Llegó a las seis de la mañana. Fue a un bar,
tomó un café y pidió la guía. Varios Ordóñez en fila. No recordaba el nombre
del padre. Miró el reloj, era demasiado temprano. Hizo tiempo y luego se
dirigió a un locutorio. Arriesgó con Ricardo, sin suerte. Entonces empezó con Alberto.
A su con Claudia por favor se sucedieron infinitos aquí no vive
ninguna Claudia. Cuando llegó a Víctor, ya desahuciado, lo atendió una nena
mi mamá está en el sanatorio. La taquicardia de Francisco fue súbita Rocío,
soy un amigo de tu mamá, en qué
sanatorio está preguntó. La nena contestó no me acuerdo. Francisco
le pidió pasáme con un mayor. Roció le informó estoy sola, mi abuela
fue a hacer unas compras. Él intentó ¿sabés el teléfono de tu mamá? La nena contestó me
lo sabía pero lo cambió. Francisco se impacientó Rocío, es importante,
tratá de recordar, cómo se llama el sanatorio. Luego de unos instantes la
nena contestó triunfal ¡ya sé!, ¡algo de un parque! Francisco cortó y se
encontró preguntándole a la mujer del locutorio si había algún sanatorio que se
llamara algo de un parque.
La recepcionista buscó en la computadora no
hay ninguna Claudia Ordóñez internada. Fíjese en maternidad indicó él. Ella
le contestó de mal modo ya le dije que no hay ninguna en ninguna sección.
Echó un vistazo al hall de planta baja y luego decidió subir por la escalera,
quizás Claudia había ido a hacerse algún estudio o a visitar a alguien.
Recorrió pasillo por pasillo, piso por piso. Cuando, ya en el cuarto y último,
fracasó, bajó por ascensor hasta el subsuelo. Le habían dicho qué allí estaba
la confitería. Contra la ventana, mirando el infinito, por fin la encontró. Con
su silueta normal, pero irreconocible. Jeans y zapatillas, el cabello recogido,
el rostro sin maquillaje. Francisco se acercó lentamente y, sigiloso, se paró
junto a ella. Aun así Claudia pareció percibirlo porque giró la vista hacia él.
¿Qué hacés acá? preguntó con los ojos agrandados por el asombro. Acabo
de encontrarte, ¿me puedo sentar? Se quedaron en silencio, mirándose.
Francisco preguntó con timidez ¿lo perdiste? ¿Qué? repreguntó Claudia descolocada. El
embarazo contestó él avergonzado, casi en un susurro. No te hagas
ilusiones Claudia sonrió despectiva la nena nació hace quince días Francisco
palideció un kilo ochocientos, cuarenta centímetros; estuvo bastante mal
pero se está recuperando la sonrisa
se hizo orgullosa come como una troglodita, ya pasó los dos kilos. No
era su historia. Tenía una hija de quince días y él no lo sabía. Sintió un
vació enorme en el estómago. Náuseas. ¿Cómo
se llama? preguntó. Azul. Azul Ordóñez.
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