con un elástico sobre el sofá y desaparece por el pasillo cerrando la
puerta tras de sí. ¿Y esa quién es? pregunta Francisco. ¿Quién va a
ser, imbécil? ¡mi hermana! Francisco se da cuenta de que hace mucho que no
va a lo de su amigo porque a la nena flacucha y con trencitas ahora se le
levantan las tablas del jumper. Arriba, por delante; abajo, por detrás.
Instantes después reaparece, sin corbata, la camisa arremangada, el pelo
suelto, oliendo a jazmines y se sienta frente a él. Francisco, ¿te acordás
de Claudita? pregunta la madre con el cucharón alzado frente al plato de su
hija. La chica lo mira sonriendo con desenvoltura pese a sus aparatos y él
observa que se le hacen hoyitos. Para mi mamá siempre seré Claudita dice
meneando la cabeza, provocadora. Mirámela
a la flacucha piensa Francisco y tiene, por suerte debajo de la mesa, una
tímida erección. Luciana insistió papá, ¿qué te pasa? Por aquí todo bien le
escribió a Valeria aunque no puedas creerlo ayer Alicia nos invitó a tomar
el té, Nicolás no estaba pero Moira se lució con los chicos. Llamaron de la facultad, ya te extendieron la
licencia. A Lulú se le cayó otro diente, no te preocupes que Pérez ya está
preparado. Camilo se sacó diez en un
oral de sistema nervioso, la maestra me comentó que un médico no lo hubiese
explicado mejor. Tobi se pilló dos veces. El trabajo sin novedades. Me alegra
que Alejandra se esté recuperando. Besos para todos. Te quiero. Yo. Después
se acostó. Puso bajito el disco y rememorando la sopa tuvo otra erección. Ahora
poderosa.
Lo miro a Guillermo que parpadea rápido
entonces digo gracias papá prefiero quedarme. Él me pregunta sorprendido por
qué y yo le explico tengo que pegar todas las figuritas que recorté. A estos
chicos quién los entiende dice papá fastidiado y se van sin saludarme. Me
parece que se enojó conmigo. Suerte que
la abuela me preparó mucho engrudo.
Mientras subía recordó un comentario de Claudia
las memorias recuperadas a veces no reflejan acontecimientos reales y en
lugar de plantearse si habrían existido el garaje, la cancha y el sobretodo se
inquietó pensando que tal vez había inventado la sopa de arroz.
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