lunes, 29 de agosto de 2016

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Mamá, el señor del auto. Francisco entró. Olor a pintura, a obra nueva, ese aroma que lo embriagaba. Un estar de altísimas paredes parecía escapado de una revista de decoración. Luz, armonía, color. Se alegró por su hija. Pasá  le llegó la voz de Claudia desde el fondo del pasillo. Un dormitorio pequeñito, una cuna, un cambiador. Peluches en los estantes. En la mecedora, Claudia con la nena prendida del pecho. Francisco hubiese querido abarcar a las dos en un abrazo pero se acercó civilizadamente y se limitó a besar a Claudia en la mejilla.  No te esperaba, hasta marzo no te esperaba. La conversación pareció alertar a la chiquita que soltó el pezón. Claudia aprovechó y se cerró la ropa. Francisco miró a la nena y la nena lo miró. ¿Puedo agarrarla? Ella dijo, burlona hacé de cuenta que es tuya. El renacuajo que había conocido era una rozagante beba de cachetes inflados. Francisco le sintió el olor. Olor que lo transportó hacia sus hijos, sus legítimos hijos. Rocío entró al cuarto ¿me la das? y el pedido era una orden.  Primero sentáte indicó Claudia. ¿Te gusta mi bebé? preguntó la nena. Francisco le acarició la cabeza es preciosa, te felicito.  Estoy muerta de hambre, esta chiquilina me está fagocitando, ¿comés con nosotras? ofreció Claudia. Francisco se encontró sentado a la mesa con una mujer y una nena. La otra durmiendo en el canasto. Si mamá te viera. Levantaron los platos. Claudia mandó a Rocío a acostarse. La chiquilina se despidió refunfuñando. Cuando la vio alejarse, de atrás, por un instante, se le antojó Luciana. Recordó las revistas mejicanas que le regalaba su papá. Había una de Superman en un mundo paralelo, un mundo en el que tenía mujer e hijos.¿Por qué viniste? lo sorprendió desarmado Claudia. Necesitaba verla, en todo este tiempo no hubo un solo día en que no haya pensado en ella. Claudia fue dura sin embargo, precisaste que tu mujer estuviera lejos para animarte a venir; ¿por qué ni siquiera llamaste si tanto la extrañabas? Las explicaciones de Francisco sobre el cuerpo de mi hijo juré que no volvería a verte no lograron conmoverla juraste renunciar al placer y esto que estás ejerciendo  no es un placer, es un deber. La frase dio en el blanco. Francisco experimentó un violento alivio. Elevo levemente el cuello y metiendo la mano en el bolsillo agregó además quería traerte dinero; en dos días me voy a Estados Unidos. Claudia le frenó el movimiento a mi hija la gesté yo, la parí yo y la mantengo yo. Él, intensamente dolorido, solo atinó a ofrecer cuando precise algo no tenés más que pedírmelo miró luego su reloj y dijo se hizo muy tarde, ya me voy. Claudia lo descolocó ¿querés quedarte a dormir? y ante el espontáneo gesto de Francisco añadió, zumbona no te asustes, no pienso violarte, en el cuarto de Rocío hay otra cama.  Es mejor que no contestó Francisco intentando sonreír y le entregó un paquete ¿esto también me lo vas a rechazar? Un álbum para bebés idéntico al que la madre de Francisco había ido regalando a cada uno de sus nietos. Porque así como Luciana nunca llegaría a ser grande para su abuela, Azul no había llegado a ser. La pregunta de Claudia lo sobresaltó ¿le contaste a alguien que tenés otra hija? Ante su respuesta ella comentó todavía no aprendiste a vivir sin tu mamá.

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