miércoles, 13 de abril de 2016

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Ya en el auto no se decidía a arrancar. Hasta que, de repente, su angustia cedió. Sonrió solo. Recién entendía por qué había ido. Sin darse tiempo a recapacitar buscó su teléfono.

Francisco atendé dice mamá y me pasa el tubo porque ahora tengo cuatro y ya aprendí a hablar por teléfono y me lo pongo en la oreja y digo hola y la abuela dice qué quiere que le prepare mi Paquito papas rellenas le pido porque con la abuela no me da vergüenza y me imagino las papas doraditas con el queso que se derrite y se me hace agua a la boca y quiero que sea domingo y le pregunto  puedo pedirte algo más y mamá me reta Francisco no seas pedigüeño entonces yo digo me equivoqué abuela ya no quiero los buñuelos de banana y ella se ríe y me dice entonces no habrá buñuelos para mi Paquito y yo igual me pongo contento porque sé que no es verdad a veces la abuela miente pero si miente ella eso no está mal la abuela no hace nunca nada mal.

Mientras el ascensor sube Francisco recuerda el parto de Tobi. Valeria había llegado al sanatorio con dilatación completa. Mientras los médicos se preparaban la partera le ordenó aguante, todavía no. Así se siente Francisco, a punto de estallar. Toca el timbre y ella abre la puerta, le da un beso y le indica acostáte. Él, aliviado, se deja caer sobre el diván.

Papas nevadas concluye Francisco y ahora, al entenderlo, experimenta una necesidad infinita de estar con su mamá. Cuando salga de aquí pasaré a verla piensa y cuando lo termina de pensar se da cuenta de su error y recién entiende en la piel que su madre está definitivamente muerta y se llena de culpa. No le cumplí confiesa y Claudia le dice no te entiendo. Entonces Francisco le cuenta que están en la puerta del 515 y que su madre le entrega las llaves a un señor. Se dan la mano y mamá sube al remís y se sienta a mi lado. Arrancamos y mamá se pone a llorar y llora tanto que le digo te prometo que cuando sea grande voy a ser rico y te la voy a comprar. Mamá me abraza y llora todavía más fuerte y Alicia le dice tranquilizáte no te das cuenta de que es una criatura y la está pasando muy mal. Entonces me salen las lágrimas. Guillermo dice che enano los hombres no lloran y yo trato porque encima me va cargar pero no puedo. Alicia me seca la cara con un pañuelo. Cuando lleguemos a la casa nueva te presto la máquina de sumar dice Guillermo y desde el asiento de adelante me revuelve el pelo. Y Francisco nuevamente trata pero no puede y se da cuenta de que es inútil que siga refaccionando casas, es Amenábar la que anhela, la que nunca podrá alcanzar, porque no solo ambiciona la casa, ambiciona lo que él fue allí adentro y lo que allí dentro fueron con él todos los demás. Claudia se acerca al diván y, como Alicia, le tiende un pañuelo. Él se seca los ojos y luego, agotado, los cierra. Aprieta el bollito de papel que lentamente cobra textura, consistencia. Es un repasador. Pongo agua en la pava y trato de encender la hornalla con un fósforo que se llama fragata pero no puedo. Enciendo otro y casi me quemo los dedos pero igual no puedo. Entonces me doy cuenta de que está cerrada la llave del gas y la abro y pruebo de nuevo y tengo suerte. Busco el saquito porque ahora el té viene en saquitos y preparo la bandeja con un mantelito como me enseñó mamá y agarro un limón y lo corto y me corto un dedo pero poco entonces voy al baño y saco una curita del botiquín. Cuando vuelvo el agua ya hirvió y eso está mal. Pongo el agua que hirvió en la taza y el saquito adentro y abro la lata de los amaretis para las visitas y coloco tres en un platito y pienso qué más falta y me acuerdo y busco la servilleta más chiquita y salgo con la bandeja. Golpeo la puerta  y mamá dice qué querés  y yo le pregunto puedo pasar y ella me dice espera un segundo y yo pienso que el té ya debe estar helado. Escucho pasá y abro la puerta y veo a mamá sentada en la cama con su robe. Feliz día de la madre digo y dejo la bandeja sobre su falda. El mantelito está todo chorreado. Mamá me abraza y dice Francisco sos mi sol no sé qué haría sin vos. Suena el teléfono y mamá me pide atendé rápido seguro son tus hermanos y yo corro y atiendo. Hola Francisco está tu madre y yo grito mamá es Germán mientras tapo el tubo con la mano como me enseñó la abuela. Mamá grita decíle que después lo llamo. Cuando vuelvo al dormitorio mamá está intentando tomar el té y le corren las lágrimas. Yo le digo tengo una sorpresa y ella se seca la cara con la palma de la mano. Voy a mi cuarto y cuando vuelvo ya se lo tomó todo. Entonces le alcanzo el boletín que dice Francisco Castillo tercer grado tercer bimestre primer puesto en el cuadro de honor. Mamá deja la bandeja sobre la cama y me felicita y me da un abrazo. Justo suena el teléfono y la cara le brilla y me pide de nuevo andá  a atender y yo voy corriendo porque seguro son los chicos. Con la familia López preguntan y yo contesto equivocado y corto. Quién era averigua mamá ansiosa y yo repito equivocado y los ojos se le llenan de nuevo de lágrimas y una cae sobre mi boletín. No te olvides de llamarlo a Germán le recuerdo y agarro el boletín y  salgo. Encima me borroneó dos diez concluye  Francisco. ¿Qué pensás sobre lo que me contaste? pregunta Claudia y él es bruscamente instalado en el presente. Es curioso, una vez que transmite sus recuerdos se escinde de ellos, se absuelve de analizarlos. ¿Me escuchaste? insiste Claudia y él se ve obligado a contestarle se confirma lo que siempre sospeché, el distanciamiento fue decidido por mis hermanos; y nada más, tanta conmoción no me sirvió para nada más. Termina de decirlo y se da cuenta de que le está dando pie para que ella vuelva a sugerir el fin del tratamiento. En un instante el pasado deja de importarle y recupera el estado de la noche anterior. Muere por ella. Me parece que te salteaste un dato interesante Claudia lo aparta de sus elucubraciones y Francisco no sabe de qué le está hablando. Ella, obviando su silencio, agrega nombraste a un tal Germán. Él pretérito prefecto simple de nuevo en acción, él no puede abarcarse y, no obstante, algo tiene que decir ¿sí?, no tengo la menor idea de quién puede haber sido. Ella acota alguien a quien tu madre apreciaba. Él sorprendido le pregunta ¿por qué lo suponés? Y ella contesta porque consideraste que charlar con él podría aliviar el dolor de tu mamá. Francisco admira su perspicacia. Germán. Quién sería Germán. Trata, desesperadamente de recordar algo. Si no, tendrá que levantarse e irse. Porque no es tan ruin como para inventar. Germán. Sin que ella se lo indique inspira y exhala. 

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