¿Puedo verla? preguntó al cabo de un rato. Claudia lo miró
desafiante ¿para qué? Él no se
amilanó es mi hija. Ella fue irónica un poco tarde te acordás. Él
dijo Claudia, por favor.
Se pararon frente al vidrio de la nursery. En
el fondo, separadas por una pared trasparente, las incubadoras. Claudia golpeó
la puerta. Se despertó en cuanto se fue le comentó sonriente una
enfermera. ¿Puede entrar? solicitó Claudia. La mujer cabeceó ya sabe
que solo están permitidos los familiares más cercanos. Claudia se aclaró la garganta e informó es el papá. Instantes
después, la desinfección de manos, la
bata y el barbijo retrotrayendo a Francisco a momentos que prefería olvidar. La
enfermera lo condujo hasta una de las incubadoras. Francisco se acercó. Un ser
diminuto, con los ojos abiertos, se retorcía como una araña. Parece mentira,
tan chiquita y tan vital dijo la enfermera. Francisco preguntó ¿puedo
tocarla? La mujer lo miró con desconfianza. Él dijo es mi cuarta hija y
absurdamente pensó mamá, no podrás conocerla. La enfermera abrió la
incubadora, cubrió a la nena con la sábana y la colocó entre los brazos de
Francisco. No pesaba. La miró con detenimiento. Si los reducidores de cabeza
hubiesen experimentado con Tobi no habrían conseguido mejor réplica. La nena se restregaba las manitos contra la
cara. Francisco se las agarró no, así no, que se me va a lastimar. La
beba empezó a llorar. Francisco, desconcertado, miró a la enfermera. Voy a
buscar a su mujer, tiene que amamantarla.
Minúscula
pero perfecta; me hace acordar a Tobi cuando nació. Ella acotó es que es
igual a vos. Siguieron almorzando en silencio hasta que Claudia preguntó ¿cómo
está Camilo? Francisco le habló del accidente, la convalecencia, la
recuperación, el dolor que no amainaba. A fin de mes Valeria lo llevará a Estados
Unidos, la hermana ya hizo los contactos; un gran especialista evaluará si hay
posibilidades de realizarle una reconstrucción microquirúrgica de las dos
piernas; cuando esté todo resuelto yo viajaré para allá; mirá lo que son las
ironías de la vida, el tercio del departamento de mi madre cumpliendo una
función que ella nunca pudo llegar a sospechar. Claudia averiguó ¿los
otros chicos cómo lo atravesaron? Francisco se puso serio Luciana
presenció el accidente, quedó muy impactada; empezó un tratamiento psicológico
y ya está mejor. Ella fue irónica ¿aceptaste? Se despertaba todas
las noches llorando; la vi sufrir tanto que hubiera admitido cualquier cosa
capaz de aliviarla se justificó él. ¿Y Tobi? Francisco sonrió lo
más bien. ¿Sin síntomas? inquirió ella. Él sacudió la cabeza es
muy chiquito. Ella añadió muy chiquito y muy parecido al papá. Él se sorprendió ¿qué querés decir? Claudia
fue categórica es imposible que no
esté afectado, probablemente percibe que no es el momento de reclamar; no le
pierdas el rastro. Francisco se defendió el problema es que cuando hay
una crisis de esta naturaleza, todos están mal al mismo tiempo; entre atender
los alaridos de Camilo o prestarle atención al silencio de Tobi no había
demasiado para pensar y luego trató de cambiar el tema de conversación,
lo único que le faltaba era angustiarse por Tobi y Rocío, ¿cómo se tomó la llegada de la
hermana? momento en el que tomó conciencia de que no solo sus hijos asumían
para Azul esa condición. Ahora fue Claudia la seria todo fue muy difícil
para ella, el cambio de escuela, de casa, de ciudad; no entiende que su padre no
es el padre de la hermana. Francisco se alarmó ¿qué le dijiste? Que
por el momento no se lo podía explicar; cuando rompí bolsa estaba sola con ella
y se asustó muchísimo; para colmo, mientras la beba esté internada, yo ando
como los gitanos, hay veces que se queda sola; en cuanto la chiquita vuelva a
casa me ocuparé de lleno de Rocío, seguramente tendré que hacerla tratar. Otra
vez el silencio. Un silencio pesado. Claudia lo rompió ¿Valeria sabe que
estás acá? Francisco cabeceó no, se fueron al campo y luego bajó la
vista hace meses que le doy vuelta al asunto y no sé cómo encararlo.
Ella inquirió ¿tengo que tomar tu visita como circunstancial? Él se obligó a mirarla vi a la nena y ya
estoy perdido; cuando me vaya me quedará un agujero. Ella lo presionó pero te irás. Él apoyó
el mentón sobre la mano es impensable blanquear la situación por ahora; mi
mundo se llama Camilo; cuando vuelva de Estados Unidos vendré a visitarla. Ella
lo desafió si te lo permito y él le devolvió el desafío si no fueras
a permitírmelo no estaríamos charlando. Minutos después ella entraba en la
nursery. Francisco la esperó afuera y luego la
llevó a su casa. En el momento de bajarse del auto, cuando ella ya se
incorporaba, él la retuvo de la mano ¿alguna vez podrás perdonarme? Ella
lo miró un instante y luego se soltó. Él
se quedó contemplándola hasta que entró. Arrancó y condujo lentamente observando las
vidrieras. Se detuvo ante una. Compró dos docenas de rosas y las hizo enviar. Gracias
por Azul.
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