lunes, 9 de mayo de 2016

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Le tomó unos segundos recordar dónde estaba. Procurando aclarar la voz carraspeó. ¡Al fin! Francisco bruscamente despierto sonrió ¿qué hacé mi pequeña Lulú levantada tan temprano? Claudia, a su lado, abrió los ojos estaba esperando que me llamaras pero como no me llamaste y ayer también te olvidaste tuve que llamarte yo la sonrisa de Francisco se esfumó no me olvidé, muñequita y era cierto cómo olvidarse, solo el temor de que el pecado pudiera traslucirse en su voz intenté varias veces pero estaba en Luján y no tenía señal muy a su pesar, mintió ¿y qué estabas haciendo en Luján? Claudia se levantó fui a ver la quinta que tenía cuando era chiquito desnuda se levantó ¿y cómo es? Francisco la siguió con la mirada muy hermosa, grande, muy vieja  y muy hermosa ella entró al baño yo quiero una quinta, Ximena tiene Francisco estaba escindido cuando sea rico te la voy a comprar padre y amante ¿y cuándo vas a ser rico? él, pese a todo, sonrió nuevamente todavía no lo sé Francisco observó por la cortina entreabierta  seguro que pronto porque trabajás mucho, qué suerte, le voy a contar a los chicos ya había salido el sol de ninguna manera, este va a ser nuestro secreto él descubrió que el tercio del departamento de su madre bien podría convertirse en una quinta para disfrutar con sus hijos, ¿a qué otro fin lo habría destinado ella si le hubiera correspondido esa elección? me subo a los árboles, junto bellotas, me encanta el campo, por eso necesito la quinta él la interrumpió pasáme con tus hermanos, no puedo tanto lo divertía Luciana ¿por qué no podés? Claudia regresó del baño porque están durmiendo ya no estaba desnuda  contame cómo se portan pero sí descalza Camilo siempre me quiere mandonear, pero no te preocupes, no me dejo sus pies eran así, todo o nada Tobi me da mucho trabajo, las zapatillas se le desatan todo el tiempo el cuerpo de Francisco protestó pasáme con la tía inútilmente preparado no puedo Claudia, sin mirarlo descorrió las cortinas ¿por qué? ya había sol están todos durmiendo, te llamé porque estaba aburrida y además ahora tengo hambre, voy a hacer ruido para que se despierten y luego salió del dormitorio mejor come una galletita él escuchó ruidos desde la cocina mami me dijo que no agarrara nada sin preguntar Francisco descubrió que también él tenía hambre este es un caso especial, decíle a la tía que yo te di permiso miró de nuevo el reloj te mando un beso grande y ojo, no te empaches. Cortó y se desperezó con ganas. Irresistible olor a café y a tostadas.

¿Trabajás temprano? pregunta él. Tengo un paciente a las once contesta ella sirviéndole el café. ¿Mario? dice, burlón. El gesto de ella es duro parece que no entendieras lo que es mi profesión, lo que para mí significa mi profesión. Él le roza la mejilla sí que lo sé, también así me toco disfrutarte y percibe su tensión. No hagas bromas de mal gusto Francisco retira la mano ni vuelvas a recordarme que fuiste mi paciente. Él, confuso, opta por el silencio. Jirafa se lo había advertido con la analista no se jode. Desconcertante Claudia: fuego hielo acero miel. Francisco observa las uñas nacaradas sobre la taza que ella sostiene con tanta sencilla elegancia. Aun en bata, aun desnuda, una dama. La señora Ordóñez. Francisco se toca la cara y avergonzado recuerda que lleva más de un día sin afeitarse. Varias tostadas después Francisco se anima a preguntarle ¿ya levantaste la censura? Y como la mirada de ella muta, en la fracción de un segundo, del desconcierto a la agudeza, él reitera ¿cómo sigue esto? Claudia, casi imperceptiblemente, baja los hombros. Minúsculo gesto que conmueve a Francisco. También ella conoce su destino. Esta tarde me voy a Mar del Plata informa Claudia a un congreso. Lo demás no existe, cuestión de supervivencia mantenerla cerca. Te acompaño resuelve.

Marcela lo miró estupefacta ¿cómo que se va? ¿y la reunión con la señora de Urquijo? Él, confirmó su teoría de que las mujeres estaban puestas sobre la tierra para reglar los actos de los hombres y suspirando le respondió postergála ¿Para cuándo? Él, confuso, calculó para la semana que viene. ¿Cuándo se va?  Francisco, cerrando la puerta, informa me estoy yendo.


Por suerte Carmen ya no estaba. Metió tres cosas en un bolso y se disponía a salir cuando comprendió que debía dar explicaciones. Tengo que ir a Mar del Plata a ver un trabajo. Salgo en un rato. Trato de comunicarme desde allí. Besos. Al firmar como siempre yo se dio cuenta de que por una vez su superyo había sido vencido por su ello. Francisco imaginó sus represalias y se preparó para enfrentarlas. Si peco, peco sin más se dijo y se impuso la quimérica meta de ahuyentar la culpa. Solo cuarenta y ocho horas. Ni bien apagó la computadora lo asaltó la campanilla del teléfono. No, no puedo, me estoy yendo a Mar del Plata, por trabajo, por supuesto, lo dejamos para la semana que viene. Mintiéndole también a Horacio. Otra vez se empapó. Superyooó, ¡al ataque! 

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