Qué estás haciendo me pregunta mamá y yo desde
el piso le contesto un rompecabezas entonces ella dice no lo veo y yo le explico es que lo di vuelta
porque del otro lado es muy fácil este Francisco dice mamá me toca la cabeza y
después me ofrece querés acompañarme a
ver casas yo me paro de un salto y le pregunto nos vamos a mudar y ella me
contesta no todavía hijo y los ojos se le ponen tristes en cuanto podamos y
entonces qué casa vamos a ver le pregunto para distraerla vení que elegimos una
me contesta y vamos al comedor y mamá abre la razón donde hay muchas columnas
que se llaman clasificados y me lee flores petihotel en tres plantas cuatrocientos
veinte metros cuadrados cubiertos amplia y suntuosa recepción cinco dormitorios y yo digo esa traeme la guía peuser me pide
mamá y se la traigo y la miramos juntos y después dice mirá este colectivo nos
acerca. Me arrodillo en el asiento y voy mirando por la ventanilla y juego a mi
juego que es contar todas las casas sin saltearme ninguna y cuando digo diez en
esa voy a vivir cuando sea grande y voy a invitar a toda la familia a muchas
fiestas distintas porque seguro que no se van a querer encontrar ocho nueve
diez qué desgracia justo viene a tocarme la única fea de la cuadra pero capaz
que si la pinto mejora y si la pinto y mejora lo puedo invitar hasta a papá.
Anómalo empezar el día sin luchar contra chicos
y leche chocolatada. Chancho pancho gancho rancho pensó y después pensó
que estaba pensando pavadas porque todavía no había conseguido decidir qué
haría con Claudia. Un par de lindas piernas envueltas en perfume francés no
eran suficientes para poner en peligro todo lo que había construido. Registró
luego que su planteo era deshonesto porque partía de suponer que su vínculo con
Claudia solo era imposible debido a su
noble renuncia obviando el hecho de que era ella la que había sugerido poner
fin a la relación. El pulso se le agitó. Tanto que se cortó mientras se
afeitaba. Tenía que inventar algo. Conseguir una prórroga. Una quincena, una
semana, un par de días.
Arquitecto,
el señor Horacio en el teléfono
le avisó Marcela. Decíle que estoy
ocupado, que luego lo llamo fue su visceral indicación mientras miraba un
papel que no leía. Cuando la puerta se cerró tras su asombrada secretaria,
Francisco se reclinó en el sillón. Veinticuatro
horas.
Ya instalados, ella lo mira sonriendo. Es más
que linda. Es bella. Ella es bella. Mella, sella, paella piensa él y
ella interrumpe sus divagaciones como te adelanté el viernes Francisco
parpadea creo que los objetivos que nos propusimos al iniciar ella
sonríe aun más este trabajo y surgen sus hoyuelos están ampliamente
cumplidos, al menos desde lo que a mí me toca ella lo mira, ahora
seria, y él se aterroriza no sé qué opinarás vos. Él necesita pensar
pero ella lo presiona ¿se cumplieron tus expectativas? Él siente mi
vida pende de un hilo y sabe que tiene que contestar algo entonces dice sí
y no y ella lo mira con gesto interrogante y ante el silencio de él le pide explicate. Francisco piensa sabio,
necesito ser sabio y declara nunca me imaginé, te soy sincero y
Francisco sabe que en esencia no lo es que serías capaz de despertar mis
recuerdos, sin embargo lo lograste ella amaga hablar y él le hace un gesto sí,
fuiste vos la responsable y ahora me decís que ya puedo arreglarme solo y eso
no es cierto ahora sí que él es
sincero, no puede de ahí que no se cumplan mis expectativas intenta
desesperadamente dar una vuelta de tuerca en realidad estoy peor que al
principio porque ahora recuerdo cosas pero estoy seguro de que todavía no
recordé lo fundamental. Ella, enfática, dice estoy de acuerdo, tu
proceso recién empieza, tendrás que invertir toda tu energía en seguir
pensando, vuelvo a decirte que el mecanismo de represión cayó, ahora solo es
cuestión de tiempo. Y vos no tenés más tiempo para mí, claro para tu tesis
alcanza y ya me dedicaste demasiado y a Francisco se le enciende una luz pero yo estoy dispuesto a pagarte como
no se había dado cuenta antes. El gesto de ella es severo me estás
ofendiendo. Él comprende que se equivocó y trata de reparar su error por
qué habría de ofenderte este es tu trabajo y no pretende seguir robándote
horas. Ella se toma unos segundos y luego, categórica, afirma mirá,
Francisco, yo soy ante todo una profesional, y cuando percibo que mi trabajo se
vuelve contraproducente soy la primera en dar un paso al costado él la
mira, desolado si preferís seguir teniendo a alguien que te acompañe en el
proceso puedo recomendarte un par de colegas de mi completa confianza, de hecho
ya pensé en algunos, porque luego de que termines con la captura de información
tendrás que afrontar la dura tarea de procesarla. Él le reclama ¿y por
qué no podés ayudarme vos? Un tratamiento psicoanalítico requiere un marco
específico en donde el vínculo entre paciente y profesional no esté contaminado
por ningún tipo de relación personal, solo así puede llegar a producirse el
fenómeno de transferencia explica, docta, ella. ¿De qué relación
personal me hablás? reclama él enojado. Un analista no suele almorzar
con sus pacientes los domingos. Él pierde el control te hartaste de mí,
dejate de dar vueltas y decime la verdad. La mirada de ella se
hiela entonces él se apresura a decir perdoname, tal vez
tengas razón, no quiero atentar contra tu ética profesional y no puede
evitar sonreír con ironía. De eso se trata aclara ella cortante te
pido que lo entiendas y que no hagas esto más difícil para los dos. Él se
pregunta si para ella también es difícil y sabe que debería levantarse,
agradecerle y solicitarle que le envíe una copia de la tesis pero no está
capacitado para hacerlo entonces escarba
en sus neuronas buscando otro lugar. Está bien simula aceptar pero antes de poner el broche quisiera pedirte un
favor ella se limita a mirarlo hace días que no puedo dejar de
pensar y él que odia mentir de nuevo está mintiendo en la quinta que
teníamos cuando éramos chicos Francisco vio hace días una foto y aquí viene el favor ¿me
acompañarías a verla?; sé que lo que te estoy pidiendo no corresponde pero si,
comprendiéndolo, te lo ruego, es porque es muy importante para mí. El
corazón de él es una bomba y baja la vista porque ya no resiste seguir
mirándola. Al cabo de un rato ella pregunta ¿dónde queda?
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