Nuevamente
el taconeo acercándose a la puerta. Claudia lo besa en la mejilla y lo hace
pasar. Francisco piensa que aun a oscuras la estela de su perfume le
señalaría el camino. Se ubican como en la anterior ¿sesión? De nuevo medias negras, otra pollera corta.
¿Cuándo
se inició la sensación de extrañeza? Francisco reflexiona
durante unos instantes y luego comenta no sé si tiene relación, justo hoy se
cumple un mes del fallecimiento de mi madre. De qué murió pregunta Claudia. Una lesión en el píloro provocada por los
inflamatorios que tomaba a mansalva por su artrosis contesta él. No
parece causa suficiente insiste ella. Fue un paro cardiorrespiratorio, en realidad. Ella
no ceja sí, pero provocado por qué él
levanta los hombros o sea que desconocés el motivo de la muerte de tu
madre. Francisco queda en silencio y recién descubre que desde el primer
vómito, él supo que su mamá se había quebrado. Punto de no retorno. Mamá se
dejó morir afirma de pronto. ¿Vos querías que tu madre se muriera?
Sobre llovido, mojado. A Alejandra, su cuñada que
vivía en Estados Unidos, la tenían que operar de un tumor en la mama dentro de
quince días. Y estaba sola, con los dos nenes chiquitos, además. La otra
hermana, Carolina, con cinco hijos a cargo, el último un bebé. Valeria era la
única posibilidad y luego de muchas deliberaciones decidió que iría. Solo el
amor por su hermana podía lograr que se planteara separarse de los chicos por
primera vez. Además, no es momento para dejarte. Como si también pasara
por ella regular el momento en que las desgracias se presentaban.
Claudia deja la libreta sobre la falda y se
desabrocha el primer botón de la blusa. Francisco también tiene calor. Se saca
el suéter y se acomoda el cabello. ¿Profesión? continúa ella. Arquitecto.
¿Y a qué te dedicás? Francisco se relaja y arranca ni bien me recibí comencé a trabajar en uno de
los estudios más importantes de Buenos Aires
y me pusieron a diseñar los
primeros edificios gigantescos con piel de vidrio; me pagaban muy bien y
fui escalando posiciones, hasta que después de un par de años entré en crisis;
un buen día fui a trabajar y al sentarme frente al papel de calco descubrí que
me había quedado en blanco; estuve una tarde completa incapaz de trazar ni una
línea; y pateé el tablero, a pesar de las discusiones con mi mujer. Ella lo
interrumpe ¿estás casado? mientras
libera el segundo botón. Sí,
hace como quince años él se
apresura a continuar a pesar, te decía, de que a mi mujer le agarró el
ataque, al día siguiente presenté la renuncia; en el estudio no podían creerlo,
ofrecieron duplicarme el sueldo, la posibilidad de asociarme; pero fue un basta
para mí; pocas veces en mi historia me sentí mejor conmigo mismo que cuando
salí de ese mausoleo, metí mis cosas en el auto y me instalé en la Confitería de las
Artes; pedí un café y saqué una hoja, me acuerdo como si fuera hoy: bueno
Francisco, ahora qué querés hacer me pregunté; tuve una revelación: yo quería
arreglar casas viejas, casas con huellas del paso de generaciones; detesto esas
casas elegidas por catálogo, que parecen haber sido depositadas por una grúa
gigantesca sobre un césped de utilería, envueltas para regalo con papel de
celofán; cuando me topo con escaleras de mármol, molduras, azoteas, escondrijos, siento que eso es lo mío y
cuando meses después consigo que una casa arruinada adquiera el confort de la
modernidad conservando su esencia, siento que esa es la única manera que tengo
de luchar contra un supuesto progreso que para mí no es tal concluye satisfecho, seguro
de haberla impresionado. Claudia anota en la libreta y él está orgulloso
por eso se descoloca cuando ella acota quince años de matrimonio, casi un
prodigio en nuestra época. A él le molesta el comentario y necesita
justificarse para mí no entra en la
categoría de lo posible pensar en romperlo. Ella levanta la vista de la
hoja para preguntarle ¿se llevan mal? Él cabecea para nada, vivimos
en armonía. Ella ladea la cabeza y sonriendo añade curiosa manera de
calificar un vínculo amoroso. Francisco se siente torpe y está por decirle
que jamás discuten cuando Claudia relee lo escrito, levanta la mirada y le
pregunta ¿hiciste terapia alguna vez? No, creo que a la vida hay que
abarajarla como viene y tratar de amigarse con lo que a uno le toca; me parece
una puerilidad suponer que haya alguien con poderes para organizar nuestro
transcurrir; creo que es una suerte de religión de los ateos supuestamente
progresistas contesta
Francisco recuperando su autoestima, pero ella se la baja de un hondazo entonces,
¿por qué estás acá? Intenta defenderse Ricardo me comentó de tu
tesis mientras descubre que está
iniciando una terapia. Es loable que entregues tu tiempo para colaborar con
el trabajo de una desconocida. Él no sabe qué decir. Ella lo mira con
insistencia. Él se reacomoda en la silla. Ella no. El silencio es cada vez más
tenso y él sabe que ella no lo romperá. Creo que necesito ayuda por fin
dice y se da cuenta de que le duele que ella lo considere un desconocido.
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