lunes, 4 de abril de 2016

38

Bajo la ducha Francisco pensaba en el vínculo entre sus hijos. Recordó las palabras del pediatra cuando, años atrás,  le habían planteado su inquietud por lo mucho que se peleaban. En mi experiencia las peleas entre chicos inmunizan contra las distancias entre grandes comentó el médico y ante la cara de sorpresa de ellos agregó cuando no se aprendió de pequeño que las infinitas peleas devienen en infinitas reconciliaciones, se temen tanto los enfrentamientos que, con tal de evitarlos, se reprimen por igual opiniones y afectos. Las palabras de Grieco cobraban ahora real magnitud. Francisco siempre había evitado el más mínimo choque con sus hermanos.   Más vale poco que nada. Ya en su cuarto, encendió el wincofón. Cuando apoyó la cabeza sobre la almohada, la imagen se reiteró. Él estaba junto al tocadiscos y observaba. ¿A quién? Cerró los ojos y ahora sí. A pocos metros de él, una chica bailaba. Los pequeños pechos levantando el vestido azul con brillitos en el cuello, apenas unos centímetros sobre las rodillas. Las medias transparentes ofreciendo las piernas ya impecables sobre los discretos taquitos. Tobillos de galgo pensó. El pelo largo, negro, lacio, brillante, oscilando al compás de la música. El lento giro de manos y antebrazos, los codos fijos, los brazos extendidos, los hombros impulsando el movimiento. Y en el delicado meneo de la cadera toda la sensualidad del mundo. Francisco, el corazón aleteándole, apagó el tocadiscos y se desplomó sobre el colchón. Evocó la imagen y logró repetirla. Una película muda. Apretó los ojos hasta que le dolieron. El sonido irrumpió, estrepitoso. Noche en la ciudad, sábado, gente que viene y que va. El dolor bajó a los testículos.

Suena la campana y la maestra dice niños pueden pararse silencio por favor salgan en orden y cuando llegamos al patio me arrimo a la pared y se me acerca un chico alto que dice hola me llamó Ricardo pero todos me dicen Jirafa y yo me presento soy Francisco y el sonríe y me dice ya nos dimos cuenta y tengo miedo de ponerme de nuevo colorado y él me pregunta por qué te pasaron y yo le contesto no sé y él averigua eras de los burros y yo niego con la cabeza pero él insiste te portabas mal y yo tengo que negar de nuevo mientras veo que se acerca otro chico y como se nos queda mirando Jirafa le pregunta qué te pasa Rafa tenemos monos en la cara y Rafa contesta quería ver de cerca al nuevo y me palmea el brazo viejo se la hiciste gorda a la seño seguro que todavía está violeta de la rabia y Jirafa dice es un grande y me pasa la mano sobre el hombro entonces suena la campana y formamos fila y entramos al aula y  me siento en mi lugar que es al lado de Horacio.

Antes de salir controló el correo electrónico. Alejandra no está bien, ayer amaneció con mucha temperatura y decidieron internarla para hacerle estudios. La tuve que dejar sola porque no tenía qué hacer con los chicos. Brian se durmió llorando, pidiendo por la mamá; me acordé tanto de Tobi.  No sé cuánto voy a resistir, los extraño más de lo soportable. Perdoname, no estoy en un buen día. Esta noche llamaré por teléfono alrededor de las ocho, que estén todos, por favor. A medida que leía, el estado de ánimo de Francisco se iba deteriorando. Un anzuelo enganchado al alma lo jalaba hacia abajo. En un instante sus modestas preocupaciones rebajadas a la categoría de boludeces. Agradecía que todavía no existieran máquinas que le permitieran a Valeria conocer los desfiladeros por donde caminaban los pensamientos de su marido. Ella horadada  por el dolor, la soledad, las responsabilidades y él dedicando tiempo y energías a meditar sobre las exigencias de Alicia, el egocentrismo de su madre, la indiferencia de su padre. Ojalá hubiera sido solo eso. Horas de su vida escuchando a Vicky. Prefirió no pensar en Claudia. Además se le estaba haciendo tarde. Apago la computadora y partió.


Suena la campana y salimos de nuevo al recreo justo cuando aparecen los del A y Claudio me pregunta che Francisco por qué te cambiaron y yo le digo no sé y Adrián dice por algo será y me dan ganas de trompearlo entonces lo veo a Enrique y me acerco y le digo viste lo que me pasó y él  mira el piso y en eso Horacio me hace señas  y yo voy y me pregunta si quiero cambiar figuritas y le digo bueno  y también está Jirafa que averigua tenés la treinta y cuatro y por suerte la tengo y se la cambio  por la diecisiete que es la única que me falta para completar la página y me pongo contento pero lo sigo mirando a  Enrique que mira el piso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario