Ya en el auto no se decidía a arrancar. Hasta
que, de repente, su angustia cedió. Sonrió solo. Recién entendía por qué había
ido. Sin darse tiempo a recapacitar buscó su teléfono.
Francisco atendé dice mamá y me pasa el tubo
porque ahora tengo cuatro y ya aprendí a hablar por teléfono y me lo pongo en
la oreja y digo hola y la abuela dice qué quiere que le prepare mi Paquito
papas rellenas le pido porque con la abuela no me da vergüenza y me imagino las
papas doraditas con el queso que se derrite y se me hace agua a la boca y
quiero que sea domingo y le pregunto
puedo pedirte algo más y mamá me reta Francisco no seas pedigüeño entonces
yo digo me equivoqué abuela ya no quiero los buñuelos de banana y ella se ríe y
me dice entonces no habrá buñuelos para mi Paquito y yo igual me pongo contento
porque sé que no es verdad a veces la abuela miente pero si miente ella eso no
está mal la abuela no hace nunca nada mal.
Mientras el ascensor sube Francisco recuerda el
parto de Tobi. Valeria había llegado al sanatorio con dilatación completa.
Mientras los médicos se preparaban la partera le ordenó aguante, todavía no.
Así se siente Francisco, a punto de estallar. Toca el timbre y ella abre la
puerta, le da un beso y le indica acostáte. Él, aliviado, se deja caer
sobre el diván.
Papas nevadas concluye Francisco y ahora, al entenderlo,
experimenta una necesidad infinita de
estar con su mamá. Cuando salga de aquí pasaré a verla piensa y cuando
lo termina de pensar se da cuenta de su error y recién entiende en la piel que
su madre está definitivamente muerta y se llena de culpa. No le cumplí confiesa y
Claudia le dice no te entiendo.
Entonces Francisco le cuenta que están en
la puerta del 515 y que su madre le entrega las llaves a un señor. Se
dan la mano y mamá sube al remís y se sienta a mi lado. Arrancamos y mamá se
pone a llorar y llora tanto que le digo te prometo que cuando sea grande voy a
ser rico y te la voy a comprar. Mamá me abraza y llora todavía más fuerte y
Alicia le dice tranquilizáte no te das cuenta de que es una criatura y la está
pasando muy mal. Entonces me salen las lágrimas. Guillermo dice che enano los
hombres no lloran y yo trato porque encima me va cargar pero no puedo. Alicia
me seca la cara con un pañuelo. Cuando lleguemos a la casa nueva te presto la
máquina de sumar dice Guillermo y desde el asiento de adelante me revuelve el
pelo. Y Francisco nuevamente trata pero no puede y se da cuenta de
que es inútil que siga refaccionando casas, es Amenábar la que anhela, la que
nunca podrá alcanzar, porque no solo ambiciona la casa, ambiciona lo que él fue
allí adentro y lo que allí dentro fueron con él todos los demás. Claudia se
acerca al diván y, como Alicia, le tiende un pañuelo. Él se seca los ojos y
luego, agotado, los cierra. Aprieta el bollito de papel que lentamente cobra
textura, consistencia. Es un repasador. Pongo agua en la pava y trato de encender la
hornalla con un fósforo que se llama fragata pero no puedo. Enciendo otro y
casi me quemo los dedos pero igual no puedo. Entonces me doy cuenta de que está
cerrada la llave del gas y la abro y pruebo de nuevo y tengo suerte. Busco el
saquito porque ahora el té viene en saquitos y preparo la bandeja con un
mantelito como me enseñó mamá y agarro un limón y lo corto y me corto un dedo
pero poco entonces voy al baño y saco una curita del botiquín. Cuando vuelvo el
agua ya hirvió y eso está mal. Pongo el agua que hirvió en la taza y el saquito
adentro y abro la lata de los amaretis para las visitas y coloco tres en un
platito y pienso qué más falta y me acuerdo y busco la servilleta más chiquita
y salgo con la bandeja. Golpeo la puerta y mamá dice qué querés y yo le pregunto puedo pasar y ella me dice
espera un segundo y yo pienso que el té ya debe estar helado. Escucho pasá y
abro la puerta y veo a mamá sentada en la cama con su robe. Feliz día de la
madre digo y dejo la bandeja sobre su falda. El mantelito está todo chorreado.
Mamá me abraza y dice Francisco sos mi sol no sé qué haría sin vos. Suena el
teléfono y mamá me pide atendé rápido seguro son tus hermanos y yo corro y
atiendo. Hola Francisco está tu madre y yo grito mamá es Germán mientras tapo
el tubo con la mano como me enseñó la abuela. Mamá grita decíle que después lo
llamo. Cuando vuelvo al dormitorio mamá está intentando tomar el té y le corren
las lágrimas. Yo le digo tengo una sorpresa y ella se seca la cara con la palma
de la mano. Voy a mi cuarto y cuando vuelvo ya se lo tomó todo. Entonces le
alcanzo el boletín que dice Francisco Castillo tercer grado tercer bimestre
primer puesto en el cuadro de honor. Mamá deja la bandeja sobre la cama y me
felicita y me da un abrazo. Justo suena el teléfono y la cara le brilla y me
pide de nuevo andá a atender y yo voy
corriendo porque seguro son los chicos. Con la familia López preguntan y yo
contesto equivocado y corto. Quién era averigua mamá ansiosa y yo repito
equivocado y los ojos se le llenan de nuevo de lágrimas y una cae sobre mi
boletín. No te olvides de llamarlo a Germán le recuerdo y agarro el boletín
y salgo. Encima me borroneó dos diez concluye
Francisco. ¿Qué pensás sobre lo que me contaste? pregunta
Claudia y él es bruscamente instalado en el presente. Es curioso, una vez que
transmite sus recuerdos se escinde de ellos, se absuelve de analizarlos. ¿Me
escuchaste? insiste Claudia y él se ve obligado a contestarle se
confirma lo que siempre sospeché, el distanciamiento fue decidido por mis
hermanos; y nada más, tanta conmoción no me sirvió para nada más. Termina
de decirlo y se da cuenta de que le está dando pie para que ella vuelva a
sugerir el fin del tratamiento. En un instante el pasado deja de importarle y
recupera el estado de la noche anterior. Muere por ella. Me parece que te
salteaste un dato interesante Claudia lo aparta de sus elucubraciones y
Francisco no sabe de qué le está hablando. Ella, obviando su silencio, agrega nombraste
a un tal Germán. Él pretérito prefecto simple de nuevo en acción, él no
puede abarcarse y, no obstante, algo tiene que decir ¿sí?, no tengo la menor
idea de quién puede haber sido. Ella acota alguien a quien tu madre apreciaba.
Él sorprendido le pregunta ¿por qué lo suponés? Y ella contesta porque
consideraste que charlar con él podría aliviar el dolor de tu mamá. Francisco
admira su perspicacia. Germán. Quién sería Germán. Trata, desesperadamente de
recordar algo. Si no, tendrá que levantarse e irse. Porque no es tan ruin como
para inventar. Germán. Sin que ella
se lo indique inspira y exhala.
No hay comentarios:
Publicar un comentario