miércoles, 13 de enero de 2016

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Un ruido lo sorprendió. La puerta frente a la cual aguardaba se abría. Francisco miró a su alrededor, ansioso. Hubiera querido pedirle al hombre corpulento que se acercaba que esperaran unos minutos pero no se atrevió. Le llamó la atención que no tuviera uniforme. Hacía días que estaba rodeado de uniformados. El hombre lo condujo por el pasillo hasta que chocaron con una camilla tapada con una sábana inmaculadamente blanca. El hombre la descorrió. Francisco tragó saliva y miró a su madre. Un alivio comprobar que le habían cerrado los ojos. La observó con atención. La piel amarillenta, el cabello pegoteado a la cabeza, profusión de arrugas alrededor de los párpados, de la boca, un rosario de manchas marrones salpicando el rostro, un hilo de baba en la comisura de los labios agrietados. En eso se había transformado su mamá. Sin poder soportarlo, cerró los ojos. Y, entonces, detrás de las pupilas se le superpuso otro rostro. Se resquebrajaron una a una las capas que  recubrían a esa anciana que no era su mamá y la piel se estiró hasta restablecer su tersura, los ojos se deshicieron del velo que los cubría, recuperaron sus contornos nítidos y comenzaron a brillar, la boca volvió a ser su boca y los labios pintados de rojo estallaron en carcajadas. Esa risa se le adentró, hasta colocarse en el centro de su ser. Recobrar la deslumbrante madre de su infancia lo descontroló. Casi corrió por el pasillo. Atravesó la puerta. Valeria ya estaba allí. La abrazó. Ella lo apretó fuerte. Un punto de apoyo; en la vida, hijo, todo se reduce a encontrar un punto de apoyo.

¿Oscuro o claro? ¿herrajes dorados o plateados? fíjese, aquel, por una pequeña diferencia, es notablemente superior, observe el lustre. Ojalá hubiera dedicado tanto tiempo a elegirle un vestido, un regalo. Ni hablar de la cantidad de dinero. Qué más daba. Porque se pudriría tanto en uno como en otro. No obstante, se encontró intentando recordar la madera preferida de su madre. Y no se permitió elegir el más barato. Su mamá no merecía el peor cajón,

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