Le tomó unos segundos recordar dónde estaba.
Procurando aclarar la voz carraspeó. ¡Al fin! Francisco bruscamente
despierto sonrió ¿qué hacé mi pequeña Lulú levantada tan temprano? Claudia,
a su lado, abrió los ojos estaba esperando que me llamaras pero como no me
llamaste y ayer también te olvidaste tuve que llamarte yo la sonrisa de
Francisco se esfumó no me olvidé, muñequita y era cierto cómo olvidarse,
solo el temor de que el pecado pudiera traslucirse en su voz intenté varias
veces pero estaba en Luján y no tenía señal muy a su pesar, mintió ¿y
qué estabas haciendo en Luján? Claudia se levantó fui a ver la quinta
que tenía cuando era chiquito desnuda se levantó ¿y cómo es?
Francisco la siguió con la mirada muy hermosa, grande, muy vieja y muy hermosa ella entró al baño yo
quiero una quinta, Ximena tiene Francisco estaba escindido cuando sea
rico te la voy a comprar padre y amante ¿y cuándo vas a ser rico? él,
pese a todo, sonrió nuevamente todavía no lo sé Francisco observó por la
cortina entreabierta seguro que
pronto porque trabajás mucho, qué suerte, le voy a contar a los chicos ya
había salido el sol de ninguna manera, este va a ser nuestro secreto él
descubrió que el tercio del departamento de su madre bien podría convertirse en
una quinta para disfrutar con sus hijos, ¿a qué otro fin lo habría destinado
ella si le hubiera correspondido esa elección? me subo a los árboles, junto
bellotas, me encanta el campo, por eso necesito la quinta él la interrumpió
pasáme con tus hermanos, no puedo tanto lo divertía Luciana ¿por
qué no podés? Claudia regresó del baño porque están durmiendo ya no
estaba desnuda contame cómo se portan
pero sí descalza Camilo siempre me quiere mandonear, pero no te preocupes,
no me dejo sus pies eran así, todo o nada Tobi me da mucho trabajo, las
zapatillas se le desatan todo el tiempo el cuerpo de Francisco protestó pasáme
con la tía inútilmente preparado no puedo Claudia, sin mirarlo
descorrió las cortinas ¿por qué?
ya había sol están todos durmiendo, te llamé porque estaba
aburrida y además ahora tengo hambre, voy a hacer ruido para que se despierten y
luego salió del dormitorio mejor come una galletita él escuchó ruidos
desde la cocina mami me dijo que no agarrara nada sin preguntar Francisco
descubrió que también él tenía hambre este es un caso especial, decíle a la
tía que yo te di permiso miró de nuevo el reloj te mando un beso grande
y ojo, no te empaches. Cortó y se desperezó con ganas. Irresistible olor a
café y a tostadas.
¿Trabajás temprano? pregunta él. Tengo un paciente a las once contesta
ella sirviéndole el café. ¿Mario? dice, burlón. El gesto de ella es duro
parece que no entendieras lo que es mi profesión, lo que para mí significa
mi profesión. Él le roza la mejilla sí que lo sé, también así me toco
disfrutarte y percibe su tensión. No hagas bromas de mal gusto Francisco
retira la mano ni vuelvas a recordarme que fuiste mi paciente. Él,
confuso, opta por el silencio. Jirafa se lo había advertido con la analista
no se jode. Desconcertante Claudia: fuego hielo acero miel. Francisco
observa las uñas nacaradas sobre la taza que ella sostiene con tanta sencilla
elegancia. Aun en bata, aun desnuda, una dama. La señora Ordóñez. Francisco se toca la cara y avergonzado recuerda
que lleva más de un día sin afeitarse. Varias tostadas después Francisco se
anima a preguntarle ¿ya levantaste la censura? Y como la mirada de ella
muta, en la fracción de un segundo, del desconcierto a la agudeza, él reitera ¿cómo
sigue esto? Claudia, casi imperceptiblemente, baja los hombros. Minúsculo
gesto que conmueve a Francisco. También ella conoce su destino. Esta tarde
me voy a Mar del Plata informa Claudia a un congreso. Lo demás no
existe, cuestión de supervivencia mantenerla cerca. Te acompaño resuelve.
Marcela lo miró estupefacta ¿cómo que se va?
¿y la reunión con la señora de Urquijo? Él, confirmó su teoría de que las
mujeres estaban puestas sobre la tierra para reglar los actos de los hombres y
suspirando le respondió postergála ¿Para cuándo? Él, confuso, calculó para
la semana que viene. ¿Cuándo se va? Francisco,
cerrando la puerta, informa me estoy yendo.
Por suerte Carmen ya no estaba. Metió tres
cosas en un bolso y se disponía a salir cuando comprendió que debía dar
explicaciones. Tengo que ir a Mar del Plata a ver un trabajo. Salgo en un
rato. Trato de comunicarme desde allí. Besos. Al firmar como siempre yo se
dio cuenta de que por una vez su superyo había sido vencido por su ello.
Francisco imaginó sus represalias y se preparó para enfrentarlas. Si peco,
peco sin más se dijo y se impuso la quimérica meta de ahuyentar la culpa. Solo
cuarenta y ocho horas. Ni bien apagó la computadora lo asaltó la campanilla
del teléfono. No, no puedo, me estoy yendo a Mar del Plata, por trabajo, por
supuesto, lo dejamos para la semana que viene. Mintiéndole también a
Horacio. Otra vez se empapó. Superyooó, ¡al ataque!
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